La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
El nico factor que realmente no se previ fue la mordida del perro. Tendra la rabia el animalillo? Por si acaso, compraron suero antirrbico y se lo inyectaron a Yanuka.
Teniendo ya a Yanuka temporalmente apartado de la vida social, lo ms importante era conseguir que nadie, en Beirut o en cualquier otra parte del mundo, se diera cuenta de su ausencia. Los israelitas ya saban que Yanuka era persona de carcter naturalmente independiente y libre. Saban que renda culto al comportamiento ilgico. Que gozaba de justa fama por su costumbre de alterar sus planes en cuestin de segundos, basndose parcialmente en caprichos y basndose tambin parcialmente en que tena fe, con toda razn, en que ste era el mejor medio para despistar a sus perseguidores. Los israelitas estaban al tanto de la pasin que recientemente Yanuka haba adquirido por cuanto fuera griego, y de su conocida costumbre de ir en busca de antigedades, mientras estaba de paso en Grecia. En su ltimo viaje, Yanuka se haba adentrado en el sur de Grecia hasta llegar a Epidavros, sin decir nada a nadie, lo cual significaba una gran desviacin de su camino, sin que nadie supiera la razn por la que lo hizo. Este comportamiento errtico haba sido la causa y razn de que resultara muy difcil atrapar a Yanuka. Este mismo comportamiento, utilizado en contra de Yanuka, cual era ahora el caso, dejaba a ste, en opinin de Litvak, en situacin de insalvable, debido a que los propios hombres del bando de Yanuka se tropezaban con tantas dificultades para seguir su rastro cual antes los enemigos de Yanuka. El equipo israelita se apoder de Yanuka y lo quit de la circulacin. El equipo esper. Y en ninguno de los lugares en que dicho equipo tena odos prestos a escuchar se oy nada; no son ni un solo timbre de alarma, ni un solo murmullo de inquietud. Cautelosamente, Litvak concluy que si los jefes de Yanuka tenan una idea de su personalidad, esta idea los llevaba a pensar que Yanuka haba desaparecido temporalmente, en busca de experiencias vitales y -quin sabe?, por qu no?- de nuevos soldados que defendieran su causa.
En consecuencia, la novela, que era tal como Kurtz y sus colegas lo llamaban ahora, poda comenzar. El que esta novela tambin pudiera terminar, el que Kurtz tuviera tiempo, medido por su viejo reloj de acero, para desarrollarla de la forma prevista, esto ya era harina de otro costal. Las presiones que condicionaban la actuacin de Kurtz eran de dos tipos diferentes. La primera de ellas consista en una disyuntiva basada en tener que dar muestras de progresos en la operacin o, por otra parte, tener que aguantar que Misha Gavron diera carpetazo al asunto, dejando a Kurtz con una mano delante y otra detrs. La segunda presin era la amenaza esgrimida por Misha Gavron, en el sentido de que si no se producan los antes mentados progresos, l, Gavron, ya no tendra el poder suficiente para acallar los crecientes clamores en peticin de una solucin militar de tan enojoso problema. Esto ltimo era algo que aterraba a Kurtz.
En una de sus muchas y frecuentes discusiones, Gavron le dijo gritando a Kurtz:
-Me ests echando sermones como los que suelen soltar los ingleses! -Y, acto seguido, Gavron aadi-: Y fjate en los crmenes de esa gente, en los crmenes de los ingleses!
Kurtz esboz una sonrisa furiosa, y con fingida calma aconsej a su jefe:
-Bueno, en este caso quiz debiramos bombardear tambin a los ingleses.
Pero el tema de los ingleses no era, en aquellos momentos, oportuno. No, debido a que se daba la paradoja de que Kurtz, ahora, comenzaba a pensar que los ingleses podan ser su salvacin.
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