El Amante de sus Sueños
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Amante de sus Sueños». Краткое содержание книги:
Carrie Reynolds tenía una obsesión: Devlin Riley. El atractivo soltero era el protagonista absoluto de las fantasías más sensuales de Carrie. Sin embargo, ésta se dio cuenta de que, para ser la clase de mujer que Devlin deseaba, tenía que vivir la vida. Por eso decidió embarcarse en una aventura que incluía un barco, una cama y a Devlin.
Devlin estaba acostumbrado a dejar un rastro de corazones rotos a su paso, pero jamás comprometía el suyo. Sin embargo un día descubrió a una maravillosa rubia en su cama. El único problema era que la mujer afirmaba que aquella cama era suya y que no pensaba compartirla con nadie. Pero ella no sabía que Devlin nunca se acobardaba ante un desafío…
– Entonces, ¿cuál es el problema?
– El problema es que en unos pocos días, los dos volveremos a casa. Y nunca nos volveremos a ver. Yo no quiero hacer algo que los dos podamos lamentar.
– ¿Quién dice que no nos vamos a volver a ver? -le espetó Dev, a pesar de que él había sido la primera persona que había asumido que sería así.
Sin embargo, no quería creer que Carrie desaparecería simplemente de su vida. ¿Significaría aquello que quería mantener una relación con ella?
– Venga ya, Dev -dijo ella. -Tú tienes tu vida y yo no formo parte de ella.
– Y tú tienes tu vaquero, ¿no? -musitó Dev.
– ¿Mi vaquero?
– Ese tipo de Helena. El tipo del que estás enamorada.
– Mi hombre de negocios -lo corrigió ella.
– ¿Cómo sabes que lo amas? ¿Cómo puedes estar tan segura? Casi no lo conoces. Yo estuve dos años con Jillian y pensé que la quería. Pero estaba equivocado. Ya ni siquiera pienso en ella. Casi ni se me pasa por la cabeza. ¿Cómo puedes estar tú tan segura?
– Yo no estoy segura de nada -dijo ella, algo a la defensiva. -No sé lo que va a pasar cuando llegue a casa. Tal vez nada. O tal vez mi vida cambiará completamente. Pero lo que sí que sé es que esto no es la vida real. Esto es como un paraíso temporal donde todo parece perfecto. Ahora, ¿dónde está mi sombrero?
– Yo también sé una cosa -dijo Dev. -Yo soy real. Yo estoy aquí contigo y él no. Eso tiene que significar algo, ¿no te parece?
– Significa que podemos pasar unas maravillosas vacaciones juntos -dijo Carrie, sonriéndole. -Significa que podemos pasear por el Cayo Oeste y ver las vistas. Podemos ser amigos, Dev. Eso es todo -añadió ella, descubriendo por fin el sombrero entre la ropa de la cama. -Aquí está. ¿Nos vamos?
– De acuerdo, si eso es lo que quieres -accedió él, de mala gana.
– Es lo que quiero -afirmó Carrie.
Con eso, se puso el sombrero, con el ala cubriéndole los ojos. Dev no sabía si lo que ella había dicho era cierto, pero tenía que creerla. Carrie Reynolds no quería nada de él que no fuera amistad.
¿Por qué lo molestaba aquello? Con toda seguridad, hacía que su vida fuera más sencilla. No tendría que preocuparse por hacerle daño. Ella nunca sentiría por él más de lo que él sentía por ella. Todo era perfecto.
Sin embargo, si todo era tan sencillo, entonces, ¿por qué estaba tan confundido?
Carrie se sentó en el banco de un parque y se frotó sus doloridos pies. Ella y Dev habían conseguido ver la mayor parte de los lugares más importantes del Cayo Oeste en un día. Finalmente, se habían detenido en un jardín lleno de plantas tropicales. Las palmeras construían una hermosa cúpula sobre sus cabezas. Carrie encontró que el aroma de plantas verdes y tierra húmeda era muy diferente al olor del mar al que tanto se había acostumbrado.
Ella se había enamorado del Cayo Oeste, con sus hermosas casas de estilo Victoriano y sus bulliciosas calles. Los habitantes de la ciudad se mezclaban con los turistas, componiendo un grupo de lo más colorista. Carrie y Dev pasaron por las casas de Hemingway y Audubon, visitaron museos dedicados a los buscadores de tesoros y los que provocaban naufragios. Finalmente, subieron las escaleras de un pequeño faro con la esperanza de ver el lugar donde estaba anclado el Serendipity.
Mientras paseaban por el sendero, la brisa se enredaba en la falda de Carrie. Cuando se puso a mirar a Dev, vio que él estaba estudiando una flor exótica. A su alrededor, los pájaros cantaban en un ruidoso coro. Sin embargo, en lo único en lo que podía pensar Carrie era en las mentiras que le había contado a Dev aquella mañana.
Si él dejara de besarla y abrazarla, tal vez podría poner sus sentimientos en orden. Sin embargo, después de su encuentro en el camarote aquella mañana, ella ya no sabía lo que él quería de ella, ni lo que ella quería de él. A pesar de que él afirmaba que solo quería que fuesen amigos, cada vez que ella lo miraba a los ojos veía algo más.
Además, estaban todas las cosas que ella necesitaba. Deseaba que la tumbara en la cama, que le quitara el vestido y que besara su piel desnuda. Jamás había pensado tanto en el sexo, pero desde la primera noche que pasó con Dev, había sido su único pensamiento. Si sus besos servían de algo, el sexo con él sería increíble.
Entonces, ¿qué la detenía? Para eso había ido a aquellas vacaciones. Si ella se decidía, estaba segura de que podría llevarse a Dev a la cama otra vez, y aquella vez para algo que no fuera dormir.
– No seas ridícula -musitó para sí misma. -Tú nunca has seducido a un hombre en tu vida.
Además, seducir a Dev no sería como seducir a otro hombre. Ella se había enamorado de él sin siquiera haberle hablado. ¿Cómo podría desengañarse de él después de compartir una experiencia tan íntima? Hacer el amor con Dev Riley sería la peor equivocación de su vida.
Lo contempló mientras se acercaba a ella. Aunque le había dejado sus sentimientos bastante claros, había esperado que él volviera a intentar besarla o tocarla durante su excursión. Sin embargo, lo único que él había hecho era tomarla de la mano. Si tenía algún pensamiento lujurioso, lo había escondido bastante bien.
– ¿Estás lista para cenar? -le preguntó Dev.
– Sí. Todo esto es tan bonito. Resulta difícil de creer que seguimos estando en los Estados Unidos. Todo es tan… exótico.
– Si los habitantes de la zona se hubieran salido con la suya en 1982, tal vez esto no sería parte del país. La patrulla de la frontera estableció controles de carretera en las autopistas para intentar capturar a los traficantes de drogas, pero solo consiguieron que los habitantes de los cayos se enfurecieran. Así que los locales pretendieron que querían separarse del país y la patrulla de la frontera quitó los controles.
– ¿Has leído eso en tu guía? -bromeó Carrie.
– No. Lo he leído en un cartel en la oficina de información.
– Me alegro mucho de que me hayan enviado a unas vacaciones que yo no pedí -dijo ella, entrelazando su brazo con el de él. -No se me ocurre otro lugar en el que prefiriera estar en estos momentos. Mañana tal vez podamos ir a ver el acuario.
– Mañana por la mañana nos vamos al Cayo Cristabel. Esa es la visita más bonita de todo el viaje.
– Vaya. Siempre creo que un lugar es el más interesante del viaje y luego me entero de que el del día siguiente es todavía mejor. Debería tomarme vacaciones más a menudo.
– ¿Dónde irías la próxima vez?
– No sé. Tendría que ser algún lugar cálido. En Chicago todo es tan gris y tan deprimente. Aquí, todo es cálido y verde.
– En Chicago hace mucho frío -afirmó Dev. -Pero no hace más frío que en Helena, ¿verdad?
Ella se volvió a mirarlo, completamente confundida. ¿Qué acababa de decir? ¿Había mencionado Chicago?
– Sí -respondió ella por fin. -En Helena hace mucho más frío. No quiero volver a Helena. Helena es terriblemente frío y gris.
– Podríamos quedarnos -sugirió Dev. -Podríamos dejar nuestros trabajos y construirnos una pequeña cabana en la playa. Tú podrías vender caracolas.
– Te aburrirías mucho -respondió ella, aliviada de haber podido ocultar su pequeña mentira. -A ti te encanta tu trabajo. Quiero decir, nunca te tomas vacaciones y esta es la primera… -añadió ella, interrumpiéndose en el acto. Si se suponía que no conocía a Dev, ¿cómo iba a ser posible que conociera aquellas cosas?-… quiero decir, te encanta tu trabajo, ¿verdad?
– Claro que sí -dijo él, mirándola algo extrañado. -Pero hasta que me tomé estas vacaciones, no me di cuenta de lo que me había estado perdiendo. Necesito tomarme más tiempo libre.
– Hay tantos lugares interesantes que visitar -musitó ella, asustada de seguir hablando. Si no tenía cuidado, le diría algo que él no debería saber.
– A decir verdad -confesó él, apretándole la mano, -preferiría estar aquí contigo que en ningún otro lugar del mundo.