La Maestria Del Amor: Una guía práctica Para el arte de las relaciones
- Автор: Руис Дон Мигель
- Язык: испанский
- Жанр: Эзотерика
Электронная книга - «La Maestria Del Amor: Una guía práctica Para el arte de las relaciones». Краткое содержание книги:
Ahora imagínate exactamente lo contrario. Llevas varias semanas sin probar bocado. Estás muerto de hambre y no tienes dinero para comprar comida. Entonces llega esa persona con la pizza y te dice: «Oye, aquí hay comida. Te la puedes comer si haces sencillamente lo que yo quiero». Hueles el aroma que desprende y estás hambriento. Decides aceptar y hacer cualquier cosa que esa persona te pida. Tras hincarle el diente, la persona te dice: «Si quieres más te daré más, pero tendrás que seguir haciendo lo que yo quiera».
Hoy has comido, pero mañana quizá no tengas qué llevarte a la boca, de modo que accedes a hacer todo lo que puedas para conseguir la comida. Y estás decidido a convertirte en un esclavo a cambio de la pizza, porque la necesitas y no la tienes. No obstante, pasado algún tiempo, empiezas a tener tus dudas. Dices: «¿Qué voy a hacer si no me trae la pizza? No seré capaz de vivir sin ella. ¿Y si mi pareja decide darle mí pizza a otra persona?».
Ahora imagínate que en lugar de comida hablamos de amor. El amor que hay en tu corazón es abundante. Tienes amor no sólo para ti, sino para el mundo entero. Amas tanto que no necesitas el amor de nadie. Compartes el amor sin condiciones; no te gusta el «si». Eres millonario en amor y si alguien llama a tu puerta para decirte: «Oye, aquí tengo amor para ti, te lo daré si haces lo que yo quiera», ¿cuál será tu reacción? Te reirás y dirás: «Gracias, pero no necesito tu amor. Tengo ese mismo amor aquí, en mi corazón, sólo que mejor y más grande, y comparto mi amor sin condiciones».
Pero, qué ocurrirá si estás hambriento de amor, si no tienes ese amor en tu corazón y alguien viene y te dice: «¿Quieres un poco de amor? Te lo ofrezco a cambio de que hagas lo que yo te pida». De ser así, una vez lo hayas probado, harás todo lo posible por conservarlo. Es posible que te sientas tan necesitado que hasta vendas tu alma para conseguir sólo un poco de atención.
Tu corazón es como esa cocina mágica. Basta con abrirlo para que obtengas todo el amor que quieras. No hay ninguna necesidad de dar vueltas por el mundo suplicando amor: «Por favor, que alguien me ame. Estoy tan solo, no soy lo suficientemente bueno para ser amado; necesito a alguien que me ame, que me demuestre que soy digno de ser amado». Sin embargo el amor está aquí mismo, en nuestro interior, pero no lo vemos.
¿Ves cuánta desdicha crean los seres humanos cuando piensan que no tienen amor? Están hambrientos de amor y cuando prueban una pequeña cantidad del que alguien les ofrece, sienten una gran necesidad. Se convierten en personas necesitadas y obsesionadas con ese amor. Entonces llega la gran tragedia: «¿Qué voy a hacer si él me deja?». «¿Cómo podría vivir sin ella?» Son incapaces de vivir sin el suministrador, la persona que les proporciona las dosis diarias. Y como están hambrientos, por esa pequeña cantidad de amor permiten que otra gente controle sus vidas. Permiten que otra persona les diga lo que tienen que hacer, lo que no deben hacer, cómo vestirse, cómo no vestirse, cómo comportarse, cómo no comportarse, qué creer y qué no creer. «Te amo si te comportas de esta manera, si me permites controlar tu vida, sólo si eres bueno conmigo. De otro modo, olvídate.»
El problema que tienen los seres humanos es que desconocen que poseen una cocina mágica en su corazón. Y todo este sufrimiento empezó cuando, hace mucho tiempo, cerramos nuestro corazón y dejamos de sentir el amor que reside en él. En algún momento de nuestra vida nos asustó amar porque creímos que el amor era injusto. El amor duele. Intentamos ser lo bastante buenos para otra persona, ser aceptados por otra persona y fracasamos. Ya hemos tenido dos o tres amantes y el corazón se nos ha roto unas cuantas veces. Amar de nuevo significa arriesgarse demasiado.
Por supuesto, nos juzgamos tanto que nos resulta imposible sentir amor por nosotros mismos. Y si no nos amamos a nosotros mismos, ¿cómo podremos siquiera fingir que compartimos el amor con otra persona?
Cuando iniciamos una relación, nos volvemos egoístas porque nos sentimos necesitados. Todo gira a nuestro alrededor. Somos tan egoístas que queremos que la persona con quien compartimos nuestra vida esté tan necesitada como nosotros. Queremos a «alguien que me necesite» a fin de sentir que nuestra existencia está justificada, a fin de sentir que tenemos una razón para vivir. Pensamos que lo que buscamos es amor, pero lo que buscamos es a «alguien que me necesite», alguien a quien podamos controlar y manipular.
Pero esta guerra de control en las relaciones humanas existe porque fuimos domesticados para competir por el control de la atención. Lo que llamamos amor -alguien que me ame, alguien que se preocupe por mí- no es amor, es egoísmo. ¿Cómo es posible que funcione? El egoísmo no funciona porque en él no hay cabida para el amor. Ambas personas están hambrientas de amor. Cuando comparten el sexo, prueban un poco de ese amor y se vuelve adictivo porque están hambrientos de amor. Pero, entonces, se encuentran con todos los juicios que están ahí. Se encuentran con todo el miedo, toda la desdicha y toda la culpa.
Después nos ponemos a buscar consejo sobre el amor y el sexo. Se han escrito muchos libros al respecto y prácticamente todos podrían titularse: Cómo ser sexualmente egoísta. La intención es buena, pero ¿dónde está el amor? Estos libros no abordan la cuestión de aprender a amar; no hay nada que aprender sobre el amor. Todo está ya en nuestros genes, en nuestra naturaleza. No tenemos que aprender nada, salvo lo que inventamos en este mundo de ilusión. Buscamos el amor fuera de nosotros cuando el amor nos rodea por todas partes. El amor está en todas partes, pero no tenemos ojos para verlo. Nuestro cuerpo emocional ya no está sintonizado con el amor.
Y nos asusta tanto amar porque nos parece que no es seguro hacerlo. El miedo al rechazo nos asusta. Tenemos que fingir que somos lo que no somos; intentamos ser aceptados por nuestra pareja cuando nosotros mismos no nos aceptamos. Pero el problema no estriba en que nuestra pareja nos rechace. El problema estriba en que nosotros mismos nos rechazamos porque no somos lo bastante buenos, porque eso es lo que creemos.
El rechazo de uno mismo es el principal problema. Nunca serás lo suficientemente bueno para ti mismo mientras tengas una idea de la perfección completamente equivocada. Se trata de un concepto falso, ni siquiera es real. Pero tú te lo crees. Como no eres perfecto, te rechazas a ti mismo. El nivel de rechazo de uno mismo depende de la dureza que demostraron los adultos cuando rompieron tu integridad.
Después de la domesticación ya no se trata de ser bueno para nadie más. Has dejado de ser lo bastante bueno para ti mismo, porque el gran Juez siempre está ahí recordándote que no eres perfecto. Como ya he dicho antes, eres incapaz de perdonarte a ti mismo por no ser lo que deseas ser y ese es el verdadero problema. Ahora bien, si eres capaz de cambiar esto, te ocuparás de tu mitad de la relación. La otra mitad no es tu problema.
Cuando le dices a una persona que la amas y ella te responde: «Bueno, yo no te amo a ti», ¿es esa una razón para sufrir? Que alguien te rechace no significa que tú tengas que rechazarte a ti mismo. Si una persona no te ama, otra te amará. Siempre hay alguien más. Y es mejor estar con alguien que quiere estar contigo que con alguien que siente que tiene que estar contigo.
Tienes que concentrarte en la relación más maravillosa que es posible tener: la relación contigo mismo. No es una cuestión de egoísmo; se trata de amarse a uno mismo. No es lo mismo. Eres egoísta contigo mismo porque no sientes amor. Necesitas amarte a ti mismo, y cuando lo hagas, entonces el amor crecerá más y más. Después, el día que inicies una relación, no lo harás porque necesites sentirte amado. Lo habrás elegido. Y cuando lo hagas, escogerás a alguien y verás quién es realmente. Si no necesitas su amor, no tienes por qué mentirte a ti mismo.