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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Con s�lo diecis�is a�os Casta�o ejecuta a su primer guerrillero de civil, el hermano de uno de los que mataron a su padre. �Recuerdo, como si fuera hoy, lo que le grit�: No creas que me vas a matar a traici�n y amarrado, como a mi padre, hijoeputa� Ah� le met� tres tiros m�s en la cabeza�.

Como es habitual en la historia de este pa�s, m�s de uno aprovech� la creaci�n del grupo vengativo para que les hicieran el trabajo sucio; como en una ocasi�n me confes� Casta�o, ellos fueron los tontos �tiles del r�gimen. Y, por supuesto, nadie puede negar la connivencia de las Fuerzas Armadas en la gestaci�n y posterior desarrollo de las AUC.

�Muchas veces se nos acerc� un polic�a o un cabo para decirme: Carlitos, ve ese hombre en la esquina del cementerio, es un guerrillero; no hay ninguna prueba contra �l, ustedes ver�n qu� hacen� Se coordin� la acci�n� y al salir el subversivo, lo ejecutaron�.

En otros apartados queda demostrada esa colaboraci�n, nada sorprendente por otro lado, ya sea dej�ndole seguir tras ser reconocido en un ret�n, o mirando hacia otro lado cuando su banda armada realiza una incursi�n.

A�n as�, Fidel Casta�o sugiri� en su d�a una separaci�n de las AUC y las Fuerzas Armadas. �Hermano, esto no es por donde lo estamos haciendo, al lado del Ej�rcito no vamos a llegar a ninguna parte, m�s adelante nos van a matar, aqu� vamos a pelear a nuestra manera. Esto es guerra de tierra arrasada�. En la actualidad, debido al esfuerzo conjunto de Gobierno y c�pula militar, poco reconocido en el exterior, la divisi�n es mayor pero a�n no es total.

Sobre la creaci�n de las AUC, Casta�o indica que uno de los pilares fue el mayor Alejandro �lvarez Henao, del Batall�n Bombon�, de Puerto Berrio, quien �ten�a muy claro que hab�a que combatir a la guerrilla con sus mismos m�todos irregulares�. Tanto el citado militar como �Caruso�, pap� de otro uniformado, y Fidel Casta�o �fueron los padres de la Autodefensa paramilitar en Colombia. Al mayor �lvarez la instituci�n le importaba un carajo, y dec�a: �Muerte a la guerrilla��.

M�s tarde crecieron hasta llegar a constituir el ej�rcito federado actual de 13.000 hombres, incluido en la lista de organizaciones terroristas elaborada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Entre sus comandantes y patrulleros, Casta�o reconoce que hay menos idealistas de los que �l quisiera y que la guerra y el caos general del pa�s es un gran negocio para muchos de ellos, como lo fue para su hermano.

�A m� me pueden pintar como Satan�s ante el mundo, pero la pregunta que tarde o temprano tendr�n que poner en la balanza es: �Qu� genera lo que ha liderado Casta�o?, eso es lo importante. S�lo me consuela que yo no empec� esta guerra, y las Autodefensas somos hijas leg�timas de las guerrillas en Colombia�.

Casta�o desvela la participaci�n de civiles supuestamente respetables, que fueron en algunos momentos el cerebro gris de su organizaci�n armada, el dedo que se�alaba los objetivos a eliminar. Habla del Grupo de los 6 que habr�an ordenado el asesinato de Bernardo Jaramillo al que Casta�o asegura que se opuso, si bien gentes cercanas a su grupo lo ejecutaron.

En cuanto al extermino de la Uni�n Patri�tica, se atribuye cincuenta cr�menes de los centenares que se produjeron y el resto se los achaca a Rodr�guez Gacha, �el Mejicano�. Y justifica los suyos por tratarse de verdaderos guerrilleros. Si bien m�s de uno discutir� la cifra, como si no fuese suficientemente aterradora, su confesi�n podr�a colocarle ante una Corte Penal Internacional, el anhelo de muchas de sus v�ctimas y de los que rechazamos de plano todos sus cr�menes. Sin embargo, no creo que llegue nunca ese momento. Esas fuerzas oscuras de las que tanto se habla en este pa�s acabar�n antes con su vida, cuando sientan que no lo necesitan m�s.

Dentro de las AUC Casta�o admite que hay 300 ex militares y 600 ex guerrilleros, tanto del EPL como de las Farc y del ELN. La incorporaci�n de los antiguos rebeldes a las filas de sus verdugos es una de las razones que explican la falta de l�gica de una guerra que Casta�o reconoce que s�lo sobrevive por los ingresos del narcotr�fico y los intereses particulares de diversos colectivos.

En el cap�tulo dedicado a las conversaciones secretas entre Casta�o y sus representantes con el gobierno de Andr�s Pastrana, lo m�s revelador es la falta de visi�n que tiene la presente administraci�n sobre el proceso de paz, su desconocimiento absoluto del personaje tanto como de la realidad social del Sur de Bol�var. No creo que ning�n lector levante las cejas de asombro por la improvisaci�n que reflejan las negociaciones y tal vez por ello resultan tan cre�bles. Incluso la entrada en acci�n de paracaidistas como Abel Matutes, ex comisario europeo y ex ministro de Exteriores espa�ol, as� como del ex presidente Felipe Gonz�lez, ambos desconocedores del terreno que tendr�an que pisar, dan credibilidad a la versi�n presentada de los hechos.

El libro tambi�n hace revelaciones sorprendentes sobre los Pepes, la colaboraci�n de Casta�o con el DAS en la captura de Pablo Escobar y en la desactivaci�n de varios carros-bomba, La Terraza, la guerra en Urab�, la lucha urbana contra la guerrilla, la confrontaci�n armada con el ELN, el entrenamiento militar de Casta�o en Israel, la nueva estructura de las AUC, Salvatore Mancuso, su probable sucesor, su matrimonio con la hija de 18 a�os de un ganadero, sus asesores pol�ticos, su relaci�n con los carteles de la droga�

En resumen, es un libro que generar� pol�mica. Ser� debatida la conveniencia misma de su existencia, la imparcialidad del periodista, de la que yo no dudo en absoluto; la sinceridad del personaje asumiendo cr�menes terribles, algo que nadie antes hab�a hecho. Tambi�n se discutir� la necesidad de que aparezcan documentos period�sticos con verdades parciales sobre los que se pueda m�s adelante investigar y, por encima de todo, la veracidad de los hechos que en �l se relatan.

El texto, por otra parte, ayuda a predecir unos pr�ximos meses caracterizados por un recrudecimiento del conflicto armado que asolar� m�s, si cabe, al pa�s.

En todo caso, para construir alg�n futuro en Colombia habr� que conocer bien el pasado y las causas que han conducido a la tragedia actual. Pienso que esta �Confesi�n�, para bien o para mal, contribuyen de alguna manera a ese prop�sito. Al menos, servir�n para que los gobiernos ineptos no sigan dando palos de ciego en la lucha contra los grupos armados, y para que quienes defienden y apoyan a alguna de las dos trincheras, reflexionen sobre la espiral de destrucci�n y muerte que su frivolidad, irresponsabilidad y falta de escr�pulos ha causado.

De esta guerra sucia, injustificable, son responsables muchos m�s colombianos que los 25.000 combatientes ilegales que la libran. Carlos Casta�o puede ser Satan�s, pero con otro Estado y otros dirigentes, con una sociedad justa de s�lidos valores, sin una guerrilla que hace a�os dej� de ser revolucionaria, y sin una legi�n de verdugos a la sombra peores que �l, jam�s hubiera llegado a formar las AUC con la fuerza y el poder que tienen en la actualidad.

I. LA EXHUMACI�N

S�lo cinco personas hab�an visto el cad�ver y conservar en secreto su muerte era la mejor estrategia de guerra. Carlos Casta�o sab�a que el misterio convierte a los guerreros en mitos que se alimentan de la incredulidad de los hombres. As�, durante tiempos impredecibles, prolongan sus vidas despu�s de la muerte. Tal ser�a el destino de su hermano, cuando lo alcanz� un disparo de fusil, destroz�ndole el coraz�n, el seis de enero de 1994. Cuatro meses m�s tarde, Carlos Casta�o conduc�a su campero Hammer hacia �el parchecito�, un lugar en la orilla del r�o Sin�, predios de la finca �las Tangas�, donde estaba la tumba de su hermano del alma y de sangre, Fidel Casta�o. El secreto de su muerte continuaba oculto y a pesar de los rumores, para la tropa, el pa�s y sus enemigos, el hombre al que apodaban �Rambo� segu�a vivo, y nadie se atrev�a a asegurar lo contrario, as� no lo hubieran vuelto a ver.

Aquella noche en C�rdoba, el verano hab�a pasado y una lluvia b�blica arreciaba. El cauce sinuoso del r�o y la fuerza muda de su corriente, delataban sus deseos de llevarse el cad�ver, al anegar poco a poco el claro de tierra donde, sin cruz, yac�a sepultado.

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