Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El traje del muerto
El traje del muerto - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El traje del muerto

Электронная книга - «El traje del muerto». Краткое содержание книги:

«El traje del muerto es, sencillamente, la mejor opera prima de terror desde que Clive Barker escribió su Damnation Game hace veinte años. Es el tipo del libro para el que los exagerados adjetivos que se utilizan en las contraportadas de los libros -sobrecogedor, absorbente, impactante, imposible de soltar- encajan a la perfección, ya que es todas esas cosas además de enormemente inteligente. Una auténtica y terrorífica novela llena de personas con las que uno se identifica; la clase de libro que permanece en la memoria después de haber finalizado su lectura. Tiene toda mi admiración». Neil Gaiman, The New York Times.
«La primera y apasionante novela de Joe Hill está repleta de momentos tan espeluznantes que te hielan la sangre o tan escalofriantes como una llamada telefónica de un viejo amigo muerto».Entertainment Weekly.
«Inquietante… con tantos giros y sustos que los lectores al llegar al final se quedarán pálidos agarrando con fuerza los brazos de su sillón». Denver Post.
1 ... 13 14 15 16 17 18 19 20 21 ... 85
Перейти на страницу:

Fue integrante del equipo de los Longhorns en 1965, y se había enrolado en el ejército después de graduarse. Fue miembro de la división de operaciones psicológicas de las fuerzas armadas. Fue allí donde descubrió su vocación, donde conoció las posibilidades de la hipnosis. En Vietnam obtuvo un Corazón Púrpura y una Estrella de Bronce. Se licenció con honores, y se estableció en Florida. En 1980 se casó con Paula Joy Williams, una bibliotecaria, y se convirtió en padrastro de sus dos hijas, Jessica y Anna, a quienes después adoptó. Paula y Craddock compartieron un amor basado en la fe silenciosa, una confianza profunda y una fascinación compartida por las inexploradas posibilidades del espíritu humano.

Al leer esto, Jude frunció el ceño. Era una expresión curiosa: «una fascinación compartida por las inexploradas posibilidades del espíritu humano». Ni siquiera sabía lo que quería decir.

El matrimonio duró hasta que Paula falleció en 1986. A lo largo de su vida, Craddock había atendido a casi diez mil «pacientes» -Jude resopló ante esa palabra-, usando técnicas de hipnosis profunda para aliviar el sufrimiento de los enfermos y para ayudar a quienes necesitaban superar sus debilidades, trabajo que su hijastra mayor, Jessica McDermott Price, seguía todavía realizando en su consulta privada. Jude resopló otra vez. Probablemente ella misma era la autora del obituario. Le sorprendía que no hubiera incluido el número de teléfono ofreciendo sus servicios. «Si tuvo conocimiento de la existencia de este servicio al leer el obituario de mi padre, tendrá el diez por ciento de descuento en su primera sesión».

El interés de Craddock por el espiritismo y el inexplorado potencial de la mente le hizo experimentar con la radiestesia, la vieja técnica rural para descubrir manantiales de agua subterráneos mediante una varilla o un péndulo. Pero sus hijas y sus seres queridos le recordarían especialmente por la manera en que logró que tantos compañeros de camino en la vida descubrieran sus propias reservas ocultas de fuerza y autoestima. «Su voz ya está en silencio, pero nunca será olvidado».

Nada sobre el suicidio de Anna.

Jude recorrió otra vez con la vista el obituario, fijándose en ciertas combinaciones de palabras que en principio no le interesaban demasiado: «operaciones psicológicas», «posibilidades inexploradas», «potencial inexplorado de la mente». Miró el rostro de Craddock otra vez y se detuvo en la fría confianza de sus pálidos ojos y en la sonrisa casi enojada, fija en sus delgados labios incoloros. Era un hijo de puta de aspecto cruel.

El ordenador de Danny emitió un sonido metálico que hizo saber a Jude que había llegado un correo electrónico. Inmediatamente se preguntó dónde diablos se había metido Danny. Miró el reloj del ordenador y vio que llevaba sentado allí cerca de veinte minutos. Hizo clic en la ventana de correo electrónico de Danny, que recogía los mensajes para ambos. El nuevo correo iba dirigido a Jude.

Miró la dirección del remitente, luego cambió de postura en el sillón, enderezándose, tensos los músculos del pecho y el abdomen, como si se estuviera preparando para recibir un golpe. En cierto modo, así era. El correo electrónico era de craddockm@box.closet.net.

Jude lo abrió y empezó a leer.

querido jude

correremos al anochecer correremos hasta el hoyo yo estoy muerto tú morirás cualquiera que se acerque demasiado será infectado con la muerte tuya ambos estamos infectados y estaremos juntos en el hoyo de la muerte y la tierra de la tumba nos caerá encima lalalá los muertos arrastran hacia abajo a los vivos si alguien trata de ayudarte nosotros los arrastraremos y caminaremos sobre ellos y nadie podrá salir porque el agujero es demasiado hondo y la tierra cae demasiado rápidamente y cualquiera que oiga tu voz sabrá que es verdad que jude está muerto y que yo estoy muerto y morirás y escucharás mi/nuestra voz y nosotros correremos juntos en la ruta de la noche hacia el sitio el sitio final donde el viento llora por ti por nosotros caminaremos hasta el borde del hoyo caeremos tomados de la mano caeremos cantando por nosotros cantando en tu/nuestra tumba cantando lalalá

El pecho de Jude se convirtió en un recipiente sin aire, lleno de abrasadores alfileres, de agujas heladas. «Operaciones psicológicas», pensó casi al azar, y luego se puso furioso, con la peor clase de ira, la que debía contenerse, porque no había nadie cerca a quien maldecir y no iba a permitirse romper nada. Ya había pasado una parte de la mañana arrojando libros y eso no le había hecho sentirse mejor. En ese momento se hacía el firme propósito de no perder los nervios, de mantener controlada la situación.

Pulsó el ratón para volver al navegador, pensando que podría echar otro vistazo a los resultados de su búsqueda, a ver si se enteraba de algo más. Miró una vez más, ahora sin fijar en él la atención, el obituario del Pensacola News y su mirada se detuvo en la fotografía. Ahora veía una imagen diferente. Craddock estaba sonriendo y era viejo, tenía la cara arrugada y demacrada, casi parecía muerto de hambre, y sus ojos estaban tachados con furiosos garabatos negros. Las primeras líneas de la nota necrológica decían: «Una vida de aprendizaje y enseñanza, de exploración y de aventura, terminó cuando Craddock James McDermott murió de una embolia cerebral en el hogar de su hijastra y ahora él estaba volviendo lalalá y hacía frío, estaba frío, Jude estaría frío también cuando se cortara, iba a cortarse y cortar a la niña y estarían en el hoyo de la muerte y Jude podría cantar para ellos, cantar para todos ellos…».

El músico se puso de pie con tan repentina fuerza y tanta rapidez que el sillón de Danny se inclinó hacia atrás y cayó. Luego sus manos bajaron hasta el ordenador, debajo del monitor, y lo levantaron para sacarlo del escritorio y estrellarlo en el suelo. De inmediato, se escuchó un sonoro golpe, un breve y agudo chirrido y el crujido de vidrios que se rompen, seguido por un súbito chispazo. Luego, el silencio. El ventilador que enfriaba el disco duro se fue deteniendo lentamente. Lo había tirado de manera instintiva, moviéndose con demasiada rapidez como para pensar lo que hacía. Joder. No era capaz de controlarse.

Su pulso se aceleró al máximo. Sentía que las piernas le temblaban y estaban débiles. ¿Dónde demonios estaba el maldito Danny? Miró el reloj de pared y vio que eran casi las dos. Tal vez había salido para hacer alguna gestión. Pero habitualmente le llamaba por el intercomunicador, para hacerle saber que salía.

Jude dio la vuelta al escritorio y finalmente se dirigió a la ventana con vistas a la entrada. El pequeño Honda de Danny estaba aparcado en la rotonda de tierra, y el propio secretario se encontraba dentro. Sentado perfectamente inmóvil en el asiento del conductor, con una mano sobre el volante, con la cara del color de la ceniza, rígido, sin expresión.

El hecho de verlo allí, simplemente sentado, sin ir a ninguna parte, mirando a la nada, tuvo el efecto de calmar a Jude. Observó a Danny por la ventana para ver qué hacía, pero el joven secretario no hizo nada. No puso el automóvil en marcha. Ni siquiera miró a su alrededor. El ayudante parecía una persona en trance, y sólo por pensarlo Jude sintió un incómodo latido en las articulaciones. Pasó un minuto, y luego otro, y cuanto más miraba, más incómodo se sentía, más profundo era su malestar. Luego su mano estuvo sobre la puerta y la abrió para salir y ver qué le ocurría a Danny.

Capítulo 13

E1 aire le recibió con un golpe frío que le llenó los ojos de lágrimas. Cuando llegó junto al coche, las mejillas de Jude ardían, heladas, y la punta de su nariz estaba entumecida. Aunque ya era primera hora de la tarde, el músico todavía llevaba puestos su gastada bata, una camiseta y unos calzoncillos rayados. Al recrudecerse el viento, el aire congelado, crudo y lacerante le quemó la piel desnuda.

1 ... 13 14 15 16 17 18 19 20 21 ... 85
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)