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Электронная книга - «Diario de un cazador». Краткое содержание книги:

Lorenzo trabaja de bedel en una escuela, mantiene a su madre, tiene las ideas muy claras sobre muchas cosas, y en los ratos libres, y todos los domingos durante la temporada, va de caza. Contempla el mundo con su l?cida inteligencia de muchacho de pueblo y se cuenta a s? mismo las cosas que pasan sin pensar en la posteridad.
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Para foguearme me han dado arriba. A las ocho no entraba un alma y Fermín me dijo que podía largarme a cenar para volver a las nueve y media. Hice 1,35 a todo tirar. Una risión, vamos. En cambio, Manolo, en el pasillo central, seis barbos. Cuando levantaba las butacas encontré un guante de señora y le dije, por guasa, al cabo si las cosas olvidadas eran para la comandita o para devolver. Creí que iba a gozarla, pero me preguntó qué era, y yo le dije que un guante y él me dijo, entonces, que lo dejara en el guardarropa. En la sesión de la noche se ocuparon veintidós butacas contadas. ¡Y para eso cuatro acomodadores! A las once me senté más tranquilo que el Bomba y me vi la película. Echan «Mi mula Francis» y pasé el rato. Luego me desvelé y sentí el exprés de Galicia.

7 abril, martes

Vi otra vez «Mi mula Francis». Me reí con algunos golpes que se me pasaron el primer día. Bien mirado no es más que una pendejada.

8 abril, miércoles

Vi otra vez «Mi mula Francis». Cada vez que el animal abría la boca ya me decía yo por dentro la gansada que iba a decir. Terminé con dolor de cabeza.

9 abril, jueves

Vi otra vez «Mi mula Francis». Salí al foyer, pero allí seguía oyendo el habla del animal. Me encerré en el water, pero que si quieres. Hasta allí llegaba la voz de la tía. Me vine para casa loco.

10 abril, viernes

Hoy estrenamos y no cabía en la sala un alfiler. Arriba hice 3,35 líquidas. Manolo 58,60. Con unas cosas y otras me acosté a las dos. Ni tiempo he tenido para engrasar la escopeta. Esto no es vida.

12 abril, domingo

El domingo es en el cine como otro día cualquiera; peor que otro día cualquiera. Hay tres sesiones y mucho más personal. Me corresponde descansar mañana. Pero yo me pregunto: ¿qué puede hacer un hombre que descansa cuando los demás trabajan? Le dije a Fermín si será siempre así y me dijo que hay un turno. Totaclass="underline" un domingo libre al mes. Le pedí a Anita que no saliera y me dijo con muchos humos que con qué derecho la exigía eso. ¡Me cago en la pared! Me llevaron los demonios cuando la vi aparecer con la Mimi y el fogonero. Yo mismo les acomodé. Faustino no me reconoció y quiso darme una propi, pero yo me hice el ido. ¡También gibaría! A la salida, Anita pasó junto a mí como si no me conociera. ¡Se le caerán los anillos a la desgraciada!

13 abril, lunes

Empleé la tarde libre en la escopeta. Casi había criado gusanos. Pasé el cepillo de cerdas por los tubos y le puse grasa. Por ir con prisas partí la baqueta por uno de los empalmes. Melecio me aconseja que compre una de madera; dan mejor resultado. También dice que use tubos «Diana» para el engrase. Ciertamente la que uso ahora se reparte mal.

Salí con Anita a las siete y la encontré un poco chulilla. Le hice ver que el ponerme de acomodador no es capricho sino necesidad. Ella dice que no le va ni le viene eso, ni nada mío. Le pregunté por qué estaba así y ella dijo que no estaba de ninguna manera. ¡Como si yo no tuviera ojos! Le pregunté si había dicho algo la Mimi y ella dijo que, para no mentir, la Mimi dijo al verme que parecía un botones. Ya me olía yo que la pingo esa andaría por medio. Le expliqué que el uniforme me estaba chico, pero le habían sacado las costuras hasta el tope. Luego pensé que estaba haciendo el cipote dándole razones y que ella y la Mimi y la Mimi y ella pueden pensar lo que les dé la gana. Nos separamos de monos. No me dormí hasta las tantas.

16 abril, jueves

Esta tarde llamé la atención a una pareja. El cabo me dijo que no me ande con contemplaciones y tome nombres. Por la noche vi «Ivanhoe» por séptima vez. No me importa, porque no es una pendejada como la de la mula y da algo de cultura. A la madre le volvieron los mareos. Después de comer se acostó, porque se le iba la cabeza.

19 abril, domingo

Por la mañana estuve con Anita en el Tirreno tomando unas mollejas. Se le ha quitado el morro. Ya le anuncié que en adelante podremos salir todos los días de ocho a nueve y media. He determinado que la madre me ponga una tortilla en un poco de pan y me ahorro dos paseos, uno de ida y otro de vuelta, y además puedo verme con Anita cada tarde. Veremos si no es peor el remedio que la enfermedad. Hoy, por de pronto, cuando toqué retirada en la Cerve, Anita se plantó y dijo que ni hablar del peluquín y que se quedaba con la Mimi hasta las diez. Me dio en los ojos y le dije que o se venía por las derechas o me la echaba al hombro como un saco. Ella debió notar que no iba de coña porque salió como un cordero. En todo el camino hablamos una palabra. Esta mujer me pone negro.

21 abril, martes

Ya tapiaron el España para empezar la reforma. Nos vimos por primera vez en el Novelty. No sé por qué, pero todos parecíamos alelados. Por hablar algo dije que no volveríamos a dar con un rincón como el de España y entonces Tochano me dijo que si volvía a mentar al España me pegaba una guantada que me ponía la cara del revés. Zacarías anunció que dentro de unas semanas empezará a salir con la hembra. No tengo pepita en la lengua y le dije que el reclamo es una perrería. Contestó, tan fresco, que todas las cosas son cuestión de puntos de vista. Anduvo contando hazañas. Dice que una vez, cuando chico, se metió en un tollo a las seis y a las siete había hecho ocho machos, uno detrás de otro. Al tío se le entornaba el ojo ciego como una persiana. Eso es mentir por la mitad de la barba. La verdad es que las enhebra como agua.

Me pasé por Asterio a probarme el uniforme. La boda es para el treinta. Desde el portal ya se sentían los mambos de la gramola. La chaqueta me tira de sisa y así se lo dije. Asterio me preguntó si era cierto que hablaba con la Anita, la del churrero. Le respondí lealmente que eso de hablar era muy relativo. Entonces me confesó que sabe de buena tinta que la chavala esa anda colada por mí hasta los tuétanos. Le pedí que se explicara, pero él calló la boca. Luego he estado pensando en ello. Hacía buena noche y me quedé un rato en la azotea al regresar del cine. Me pregunto en qué podrá basarse Asterio para decir lo de Anita.

27 abril, lunes

El vaina de Crescencio me confesó esta mañana que al chico no le gusta que ande por los pasillos entre clase y clase para no tropezársele cuando va con los amigos. El memo de él se ríe como si tuviera gracia y dice que son los pocos años. ¡No te giba! Si yo tuviera un hijo así, le colgaría del palo de la bandera.

Esta tarde vi que se colaba el hermano de Fermín. Me fui donde el cabo y le pregunté si es que podemos meter de guagua a los nuestros. Le cabreó la cosa, pero no tuvo más remedio que decirme que en los últimos días, y sin abusar, no hay inconveniente.

29 abril, miércoles

Creí que se reventaba lo de la boda. El de Francés andaba hoy más nervioso que una lombriz y me dijo que suponía que me quitaría el bigote para mi actuación. Yo le dije que ni pensarlo. Se puso loco y voceó que a ver si ahora que me habían hecho el uniforme iba a dejarle en la estacada. Vino don Basilio y el de Francés se chivó. El otro, que también anda encalabrinado con lo de mañana, desanudó la voz y me puso a caldo. Finalmente le dije que bueno para que callase la boca. Me giba lo que nadie sabe que me voceen.

30 abril, jueves

¡La madre que le echó! Con cinco cochinos pavos me despachó el tío. A buena hora me agarra para otra. Y me costó reventarme aunque él no lo crea. Apenas he dormido y me levanté con un tembleque que para qué. Con los galones y los bordados parecía un almirante. La madre, que me anduvo cepillando, dijo que iba más galán que Mingo y que ni el novio iría mejor puesto. Luego el cachondeo de las del señor Moro detrás de los cristales y la gente volviéndose en la calle. ¡La oca, vamos! No se los tiré a la cara para no dar el espectáculo. ¡El muy zángano! Dice la madre, y le sobra razón, que hay señores que no saben ser señores.

2 mayo, sábado

Fiesta. En cuanto me levanté puse la bandera en el balcón. La primavera ha llegado. Hoy pegó el sol en forma. Por la tarde estuve en el Novelty. La verdad es que nos vamos encontrando aquí. Ciertamente no es mal sistema ese de Tochano de no mirar atrás. A Juan le han colocado de ordenanza en la Banca Guipuzcoana. Por lo visto, don David lo exigió para el traspaso.

Tochano dice que ayer en la barbería le hablaron de una enfermedad que ha liquidado los conejos de Francia. El de la mesa de al lado, que cada tarde se embute un cortado a palo seco, metió el cuezo y dijo que era la mixomatosis y que ya estaba en el Pirineo. Le pedí que se explicara y dijo que es cosa de un médico francés que creyendo que hacía un servicio había hecho la del otro. Terció Tochano y dijo que, según él tenía entendido, para el contagio es necesario que un conejo sano coma yerba que ha orinado otro enfermo. El de al lado reconoció que todo eso era cierto y que a la vuelta de unos años no quedará en Europa un conejo para contarlo. Dijo luego que todos los males nos vienen de Francia y no sé qué tecla le tocó a Melecio que se atocinó y dijo que en Francia había cosas buenas y malas como en todas partes. Mientras la mixomatosis respete la perdiz y la liebre, bien vamos. Con estas coplas se me hicieron las tantas y llegué al cine a las menos veinte. El cabo me dio un repaso. Dijo no sé qué gaitas de que la profesión esta exige vocación y que nadie debe agarrarse a ella como recurso. ¡Coplas!

5 mayo, martes

Zacarías subió el domingo con el reclamo a lo de Cuesta. Por lo visto, el campo respondió y la hembra recibía bien, pero no hizo más que dos machos. Esto me hace pensar que no hay tanta perdiz como dicen. Le dije que debería esconderse en vez de tanto farolear y le pregunté si no leyó lo que decía el sábado el «ABC». El tío arrastrado, voceó que yo y el «ABC», el «ABC» y yo le traíamos sin cuidado. Terminamos mal.

Estuve donde Anita. Le dije lealmente que sólo iba para decirle que puede entrar en el cine de guagua cuando le pete. Me dio unas gracias que me dolieron más que una guantada. Luego me preguntó con mucha guasa si la dejaba ir a pie hasta casa o prefería llevarla al hombro. Me eché a reír y le dije que el otro día estaba endemoniado y que dispensara. Quería largarse, pero al fin la convencí para tomarnos un bartolillo en «La Conchita». Yo no sé qué piensa esta mujer; me giba ya tanto tira y afloja. La chavala esta no quiere comprometerse aunque Asterio diga misa.

8 mayo, viernes

Hoy hizo un sol de justicia. En agosto vendrán los fríos. Después de comer me di una vuelta por el parque con la chavala. Nos sentamos en un banco entre sol y sombra, frente al estanque. No sabía de qué hablar y terminé por contarle la cacería de la otra noche en las salinas. Alrededor no había un alma y el sol espejeaba en el agua. Al terminar, no sé por qué ni por qué no, nos pusimos a mirarnos como lelos, cada vez más cerca, y cuando la besé en la boca el sol se nubló y se me olvidaron todas las cosas. ¡Madre, qué labios! Anita temblaba y dijo que estábamos tontos y que por una cosa así podíamos salir mañana en el periódico. Yo no acertaba a hablar y cuando al fin me arranqué, no me atreví a mentar el asunto y sólo dije que, al amanecer, Melecio cayó una cerceta y yo una gallineta, y una ganga nos pasó tan próxima que le vi perfectamente el collarón y las timoneras. Nos quedamos un rato atarugados y al cabo dijo Anita que era su hora. A las ocho volví a buscarla. Creí que las cosas habían cambiado, pero como si no. Le he plantado un beso muy rico, pero eso no fue más que una chamba. Es fijo que si yo lo intentase otra vez me saltaría las muelas de una guantada. Todavía estoy como tolondro. Sentí el exprés de Galicia.

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