Santa Evita
- Автор: Martinez Tomas Eloy
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Santa Evita». Краткое содержание книги:
Entre 1972 y 1973, después que su cuerpo fue rescatado de un sepulcro anónimo en Milán y devuelto al viudo, escribí un guión de cine que pretendía reconstruir la historia de la candidatura frustrada con fragmentos de noticieros y procesiones de fotografías. Quise que el relato tuviera una trama y, a la vez, un tejido de símbolos, pero no era capaz de discernir cuánta verdad había en él. En aquel tiempo, el aleteo de la verdad era esencial para mí. Y no había verdad posible si Evita no estaba allí. No su fantasma, sino su llanto de niña, su voz de radionovela, su música de fondo, su ambición de poder, sangre, locura, desesperación, lo que había sido Ella en todos los momentos de la vida. En algunas películas yo había sentido cómo cosas y personas regresaban desde el fondo inmortal de la historia. Sabía que eso, a veces, funciona. Necesitaba ayuda. Alguien que me dijera: Los hechos fueron así, tal corno los contaste. O que me enseñara hacia dónde moverlos para que coincidieran con alguna ilusión de verdad. Recordé a Julio Alcaraz y lo llamé por teléfono. Tardó en reconocerme. Me citó a las diez de la noche en la confitería Rex. Había envejecido mucho, se quejaba de zumbidos en el tímpano y calambres en las piernas.
– No sé si voy a poder ayudarlo -me dijo.
– No se esfuerce -lo tranquilicé-. Tan sólo óigame y déjese ir. Haga de cuenta que está otra vez allí, en el Cabildo Abierto, y si algo de lo que digo le desentona con la memoria, interrúmpame.
– Léame ese guión -dijo-. Va a ser como sentarme en una butaca de cine a ver mi vida.
– Es mejor que la vida. Aquí usted puede levantarse en cualquier momento y desaparecer. La vida es más difícil. Y ahora -le pedí-, olvídese del ruido. Haga de cuenta que se apagan las luces. Que hay un telón abriéndose.
(Exterior Tarde. La avenida Nueve de Julio, en Buenos Aires.) Panorámica de la multitud.
Desde el palco oficial hasta el obelisco no cabe un alfiler. Flamean las banderas. Las tomas aéreas revelan que hay millón y medio de personas. Bosques de carteles en el centro de la calle. La luz es áspera, muy contrastada. Sol tibio, como se advierte por las ropas de la gente. Tomas del arco de triunfo sobre el palco oficial. En primer plano, inmensas fotos de Perón y Evita. En plano general, mareas de pañuelos agitándose. Un reloj: las cinco y veinte de la tarde. Asciende, lento, el clamoreo. Braman los bombos. Se encienden, aquí y allá, algunos géiseres desafinados: «La marcha peronista”.
Movimientos en el palco oficial.
VOZ DE LOCUTOR (off):
Compañeros, compañeros. A este histórico Cabildo Abierto del Justicialismo, hace su entrada el excelentísimo señor presidente de la república, el general Juan Domingo Perón.
Perón se adelanta hacia la primera línea del palco oficial con los brazos abiertos. El oleaje de la multitud, el peligroso vaivén por acercarse al ídolo.
Estalla la ovación. (Una palabra inesperada se abre paso. ¿Perón Perón? No. Es increíble. Lo que la muchedumbre corea es el nombre de Evita.)
CORO: Eee viii ta / Eee viii ta.
En primer plano, la expresión incómoda del general. El latigazo de un tic le alza las cejas. El secretario general de la CGT, de figura redonda, algo grotesca, toma el micrófono. Su discurso abunda en defectos de dicción.
SECRETARIO GENERAL JOSÉ G. ESPEJO
(en adelante ESPEJO): Mi general…
Primer plano de Perón, adusto.
.… he aquí reunido al pueblo de la patria para decirle a usted, su único líder…
Primer plano del inmenso retrato de Evita.
…como en todas las grandes horas, ¡presente, mi general!
Imágenes de la multitud.
CORO (instantáneo): ¡Presente!
(El vocablo va disolviéndose naturalmente hasta transformarse en un insistente:) Eee viii ta…
Perón permanece gris, los labios apretados, empequeñecido. ¿Sería cruel exhibir ahora su contrariedad recortándola sobre el fondo de la multitud embriagada? Dejo la idea a criterio del director. Al general le incomoda ser un actor secundario en la concentración más caudalosa de la historia peronista. Decide llamar la atención de los descamisados. Alza los brazos, lleva las manos hacia el corazón. Ellos saltan, responden a su saludo con ademanes delirantes. Pero no corean su nombre. Llaman a:
CORO: Eee viii taa /Eee viii
Se apagan lentamente las luces de la tarde. Perón recupera el ceño, la hosquedad del principio. Secándose la invisible humedad de los bigotes, Espejo trata de asumir el control de la situación, pero la empeora:
ESPEJO:
Mi general…
(El tono es de súplica. La voz es sepultada por los estribillos de la muchedumbre.) Mi general… Acá notamos una ausencia, la de vuestra esposa, la de Eva Perón, la sin par en el mundo… (Ovación)
Imágenes de la multitud.
CORO: ¡Que venga Evita! ¿Dónde está Evita?
ESPEJO: Compañeros… Tal vez su modestia, que es su más grande galardón, le impida… (Se esfuma lo que sigue.) Permitidme, mi general, que vayamos a buscarla, para que esté aquí presente.
Otra vez el delirio. La cámara sigue a Espejo yéndose. Luego, husmea en un bosque de pantalones grises con la raya muy marcada, hasta detenerse en un zapato impaciente que sube y baja. Es Perón. La cámara trepa por su cuerpo, se detiene en sus ojos malévolos, se posa sobre la pista de patinaje de su pelo engominado. (Ojo: la toma existe. Si el director la quiere, puede buscarla en una de las dos ediciones del noticiero español «NoDo», agosto 22, 1951.) Sobre la cabeza del General cae la noche. Son las seis y media de la tarde.
(Exterior. Noche. El mismo lugar, en Buenos Aires.)
Se ve llegar a Evita seguida por Espejo y una corte de funcionarios.
– Son los que fueron a buscarla al edificio de Obras Públicas dijo el peluquero-. Yo caminaba detrás. Le hice doble rodete, le puse un toquecito leve de maquillaje. Estaba preciosa.
Plano general de la muchedumbre en éxtasis. Corte a mujeres cayendo de rodillas en la vereda del Club Español. Corte a familias de trabajadores llorando al pie del Obelisco. Corte a la propia Evita, que lanza besos desde el palco. Tampoco Ella puede contener el llanto. Plano cercano de lágrimas (hay una maravillosa toma en «NoDo»). Espejo se abre paso.
ESPEJO: Y pido que proclamemos al general Juan Perón candidato para presidente de la república y a la señora Eva Perón para la vicepresidencia.
Evita busca refugio en los brazos de su marido. Luego, se asoma a la baranda del palco con aire inseguro.«Yo…», mueve los labios. «Yo…» Nada se oye. Al fin, inicia su larga arenga. [Es de veras larga. Hay versiones completas en «NODO» y «Sucesos Argentinos». Sugiero al director reproducir sólo un párrafo, el penúltimo:
– ¿Para qué? -interrumpió el peluquero-. Ella no sabía qué decir, estaba muerta de miedo, sentía la mirada censora de Perón y eso aumentaba su torpeza. Compare ese discurso con los de meses antes. En los otros, Evita maneja la voz como se le da la gana. Su voz ocupa toda la escena. Aquí no. Estaba fuera de quicio. Si usted la muestra en ese estado lamentable, arruina el efecto majestuoso de lo que viene.
– Es nada más que un párrafo -insistí-. El penúltimo:
EVITA: Yo no he hecho nada. Todo es Perón. Perón es la patria, Perón es todo, y los demás estamos a distancia sideral del líder de la nacionalidad. Yo, mi general, con la plenipotencia espiritual que me dan los descamisados de la patria, os proclamo, antes de que el pueblo os vote, presidente de los argentinos (Ovación).
Perón la abraza. Planos tumultuosos del palco [buenas tomas en «Sucesos Argentinos»]. Un dirigente sindical no identificado, de espaldas, encara a Evita [la escena está en una de las dos ediciones de NoDo»].
DIRIGENTE: No nos ha dicho todavía si acepta o no la candidatura, señora… (Volviéndose hacia el micrófono) ¡Señora! El pueblo está esperando… ¿Qué le va a responder?
Bajo el palco, una bandada de mujeres agita pañuelos blancos.
CORO (en off): ¡Que acepte / Evita! / ¡Que acepte / Evita!
ESPEJO (en off): Compañeros, oigamos la palabra del general Perón.