El Hijo del Griego
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Hijo del Griego». Краткое содержание книги:
No quería mirarlo a los ojos porque sentía la distancia que había entre ellos y aquello la llenaba de dolor.
– Lo que hubo entre nosotros ha terminado -declaró Atreus con seguridad-. No debería haber venido. No debería estar aquí cuando no quiero nada contigo.
Lindy se maravilló de poder seguir respirando después de aquella agresión verbal. Así que se la había llevado a la cama y le había hecho el amor de manera apasionada, pero no había significado absolutamente nada para él.
De hecho, estaba claro que se arrepentía de lo sucedido.
– Quiero que sepas que… no me he acostado con Ben -se defendió-. He dormido en el sofá.
Atreus miró en la dirección del sofá y vio que, efectivamente, estaba preparado para hacer de cama, pero eligió desviar la mirada. No quería que nada de lo que Lindy pudiera decir pudiera tener ningún poder sobre él.
– Da igual. Ya no me interesas -contestó-. Lo de hoy no se volverá a repetir.
Mientras veía cómo se alejaba Atreus, Lindy sintió que el corazón le dejaba de latir. Respirar le hacía daño. Desde la ventana en la que estaba, se giró y se cubrió el rostro, por el que le resbalaban lágrimas desconsoladas.
Sentía náuseas y ganas de golpearse la cabeza contra la pared por permitir que ocurriera lo que había ocurrido.
¿Cómo demonios se le había ocurrido volver a acostarse con él?
Sobre todo, cuando la había llamado «ramera». ¿Acaso no tenía dignidad?
Era evidente que su relación con Atreus no había significado lo mismo para ella que para él. Para él no había sido más que una relación más mientras que a ella se le había roto el corazón…
Capítulo 6
CUARENTA y ocho horas después, Lindy estaba completamente concentrada en preparar encargos para sus clientes y se disponía a salir hacia la oficina de correos cuando llamaron al timbre de su casa.
El cartero le entregó un sobre y tuvo que firmar como que lo había recibido. A continuación, lo abrió extrañada.
Era un aviso para que dejara The Lodge por no haber pagado el alquiler.
Lindy se quedó perpleja.
No era la primera vez que le pasaba algo así. Hacía un par de meses, le había llegado una carta diciéndole que no estaba pagando el alquiler estipulado. Cuando había ido a hablar con el administrador de Chantry House y le había explicado que ella sí pagaba el alquiler, pero le era devuelto todos los meses, el hombre le había pedido perdón y le había dicho que era una carta que se generaba automáticamente y que se olvidara del asunto e incluso, cuando Lindy se había ofrecido a hacerle un cheque por el valor de todos los meses debidos, le había dicho que no, que eso no era lo que el señor Dionides quería.
Cuando le había comentado a Atreus lo sucedido, le quedó muy claro que él ya lo sabía. Por supuesto, le indicó que había sido un error de un empleado nuevo y que no le diera importancia al asunto.
Lindy se estremeció.
Seguro que, ahora que lo suyo había terminado, Atreus prefería que se fuera. ¿Cómo había podido caer tan bajo como para utilizar aquel supuesto impago para echarla? Estupefacta ante lo que estaba sucediendo, Lindy se sentó y releyó la carta.
En ella se le decía claramente la fecha máxima que tenía para abandonar la casa. También se le indicaba que, si elegía irse antes de aquella fecha, no tendría que pagar el alquiler correspondiente al tiempo no disfrutado de la propiedad.
Lindy comprendió que, efectivamente, Atreus se estaba valiendo del asunto de los alquileres no pagados para echarla.
Aquello fue como una bofetada en la cara.
Lindy se dijo que debería consultar con un abogado, pero sabía que los servicios jurídicos eran muy caros. Si, finalmente, se tenía que ir, iba a necesitar todo el dinero que tuviera para encontrar una nueva casa y para instalarse en ella.
Por otro lado, Atreus le dejaba clara con su actitud que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para echarla. ¿Le merecía la pena luchar por quedarse? ¿Quería arriesgarse a que su relación con Atreus fuera aireada y manipulada por los tribunales?
La idea de seguir viviendo en The Lodge sabiendo que el propietario no la quería allí se le hacía muy incómoda. Le encantaba su casita y tenía terreno suficiente para tener siempre lavanda y rosas para su negocio. Además, el sótano era el lugar ideal para tener el equipo que necesitaba para preparar el popurrí y las velas y también lo utilizaba como almacén.
¿Dónde iba a encontrar una casa que le hiciera las veces de hogar y de lugar de trabajo y en que, además, le permitieran tener perros?
Le acarició la cabecita a Sausage mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas. La carta la había asustado tanto, que estaba sintiendo náuseas de nuevo.
¡Atreus se había destapado y se había mostrado en todo su esplendor! ¡Menudo canalla sin escrúpulos estaba hecho! ¡Menuda rata de cloaca! Ahora comprendía por qué le había dicho meses atrás que aquello de comportarse como un caballero hacía mucho tiempo que había pasado moda.
¡Cómo había decidido que no quería seguir con él, la quería echar como si fuera escoria!
Furiosa y confusa, Lindy llamó a su amiga Elinor. Estaba tan enfadada, que se lo contó todo, con pelos y señales, en los peores términos. Todo ello acompañado por lágrimas y sollozos y lamentos. No se podía creer que un hombre al que quería tanto la estuviera tratando tan mal.
Elinor, convertida en princesa de Quaram, el país natal de su marido, soltó unos cuantos improperios de su cargo y se despachó a gusto con el tal Atreus. También le indicó a su amiga que no se preocupara porque se le había ocurrido la solución perfecta.
Lindy colgó el teléfono sintiéndose mucho mejor aunque, en realidad, no sabía la razón porque era bastante improbable que Elinor pudiera ayudarla desde tan lejos.
Pero aquella misma noche la llamó Alissa, su otra amiga, quien le explicó que Elinor la había llamado para contarle lo ocurrido. Alissa le ofreció que utilizara una casa de campo que estaba dentro de la finca que su marido, Sergei Antonovich, había adquirido recientemente en Inglaterra para su familia.
– No puedo aceptar -contestó Lindy.
– ¿Cómo que no? Así nos veremos más a menudo. Está mucho más cerca de Londres y más cerca de la casa de Elinor. Sergei dice que no es fácil encontrar buenos inquilinos hoy en día y que está encantado con la idea de que vivas en su casa. Con perros incluidos, por supuesto. Di que sí, Lindy, por favor. Estoy embarazada de nuevo y me encantaría que pasáramos tiempo juntas cuando Sergei sale de viaje.
Lindy sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas de la emoción. Debía de tener el sistema hormonal sobrecargado porque estaba llorando más que nunca. Por eso, decidió hacerse unos análisis. Por si acaso lo que ella había tomado por un simple virus estomacal pudiera ser algo más grave.
Aquella noche, se encontró tumbada en la cama sin poder conciliar el sueño de lo enfadada que estaba con Atreus.
Sí, se iba a salir con la suya. Se iba a ir de su casa, pero antes le iba a dejar muy claro lo que opinaba de sus asquerosos métodos.
Lindy encendió la lamparita que tenía sobre la mesilla de noche y puso el despertador decidida a ir a Londres a la mañana siguiente para hablar con Atreus una última vez.
Después, lo borraría de su memoria y de su corazón.
Atreus frunció el ceño cuando le dijeron que Lindy quería verlo.
¿A qué estaba jugando? ¿Por qué habría ido a Londres? No quería que le montara ninguna escenita en el trabajo. Dionides Shipping era una empresa reputada y él siempre había mantenido sus relaciones amorosas apartadas de la oficina.
Atreus apretó los dientes y se quedó mirando a su secretaria, que lo miraba anonadada. Llevaba unas semanas muy enfadado y perdía los nervios con facilidad, algo nada habitual en él.