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Las naves de la Tierra [The Ships of Earth - es]

Электронная книга - «Las naves de la Tierra [The Ships of Earth - es]». Краткое содержание книги:

El planeta Armonía, colonizado por humanos hace casi cuarenta millones de años, ha estado siempre bajo el cuidado de una inteligencia artificial: el Alma Suprema, el ordenador que todo lo sabe y todo lo protege. Pero el Alma Suprema ha envejecido y está debil. Debe volver a la lejana Tierra para recabar la ayuda del Guardián.
Nafai y su familia, los elegidos del Alma Suprema, deben afrontar una larga travesía por el desierto y dirigirse, aun sin saberlo, hacia el viejo puerto espacial de Armonía que, tras cuarenta millones de años, espera, en silencio y abandonado, la orden que ha de lanzar de nuevo las viejas naves interestelares hacia su largo retorno a la Tierra. Pero no todos los expedicionarios han elegido o aceptado su exilio ni los designios del Alma Suprema. Los odios, las rivalidades y las luchas por el liderazgo hacen todavía más arduo un viaje ya de por si difícil.
De nuevo Card se muestra como un maestro en la comprensión de la psicología de las personas y nos ofrece, como ya hiciera en El Juego de Ender, un interesante retrato del ser humano y de sus motivaciones. La lucha por el dominio de un pequeño grupo, los puntos de los diversos sexos, el difícil paso del matriarcado de Basílica a un patriarcado justificado por la dureza de la vida nómada son, en manos de Orson Scott Card, elementos más que suficientes para hacer de libro una narración que se recuerda con satisfacción y agradecimiento
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Entreabrió la puerta, entró en la tienda y lo enfrentó.

Él estaba sentado en una silla conectada al panel solar de la parte superior de la tienda, para no gastar energía de las baterías. La silla había cogido el índice y lo mantenía frente a Issib, contra su mano izquierda. Rasa nunca había visto el índice pero supo de inmediato que era eso, precisamente porque era un objeto desconocido.

—¿Habla contigo? —preguntó.

—Buenas tardes, Madre —dijo Issib—. ¿Has descansado esta mañana?

—¿O tiene una especie de pantalla, como un ordenador común? —preguntó Rasa, negándose a permitir que él se mofara recordándole que se había levantado tarde.

—Algunos no hemos dormido en absoluto —dijo Issib—. Algunos permanecimos despiertos preguntándonos cómo fue que trajeron nuestras futuras esposas y nos las pusieron delante sin la menor presentación.

—Oh, Issya —dijo Rasa—, tú sabes que esta situación es la consecuencia natural de las circunstancias, y nadie la planeó. ¿Sientes resentimiento? Pues yo también. Así que te propongo algo. Yo no me desquitaré contigo, y tú no te desquitarás conmigo.

—¿Con quién más puedo desquitarme? —dijo Issib con una sonrisa burlona.

—El Alma Suprema. Ordena a tu silla que arroje el índice al otro lado de la tienda. Issib sacudió la cabeza.

—El Alma Suprema anularía esa orden. Además, el índice no es el Alma Suprema, es sólo nuestra herramienta más potente para tener acceso a la memoria del Alma Suprema.

—¿Cuánto recuerda esa cosa? Issib la miró un instante.

—Nunca creí que llamarías cosa al Alma Suprema.

Rasa se sobresaltó al comprender que lo había hecho, pero pronto comprendió por qué.

—No pensaba en el Alma Suprema, sino en el índice.

—Recuerda todo.

—¿Cuánto de todo? ¿Los movimientos de cada átomo del universo? Issib sonrió.

—A veces parece que sí. No, me refería a toda la historia humana en Armonía.

—Cuarenta millones de años —dijo Rasa—. Tal vez dos millones de generaciones de seres humanos. Una población mundial de mil millones casi todo el tiempo. Dos mil billones de vidas, con miles de hechos importantes en cada vida.

—Así es. Y añade a esas biografías la historia de cada comunidad humana, comenzando por las familias e incluyendo algunas tan grandes como las naciones y los grupos lingüísticos, y otras tan pequeñas como los amigos de la infancia y las relaciones sexuales pasajeras. Y luego suma todos los acontecimientos naturales que influyeron sobre la historia humana. Y luego incluye cada palabra que los humanos escribieron y el mapa de cada ciudad que construyeron y los planos de cada edificio…

—No habría espacio para contener toda la información —dijo Rasa—. Ni aunque todo el planeta estuviera consagrado a almacenarla. Tropezaríamos con datos del Alma Suprema a cada paso.

—No creas —dijo Issib—. La memoria del Alma Suprema no está almacenada en la memoria barata y voluminosa que usamos para los ordenadores comunes. Por lo pronto, todos nuestros ordenadores son binarios… cada espacio de memoria sólo puede portar dos significados posibles.

—Encendido o apagado —dijo Rasa—. Sí o no.

—Se lee eléctricamente —dijo Issib—. Y sólo podemos instalar varios billones de bits de información en cada ordenador, hasta que se vuelven demasiado voluminosos para trasladarlos. Y desperdiciamos mucho espacio tan sólo para representar simples números. Por ejemplo, en dos bits sólo podemos alojar cuatro números.

—A-l, B-l, A-2 y B-2 —dijo Rasa—. Por si no lo recuerdas, di un curso de teoría elemental de la informática en mi escuela.

—Pero imagínate que en vez de poder representar sólo dos estados en cada lugar, encendido o apagado, pudieras representar cinco estados. Entonces en dos bits…

—Veinticinco valores posibles —dijo Rasa—. A-1, B-l, V-l, G-l, D-l y así hasta D-5.

—Ahora imagínate que cada espacio de memoria pudiera tener miles de estados posibles.

—La memoria se vuelve más eficiente para contener significado.

—No creas —dijo Issib—. No todavía, al menos. El incremento es sólo geométrico, no exponencial. Y tendría una tremenda limitación, pues cada lugar sólo podría transmitir sólo un estado por vez. Aunque cada lugar pudiera dar mil millones de mensajes posibles, sólo podría transmitir uno por vez.

—Pero si se acoplan, el problema desaparece, pues entre dos lugares cualesquiera podrían transmitir millones de significados posibles —dijo Rasa.

—Pero siempre un solo significado por vez.

—Bien, no puedes usar el mismo espacio de memoria para almacenar información contradictoria. G-9 y D-9 a la vez.

—Depende de cómo se almacene la información.

Para el Alma Suprema, cada espacio de memoria es el borde interior de un círculo, un círculo muy diminuto, y ese borde interior tiene una complejidad fractal. Es decir, miles de estados se pueden representar mediante protuberancias, como los puntos de una llave mecánica, o los dientes de un peine… en cada espacio hay una protuberancia o no la hay.

—Pero entonces el espacio de memoria es el diente, y no el círculo —dijo Rasa—, y hemos vuelto al sistema binario.

—Pero puede sobresalir más o menos —dijo Issib—. La memoria del Alma Suprema es capaz de distinguir cientos de grados de prominencia en cada lugar del interior del círculo.

—Es decir, todavía un incremento geométrico —dijo Rasa.

—Pero ahora —dijo Issib— debes tener en cuenta que el Alma Suprema también puede detectar dientes sobre cada protuberancia… cientos de valores para cada uno de esos cientos de dientes. Y en cada diente, cientos de lengüetas, cada cual representando cientos de valores posibles. Y en cada lengüeta, cientos de espinas. Y en cada espina, cientos de capilares. Y en cada capilar…

—Capto la idea —dijo Rasa.

—Y luego los sentidos pueden cambiar, según por dónde empieces a leer el círculo… norte, este o sureste. Como ves, Madre, en cada espacio de memoria el Alma Suprema puede almacenar billones de datos al mismo tiempo. En nuestros ordenadores no tenemos nada comparable.

—Y sin embargo no es una memoria infinita —dijo Rasa.

—No —dijo Issib—. No es infinita. Porque al fin llegamos a la resolución mínima. Protuberancias tan pequeñas que el Alma Suprema no puede detectar protuberancias sobre las protuberancias. Hace veinte millones de años el Alma Suprema comprendió que se estaba quedando sin memoria, o que se quedaría sin ella en diez millones de años. Comenzó a descubrir abreviaturas para sus registros. Consagró una vasta superficie de memoria a almacenar complejas tablas de clases de cuentos. Por ejemplo, la notación ZH-5-SHCH podría ser «Riñas con los padres por el grado de libertad personal que permiten y fugas de la ciudad natal hacia otra ciudad». Así, cuando se almacena la biografía de una persona, en vez de explicar cada acontecimiento, la lista biográfica simplemente nos remite a vastas tablas de acontecimientos posibles en una vida humana, que tendrá el valor ZH-5-SHCH y luego el código de la ciudad adonde huyó el protagonista.

—Con lo cual nuestras vidas parecen bastante estériles, ¿verdad? Poco imaginativas. Todos insistimos en realizar los mismos actos que otros.

—El Alma Suprema me explicó que, aunque el noventa y nueve por ciento de cada vida consiste en acontecimientos que ya constan en las tablas de conducta, siempre es preciso descifrar un uno por ciento, porque no hay una notación preexistente para ello. Aún no hay dos vidas exactamente iguales.

—Supongo que es un consuelo.

—Tienes que conceder que la nuestra está siguiendo una trayectoria inusitada. «Convocados por el Alma Suprema para viajar por el desierto con el propósito de retornar a la Tierra.» Apuesto a que no hay notación para eso.

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