No pidas sardina fuera de temporada
- Автор: Martin Andreu, Jaume Ribera
- Язык: испанский
- Жанр: Крутые детективы
Электронная книга - «No pidas sardina fuera de temporada». Краткое содержание книги:
Yo lo comprendia perfectamente. Pensaba que las cosas no habrian sido exactamente de aquella forma (resultaba todo demasiado simple, demasiado elemental), pero algo de eso debia haber.
?Como se podia haber armado tanto follon por algo que solo comprometia a un simple conserje de escuela?
Al volver a casa, antes de comer, llame a Maria Gual.
– ?Sabes algo de tu hermano? -pregunte.
– Nada. No se sabe nada. ?Que le puede haber pasado, Flanagan?
Pense que, tal como estaban las cosas, podia haberle pasado cualquier cosa, pero no se lo dije.
– Ni idea. Escucha: Explicame que ha ocurrido en la comisaria…
En esencia, era lo que yo habia oido. Inmediatamente despues del incendio de las motos, la policia habia ido a buscar a los propietarios (el Puti, el Piter y un par mas) para detenerles. Les habian encontrado en un bar de la carretera con el Lejia, tan amigos. El Lejia habia declarado que siempre habia sido amigo de aquellos muchachos y que el no sabia nada del incendio. Los heavies, que echaban humo, dijeron que consideraban inocente al senor Longo, y que creian que los culpables eran los punkies de las Casas Buenas. Y habian salido de la comisaria tan amigos.
?Y Elias?
Los unicos que habian preguntado por el eran sus padres.
– ?Que nos importa a nosotros Elias? -habia exclamado despectivamente el Puti-. No es de los nuestros…
– ?Que piensas de todo el asunto, Flanagan? -me pregunto despues mi hermana Pili, mientras comiamos.
– Que si es lo que me imagino, Elias esta entre la espada y la pared -dije.
– ?Que sabras tu…! -se reia mi padre, moviendo la cabeza.
Por la tarde no me atrevi a llamar de nuevo a Clara, pero no pude evitar acercarme a su casa.
De camino, pasando por los Bloques, y por el Centro, y por el Parque, observe un movimiento de gente nueva en el barrio y de coches de policia como no lo veia desde la famosa batida de aquella banda internacional de ladrones de pisos. Es algo que se respira en seguida en el barrio. Una inquietud que emana de miradas sospechosas, de movimientos furtivos, de gente que parece estar esperando a alguien pero que evidentemente no esta esperando a nadie… No se como explicarlo, pero lo cierto es que en dias como los estos padres llaman a sus hijos y les meten en casa, y las parejas van a arrullarse al cine, en vez de hacerlo en los bancos del Parque.
Yo mismo, cuando di un rodeo para pasar por los Jardines, tenia la sensacion de que de un momento a otro oiria: «En, tu, ?que haces aqui? ?A donde vas?»
Aqui, en el barrio, cuando se habla de los Jardines, como cuando se habla de las Casas Buenas o del Parque, se hace en un sentido ironico, naturalmente. Las tres cosas representaron el intento desatinado de un trepa del ayuntamiento «para dignificar el barrio», como se suele decir. Los Jardines iban a ser «una zona verde, de cesped, parterres y setos de boj»; el Parque, «un autentico bosque frondoso, donde crezcan setas, y con un lago central donde se pueda ir a remar», y las Casas Buenas, unas casas mucho mas confortables que esos bloques feos y anonimos del Centro. El resultado, en principio, fue bueno. Pero, a los pocos anos, la mitad de las Casas Buenas fueron declaradas ruinosas, la otra mitad tenian continuos problemas con los servicios minimos; el Parque se convirtio en un barrizal con arboles que daban pena y los Jardines eran una pronunciadisima pendiente, completamente desprovista de hierba, salpicada, aqui y alla, por unos pocos cactus desmayados y amarillentos.
Los restos de las motos quemadas parecian, en medio de aquel paisaje lunar, los derrelictos de un feroz combate.
Segui pendiente arriba, hasta la Textil, en lo alto de la montana, y luego baje hacia el taller del Lejia.
No me atreveria a llamar y subir a la casa, desde luego. Podria hacerlo, con la excusa de que pasaba por alli, «y como ayer vi que quedaba tan malparado…». Pero no me atreveria. No queria volver a sentirme estupido, cortado delante de aquel hombre, sabiendo que no podia preguntarle lo que queria preguntarle.
Ya sabia que no me atreveria incluso antes de ver los dos coches aparcados en el descampado, frente al taller del Lejia.
Corri a esconderme tras los esqueleticos arboles del Parque, y desde alli, saltando de un parapeto a otro y forzando la vista, vi el Opel Kadett de los modernos que habian recogido la bolsa de Lolita con las doscientas cincuenta mil pesetas. Distingui incluso la pegatina del Snoopy Esquiador en la parte de atras. El otro coche tambien era de los caros, un Talbot Solara desconocido en el barrio.
Imagine una reunion en casa del Lejia, y no precisamente de amigos interesados por su salud.
Eso me desalento y volvi a casa, a escuchar el Without you y a hacer los deberes.
No tuve tiempo de ponerme melancolico.
En el fragor de la tarde de domingo, sono el telefono en el bar. Mi madre contesto. Despues me llamo y me dijo que pasaba la llamada al supletorio del piso.
Subi.
– Diga.
– ?Flanagan? -una voz que no reconoci y al fondo, a toda pastilla, el Bad Boys Running Wild de los Scorpions.
– ?Si?
– ?Soy Elias!
– ?Elias…! -el corazon me dio un salto. Si, era el, pero su voz sonaba deformada por la respiracion jadeante y porque hablaba en voz baja. ?Donde estas?
– No puedo decirtelo, Flanagan… Estoy escondido… Escucha…
– No, escuchame tu a mi -me impuse- ?Has llamado a alguien mas desde ese telefono?
– ?No te importa!
– ?Como quieras, pero dile al camarero que baje el volumen de la musica heavy, que resulta facil deducir que te escondes en La Tasca, atontado!
Se produjo un silencio cargado de panico. Si esto hubiera sido un tebeo, Elias habria lanzado el auricular al aire, habria dado dos vueltas al bar mordiendose las unas y chillando: «Me han descubierto, me han descubierto», y habria regresado al aparato antes de que este cayese al suelo.
– ?Escuchame, Flanagan -dijo jadeando, probablemente a causa del esfuerzo-, estoy metido en un lio…!
– Eso habia imaginado, Elias… He averiguado que el Lejia y el Puti se han aliado, y de eso se deduce que tu intentaste enganarles a los dos, ?no es asi?
La unica explicacion que podia tener el que el Lejia y el Puti se hubieran aliado despues de la paliza y el incendio de las motos era la de una alianza estrategica para conseguir algo mas valioso. Es decir: las pruebas que comprometian al Pantasma.
– ?Que importa lo que yo intentara…? -protestaba Elias.
– Si importa, Elias, porque de eso depende el que estes mas o menos entre la espada y la pared, ?me entiendes? Intentaste enganarles, ?no?
– ?Si, les queria enganar, claro! ?Uno me propino una paliza que me desfiguro la cara y el otro se pasa la vida burlandose de mi…! ?No les debia nada, ni al uno ni al otro! Y ahora escuchame…
– Necesitas ayuda -dije secamente. Tal vez acabara echandole una mano, pero mientras queria que se diera cuenta de que habia estado haciendo el imbecil.
– ?Si, necesito ayuda!
– … Porque, como eres muy listo y muy hombre, primero le pusiste la miel en la boca al Puti, imagino que diciendole que podriais hacer una pasta gansa con lo que tenia el Lejia, ?no? El viernes por la noche le comiste el coco para que te ayudara a recuperar el maldito sobre de papel de embalar, ?no?