El Club de París
- Автор: Берри Стив
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Club de París». Краткое содержание книги:
Todavía no recordaba haber apretado el gatillo. Más tarde le dijeron que había disparado tres veces; dos de las balas dieron en el blanco y acabaron con la vida del tercer atacante. ¿Balance final? Siete muertos y nueve heridos.
Cai Thorvaldsen, un joven diplomático asignado al consulado danés, y Elena Ramírez Rico, una fiscal mexicana, habían perdido la vida. Estaban disfrutando de su almuerzo debajo de uno de los árboles. Diez semanas después, un hombre encorvado fue a verle a Atlanta. Se sentaron en el estudio de Malone y este no se molestó en preguntarle a Henrik Thorvaldsen cómo había dado con él.
– He venido a conocer al hombre que disparó al asesino de mi hijo -anunció Thorvaldsen.
– ¿Por qué?
– Para darle las gracias.
– Podría haber telefoneado.
– Tengo entendido que estuvo a punto de morir.
Malone se encogió de hombros.
– Y que ha abandonado su trabajo en el gobierno, ha renunciado al servicio y se ha retirado del ejército.
– Sabe usted muchas cosas.
– El saber es el más grande de los lujos.
Malone no se inmutó.
– Le agradezco la visita. Pero tengo un agujero en el hombro que me está matando. Ahora que ya ha dicho lo que tenía que decir,¿le importaría marcharse?
Thorvaldsen no se movió del sofá. Simplemente escrutó el estudio y las habitaciones contiguas, visibles a través de un pasadizo abovedado. Todas las paredes estaban revestidas de libros. La casa no parecía más que el telón de fondo de las estanterías.
– A mí también me encantan -dijo su invitado-. He coleccionado libros durante toda mi vida.
– ¿Qué quiere?
– ¿Se ha planteado su futuro?
Malone señaló la habitación.
– He pensado en abrir una librería de viejo. Tengo muchos para vender.
– Una idea excelente. Yo tengo una a la venta, si le interesa.
Malone decidió seguirle la corriente. Pero había algo en los ojos centelleantes de aquel anciano que le decía que su visitante no bromeaba. Las robustas manos rebuscaron en el bolsillo del abrigo y Thorvaldsen dejó una tarjeta de visita en el sofá.
– Es mi número privado. Si le interesa, llámeme.
Aquello fue hace dos años. Ahora tenía delante a Henrik Thorvaldsen, pero los papeles se habían invertido. Era su amigo quien estaba en aprietos. El danés permanecía sentado al borde de la cama con un rifle de asalto apoyado en el regazo y una mirada de derrota absoluta.
– Antes he soñado con Ciudad de México -dijo Malone-. Siempre es lo mismo. Nunca puedo abatir al tercer tipo.
– Pero lo hiciste.
– Por alguna razón, en el sueño soy incapaz.
– ¿Estás bien? -le preguntó Thorvaldsen a Sam Collins.
– Acudí directo al señor Malone…
– No empieces con eso -dijo él-. Se llama Cotton.
– De acuerdo. Cotton se ocupó de ellos.
– Y mi tienda ha quedado destruida. Una vez más.
– Está asegurada -apostilló Thorvaldsen.
Malone miró a su amigo.
– ¿Por qué perseguían aquellos hombres a Sam?
– Esperaba que no lo hicieran. La idea era que viniesen por mí, por eso lo envié a la ciudad. Al parecer me llevaban ventaja.
– ¿Qué estás haciendo, Henrik?
– He pasado los dos últimos años buscando. Sabía que detrás de lo sucedido aquel día en Ciudad de México había algo más. Aquella masacre no fue un acto de terrorismo. Fue un asesinato.
Malone lo dejó continuar.
Thorvaldsen señaló a Sam.
– Este joven es bastante brillante. Sus superiores no se dan cuenta de lo inteligente que es.
Malone vio que las lágrimas asomaban a los ojos de su amigo, algo que nunca había visto antes.
– Le echo de menos, Cotton -susurró Thorvaldsen, mirando todavía a Sam.
Este puso su mano en el hombro del anciano.
– ¿Por qué tuvo que morir? -musitó.
– Dímelo tú -repuso Malone-. ¿Por qué murió Cai?
– Papá,¿cómo te encuentras hoy?
Thorvaldsen esperaba con ansia las llamadas semanales de Cai y le gustaba que su hijo, pese a tener treinta y cinco años y formar parte del cuerpo diplomático de élite danés, todavía le llamara papá.
– Me siento solo en esta casa, pero con Jesper siempre hay cosas interesantes que hacer. Está podando el jardín y discutimos sobre cuánto debe cortar. Es muy testarudo.