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READ-E-BOOK » Научная фантастика » Regreso a Belzagor [Downward to the Earth - es]
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Regreso a Belzagor [Downward to the Earth - es]

Электронная книга - «Regreso a Belzagor [Downward to the Earth - es]». Краткое содержание книги:

Cuando los humanos abandonan el planeta Belzagor, siguiendo la política de descolonización consistente en dar independencia a todos los alienígenas con cultura propia, el administrador imperial Gundersen retorna para emprender un viaje etnológico-sentimental-místico-iniciático… donde hallará o no hallará lo que esperaba, pero en todo caso no retornará el mismo que se puso en camino… como tampoco el lector volverá a ser el mismo después del viaje maravilloso que esta novela propone.
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Srin'gahar dijo:

—También en este planeta los «elefantes» se dejan explotar por los seres humanos. No nos comisteis y en contadas ocasiones nos matasteis, pero a menudo nos hicisteis trabajar para vosotros. Pero tú reconoces que somos seres que poseemos g'rakh.

—Lo que hicimos aquí constituyó un gigantesco error —afirmó Gundersen— y cuando lo comprendimos nos retiramos y abandonamos tu planeta. Pero eso no significa que los elefantes sean seres racionales y sensibles. Son animales, Srin'gahar, animales grandes y sencillos y nada más.

—Las ciudades y las máquinas no son las únicas conquistas de la g'rakh.

—¿Dónde están entonces sus conquistas espirituales? ¿Qué cree un elefante con respecto a la naturaleza del universo? ¿Qué opina de la Fuerza Demoledora? ¿Cómo considera su propio lugar en la sociedad?

—No lo sé —replicó Srin'gahar—. Y tú tampoco, amigo de mi viaje, pues el lenguaje de los elefantes te está vedado. Pero es un error dar por supuesta la ausencia de g'rakh allí donde eres incapaz de percibirla.

—En ese caso, es posible que los malidares también posean g'rakh. Y las serpientes del veneno. Y los árboles y las enredaderas y…

—No —aseguró Srin'gahar—. En este planeta, los nildores y los sulidores son los únicos que poseen g'rakh. Lo sabemos más allá de toda duda. En tu mundo, no es necesariamente cierto que los humanos sean los únicos que poseen la cualidad de la razón.

Gundersen comprendió que era inútil seguir discutiendo. ¿Acaso Srin'gahar era un chauvinista que defendía la supremacía espiritual de los elefantes a lo largo y lo ancho del universo o adoptaba deliberadamente una posición extrema para exponer las presuntuosidades y las vulnerabilidades morales del imperialismo de la Tierra? Gundersen no lo sabía. Se le vino a la memoria el episodio en que Gulliver discutía con los Houyhnhnms sobre la inteligencia de los caballos.

—Me rindo —dijo secamente—. Quizás alguna vez traiga un elefante a Belzagor y así podrás decirme si posee o no g'rakh.

—Le daré la bienvenida como a un hermano.

—Podrías ser desdichado a causa del vacío de la mente de tu hermano —dijo Gundersen—. Verías a un ser modelado a tu manera pero no lograrías llegar a su alma.

—Tráeme un elefante, amigo de mi viaje, y yo seré el juez de su vacuidad —agregó Srin'gahar—. Aclárame una sola cuestión más y dejaré de molestarte: cuando nos llamáis elefantes, pensáis en nosotros como meras bestias, ¿no? Según tus palabras, los elefantes son «animales grandes y sencillos». ¿Así nos ven los visitantes procedentes de la Tierra?

—Sólo se refieren al parecido anatómico entre nildores y elefantes. Es algo superficial. Dicen que sois como elefantes.

—Me gustaría creerlo —comentó el nildor, guardó silencio y dejó a Gundersen a solas con su vergüenza y su culpa.

En otra época, Gundersen no había tenido la costumbre de discutir con su montura la naturaleza de la inteligencia. Entonces ni siquiera se le había ocurrido que ese debate fuese posible. Ahora descubrió el alcance del sentimiento reprimido de Srin'gahar. Elefantes: sí, él también había visto así a los nildores. Elefantes inteligentes tal vez, pero elefantes de todos modos.

Siguieron con la vista, en silencio, el torrente hirviente que corría hacia el norte. Poco antes del mediodía llegaron a su nacimiento: un ancho lago en forma de cuenco encajado entre una cadena doble de colinas que se elevaban abruptamente. Algunas nubes de vapor grasoso se elevaban de la superficie del lago. Las algas termofílicas recorrían sus aguas; las de color rosado formaban una delgada espuma en lo alto y prácticamente ocultaban las enredadas marañas de las plantas más grandes y espesas, de color gris azulado, que se encontraban un poco más abajo.

Gundersen tuvo ganas de detenerse para contemplar el lago y sus extraños habitantes. Pero era sumamente reacio a pedirle a Srin'gahar que se detuviera. El nildor no sólo era su montura sino su compañero de viaje y pedirle como un turista que se detuvieran un rato allí podía reforzar su convicción de que los terrestres aún consideraban a su especie como meras bestias de carga. Se resignó perder esa excursión. Se dijo que no era justo retrasar la marcha de Srin'gahar hacia el renacimiento para cumplimentar una curiosidad caprichosa.

A medida que se acercaban a la curva más distante del lago, en la maleza del este se produjo tal estrépito y quebrantamiento que la caravana de nildores se detuvo para averiguar qué ocurría. A Gundersen le parecía como si un dinosaurio merodeador se dispusiera a salir lentamente de la selva, un enorme y torpe tiranosaurio inexplicablemente desplazado en el tiempo y el espacio. Un pequeño y chato vehículo salió de una grieta en la hilera de colinas y atravesó lentamente el terreno yermo que bordeaba el fago. Gundersen reconoció el coleóptero del hotel, que arrastraba un estrafalario apéndice de aspecto rudimentario a modo de remolque construido con tablones y grandes ruedas. Encima del traqueteante y estruendoso remolque habían montado cuatro pequeñas tiendas de campaña que ocupaban casi toda la superficie; a lo largo de las tiendas y por encima de las ruedas habían colocado varias hileras de bultos y en la parte trasera, aferrados a una barandilla y mirando nerviosamente a su alrededor, se encontraban los ocho turistas que Gundersen había dejado unos días atrás en el hotel de la costa.

Srin'gahar dijo:

—Aquí están algunos de los tuyos. Querrás hablar con ellos, supongo.

A decir verdad, los turistas eran la última especie que Gundersen deseaba ver en ese momento. Habría preferido saltamontes, escorpiones, serpientes de colmillos, tiranosaurios, escuerzos, cualquier cosa. Aquí estaba, entre los nildores, saliendo de algún tipo de experiencia mística cuya naturaleza apenas comprendía; aquí, aislado de los de su propia especie, avanzaba hacia la región del renacimiento y se debatía con preguntas fundamentales acerca del bien y del mal, de la naturaleza y de la inteligencia, de la relación entre humanos y no humanos y la de sí mismo con su propia historia; hacía unos instantes, las preguntas fortuitas e ingeniosas de Srin'gahar sobre las almas de los elefantes le habían obligado a realizar una confrontación incómoda e incluso dolorosa con su biografía; bruscamente Gundersen se encontraba una vez más entre esos seres humanos vacuos y triviales, esos arquetipos del turista ignorante y torpe, y toda individualidad que pudiera haber conquistado a los ojos de su compañero nildor desapareció en el mismo instante en que cayó dentro de la clase indiferenciada de los terrícolas. Algún fragmento de su mente sabía que esos turistas no eran tan vulgares ni vacíos como los veía: sólo se trataba de gente corriente, amistosa, algo tonta, demasiado privilegiada, probablemente seres humanos muy satisfactorios en el contexto de sus vidas en la Tierra y aquí sólo parecían figurillas de cartón porque eran esencialmente ajenos al planeta que habían decidido visitar. Pero todavía no estaba preparado para que Srin'gahar le perdiera de vista en tanto persona separada de todos los demás terráqueos que iban a Belzagor y temía que la marejada de charla insustancial que surgía de esas personas le cubriera y lo convirtiera en una de ellas.

El coleóptero, que evidentemente tenía dificultades para arrastrar el remolque, se detuvo a doce metros del lago. Van Beneker bajó del aparato con aspecto sudoroso y desgalichado.

—Muy bien —dijo a los turistas—. Abajo todo el mundo. ¡Echaremos un vistazo a uno de los famosos lagos termales!

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