Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » Choque de reyes [A Clash of Kings - es]
Choque de reyes [A Clash of Kings - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
1 ... 187 188 189 190 191 192 193 194 195 ... 255
Перейти на страницу:

Theon miró al chico con gesto dubitativo.

—Ven si quieres, pero si no puedes seguir el ritmo de la marcha no esperes que te llevemos en brazos. —Se volvió hacia Lorren el Negro—. Tienes el mando en Invernalia durante mi ausencia. Si no volvemos, haz lo que quieras con el castillo.

«Así estos imbéciles empezarán a rezar por que tenga éxito.»

Se reunieron junto a la Puerta del Cazador mientras los primeros rayos del sol acariciaban la Torre de la Campana. El aliento se condensaba en el aire frío de la mañana. Gelmarr se había equipado con un hacha de mango largo para poder herir a los lobos antes de que le cayeran encima. La hoja era tan pesada que podía matar de un golpe. Aggar llevaba canilleras de acero. Hediondo llegó con una lanza larga y un saco de las lavanderas lleno de algo que no quiso mostrar. Theon tenía su arco, no necesitaba otra cosa. En cierta ocasión había salvado la vida a Bran con una flecha; esperaba no tener que arrebatársela con otra, pero si era necesario lo haría.

La partida que cruzó el foso se componía de once hombres, dos niños y una docena de perros. Al otro lado de la muralla exterior, el rastro era evidente en la tierra blanda: las marcas de las pisadas de los lobos, las profundas de Hodor, las más ligeras de los dos Reed… Una vez entre los árboles el suelo era pedregoso y las hojas caídas hacían más difícil seguir las huellas, pero para entonces la perra castaña de Farlen ya había captado el rastro. El resto de los perros la seguían de cerca. Los sabuesos olfateaban y ladraban, y un par de mastines de tamaño monstruoso cerraban la marcha. Sus cuerpos imponentes y su ferocidad podían marcar la diferencia a la hora de enfrentarse a un lobo huargo arrinconado.

Había supuesto que Osha se dirigiría hacia el sur en busca de Ser Rodrik, pero el rastro llevaba hacia el nornoroeste, hacia el corazón mismo del Bosque de los Lobos. A Theon aquello no le gustó nada. Sería una amarga ironía si los Stark se dirigieran hacia Bosquespeso y se entregaran en manos de Asha.

«Antes de eso los veré muertos —pensó con amargura—. Es mejor que me crean cruel a que me crean idiota.»

Quedaban jirones de niebla pálida enroscados en los árboles. Los centinelas y los pinos soldado abundaban allí, y no hay nada tan oscuro y sombrío como un bosque de hoja perenne. El terreno era desigual, y las agujas caídas ocultaban el suelo blando de turba y lo hacían traicionero para los caballos, de manera que tenían que avanzar muy despacio. «Pero no tan despacio como un hombre que carga con un tullido, ni una bruja huesuda con un crío de cuatro años a la espalda.» Se obligó a tener paciencia. Se apoderaría de ellos antes de que anocheciera.

El maestre Luwin trotó para situarse a su lado cuando seguían un sendero estrecho a lo largo del borde de un precipicio.

—Hasta ahora esto de cazar no se diferencia en absoluto de cabalgar por los bosques, mi señor.

—Hay ciertas similitudes. —Theon sonrió—. Pero las cacerías acaban con sangre.

—¿Tiene que ser así? Esta fuga ha sido una locura, pero ¿no tendréis compasión? Los niños a los que buscamos fueron como hermanos para vos.

—El único Stark que se comportó como un hermano conmigo fue Robb, aunque Bran y Rickon tienen más valor vivos que muertos.

—Lo mismo se puede decir de los Reed. Foso Cailin se encuentra al borde de los pantanos. Si quiere, Lord Howland puede convertir la ocupación de vuestro tío en una visita a los infiernos, pero mientras tengáis a sus herederos no podrá hacer nada.

Theon no se había parado a pensar en aquello. En realidad no se había parado a pensar en nada relativo a los embarrados, aparte de mirar un par de veces a Meera y preguntarse si aún sería virgen.

—Puede que tengáis razón. No los mataremos si no es imprescindible.

—Y tampoco a Hodor, ¿verdad? Sabéis de sobra que el muchacho es corto de inteligencia. Hace lo que le dicen. ¿Cuántas veces cepilló vuestro caballo, engrasó vuestra silla o limpió vuestra armadura?

—Si no se enfrenta a nosotros, no lo mataremos. —Hodor no tenía la menor importancia para Theon. Señaló al maestre con un dedo—. Pero como digáis una palabra acerca de perdonar a la salvaje, os mataré junto a ella. Me ofreció su juramento de lealtad y se cagó en él.

—No disculpo a los perjuros —dijo el maestre con una inclinación de cabeza—. Haced lo que debáis. Os agradezco vuestra compasión.

«Compasión —pensó Theon, dejando atrás a Luwin—. Es una trampa de mierda. Demasiada compasión y resultas débil, poca y te llaman monstruo.» Pero sabía que el maestre lo había aconsejado bien. Su padre pensaba sólo en términos de conquista, pero ¿de qué servía tomar un reino si luego no se podía conservar? La fuerza y el temor sólo bastaban hasta cierto punto. Lástima que Ned Stark se llevara a sus hijas al sur, de lo contrario Theon habría asegurado su dominio sobre Invernalia casándose con una de ellas. Sansa era una niña muy bonita, y seguramente a aquellas alturas ya estaría en condiciones de llevársela a la cama. Pero se encontraba a mil leguas de distancia y en manos de los Lannister. Una verdadera pena.

El bosque era cada vez más indómito. Los pinos y los centinelas dejaban paso a los enormes robles oscuros. Los espinos enmarañados ocultaban barrancos traicioneros. Las colinas pedregosas eran más y más abruptas. Pasaron junto a una pequeña granja, desierta e invadida por la maleza, y rodearon una presa inundada, en la que las aguas tranquilas tenían un brillo tan gris como el del acero. Cuando los perros empezaron a aullar, Theon supuso que los fugitivos estarían cerca. Picó espuelas a Sonrisas para ponerlo al trote, pero lo único que encontraron fue el cadáver de un ciervo joven… o mejor dicho, lo que quedaba de él.

Desmontó para inspeccionarlo más de cerca. El cadáver era reciente, y obviamente lo habían matado los lobos. Los perros lo olisquearon impacientes, y uno de los mastines clavó los dientes en una pata hasta que Farlen le ordenó a gritos que la soltara. «No lo han despedazado —advirtió Theon—. De aquí han comido lobos, no hombres.» Aunque Osha no hubiera querido arriesgarse a encender una hoguera, al menos habría cortado unas cuantas tajadas. No tenía sentido que hubieran dejado allí tanta carne para que se pudriera.

—¿Seguro que seguimos el rastro correcto, Farlen? —preguntó—. ¿No es posible que los perros estén siguiendo a otros lobos?

—La perra conoce muy bien el olor de Verano y el de Peludo.

—Más te vale.

No había pasado ni una hora cuando el sendero los llevó ladera abajo, hacia un arroyo de aguas turbias crecido por las lluvias recientes. Allí los perros perdieron el rastro. Farlen y Wex vadearon la corriente con los sabuesos y volvieron sacudiendo las cabezas mientras los animales corrían orilla arriba, orilla abajo, olfateándolo todo.

—Entraron por aquí, mi señor —dijo el encargado de las perreras—, pero no veo por dónde salieron.

Theon desmontó y se arrodilló junto al arroyo. Sumergió una mano en él. El agua estaba fría.

—No se habrán quedado dentro mucho rato —dijo—. Llevad la mitad de los perros corriente abajo, yo iré hacia arriba… —Wex dio una sonora palmada—. ¿Qué pasa? —preguntó Theon.

El chico mudo señaló. El suelo cercano al agua era un lodazal embarrado. Las huellas que habían dejado los lobos eran evidentes.

—Sí, marcas de zarpas. ¿Y qué?

El escudero clavó el talón en el barro y giró sobre el pie, primero hacia un lado, luego hacia el otro. Dejó una marca muy honda. Joseth lo comprendió.

—Un hombre del tamaño de Hodor habría dejado marcas muy profundas en el barro —dijo—. Y más todavía con el peso del chico cargado a la espalda. Pero las únicas huellas de botas que se ven aquí son las nuestras. Miradlas.

1 ... 187 188 189 190 191 192 193 194 195 ... 255
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)