El Destino Aguarda
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Destino Aguarda». Краткое содержание книги:
Nicole Stevenson nunca había olvidado la pasión de juventud que había compartido con Thorne… ni el daño causado por un rechazo para el que no había habido la más mínima explicación. Ahora había madurado y, sin embargo, él seguía teniendo la habilidad de hacer que se sintiera como una torpe chiquilla. Aunque, de todos modos, ¿cómo podía encajar un ejecutivo millonario en su tranquila vida de madre soltera?
¿En qué estaba pensando? Nicole era la doctora que había atendido a Randi, nada mas, pero desde que la había visto en su despacho del hospital, con los pies sobre la mesa, el respaldo de la silla echado hacia atrás y el teléfono apoyado entre la oreja y el hombro, no había sido capaz de sacársela de la cabeza.
Y no había ayudado nada haber estado con ella en el aparcamiento, porque allí no la había visto como a la doctora de Randi, sino como a una mujer bella y brillante. No había podido evitar besarla y desde entonces no había dejado de pensar en ello. Nicole Sanders Stevenson se había convertido en una mujer madura, educada y segura de sí misma, y ahora resultaba más atrayente que cuando tenía diecisiete años. A pesar de su pequeña estatura, poseía un poder de atracción imposible de eludir… y eso suponía un problema demasiado grande para cualquier hombre.
Pero aun así…
El teléfono de la pared sonó. Salió de ese ridículo camino que estaban siguiendo sus pensamientos, agarró el auricular al segundo tono y dijo:
– Rancho Flying M. Habla con Thorne McCafferty.
– ¡Así que estás ahí! -gritó una aguda voz femenina y Thorne vio en su mente la bella cara de Annette. Llevaba saliendo con ella unos meses, pero nunca habían conectado en realidad-. ¿Qué demonios ha pasado? ¡Se suponía que anoche íbamos a vernos con el alcalde! -el tono de Annette lo espabiló. No la había llamado ni se había acordado de ella desde que había salido de su oficina el día antes.
– Ha habido una emergencia familiar.
– ¿Y por eso no has contestado el teléfono? Tienes un móvil y ahora estás hablando por un teléfono… mira, no quiero enfadarme contigo -tomó aire-. Tu secretaria me ha dicho que tu hermanastra ha tenido un accidente y lo siento por ella, de verdad. Espero que esté bien…
– Está en coma.
– ¡Oh, Dios mío! -una larga pausa-. Bueno, eh, entonces lo comprendo. De verdad que sí. Dios, es terrible. Sé que has tenido que volver inmediatamente, Thorne. Es comprensible y me he disculpado por ti ante mi padre y el alcalde, pero creo que podrías haberme llamado.
– Debería haberlo hecho.
– Sí… bueno… -suspiró-. Papá se ha quedado decepcionado.
– ¿Sí? -preguntó Thorne, imaginándose la reacción de Kent Williams. El astuto viejo se habría puesto muy nervioso ya que quería hacer una inversión con Thorne y esperaba poder relacionarse con gente del ayuntamiento-. Gracias por disculparte por mí, no tenías por qué hacerlo. Yo lo habría llamado.
– ¿Y a mí? ¿Me habrías llamado a mí?
– Sí.
– Con el tiempo.
– Eso es -no había necesidad de mentir-. Con el tiempo.
– Oh, Thorne -dejó escapar un gran suspiro y parte del tono malicioso de su voz desapareció-. Te echo de menos.
¿Era verdad? Lo dudaba y, además, la relación que había tenido con ella siempre le había hecho sentirse solo.
– Creo que voy a estar en Montana por un tiempo.
– Oh -hubo vacilación en su voz-. ¿Cuánto tiempo?
– Unas semanas, tal vez meses. Depende de Randi.
– Pero ¿y tu trabajo?
– ¿Qué pasa con mi trabajo?
– Es… es tu vida.
«Era mi vida», quiso decir, pero en lugar de eso, añadió:
– Las cosas han cambiado.
– ¿Sí? -acusaciones mudas recorrieron la línea telefónica.
– Eso me temo.
– ¿Y qué quiere decir eso? -pero lo sabía. Estaba claro-. Ya sabes que hay otros hombres interesados en mí. Los he tenido esperando por ti.
– Lo siento.
Ella esperó y por unos instantes se hizo el silencio.
– Bueno, entonces, ¿se puede saber qué estás diciéndome, Thorne? ¿Que hemos acabado? ¿Así? ¿Porque tu hermana está en el hospital?
– No, Annette -admitió-, no es por Randi. Los dos sabemos que esto no va a llegar a ninguna parte. Eso lo he sabido desde el principio.
– Creía que habías cambiado de opinión.
– Pues no.
– Así que debería empezar a salir con otros hombres.
– No sería mala idea.
– Vale -de nuevo, una pausa gélida-. Me lo pensaré.
– Hazlo.
– Y tú, Thorne -dijo con un renovado carácter-, piensa en lo que estás perdiendo -colgó y él volvió a poner el auricular en su sitio, lentamente, mientras se preguntaba por qué no se sentía mal. Pero lo cierto era que nunca había sentido la pérdida al dejarlo con una mujer, ni siquiera con Nikki, y eso que dejarla a ella había sido la ocasión que más difícil le había resultado. No había confiado en ella con todo su corazón y cuando había llegado el momento de marcharse a la Facultad de Derecho, había abandonado Grand Hope, a su familia y a Nicole Sanders sin mirar atrás en ningún momento. Hasta ahora. Durante el tiempo que estuvo estudiando, cada vez que se acordaba de ella, algo que al principio fue muy a menudo, rápidamente se ponía a pensar en otras cosas. Con el tiempo había dejado de pensar en ella del todo y había vivido bajo el lema de que las mujeres no eran una prioridad en su vida.
Pero ahora, mientras contemplaba por la ventana la oscura y húmeda noche, sintió un cambio dentro de él, una nueva necesidad.
Levantó el teléfono, que volvió a sonar con fuerza.
«Annette», pensó. Debería haber sabido que no iba a rendirse sin pelear primero.
– Hola -dijo.
– ¿Thorne? Soy Nicole -su voz sonó fría y muy profesional.
Al instante supo que el estado de Randi había empeorado. El miedo le encogió el corazón y, por primera vez en su vida, se sintió absolutamente indefenso. ¡Dios!
– Es mi hermana -dijo.
– No. Randi sigue estable, pero acabo de recibir una llamada del hospital porque no podían contactar contigo… la línea estaba ocupada -vaciló y antes de lograr pronunciar las palabras, Thorne experimentó una angustia como nunca antes había sentido. Se dejó caer contra la pared mientras ella añadía-: Es el bebé.
Cinco
– ¿Qué le pasa? -apretó con fuerza el auricular. El corazón le golpeaba el pecho con pavor. ¿Cómo era posible que un bebé, el hijo de Randi al que nunca había tenido entre sus brazos, supusiera tanto en su vida?
Oyó la puerta trasera y Matt entró desabrochándose la chaqueta.
– Slade sigue…
Thorne lo hizo callar con una mirada fulminante y llevándose un dedo a los labios.
– ¿Qué le pasa al bebé? -repitió y vio a Matt palidecer.
– Tiene problemas para alimentarse y dificultades respiratorias, su abdomen está hinchado, tiene fiebre…
– Sé clara, Nicole. ¿Qué tiene? ¿Qué ha pasado? -Thorne estaba caminando de un lado a otro, estirando el cable del teléfono bajo la atenta mirada de Matt.
Nicole dudó un poco y a Thorne le costó respirar.
– El doctor Arnold cree que puede tener meningitis. Os llamará luego y…
– ¿Meningitis? -repitió Thorne.
– ¡No! -Matt rompió su silencio.
– ¿Cómo demonios ha podido pasar?
– Cuando Randi llegó al hospital, ya había roto aguas…
– ¿Qué? ¿Roto?
Matt alzó la vista y sus ojos se clavaron en los de su hermano mayor.
– Vamos -dijo Matt-. Ahora mismo. ¡Vamos al maldito hospital! -Thorne lo detuvo con un rápido movimiento de cabeza. Tenía que concentrarse.
Nicole volvía a hablar, su voz era calmada, aunque reflejaba cierto apremio.
– Rompió aguas en el accidente y existe la posibilidad de que el bebé quedara expuesto a alguna clase de bacteria.
– Ese doctor Arnold… ¿está ahí? ¿Está ahora en el hospital?
– Sí. Os llamará para daros más información…
– Vamos para allá.
– Os veo allí -dijo antes de que él colgara.
– ¿Qué está pasando? -preguntó Matt.