Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Diario de un cazador». Краткое содержание книги:

Lorenzo trabaja de bedel en una escuela, mantiene a su madre, tiene las ideas muy claras sobre muchas cosas, y en los ratos libres, y todos los domingos durante la temporada, va de caza. Contempla el mundo con su l?cida inteligencia de muchacho de pueblo y se cuenta a s? mismo las cosas que pasan sin pensar en la posteridad.
1 ... 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24
Перейти на страницу:
17 junio, miércoles

Todavía no me salió el susto del cuerpo. La verdad es que he pegado el golpe. Veinte tíos bonitos dándole al asunto todo el año para que luego llegue un pelado y se lo lleve. A lo primero me dio lacha y tiraba mal y precipitado. A pesar de ello, los pájaros caían solos. La cuadrilla andaba detrás, más despistada que un chivo en un garaje. Luego cogieron confianza y en cuanto bajaba uno me aplaudían. Cuando fallaron todos menos yo y Pito, el de la armería, se quedaron como sin habla. Para entonces ya me reportaba y tiraba sobre seguro. Le había cogido el qué y hubiese matado ciento. Luego falló Pito y la gente me pegó una ovación que ni Cagancho. La cuadrilla vino hasta mí y me subieron en hombros. Me gibó porque ya había hecho alguna amistad y de este modo parecía que en la vida había visto doce billetes juntos. Quisieron enredarme para otra tirada, pero terció Tochano y dijo que nones. Ya le dije luego que me había puesto en evidencia como si yo fuera panoli. El tío se mosqueó. ¡Anda y que le zurzan!

La madre se quedó como tolondra al enterarse. Yo no le había dicho nada. A la noche se presentó don Florián. Le pregunté quién se lo había dicho y respondió que en el barrio no se hablaba de otra cosa. Recordó al padre y a punto estuvo de aguar la fiesta. A poco llegó Aquilino y luego Tomasito. Bajé por unas botellas y unos bollos. Después se presentaron Tochano y Zacarías con dos botellas más y la Amparo y Melecio con los chiquillos. Pasé recado a Crescencio, sacamos unas mesas a la azotea y armamos la de Dios. Anduvimos hasta las tantas haciendo el zángano. Aún me parece mentira. Hace tres días no había oído hablar de la tirada y hoy soy más popular que el Tato. El señor Moro ha estado tragando quina. La candajo de la Carmina no hacía más que fisgar detrás de la persiana. A las diez se presentó mi hermana con Serafín. Me eché a temblar. Antes de marchar, como me olía, me pidió dinero. Le di cinco barbos y le dije lealmente que no estoy para ayudar sino para que me ayuden. La Modes anda siempre a la que salta. Terminamos la noche de folklore en el bar de Polo.

18 junio, jueves

El periódico trae mi fotografía y una reseña de la tirada. Dice que mi triunfo fue una revelación y que «con un estilo de furtivo, improvisado y ramplón, vencí a las mejores escopetas del país». ¡No te giba! Estos periodistas son la oca. No saben elogiar sin ofender. Tochano quería ir a pedir explicaciones. ¡Anda y que les den morcilla! Don Basilio subió esta mañana a felicitar a la madre. En la calle todo el mundo tiene algo que decirme. Anita iba hoy conmigo más orgullosa que un ocho. En cambio a Fermín no le duelen penas. En cuanto llegué esta tarde me dio un repaso. Yo le dije que no todos los días se ganan doce billetes. Él dijo que ni el gordo de Navidad le privaría a él de acudir puntual al trabajo. Me atociné y le planté que eso va en temperamentos. Luego cambió de conversación y me dijo que sospecha que Manolo no entrega todo lo que saca a la comandita. Le pregunté en qué se basa y dijo que en los ingresos de otros años por estas fechas y en las liquidaciones de los demás. Le dije que lo dejara de mi cuenta. Si eso es cierto lo voy a saber a escape.

Tochano se compró hoy una radio con las tres mil. Zacarías me propuso subir al páramo a cazar codornices con red. No tengo pepita en la lengua y le dije lealmente que me parecía una traición. Él dijo entonces que sólo por el gusto de atraparlas y luego las soltaría. Le dije que en ese caso, bien. A la madre le dio otra vez el telele esta noche. Se me hace que cuando se pone así se le vuelve un poco un ojo.

20 junio, sábado

Un día con otro los exámenes me dejan cinco barbos líquidos. De fijo el que aprueba el Francés o el Alemán no me deja con las manos vacías. A cada aprobado de estos que canto suena una ovación. En cambio, no faltan todo el tiempo chavalas llorando por los rincones. Es la vida.

Le propuse a Melecio ir al cine esta tarde y aceptó. Le dije que diera a Manolo una peseta marcada con una cruz. A la hora de rendir cuentas, Manolo no entregó la pela marcada y Fermín le preguntó por ella. El cínico de él contestó que no le habían dado ninguna. Entonces llamé a Melecio, que se había aguardado a intención. El cabo le obligó a Manolo a sacar la cartera y allí tenía la pela de la cruz. Fermín le llamó una cosa gorda y dijo que en lo sucesivo podía campar por sus respetos. Manolo andaba acobardado y salió con que en casa había mucha necesidad, pero Fermín, que es un águila, le soltó que si se creía que no sabía que cada tarde tenía una partida interesada en el París. Manolo lloriqueó que no era interesada y el cabo dijo que echando por bajo cambiaban cinco duros de mano todos los días. Manolo se largó con las orejas gachas.

En la primera quincena de agosto tenemos permiso. Le pregunté a Fermín si no podía cambiarla por la segunda, pensando en la codorniz, pero me dijo que nones. ¡Esto no es vida!

23 junio, martes

Terminaron los exámenes. He echado cuentas: 473,65 líquidas, que no está mal.

Esta mañana visité a Aquilino en la Residencia de Suboficiales. El hombre anda reventado con un ataque de ciática. Qué cosa será que en la cama todavía parece más grande. Mañana le trasladarán al Hospital Militar.

Al atardecer subí al páramo con Zacarías y la fiesta terminó a bofetadas. El marrajo prometió soltar los pájaros, pero a última hora, como me olía, me hizo la trastada. Es un granuja. Al principio todo fue bien. Nos escondimos entre los surcos, tendió la red sobre las espigas y atrajo a los bichos con el pito. En cuanto que se arrimaba una, el tío se levantaba como una centella y el pájaro, al arrancar, se enredaba en la red. Así hicimos hasta siete. A la luz de la luna aún agarramos dos. Hacía un poco de viento que combaba las cañas de las espigas y el movimiento del campo parecía el mar. Estaba hermosa la noche. Al acercarnos a las burras los grillos aturdían. Como no hacía intención, le recordé a Zacarías que había prometido soltar los pájaros, pero él se echó a reír y uno a uno los fue sacando de la sera y dándoles una dentellada en la nuca. Los animalitos morían sin un temblor. Me entró tal coraje que, sin más, le di una guantada, él contestó y terminamos a golpes en medio la carretera. Al fin le sujeté y le dije que si intentaba algo le partía el espinazo. Él dijo que asunto liquidado y fui yo entonces y tiré las codornices muertas en medio de los trigos. En el cielo había una luna roja como una sandía. Agarré la burra y me largué sin esperarle. Dice Melecio que conociendo a Zacarías nunca debí llegar a esos extremos. Un pronto lo tiene cualquiera, digo yo.

2 julio, jueves

Tropecé esta mañana en la calle con don Adolfo, el presidente de la Sociedad de Cazadores. Me felicitó por lo del pichón y luego me preguntó cómo llevaba la veda. Le respondí lealmente que con resignación, ya que no había otro sistema. Dijo él entonces que otros la llevan matando al margen de la ley. Le pregunté si no era posible terminar de una vez con esa canalla. Él respondió que se hace lo que se puede. Luego hizo números y dijo que calcula en cuatro mil las perdices que de mayo acá se han matado en la provincia con el reclamo. ¡Gibar! Así es que luego sale uno con la ley y no hace más que dar patadas a lo bobo.

El sol es fuego. A mediodía la Paula dio a luz un chaval muerto. Fui para allá, pero en la papeleta decía que no reciben. A Melecio le ocurrió lo propio. Anduvimos discutiendo sobre si deberíamos insistir. Me giban esos prontos de Tochano, la verdad. Melecio dice que no habiendo entierro no procede otra cosa. En fin, quedamos en dejarlo para el domingo.

5 julio, domingo

Estuvimos donde Tochano. En el gabinete nos quedamos los tres mirándonos como pasmados. Melecio, por decir algo, dijo que tenía entendido que entró poca codorniz este año. Dijo Tochano que, por su parte, podían morirse todas. Para quitar hierro tercié y dije que la liebre, en cambio, había criado bien. Tochano dijo que se alegraba por los ricos que disponían de coto. Melecio le atajó que si no fuese por los cotos, de qué íbamos a matar nosotros liebres en Castilla. Se armó debate y Tochano se puso terco e insistió que los cotos eran un privilegio de mierda. Le dije yo que quitara las tablillas a lo de Muro, a ver qué liebres cazaba él en los bacillares de Herrera. Voceábamos tanto que entró la madre de Tochano y dijo que molestábamos a la Paula. Entonces Melecio se levantó y le dijo a Tochano entre dientes algo del chaval. A Tochano se le hinchó una vena negra en la frente y dijo que de este asunto ni una palabra. Luego se volvió a mí y me preguntó si era cierto que me había sacudido con Zacarías por un qué. Le respondí que sí y él dijo entonces que anduviera al quite porque Zacarías estaba caliente aún.

Tenía la tarde libre y di un paseo en barca con Anita. De regreso intenté besarla, pero ella me dijo con muchos humos que apartara el brazo si no quería que me soltase una guantada.

A las doce no corría una gota de viento. La casa está como un horno. A la madre le volvió el mareo. Cuando se acostó tenía el ojo vuelto del todo. Digo yo si serán los nervios.

8 julio, miércoles

Hubo carta de la Veva. Dice que el chavea es un golfo, pero que mi hermano es ciego por él. Nos dice que callemos la boca porque Tino no sabe que nos escribe. Por lo visto ella sigue con los dolores y el médico ha determinado operarla para el otoño.

10 julio, viernes

En la vida hay días torcidos y de nada sirve que nos esforcemos en variar su mala disposición. Uno piensa, luego que la desgracia sucede, que una palabra hubiera bastado para cambiar el destino, pero esa palabra, a cosa pasada, no es más que un nuevo dolor. Cuando a uno se le va una perdiz a postura de perro, se dice que hubiese sido suficiente con reportarse para bajarla, pero eso se piensa después de que no se ha bajado y es ya tarde para enmendar la torpeza. Lo mismo sucede con las desgracias. Y uno se desespera y se da cuenta entonces de que cualquier tipo de la calle no es más que un mandado en la Tierra y que no basta tener en la cartera un buen fajo para determinar esto hago y esto no hago. Uno no sabe más que lo que quiere hacer y lo que no quiere hacer; lo que luego vaya en realidad a hacer o deshacer sólo el Señor lo sabe. Y uno, después que las cosas pasan, se queda como tolondro y se da cuenta de que aunque presuma de estar de vuelta, en el fondo no es más que un buñolero.

1 ... 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)