Choque de reyes [A Clash of Kings - es]
- Автор: Мартин Джордж Рэймонд Ричард
- Год: 2003
- Язык: испанский
- Год: Gigamesh
- ISBN: 84-932-7022-9
- Переводчик: Cristina Macia
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
—¿Quién me ha tirado eso? —chilló Joffrey. Se llevó la mano al pelo, rabioso, y se quitó más restos de excrementos—. ¡Quiero al hombre que me lo ha tirado! —gritó—. ¡Cien dragones de oro para quien me lo entregue!
—¡Estaba allí arriba! —chilló alguien entre la multitud.
El rey hizo dar la vuelta a su caballo para mirar los tejados y balcones. En la multitud todos señalaban y gritaban, se maldecían entre ellos y a Joffrey.
—Por favor, Alteza, dejadlo —suplicó Sansa.
—¡Traedme al hombre que me ha tirado esto! —ordenó Joffrey sin hacer caso a Sansa—. ¡Me va a limpiar con la lengua, o le cortaré la cabeza! ¡Perro, tráemelo!
Sandor Clegane, obediente, se bajó de la silla, pero no había manera de atravesar aquella muralla de carne, y mucho menos de llegar al tejado. Los hombres que estaban más cerca de él trataban de apartarse, mientras que los demás empujaban para acercarse y ver mejor. Tyrion palpaba el desastre.
—Clegane, volved aquí, ese hombre ha escapado.
—¡Tráemelo! —chilló Joffrey mientras señalaba hacia el tejado—. ¡Estaba allí arriba! ¡Perro, ábrete camino con la espada y tráeme…!
Un tumulto ahogó el final de la frase, era un rugido retumbante de rabia, miedo y odio que envolvió a la comitiva desde todos lados.
—¡Bastardo! —gritó alguien a Joffrey—. ¡Monstruo bastardo!
Hubo más gritos de «¡Puta!» y «¡Te acuestas con tu hermano!» dirigidos a la reina, mientras que a Tyrion lo llamaban «Monstruo» y «Mediohombre». También se oían otras voces clamando «¡Justicia!», «¡Robb, rey Robb, el Joven Lobo!», o «¡Stannis!» e incluso «¡Renly!». A ambos lados de la calle la multitud empujaba las astas de las lanzas, mientras los capas doradas trataban de mantenerlos a raya. Les cayó encima una lluvia de piedras, excrementos y cosas aún peores.
—¡Danos de comer! —gritó una mujer.
—¡Pan! —rugió un hombre—. ¡Queremos pan, bastardo!
Al instante, un millar de voces se unieron al mismo grito. El rey Joffrey, el rey Robb y el rey Stannis pasaron al olvido, y el rey Pan reinó en solitario.
—¡Pan! —era el clamor—. ¡Pan! ¡Pan!
Tyrion picó espuelas a su caballo y acudió al lado de su hermana.
—¡Al castillo! —gritó—. ¡Ahora mismo!
Cersei asintió al tiempo que Ser Lancel desenvainaba la espada. Al frente de la columna, Jacelyn Bywater rugía órdenes. Sus jinetes bajaron las lanzas y avanzaron en formación de cuña. El rey daba vueltas a lomos de su palafrén en círculos ansiosos mientras un mar de manos trataba de agarrarlo. Alguien consiguió cogerle la pierna, pero sólo un instante. La espada de Ser Mandon descendió como un rayo y cortó la mano por la muñeca.
—¡Cabalga! —gritó Tyrion a su sobrino, al tiempo que daba un golpe al caballo en la grupa.
El animal se alzó sobre las patas traseras, relinchó y emprendió el camino al galope, arrollando a la gente que tenía delante. Tyrion lo siguió de cerca, y Bronn cabalgó a su lado espada en mano. Una piedra le pasó silbando junto a la cabeza, y una col podrida se estrelló contra el escudo de Ser Mandon. A su izquierda, tres capas doradas fueron arrollados por la multitud. El Perro había quedado atrás, aunque su caballo sin jinete galopaba junto a ellos. Tyrion vio cómo derribaban de la silla a Aron Santagar y le arrancaban de la mano el venado dorado y negro de los Baratheon. Ser Balon Swann soltó el león de los Lannister para desenvainar su espada larga. Lanzó mandobles a derecha e izquierda mientras el gentío rasgaba el estandarte caído, y mil pedazos de tejido volaron como hojas color escarlata en medio de una tormenta. Alguien se interpuso en el camino del caballo de Joffrey, y hubo chillidos cuando el rey lo arrolló. Tyrion no habría sabido decir si era un hombre, una mujer o un niño. Joffrey galopaba a su lado con el rostro ceniciento, y Ser Mandon Moore era una sombra blanca a su izquierda.
Y de pronto el caos demencial quedó atrás, y se encontraron en la plaza que había ante la barbacana del castillo. Una hilera de hombres armados con picas defendían las puertas. Ser Jacelyn hizo dar la vuelta a sus lanceros para otra carga. Los hombres de las picas abrieron paso para que el rey y su grupo pasaran bajo el rastrillo. Los muros color rojo claro se alzaron ante ellos, con su altura tranquilizadora coronada de hombres armados con ballestas.
Tyrion no recordó haber desmontado. Ser Mandon estaba ayudando al tembloroso rey a bajar del caballo cuando llegaron Cersei, Tommen y Lancel, seguidos de cerca por Ser Meryn y Ser Boros. La espada de Boros estaba manchada de sangre, y a Meryn le habían arrancado la capa blanca. Ser Balon Swann llegó sin yelmo, su caballo echaba espuma y sangre por la boca. Horas Redwyne llegó con Lady Tanda, medio enloquecida de miedo por la suerte de su hija Lollys, a la que habían derribado de la silla y había quedado atrás. Lord Gyles, con el rostro más gris que nunca, balbuceó que había visto cómo derribaban de su litera al Septon Supremo, que rezaba a gritos mientras la multitud le pasaba por encima. Jalabhar Xho dijo que le había parecido ver a Ser Preston Greenfield, de la Guardia Real, cabalgar hacia la litera volcada del Septon Supremo, pero no estaba seguro.
Tyrion fue apenas consciente de que un maestre le preguntaba si estaba herido. Cruzó el patio en dirección a donde estaba su sobrino, con la corona cubierta de excrementos y torcida sobre la cabeza.
—Traidores —balbuceaba Joffrey, histérico—. Les voy a cortar la cabeza a todos, les…
El enano le dio una bofetada en el rostro congestionado, con tal fuerza que se le cayó la corona. Luego le dio un empujón con ambas manos y lo tiró al suelo.
—¡Eres un imbécil!
—¡Eran traidores! —chilló Joffrey sin levantarse—. ¡Me insultaron y me atacaron!
—¡Tú azuzaste a tu animal contra ellos! ¿Qué pensabas que iban a hacer, arrodillarse dócilmente mientras el Perro los mataba? Mocoso malcriado y descerebrado, has matado a Clegane, y quién sabe a cuántos más, y tú no tienes ni un arañazo. ¡Maldito seas!
Y le dio una patada. Fue tan satisfactorio que le habría dado otra, pero Ser Mandon Moore lo sujetó mientras Joffrey aullaba, y Bronn se acercaba para contenerlo. Cersei se arrodilló junto a su hijo, y Ser Balon Swann sujetó a su vez a Ser Lancel. Tyrion se liberó de la presa de Bronn.
—¿Cuántos han quedado fuera? —gritó a todos y a nadie a la vez.
—Mi hija —sollozó Lady Tanda—. Por favor, que alguien vaya a buscar a Lollys…
—Ser Preston no ha vuelto —informó Ser Boros Blount—. Y Aron Santagar tampoco.
—Ni Niñera —dijo Ser Horas Redwyne. Era el mote burlón que los demás escuderos habían puesto al joven Tyrek Lannister.
—¿Dónde está Sansa Stark? —preguntó Tyrion mientras recorría el patio con la mirada. Durante un momento, nadie respondió.
—Cabalgaba a mi lado —dijo al final Joffrey—, pero no sé adónde se habrá ido.
Tyrion se presionó las sienes palpitantes con los dedos. Si a Sansa Stark le había pasado algo, Jaime se podía dar por muerto.
—Ser Mandon, vos erais su escudo.
—Cuando la muchedumbre se echó sobre el Perro —dijo Ser Mandon Moore sin inmutarse—, pensé primero en el rey.
—Y muy bien hicisteis —intervino Cersei—. Boros, Meryn, id a buscar a la niña.
—Y a mi hija —sollozó Lady Tanda—. Por favor, mis señores…
A Ser Boros no le hacía demasiada gracia la perspectiva de abandonar la seguridad del castillo.
—Alteza —dijo a la reina—, la multitud puede enfurecerse si ve nuestras capas blancas.
—¡Los Otros se lleven esa mierda de capas! —Tyrion perdió la paciencia—. Si tienes miedo de llevarla, quítatela, imbécil… ¡pero tráeme a Sansa Stark o te juro que le diré a Shagga que te parta el cráneo para ver si tienes dentro algo que no sean telarañas! ¡Con lo feo que eres no se notará la diferencia!