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No pidas sardina fuera de temporada

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No pidas sardina fuera de temporada
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De modo que Clara y yo, en un instante trascendente de mi biografia, nos dirigimos al centro de la clase y nos abrazamos justo cuando Billy Ocean cantaba Without you.

Fue una experiencia magica. Mientras duro, me sorprendi a mi mismo preguntandome si no seria una buena idea escribir alguna poesia acerca de aquellos ojos tan azules. (?Una poesia? ?Yo? ?Lo que me faltaba!)

Without you.

Yo tenia las manos en su cintura, y ella las suyas en mi espalda. Eramos, aproximadamente, de la misma estatura, y su mejilla derecha quedaba muy cerca de la mia. Podia sentir la calidez de su piel.

Without you.

Es curioso lo que puede pasar con un tema mediocre como este. En determinadas circunstancias, puede llegar a parecerte lo mejor, lo mas sublime del mundo. Como si lo hubieran escrito especialmente para ti, en un dia de extraordinaria inspiracion.

Without you.

Por encima del hombro de Clara vi que, afuera, en el pasillo, los invitados mas jovenes habian trazado con yeso un circuito en el suelo y jugaban a chapas. Jo, con lo que me gustaba a mi jugar a chapas y en aquel momento no lo habria hecho por nada del mundo.

Without you.

Despues, cuando sonaba la sugestiva There'll be sad songs, alguien dijo que aquello no habia dios que lo bailara, actuando como si nosotros no existieramos, y puso el primer tema de la cara A, «porque este si podemos bailarlo todos». Los breaks se echaron a la pista, y Clara y yo nos fuimos hacia un rincon.

Nos reimos mucho, cuando ella me explicaba las mil y una anecdotas provocadas por mi informe Clara Longo Pella. La cantidad de fotografias de Mickey Rourke que habia recibido, las invitaciones a «Schweppes con un poco de alcohol…» ?Y, sin ir mas lejos, el dia anterior, Jorge Castell, rojo como la grana, le habia regalado un sujetador!

– Imagino que te exigira que le devuelvas…porque yo le dije que no usaba sujetador… -explico.

– ?Ah, no? -proteste-. ?Y cuando vi como la tia Teresa te compraba uno? La oi perfectamente, aqui, en una parada del mercadillo. «Es para mi sobrinita…», y yo tome nota…

Ella me lo recriminaba moviendo la cabeza, pero sonreia, y ambos nos sentiamos a gusto. Y yo, detras del rimmel de sus ojos y el grana de su boca, veia a la nina, la nina juguetona con quien, de un momento a otro, podriamos ponernos a jugar a chapas, afuera, en el pasillo, con los mas pequenos. ?Que hacemos aqui plantados, hablando como aburridisimos adultos, cuando podriamos estar jugando a churro-mediamanga-mangotero, el juego mas fantastico que jamas se haya inventado? (?Jo, y a ella tambien le gustaba jugar a churro-mediamanga-mangotero!)

Acababa la fiesta y yo dije las cuatro palabras magicas, las que deshacian el hechizo, porque las habia ensayado en mi habitacion, mientras me cambiaba para acudir a la fiesta:

– ?Quieres que te acompane a casa? Supongo que no te debe entusiasmar la idea de subir sola alli arriba, ?no?

– ?Claro que si! -dijo ella, con un entusiasmo nada ensayado.

Teniamos que atravesar todo el barrio, por el Centro, hasta la Montana. Estaba oscureciendo mientras cruzabamos el semaforo de la plaza del Mercado, y yo me obstinaba en pensar que todo aquello formaba parte del trabajo, que habia ido en busca de Clara para poder hablar con ella y con su padre, para que me aclararan los puntos oscuros que me quedaban por encajar.

Cuando bordeabamos el Parque, despues de pensarlo mucho y de un silencio que empezaba a hacerse incomodo, me lance:

– Clara…

– ?Que?

– Tu saliste durante un tiempo con Elias Gual, ?no?

– Oh, bah, que plomo de tio…

– Iba a por ti. Se le veia capaz de cualquier cosa con tal de conquistarte, ?verdad?

– Hacia tantas tonterias… -dijo ella, sonriendo al recordarlo.

– ?Te conto lo del chantaje? -pregunte. Y, en mi imaginacion, yo cerraba los ojos como aquel que ha tirado una bomba hacia atras y espera oir la explosion.

– ?Ah, tu tambien lo sabes? -dijo Clara, mas inocente que nunca.

– Algo se… ?Como era, exactamente?

El corazon me palpitaba desbocado.

– Uy, eso no me lo dijo. Solo que tenia amarrado al Pantasma y que gracias a ello conseguiria una copia de todos los examenes hasta final de curso… Decia: «Y el dia que necesite pasta, tendre pasta, puedes estar segura…» A este Elias le caera un palo el dia menos pensado… Parecia que le preocupara.

Yo habia empezado a comprobar la exactitud de mis suposiciones. Primer punto, bingo. Elias se lo habia dicho a Clara. Segundo punto…

– ?Y tu le contaste la historia a tu padre…?

Me miro brevemente. Habia un destello de aviso en sus ojos.

Subiamos por la pronunciada pendiente, campo a traves, tomando un atajo por la Montana, cruzando la carretera de la Textil. Jadeabamos, cansados, y durante un rato ninguno de los dos dijo nada.

– Tal vez -dijo por fin Clara, en tono -. ?Por que lo preguntas?

– No. Por nada -dije.

Habia oscurecido. Nos acercabamos a los dos solitarios bloques de casas, en uno de los cuales estaba el taller de mecanica de Tomas Longo, alias el Lejia. Se veia luz en una ventana, pero la persiana del taller estaba baja.

– Lo debes haber preguntado por algo, ?no? -insistio. Parecia molesta.

Me encogi de hombros. Pasamos entre los restos de coches esparcidos por el solar lindante con los bloques. Alli se estaba empezando a formar una especie de cementerio de automoviles.

Nos detuvimos ante la pequena puerta situada junto a la boca del taller. Por ahi se subia a la vivienda, al entresuelo, donde se veia la luz encendida.

– ?Es por la investigacion que tienes entre manos, Flanagan? -me pregunto, visiblemente preocupada. Y, antes de que pudiera continuar, agrego-: Flanagan, mi padre es muy especial…

– ?Podria hablar con el? -dije. Y en aquel momento ya sabia que me estaba metiendo en la boca del lobo, y no tenia ni idea de como le plantearia el asunto al Lejia. Tal vez me habia vuelto loco. Clara dijo:

– ?Flanagan, a mi padre dejale en paz!

– Si no tiene nada que esconder, tampoco tiene nada que temer… -se me escapo.

Clara hizo un ademan de exasperacion. La chica tenia muy bien ensayado el papel de Tina Turner.

– ?Tu no puedes entenderlo! ?Cada cual se busca la vida como puede…!

En lo alto de la escalera sono una voz ronca.

– ?Clara! ?Eres tu?

– ?Si, papa! -grito ella, asustada.

– Bien -susurre yo-. No hablare con el… Dimelo tu.

– ?Por que no subes? -dijo la voz ronca.

Aparecio un hombre en lo alto de la escalera. Vestia tejanos y camisa a cuadros. Parecia muy alto y muy fuerte, y demasiado joven para ser el padre de Clara.

– Ya voy, papa -le tranquilizo ella. Y sus ojos tan azules me decian: «?Vete, vete!»

Nunca me habia sentido tan rechazado.

– Ah, ?estas con una amiga? ?Por que no subis?

– No, papa, si ya se iba…

Y yo alli clavado, resistiendome a aceptar que Clara me despidiera de aquella manera.

El senor Longo, el Lejia, habia bajado un par de escalones. Me vio.

– Ah -dijo-. Si no es una amiga. Si es un amigo. Subid, subid y me lo presentas, Clara… Venga, subid, ?que haceis ahi plantados? ?He interrumpido algo interesante? -bromeo. Rio sana, clara y limpiamente-: Vamos, subid…

Suspire y pase delante. No sabia que iba a buscar.

– Buenas noches, senor Longo. Me llamo Juan.

– Sube, Juan, sube. -Me franqueo la entrada del piso. De cerca, se le notaban mas los anos. Parecia un hombre vigoroso y energico que estuviera un poco harto de hacer el papel de hombre vigoroso y energico. Explicaba-: A veces, a estas horas, todavia estoy trabajando, pero como hoy es sabado, he decidido tomarme un pequeno descanso…

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