El Hijo del Griego
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Hijo del Griego». Краткое содержание книги:
Una vez asumido aquello, deslizó las palmas de las manos sobre su vientre y sonrió encantada. Qué alegría sentía al pensar que iba a ver a Elinor y a Alissa mucho más a menudo. Quería tener a su hijo. Lo quería con toda su alma aunque estaba muerta de miedo ante la idea de tener que criarlo ella sola.
Capítulo 7
CON tus productos vendes, además del producto, una fantasía campestre -comentó Alissa, colocándole bien la falda a su amiga Lindy, que estaba reclinada en el balancín del porche con una cesta de lavanda recién cortada a su lado-. Tus clientes quieren creer que tú misma vives esa fantasía.
Antes de que al fotógrafo profesional le diera tiempo de disparar otra fotografía, Lindy se incorporó… aunque le costó bastante, pues hacía tiempo que había perdido la agilidad debido al embarazo.
Aunque llevaba un vestido de flores veraniego precioso y la habían maquillado, no se sentía guapa con aquella tripa tan voluminosa.
Nunca se le habría pasado por la cabeza que su embarazo iba a coincidir con uno de los momentos de más trabajo de su vida, pero eso era exactamente lo que había ocurrido durante los cuatro meses que hacía que se había ido de Chantry House.
Tras abandonar la finca de Atreus, se había instalado en una coqueta casa de campo que disponía de dos acres de terreno a su disposición. Lo primero que había hecho había sido repasar su estrategia de ventas para ver en qué se estaba equivocando y cómo podía mejorar sus ingresos para asegurarle una buena vida a su hijo.
A raíz de unas cuantas conversaciones que había mantenido con Atreus sobre aquel asunto, sabía en qué se estaba equivocando. El le había dicho que tenía que tener un catálogo de vanguardia y unos envoltorios mejores y Lindy había seguido aquellos consejos.
Sergei, el marido de Alissa, le había insistido en la idea de que hasta las empresas más pequeñas necesitan publicidad para vender sus productos. De ahí, la entrevista que le habían hecho aquella misma mañana y las fotografías que le estaban haciendo en aquellos momentos con los perros y el precioso jardín.
Sin embargo, en aquellos momentos de su vida, su mundo carecía de fantasía por completo. Le habían tenido que aplicar una ingente cantidad de maquillaje para disimular las ojeras que tenía después de tantas noches sin dormir.
Desde que su relación con Atreus había terminado, éste se había dedicado a salir con una mujer tras otra. Sin embargo, hacía unas semanas que aquello había cambiado. Le habían visto cenando varias veces con una rica heredera griega. Por supuesto, delgada y muy guapa.
Los columnistas del corazón no habían tardado en dar la voz de alarma y ya se oían campanas de boda.
Lindy creía que se había olvidado completamente de él hasta que Alissa le había pasado una revista en la que quedaba bastante claro que, efectivamente, Atreus estaba considerando casarse con Krista Perris.
Delante de los demás, se había mostrado valiente, pero a solas había llorado su amargura y su tristeza. ¡Cuánto le había dolido verlos juntos en aquella revista! Krista, heredera de otro imperio naviero, era perfecta para él en todos los sentidos.
El príncipe Jasim, el marido de Elinor, le había dicho que no podía dejar pasar ni un día más para ponerse en contacto con Atreus y decirle que estaba esperando un hijo suyo. Sergei incluso se había ofrecido a decírselo él a Atreus personalmente, pero Lindy se había negado.
Dejando a todos bien claro que lo suyo con la heredera iba en serio, Atreus la había llevado a que conociera a su familia. Aquello había sido lo que más le había dolido a Lindy. A ella jamás la había considerado merecedora de tal honor.
Evidentemente, lo último que iba a hacer Lindy en aquellos momentos era presentarse en casa de Atreus para escandalizar con su embarazo a la familia Dionides, a la familia Perris, indignar a Atreus y destrozar a su prometida.
Lindy era orgullosa e independiente y no iba a hacer nada parecido. Le iba bien sin Atreus y le iba a ir mucho mejor. Además, ser feliz era pedir demasiado, así que había decidido concentrarse en su empresa y en su hijo.
Atreus Dionides había sido el error más grande de su vida.
Alissa despertó a Lindy muy pronto aquel domingo y le tendió el periódico en el que se podía leer en grandes titulares «la amante secreta del millonario Atreus Dionides espera un hijo suyo».
– No puede ser. Qué pesadilla -se lamentó mirando la fotografía de sí misma que le habían hecho para su catálogo-. ¿Quién demonios ha hecho estas declaraciones?
– Supongo que alguien que te conocía cuando vivías en Chantry House y que se ha dado cuenta de lo sucedido. Le habrán dado dinero y habrá cantado -contestó Alissa.
Lindy se puso a leer el texto que acompañaba a la fotografía y al titular. Al instante, sintió que comenzaba a sudar. Se la describía como una mujer con la que el millonario había tenido una aventura de fin de semana y se hablaba de su repentina ruptura con Atreus. Además, se decía que antes ya de que se fuera de Chantry House había rumores de que estaba embarazada.
Lindy pasó del sudor frío al enfado al verse comparada en la fotografía de al lado con la fabulosa y guapísima heredera Krista Perris.
Su teléfono móvil se puso a sonar de repente. Tras dudar un momento, decidió contestar y se quedó de piedra al oír la voz de Atreus.
– ¿Has visto el Sunday Voice?
– Eh… sí.
– Ahora mismo voy para allá -le dijo él-. Llegaré en una hora más o menos.
– No quiero verte, no quiero que vengas -contestó Lindy con vehemencia.
– Me da igual. Voy a ir de todas maneras -insistió Atreus con frialdad.
Y, sin mediar más palabra, colgó.
– Aunque no te apetezca, tienes que arreglar las cosas con él, Lindy -le dijo su amiga Alissa.
– ¿Por qué? -le preguntó Lindy a su amiga mientras se levantaba de la cama-. Después de cómo se portó conmigo, no le debo nada. ¡Elinor y tú estabais de acuerdo conmigo en eso!
– Al principio, sí, pero Jasim me obligó a pensar con la cabeza fría y ahora comprendo que, aunque tú no le debas nada a Atreus Dionides, vas a tener un hijo suyo y ese hijo tiene una serie de derechos. No es justo para él permanecer en el anonimato, ser un hijo secreto. Cuanto antes saliera a la luz, mejor. En el fondo, la prensa te ha hecho un favor.
Alarmada y temblorosa, Lindy se dio cuenta para su vergüenza de que estaba ansiosa por ver a Atreus.
La verdad era que no había pensado en su hijo como en una persona individual con derechos. Por ejemplo, el derecho de conocer a su padre. La advertencia de su amiga la hizo plantearse seriamente el asunto y comprender que, cuanto antes arreglara las cosas con el padre de su hijo, mejor para el niño.
– Hay periodistas en la calle -anunció Alissa-. Si quieres salir, mejor utiliza el camino de tierra.
– Gracias -contestó Lindy-. Me voy a duchar -suspiró, dirigiéndose al baño.
– Muy bien.
– ¿Y los niños? -le preguntó Lindy a su amiga dándose cuenta de que Evelina, la pequeña de dos años, y Alek, el bebé de mes y medio no andaban por allí con su madre.
– Los he dejado con Sergei -contestó Alissa.
Lindy la miró perpleja, pues sabía que la última vez que se le había ocurrido hacerlo, el padre de sus hijos le había puesto en las manos el biberón al recién nacido y a Evelina le había dado para comer un paquete de galletas.
– Tiene que aprender -le explicó Alissa con una sonrisa maliciosa.
Lindy ignoró el precioso conjunto que su amiga le había dejado sobre la cama y prefirió ponerse una falda negra de encaje con una camisola negra también porque estaba convencida de que aquella ropa disimulaba su gordura.
Cuando oyó que se acercaba un helicóptero, se puso muy nerviosa y dejó salir a los perros para que no montaran un gran revuelo dentro de la casa al ver a Atreus. El helicóptero llevaba pintado el logo de Dionides en rojo en una puerta y aterrizó junto a su casa.