Noches en el desierto
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Noches en el desierto». Краткое содержание книги:
Pero tenían que hacer el viaje juntos, les gustara o no. Peor todavía, en las dos semanas siguientes tendrían que fingir ser marido y mujer.
La situación no era la ideal, pero tenían algo en común: él iba a cumplir años también, cuarenta, y tampoco estaba tan mal físicamente.
Era imposible no darse cuenta del modo en que él dominaba la habitación. No es que fuera más alto ni guapo que los demás, si acaso más bien era al revés, pero había algo que emanaba de él, una especie de energía, que lo hacía el foco de todas las miradas.
A pesar de que él no hubiese cumplido todavía los cuarenta años, parecía tener la experiencia y compostura de un hombre mayor. Especialmente si se le comparaba con el resto de hombres de la reunión. Excepto algunos ingenieros veteranos, el resto eran veinteañeros que estaban comenzando sus respectivas carreras. Claudia se quedó sorprendida al darse cuenta de que ya no se sentía identificada con los jóvenes. Ella era una treinteañera a partir de ese día. Y lo más curioso era que no sentía deseos de volver a tener veinte años. Con una sonrisa irónica en el rostro, pensó que, después de todo, posiblemente fuera cierto que había madurado esa noche.
– He pasado toda la noche intentando conocerla – dijo un joven ingeniero, que se presentó a sí mismos como Pete y la miraba con verdadero interés-. Lo cierto es que no es usted la mujer que me imaginé al oír que David se había casado.
– ¿Y qué esperaba?
– Pensé que sería como sus otras novias. Pero después de verla, no me extraña que haya decidido casarse con alguien tan diferente. Usted parece mucho más divertida.
– ¿Y cómo eran esas otras novias?
Pete se dio cuenta de que había entrado en un terreno pantanoso.
– ¡Oh, bueno, en realidad no llegué a conocer a ninguna de ellas en profundidad! Sólo las pude ver en reuniones de este estilo cuando estábamos en Londres. Ellas eran muy agradables y bonitas… pero David no las miraba como la mira a usted.
Claudia estaba segura de eso. David nunca habría mirado a esas jovencitas tan bonitas con el desagrado con el que la había mirado a ella. Al darse cuenta de que estaba apretando tanto los puños que se estaba clavando las uñas en las palmas de las manos, trató de relajarse un poco. No quería que Pete pensase que estaba celosa. En realidad, a ella no debía de importarle en absoluto si a David le estaba esperando en Londres todo un harén de jovencitas.
– ¿Quién es esa chica con la que está hablando ahora? -preguntó, al darse cuenta de que David estaba hablando con Justin Darke y con una joven de unos veinte años.
Pete se alegró de manera ostensible del cambio de tema.
– Es Fiona, la hija de John Phillips. Es una estudiante, y creo que está visitando a sus padres durante sus vacaciones. Es una chica bonita -añadió.
Claudia pensó que David también debía de pensar que era guapa por el modo en que le estaba sonriendo. Además, ella era muy joven. Al ver la frescura de la piel de la muchacha, Claudia se olvidó de que había llegado a convencerse de que estaba contenta de haber cumplido los treinta. ¿Quién querría la madurez de los treinta si pudiera tener la frescura de los veinte?, pensó con amargura.
¿Y quién querría ser una persona con glamur si se podía ser una persona honesta y sensible como era el ideal de mujer de David? Fiona parecía tener esas cualidades, pero no era ella la que se suponía que era su esposa esa noche. Quizá debería recordárselo a David.
Se dirigió hacia el grupo después de excusarse con Pete. David parecía haberse olvidado de su existencia desde hacía ya bastante tiempo.
– Hola -dijo ella, mientras se acercaba a él sonriendo. Con la barbilla alta y una brillo de orgullo en los ojos, colocó una mano de modo deliberado sobre el brazo de David-. Te echaba de menos.
David la miró con cautela. Se preguntó a qué vendría ese cambio de actitud. Se imaginaba que se lo había estado pasando muy bien, ya que siempre que la había mirado la había encontrado animada. Él había estado hablando de su luna de miel. Y con eso había conseguido mantener una conversación con Justin, lejos de Claudia. Le había extrañado que no se acercara a él en toda la noche. Nadie habría podido sospechar que él fuese la única razón de que ella estuviera allí.
– Claudia, ésta es Fiona Phillips -dijo David. No le gustó el hecho de que la presencia de ella le pusiera tan nervioso. Podía sentir los dedos de ella sobre su brazo desnudo y oler su perfume-. Y ya conoces a Justin, por supuesto.
– Por supuesto. Es un placer volver a verlo tan pronto.
David no se extraño de la cálida mirada que Claudia dirigió a Justin. Pero cuando estaba comenzando a retirarse, ella entrelazó sus manos con las de él mientras saludaba a Fiona. ¿A qué estaría jugando?
– Justin me ha contado que trabajas en televisión -Fiona tenía unos ojos marrones enormes, pelo rizado y una expresión dulce. Su piel era fresca y no necesitaba maquillaje.
– Es cierto. Trabajo para una productora.
– Me hubiera encantado trabajar en algo así, en vez de estudiar. ¡Me parece algo tan excitante!
– Bueno, es un trabajo que exige mucha dedicación -Claudia estaba desbordada por la mirada de evidente admiración de la chica.
Notó que el brazo de David estaba tenso. A pesar de su mirada inexpresiva, sabía que estaba enfadado. Era evidente que despreciaba el glamur del mundo de la televisión. El prefería que las muchachas fueran inteligentes y sencillas.
¡Pues le iba a enseñar con qué tipo de mujer estaba tratando! Comenzó a contar historias de la productora que hicieron reír a Fiona y a Justin. David no pasó de una sonrisa tensa.
– No vas a dejar tu trabajo, ¿verdad? -preguntó Fiona.
– ¿Dejar mi trabajo? Por supuesto que no. Me ha llevado mucho tiempo llegar tan lejos.
– Me refería a si influiría el hecho de estar casada.
– ¡Oh! -Claudia se había implicado tanto en las historias que había estado contando que casi se había olvidado de lo que estaba haciendo allí-. La verdad es que no he pensado todavía en retirarme. Me volvería loca estando todo el día sin hacer nada, limitándome a esperar que David volviera a casa. Por supuesto, eso cambiará si tenemos hijos.
– ¿Habéis planeado tener hijos?
– Claro que sí -y, entonces, dirigió a David una mirada provocativa.
– ¿Cuántos? -preguntó Fiona.
– A mí me gustaría tener seis, pero David piensa que cuatro son suficientes -respondió Claudia, apoyando la mejilla sobre el hombro de él-. ¿Verdad, cariño?
– Más que suficientes -dijo David, mirando a Claudia con una expresión significativa, que ella acogió con inocencia. ¡Seis niños! Seguramente, eso incluiría los que pensaba tener con Justin también.
– ¡Por favor, atiendan un momento! -Patrick comenzó a golpear su vaso con un cuchillo, mientras todo el mundo se volvía hacia él-. Me han pedido que diga unas palabras de bienvenida para Claudia y David. No soy hombre de grandes discursos, así que para no prolongar vuestra agonía, sólo quiero que sepáis que todos nos alegramos mucho de que estéis aquí esta noche y os deseamos que seáis muy felices juntos.
– Y os perdonamos que no nos invitaseis a la boda -gritó alguien entre risas.
De pronto, ambos se dieron cuenta de que se había formado un hueco a su alrededor y que todo el mundo los miraba con expectación.
– ¡Que hablen! -gritó otra persona.
Claudia respiró aliviada debido a que no se esperaba que la novia tuviera que hablar en ese tipo de ocasiones. David no fue tan afortunado.
– Muchas gracia a todos -comenzó a decir él, mientras la agarraba de la cintura con gesto aparentemente tranquilo-. Nos hubiera gustado invitaros a la boda, pero lo cierto es que todo fue tan rápido que nosotros estamos tan sorprendidos de vernos casados como vosotros.
Todos rieron, pensando que hablaba en broma.
– Quiero que sepáis que os estamos muy agradecidos por esta bienvenida. También me gustaría que os unierais a mí en un brindis por Claudia, que en una sola semana se ha encontrado con que está casada y tiene treinta años.