La Maestria Del Amor: Una guía práctica Para el arte de las relaciones
- Автор: Руис Дон Мигель
- Язык: испанский
- Жанр: Эзотерика
Электронная книга - «La Maestria Del Amor: Una guía práctica Para el arte de las relaciones». Краткое содержание книги:
Dirás: «Cómo sufre esa persona», pero no te lo tomarás como algo personal. Es sólo un ejemplo, pero se puede aplicar a la mayoría de las cosas que suceden continuamente. Tenemos un pequeño ego que se toma todas las cosas de manera personal, que nos hace reaccionar exageradamente. No vemos lo que está ocurriendo realmente porque reaccionamos al instante y lo convertimos en parte de nuestro sueño.
Tu reacción proviene de una creencia interior muy profunda. Has repetido esa manera de reaccionar miles de veces y al final se ha convertido en un hábito para ti. Estás condicionado a ser de una determinada manera. Y ahí reside el reto: cambiar tus reacciones normales, cambiar tus hábitos, arriesgarte y hacer elecciones diferentes. Si no consigues la consecuencia que querías, cámbiala una y otra vez hasta obtener finalmente el resultado que deseas.
He dicho que nunca hicimos la elección de tener en nuestro interior al Parásito, que es el Juez, la Víctima y el Sistema de Creencias. Si sabemos que no teníamos otra opción y adquirimos conciencia de que no es nada más que un sueño, recobraremos algo que perdimos y que es muy importante: algo que las religiones llaman «libre albedrío», y que es lo que Dios les concedió a los seres humanos cuando los creo. Es cierto, pero el sueño nos lo arrebató y se lo quedó, porque el sueño es quien controla la voluntad de la mayoría de los seres humanos.
Algunos dicen: «Quiero cambiar, realmente quiero cambiar. No hay ninguna razón para que sea tan pobre. Soy inteligente. Merezco vivir una vida mejor, ganar mucho más dinero del que gano actualmente». Lo saben, pero sólo es lo que su mente les dice. ¿Y qué hacen? Encender el televisor y pasarse horas y horas mirándolo. Entonces, ¿dónde está la fortaleza de su voluntad?
Una vez que tenemos conciencia, podemos hacer una elección. Si fuésemos capaces de tener esa conciencia de manera permanente, cambiaríamos nuestras costumbres, nuestras reacciones y nuestra vida entera. Cuando cobramos esa conciencia, volvemos a tener el libre albedrío. Cuando recobramos el libre albedrío, entonces somos capaces de recordar quienes somos en cualquier momento. Y si lo olvidamos, podemos escoger otra vez, pero sólo si tenemos esa conciencia. De lo contrario, no tenemos elección.
Cobrar conciencia significa ser responsable de la propia vida. No eres responsable de lo que está sucediendo en el mundo. Eres responsable de ti mismo. No fuiste tú quien hizo el mundo tal como es; el mundo ya estaba como es ahora antes de que tú nacieses. No viniste aquí con la gran misión de salvar al mundo y de cambiar la sociedad, pero, indudablemente, viniste con una gran misión; una misión importante. La verdadera misión que tienes en la vida es hacerte feliz, y a fin de ser feliz, debes examinar tus creencias, la manera que tienes de juzgarte a ti mismo, tu victimismo.
Sé completamente sincero con respecto a tu felicidad. No proyectes una falsa impresión de felicidad diciéndole a todo el mundo: «Mírame. He triunfado en la vida, tengo todo lo que quiero, soy muy feliz», cuando no te gustas.
Todo está ahí para nosotros, pero lo primero que necesitamos es tener la valentía de abrir los ojos, de utilizar la verdad y de ver las cosas como son en realidad. Los seres humanos están muy ciegos y la razón de tanta ceguera es que no quieren ver. Por ejemplo: Una mujer joven conoce a un hombre y de inmediato siente una fuerte atracción hacia él.
Tiene una subida de hormonas y lo único que quiere es a ese hombre. Todas sus amigas ven qué tipo de hombre es. Consume drogas, no trabaja, tiene todas las características que hacen sufrir tanto a las mujeres. Pero cuando ella lo mira, ¿qué es lo que ve? Sólo ve lo que quiere ver. Ve que es alto, guapo, fuerte, encantador. Se crea una imagen de él e intenta negar lo que no quiere ver. Se miente a sí misma. Realmente quiere creer que la relación funcionará. Las amigas le dicen: «Pero toma drogas, es un alcohólico, no trabaja». Y ella les contesta: «Sí, pero mi amor hará que cambie».
Su madre no soporta a ese hombre, claro, y lo mismo le sucede a su padre. Los dos están preocupados por ella porque ven adonde la va a llevar el camino que ha tomado. Le dicen: «No es un buen hombre». Pero ella les responde: «Me estáis diciendo lo que tengo que hacer». Se enfrenta a su madre y a su padre, hace caso de sus hormonas y se miente a sí misma en un intento de justificar su elección: «Es mi vida y voy a hacer con ella lo que quiera».
Meses más tarde, la relación la devuelve a la realidad. La verdad empieza a aflorar y ella le culpa a él por las cosas que no quiso ver anteriormente. No hay respeto, la maltrata, pero, ahora, lo que más le importa es su orgullo. ¿Cómo va a volver a su casa y reconocer que su madre y su padre tenían razón? Con eso sólo conseguiría que se sintiesen satisfechos. ¿Cuánto le va a costar a esta mujer aprender la lección? ¿Cuánto se ama a sí misma? ¿Hasta qué punto se va a maltratar?
Todo ese sufrimiento se deriva de no querer ver, aun cuando las cosas se nos muestran claramente ante nuestros ojos. Por eso, cuando conocemos a alguien que intenta fingir que es mejor de lo que es, y que a pesar de haberse puesto esa falsa máscara, no puede ocultar su falta de amor, su falta de respeto, no queremos verlo ni oírlo. A eso se debe que un anciano profeta dijera una vez: «No hay hombre más ciego que el que no quiere ver. Y tampoco hombre más sordo que el que no quiere oír. Y no hay hombre más loco que el que no quiere comprender».
Estamos muy ciegos, lo estamos de verdad y lo acabamos pagando. Ahora bien, si llegamos a abrir los ojos y ver la vida tal y como es, seremos capaces de evitar mucho dolor emocional. Esto no significa que no nos arriesguemos. Estamos vivos y necesitamos arriesgarnos, y si fallamos, bueno, ¿qué pasa?, ¿a quién le importa? Da lo mismo. Aprendemos y seguimos adelante sin hacer juicios.
No necesitamos juzgar; no necesitamos culpar ni sentirnos culpables. Sólo necesitamos aceptar nuestra verdad y proponernos un nuevo principio. Si somos capaces de vernos a nosotros mismos tal y como somos, habremos dado el primer paso hacia nuestra propia aceptación, hasta anular el rechazo de uno mismo. Desde el mismo momento en que somos capaces de aceptarnos como somos, todos los cambios son posibles.
Todas las personas tienen un valor, y la vida respeta ese valor. Pero ese valor no se mide en dólares ni en oro; se mide en amor. Más que eso, se mide en el amor hacia uno mismo. Tu valor viene dado por la cantidad de amor que te tienes a ti mismo: y la vida respeta ese valor. Cuando te amas a ti mismo, tu valor es muy alto, lo cual significa que tu tolerancia frente a los maltratos que tú mismo te infliges es muy baja. Es muy baja porque te respetas. Te gustas tal y como eres y eso aumenta tu valor. Siempre que haya cosas en ti que no te gustan, tu valor será un poco más bajo.
En ocasiones, la autocrítica es tan fuerte que la gente necesita atontarse para poder estar consigo misma. Cuando no te gusta una persona, puedes apartarte de ella. Cundo no te gusta un grupo de gente, te puedes apartar de él. Pero si no te gustas a ti mismo, no importa adónde vayas, siempre estarás ahí. Para evitar tu propia compañía necesitas tomar algo que te atonte, que aparte tu mente de ti. Quizás el alcohol te ayude. O quizás alguna droga. Puede que la comida: sólo comer, comer y comer. Pero el maltrato de uno mismo puede llegar a ser mucho peor que todo esto. Hay gente que realmente se odia a sí misma. Es autodestructiva, se mata poco a poco porque no tiene la suficiente valentía para hacerlo de golpe.
Si observas a las personas auto destructivas, verás que atraen a gente parecida. ¿Qué hacemos cuando no nos gustamos a nosotros mismos? Intentamos atontarnos con alcohol a fin de olvidar nuestro sufrimiento. Esa es la excusa que utilizamos. ¿Y adónde vamos para obtener alcohol?
Vamos a un bar a beber, y una vez allí ¿adivina con quién nos encontramos? Con alguien igual que nosotros, alguien que también intenta evitarse a sí mismo y atontarse. Así pues, nos atontamos juntos, empezamos a hablar de nuestros sufrimientos y nos comprendemos muy bien. Hasta empezamos a disfrutarlo. La razón de que nuestro entendimiento mutuo sea tan perfecto es porque vibramos en la misma frecuencia. Ambos somos auto destructivos. Entonces yo te hago daño y tú me haces daño: una relación perfecta en el infierno.