No pidas sardina fuera de temporada
- Автор: Martin Andreu, Jaume Ribera
- Язык: испанский
- Жанр: Крутые детективы
Электронная книга - «No pidas sardina fuera de temporada». Краткое содержание книги:
Pasaba mi padre:
– Ya sabes que manana tienes que recogerlo todo, ?eh? Que el lunes vienen los albaniles…
Mojaba los esparragos en un bote de mayonesa e intentaba consolarme. A fin de cuentas, los detectives de las novelas tambien vivian en antros siniestros que olian a meados. No tanto como aquello, claro, pero, en proporcion, teniendo en cuenta mi edad, pensaba que ya debia ser un equivalente. Que esplendido futuro me esperaba. Persevera, Flanagan, persevera, que si sigues asi, cuando seas mayor viviras en un antro siniestro que olera a meados.
Pasaba mi madre, llevando y trayendo bocatas del bar:
– ?Eso cenas? -decia a la ida. Y a la vuelta-: Vamos, date prisa, que luego nos tienes que ayudar a recoger las cosas.
Subi a mi habitacion y revolvi todos mis cassettes hasta encontrar el de Billy Ocean. Lo puse en el walkman y me tendi en la cama.
Habia una cancion titulada Love is forever, y otra, Without you.
En pocas horas habia ganado a Clara (todos aquellos atontados mirandonos y temblando de envidia), y la habia perdido («?Tu no puedes entenderlo!», y aquella mirada tan fulminante mientras ayudaba a caminar a su padre).
Eso era lo que realmente me preocupaba. Que yo no lo pudiera entender. Yo era un nino que jugaba y que no tenia que meterse en las cosas de los mayores. Pero, ?que era lo que yo no entendia? «Cada cual se busca la vida como puede…» Eso si que lo comprendia. Yo mismo me buscaba la vida a mi manera. ?El chantaje? Yo mismo estaba a punto de hacerle algo parecido a la familia Gual para conseguir que me dejaran utilizar su cobertizo como despacho. ?Que demonios era lo que yo no entendia?
Oh, I need you, girl, remember this…
No entendia lo que habia pasado aquella noche entre Clara y yo.
Asi de simple. Me habia despistado y, en algun momento, alguien me habia escamoteado el clasico beso de despedida. Y ahora me dolia aquella distraccion. Me dolian todas y cada una de las notas de la cancion que unas horas antes habia bailado con Clara.
Nos habiamos reido a gusto. Y, despues, sus ojos azules diciendome: «?Vete, vete!»
Y todo por la tonteria de querer hablar con su padre. ?De que me habria servido?
«?Que quieres saber de mi vida?», me habria preguntado.
Y yo: «Solo queria saber si fue usted quien zurro a Elias para quitarle aquel maldito sobre de papel de embalar.»
Y eclass="underline" «Pues mira, si, chico. Le puse la cara guapa hasta lograr que me diera el maldito sobre de papel de embalar y, cuando lo tuve, pude sacarle un cuarto de millon al Pantasma.»
Y yo: «Fantastico, senor Longo. Como le admiro. Como le comprendo. ?Me podria decir que habia en aquel maldito sobre de papel de embalar?»
Jope, que tonteria.
Without you. Sin ti. Ahora tenia sentido.
Al dia siguiente, como un simbolo de mi derrota, tuve que desmantelar el despacho. Mi padre, Pili y yo nos pasamos toda la manana trajinando cajas de cerveza, trasladandolas a un rincon del bar que habiamos limpiado previamente de mesas y sillas. Mis utiles de trabajo quedaron almacenados en mi dormitorio.
A media manana, aprovechando que nos tomabamos un descanso para desayunar, llame a Maria Gual. En realidad, a quien queria llamar era a Clara, pero me aguante.
– ?Maria? -dije-. Las cosas se han vuelto a complicar…
Queria decirle que Elias volvia a tener el «documento comprometedor» en su poder y que, ahora, ayudado por el Puti y su banda, no se conformaria con utilizarlo tan solo para aprobar los examenes. Sin embargo, nosotros conociamos su juego, lo que nos daria la oportunidad de negociar con el. Queria contarle todo esto y pedirle su parecer, pero ella me corto:
– ?Ya lo creo que se han complicado! -dijo-. ?Y mucho!
– ?Que pasa?
– Elias no ha venido a dormir esta noche y, ahora, con todo eso del incendio de las motos, mis padres estan muy preocupados. Hasta han ido a comisaria…
– ?Con eso de que?
– Del incendio de las motos. ?No te has enterado?
– No…
Habia oido las sirenas de los bomberos en el Centro, pero no les habia prestado atencion.
– Hace cosa de una hora se han incendiado cuatro o cinco motos en los Jardines. Ha habido un estrepito de aupa, porque hasta han estallado los depositos de gasolina. Y ha resultado que se trataba de las motos del Puti y compania. Les han detenido y estan en comisaria… Mis padres estaban preocupados, porque Elias no ha venido a dormir a casa, y yo les he contado que solia ir con el Puti, y ahora han salido hacia la comisaria…
Jope. De mal en peor.
– Bien, bien -dije-. Llamame si te enteras de algo mas.
Marque rapidamente el numero de Clara. De nuevo, no sabia que decirle. Me imaginaba lo que habia ocurrido. «En ese caso, ?para que llamas, capullo?», decia una voz en mi interior. Se trataba de una simple comprobacion.
– ?Diga?
– ?Clara? Soy Juan, el Flanagan…
– Mira, Juan, olvidalo todo, ?quieres?
– ?Como esta tu padre?
– Bien. Mi padre es muy fuerte. Y ahora…
– Perdona, Clara, pero me parece que ya lo voy entendiendo todo. He estado pensando, y he llegado a la conclusion de que es cierto que cada cual se busca la vida como puede… Yo mismo…
Ella suspiro vehementemente, no se si angustiada o harta de mi. Cambie el tono:
– ?Que pasa, Clara? ?Por que somos enemigos ahora? ?Que hice ayer? ?O que deje de hacer?
– Ya te lo explicare un dia de estos, ?eh? -me cortaba energicamente-. Ahora tengo otras cosas en las que pensar… Mi padre esta en comisaria, ?sabes?, y esto no es un juego, y no me sobra el tiempo para perderlo jugando.
Y colgo.
?Pero, ?quien demonios le habia dicho que yo estuviera jugando?!
– Papa -anuncie-, voy a ver que es eso que ha pasado…
– Tu no vas a ninguna parte hasta que no acabemos de arreglar esto -dijo el patron.
– Si, buana -refunfune.
Me di toda la prisa que pude y acabamos cerca de la una. Mientras, transmiti la noticia del incendio de las motos a mi familia.
– Pues a mi me parece muy bien que les quemen las motos -comento mi padre-. Ojala les quemasen tambien a ellos… ?Delincuentes y drogadictos, que eso es lo que son, delincuentes y drogadictos!
– Pues a mi me parece que deberiamos hacer un esfuerzo para comprenderles -dije yo-. Cada cual se busca la vida como puede…
– Pero, ???que dices??? -bramo mi padre.
– Bueno… Es una manera de hablar… -trate de arreglarlo-. No queria decir que… En fin, queria decir que…
A la una y cuarto, despues de una acalorada discusion, Pili y yo fuimos a la carretera, deIante de la comisaria, para ver que pasaba. De entrada, no se veia nada de anormal, pero te enterabas de muchas cosas si ponias la oreja aqui y alla.
En los bancos donde tomaban el sol los viejos, oi:
– Pues se ve que ayer esos gamberros zurraron al Lejia. Si, hombre, ?sabes a quien me refiero?, al del taller de coches… Y hoy, sin comerlo ni beberlo, se encuentran con las motos quemadas…
– Les esta bien empleado. Mas les tendria que pasar…
– No se puede andar con bromas con el Lejia…
En la terraza del bar donde tomaban el vermut los que salian de misa, se decia:
– Si, pero cuando han ido a detenerles estaban todos juntos, ?eh? El Lejia y ese al que llaman el Puti y todos los demas, que son los duenos de las motos quemadas. Estaban juntos y charlando tan tranquilos, ?eh?
– Pero es que no fueron ellos quienes cascaron al Lejia. Porque han estado todos en comisaria y el comisario le ha preguntado: «?Son estos los que te atacaron ayer?» Y el Lejia ha contestado que no…
– ?Porque se protegen entre ellos! Lo que ha pasado aqui es que el Puti y los suyos calentaron anoche al Lejia, y el Lejia les ha quemado las motos esta manana, y despues se han reunido y han decidido: «Estamos en paz, aqui no pasa nada.» Y ni hablar de chivarse a la policia, ?eh? Porque eso si lo tienen. Si hay follones, se los arreglan entre ellos…