Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Эпическое фэнтези » Los Portales de Piedra
Los Portales de Piedra - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Los Portales de Piedra

Электронная книга - «Los Portales de Piedra». Краткое содержание книги:

Los sellos de Shayol Ghul se han debilitado y la presencia del Oscuro se hace cada vez más evidente.En Tar Valon, Min es testigo de hechos portentosos que vaticinan un horrible futuro. Los Capas Blancas buscan en Dos Ríos a un hombre con los ojos dorados y siguen el rastro de Dragón Renacido. Mientras tanto, Rand al’Thor se dedica a tomar sus propias y sorprendentes decisiones.
1 ... 207 208 209 210 211 212 213 214 215 ... 341
Перейти на страницу:

Unos montículos bajos y cubiertos de hierba señalaban las generaciones de Aybara enterradas allí. Las estelas más antiguas de madera agrietada, con fechas casi ilegibles que se remontaban a trescientos años atrás, se alzaban a la cabecera de unas tumbas que no se distinguían del resto del suelo. Lo que se le clavaba como un puñal en el corazón eran esos otros montículos de tierra asentada por las lluvias entre la que asomaban restos de hierba. Generaciones de Aybara enterradas aquí, pero sin duda nunca se habían abierto catorce fosas al mismo tiempo. La de tía Neain, un poco más arriba de la de tío Carlin, con las de sus dos hijos al lado. La de la tía abuela Ealsin, en fila con tío Eward y tía Magde y sus tres hijos; y siguiendo la hilera, las de sus padres y Adora, Deselle y el pequeño Petram. Una larga fila de montículos de tierra pelada y mojada en la que todavía asomaban pegotes de la vieja hierba recientemente removida. Contó al tacto las flechas que le quedaban en la aljaba. Diecisiete. Se le habían estropeado muchas, que había recogido sólo para aprovechar las puntas de acero. No tenía tiempo para hacer más él mismo; tendría que ver al flechero de Campo de Emond enseguida. Buel Dowtry hacía buenas flechas, mejor incluso que Tam.

Un débil susurro de hojas a su espalda le hizo olisquear el aire.

—¿Qué ocurre, Dannil? —preguntó sin mirar hacia atrás.

Hubo un respingo, un instante de desconcertada sorpresa, antes de que Dannil Lewin respondiera:

—La dama está aquí, Perrin. —Ninguno de ellos se había acostumbrado a que Perrin supiera quién era quién antes de verlos o en la oscuridad, pero a éste había dejado de importarle ya si lo que hacía les parecía raro.

Miró por encima del hombro con el entrecejo fruncido. Dannil parecía algo más delgado que antes; los granjeros no podían alimentar a tantos a la vez, con lo que las horas de comida se habían convertido en un festín o en pasar hambre, dependiendo del resultado de la caza. La mayoría de las veces era lo segundo.

—¿La dama?

—Lady Faile. Y también lord Luc. Vienen de Campo de Emond.

Perrin se incorporó ágilmente y echó a andar con largas zancadas que obligaron a Dannil a apretar el paso para no quedarse atrás. Se las ingenió para no mirar la casa; las vigas abrasadas y las chimeneas ennegrecidas que habían sido el hogar en el que creció. Sí que escudriñó los árboles buscando a los centinelas apostados más cerca de la granja. Estando tan próxima al Bosque de las Aguas, la zona contaba con numerosos robles y pinabetes altos, así como fresnos y laureles de buen tamaño. El espeso follaje ocultaba bien a los chicos —las ropas de granja eran buenas para camuflarse— de modo que incluso a él le costó trabajo localizarlos. Tendría que hablar con ellos después; se suponía que debían avisar si alguien se acercaba, aun en el caso de que se tratara de Faile y del tal Luc.

El campamento, instalado en un soto amplio donde en tiempos Perrin fingía encontrarse en terrenos agrestes, era un refugio tosco y provisional metido entre la maleza baja, con mantas atadas entre los árboles a modo de cobijos y otras extendidas en el suelo, entre las pequeñas lumbres de cocinar. También aquí el agua goteaba de las ramas. La mayoría de los casi cincuenta hombres que había en el campamento, todos ellos jóvenes, se estaba dejando crecer la barba, ya fuera para imitar a Perrin o porque era desagradable afeitarse con agua fría. Eran buenos cazadores —había mandado a casa a los que no lo eran— pero no estaban acostumbrados a pasar más de un par de noches al raso. Y menos aun a las cosas que les inducía a hacer.

Justamente en este momento estaban plantados alrededor de Faile y Luc, mirándolos boquiabiertos, y sólo cuatro o cinco llevaban el arco en la mano. El resto de los arcos estaban tirados junto a los petates; y las más de las veces ocurría lo mismo con las aljabas. Luc jugueteaba ociosamente con las riendas de un gran semental negro; su pose indolente era la personificación de la arrogancia, con su roja chaqueta y sus azules ojos, haciendo caso omiso de los hombres que lo rodeaban. El olor de Luc se destacaba de los otros, frío y aislado, como si no tuviera nada en común con los que se hallaban a su alrededor, ni siquiera la condición de humano.

Faile corrió al encuentro de Perrin con una sonrisa, la estrecha falda pantalón haciendo el sonido susurrante del roce de seda contra seda. Emitía un tenue aroma a jabón de hierbas que se mezclaba con el suyo propio.

—Maese Luhhan me dijo que a lo mejor te encontraría aquí.

Perrin tenía pensado preguntarle a qué demonios había venido, pero en lugar de eso se encontró estrechándola entre sus brazos, con el rostro hundido en sus cabellos.

—Me alegro de verte. Te he echado de menos —musitó.

Ella se apartó sólo lo suficiente para levantar la cara y mirarlo.

—Pareces cansado.

El joven pasó por alto el comentario de Faile; no disponía de tiempo para estar cansado.

—¿Llevaste a todo el mundo a Campo de Emond?

—Sí, están en la Posada del Manantial. —Sonrió inopinadamente—. Maese al’Vere encontró una vieja alabarda y asegura que si los Capas Blancas los quieren, tendrán que pasar sobre su cadáver. Todo el mundo está ya en Campo de Emond: Verin y Alanna, los Guardianes. Fingiendo ser otro tipo de gente, claro está. Y también está Loial. Fue toda una sensación, incluso más que Bain y Chiad. —La sonrisa se borró y dio paso a un gesto ceñudo—. Me pidió que te diera un mensaje. Alanna desapareció en dos ocasiones sin advertir a nadie, y una de las veces, sola. Loial me dijo que Ihvon pareció sorprenderse cuando descubrió que se había ausentado. También me advirtió que no debía decírselo a nadie más. —Lo miró intensamente—. ¿Qué significa eso, Perrin?

—Nada, tal vez. Sólo que no es seguro que pueda fiarme de ella. Verin me puso sobre aviso también, pero ¿puedo fiarme de Verin? ¿Dices que Bain y Chiad están en Campo de Emond? Entonces supongo que él está enterado de su presencia. —Hizo un gesto con la cabeza señalando a Luc. Unos cuantos jóvenes se habían acercado al noble y le hacían tímidas preguntas a las que él contestaba sonriendo con aires de superioridad.

—Nos han acompañado —respondió lentamente Faile—. Ahora están explorando los alrededores del campamento. No creo que tengan muy buena opinión de tus centinelas. ¿Por qué no quieres que Luc sepa lo de las Aiel?

—He estado hablando con gente a la que quemaron sus casas. —Luc estaba demasiado lejos para oírle pero, aun así, mantuvo el tono bajo—. Contando la casa de Flinn Lewin, Luc estuvo en cinco el mismo día del ataque o el anterior.

—Perrin, ese hombre es un necio arrogante en algunos aspectos. He oído comentar que deja entrever que tiene derecho al trono de una de las Tierras Fronterizas, a pesar de que a nosotros nos dijo que era de Murandy. Sin embargo, no puedes pensar en serio que sea un Amigo Siniestro. Dio algunos buenos consejos en Campo de Emond. Cuando dije que todo el mundo está allí, lo dije literalmente. —Sacudió la cabeza con incredulidad—. Han llegado cientos y cientos de personas del norte y del sur, de todas direcciones, con su ganado y sus rebaños de ovejas, todos hablando de la advertencia de Perrin Ojos Dorados. Tu pequeña aldea se está preparando para defenderse si es preciso, y Luc ha estado en todas partes estos últimos días.

—¿Perrin qué? —repitió, encogiéndose. Procurando cambiar de tema, comentó—: ¿Del sur? Pero si esto es lo más al sur que he llegado. No he hablado con ningún granjero que viva dos kilómetros más abajo del arroyo del manantial.

Faile le tiró de la barba y se echó a reír.

1 ... 207 208 209 210 211 212 213 214 215 ... 341
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)