El whisky de los poetas
- Автор: Edwards Jorge
- Год: 1994
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «El whisky de los poetas». Краткое содержание книги:
¿Por qué sufren infartos y hasta mueren fulminados los hinchas del equipo de un país, cuando el adversario, en pleno campeonato del mundo, le mete un gol en su propio campo? Es un misterio de la superstición nacionalista, un misterio insondable, que en términos de racionalidad no tiene explicación alguna.
Maradona, el "Pelusa", baja de los cielos en un helicóptero y es depositado en la pista central del estadio de Nápoles. El pueblo napolitano, cansado de sufrir derrotas frente a los jugadores de Roma o de Milán, recibe al jugador argentino como a su mesías. Decenas de miles de niños son bautizados con el nombre de Diego Armando. Se organiza una próspera industria de camisetas, carteles, medallones, distintivos diversos. El arzobispo católico y el alcalde comunista protestan, escandalizados, pero sus voces, en medio del delirio colectivo, no son escuchadas. El descenso de Maradona de los cielos es una continuación de supersticiones medievales. Las voces del arzobispo y del alcalde corresponden a preocupaciones más modernas, que no conmueven a las masas.
Con Maradona, Nápoles también participará en la lucha por el "scudetto", el trofeo anual. "Cuidado -advierte Bertoni, el otro argentino del "Nápoles"-. No hagamos campeón al equipo antes de que suene el primer silbato de la próxima temporada". La decepción de la hinchada podría, sin duda, ser peligrosa.
Llevo semanas leyendo noticias sobre el traspaso de Maradona, el jugador
que pasó gran parte de la última temporada lesionado en el suelo, pero que
tuvo chispazos geniales, chispazos que salían a centenares de miles de dólares
cada uno. Ahora compro el periódico y encuentro en la primera plana la
fotografía de un alcalde con el ojo en tinta. Es un resultado diferente de
la fiebre nacionalista. El año pasado, cuando se izaron banderas españolas en
las fiestas de los pueblos vascos, hubo grupos que trataron de reemplazarlas a
la fuerza, a bofetadas, e incluso a tiros, por la "Ikurriña", la bandera nacional
vasca. Este año algunos alcaldes, para evitar los incidentes, ordenaron que no
se izaran banderas de ninguna clase. Parecía una solución salomónica, pero no
sirvió de nada, como lo demuestra el ojo en compota de don Francisco Berjón,
alcalde socialista de la localidad de Ermúa. *
Camino por una avenida de Barcelona y veo un letrero de tráfico embadurnado por lo que parece un tinterazo gigantesco. En el lado limpio leo, en grandes letras de alquitrán: "En catalá". ¡Lo que ocurría es que el letrero estaba escrito en castellano!
Los franquistas, en la guerra civil, se llamaban "nacionales". Murió Franco y desaparecieron los nacionales, pero asomaron su cabeza los nacionalistas. La ETA, que pone en peligro la joven democracia, es una manifestación extrema de ese nacionalismo. ¿No vendrá de aquí, me pregunto, nuestra capacidad latinoamericana de dividirnos y de amenazarnos con guerras por islotes y peñascos remotos?
Truman Capote: el talento y el látigo
Al referirse a su propia carrera literaria, Truman Capote dijo, alguna
vez, que cuando Dios entrega un don, también hace entrega de un
látigo, un látigo que sólo sirve para autoflagelarse. Desde niño, desde los ocho
o nueve años de edad, Capote fue un escritor asombrosamente consciente,
obsesionado por la idea de dominar el oficio. Confiesa que sus principales
intereses consistían en leer, ir a ver películas, bailar zapateado y dibujar. De
la lectura, sin darse demasiada cuenta, sin que intervinieran estímulos exteriores, pasó a la escritura. No supo que en ese momento había adquirido el
látigo implacable: la exigencia de la persona que sabe distinguir el trabajo
literario de muy buena calidad de la obra de arte. Truman Capote alcanzo la
calidad excelente en plena adolescencia y luchó durante el resto de su vida
para crear la gran obra de arte. Probablemente no lo consiguió, o lo consiguió
sólo a medias. El día de su muerte había vuelto a revisar las páginas finales de
su novela póstuma Answered prayers, que se podría traducir por "Oraciones
contestadas", titulo que Truman Capote reconoció haber tomado de una frase
de Santa Teresa que dice que se derraman más lagrimas por las oraciones
contestadas que por las que no obtienen respuesta.
Sólo Truman Capote podía usar esa imagen del látigo inseparablemente unido al talento. En toda la obra suya, a partir de Otras voces, otros ámbitos, la novela de sus veinte años, se percibe un airecillo frío y sádico, sadomasoquista. Los amores de los personajes adolescentes de la novela están marcados por la agresión y el histerismo. El sadismo criminal es el tema de A sangre fría, su obra mas ambiciosa. Encontramos esa misma atmósfera en Música para camaleones, sobre todo en el escalofriante y extraordinario relato detectivesco sin ficción: Ataúdes tallados a mano.
Los orígenes literarios y estéticos de Truman Capote ayudan a entender su caso. Aunque vivió en todas partes y su obra, en definitiva, tiene mucho que ver con el periodismo neoyorquino y, en particular, con el de la revista "The New Yorker", pertenece de lleno a la generación de escritores del sur algo más jóvenes que William Faulkner. En sus comienzos, Truman Capote parecía un Faulkner más estilizado, lleno de elementos francamente decadentes. La violencia de Faulkner, producto de una experiencia profunda de la vida del sur, donde subsistían las huellas de la guerra civil, se transforma en Truman Capote en una especie de perversidad difusa, inquietante. La belleza del paisaje faulkneriano, por momentos trágica, se convierte en escenografía. Creo que el otro gran antecedente de Truman Capote es Edgar Allan Poe y sus cuentos de terror. Los gatos y los cadáveres de Poe circulan a través de la obra de Capote. Ambos, por diferentes caminos, persiguen una extrema precisión poética. Ambos creen que la obra de arte es el producto de una depuración gradual y de un dominio casi matemático, de orden matemático, de la técnica. Es otra vez la idea del látigo, de la permanente y rigurosa exigencia.
El periodismo actual y el cine, sobre todo el cine de suspenso, también son
antecedentes inmediatos de la obra de Truman Capote. Él ha confesado que
deseaba escribir una novela periodística, una novela que tuviera la "credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la profundidad y la libertad de la
prosa y la precisión de la poesía…". Como se ve, concebía la poesía como
alquimia, como "matemáticas severas", al modo de los grandes poetas innovadores del siglo XIX.
Su primer intento de "novela sin ficción" fue The muses are heard, relato de la gira de una compañía negra que llevó la ópera Porgy and Bess a la Unión Soviética, en 195 5. Después le atrajo la atención un crimen oscuro, cometido en una región desolada del interior de los Estados Unidos. Al cabo de años de investigación pudo publicar A sangre fría. Lo interesante del libro es que construye, a partir de materiales absolutamente reales, una obra enteramente novelesca, tan novelesca, que la realidad resulta impregnada y, en cierto modo, desbaratada por la ficción. Así como las grandes novelas parecen reales, la buena "no ficción" parece inventada. Cada personaje de A sangre fría da la impresión de haber sido inventado por Truman Capote.
La conciencia de la realidad histórica agrega, sin embargo, una fuerza adicional. A cambio de eso, la sensación de juego supremo de las grandes invenciones novelescas está ausente, irremediablemente ausente. Falta ésa ambigüedad esencial que hace que lo inventado, en la buena literatura, sea más verdadero que lo verdadero.
En la etapa de A sangre fría, el narrador de Truman Capote estaba enteramente invisible, ausente. Después, intentará introducir su personalidad, su gran personaje, excéntrico, enfermizo, homosexual ostentoso, algo alcohólico, en su literatura. El cambio ya se nota en Música para camaleones. En A sangre fría sólo conocíamos los resultados de su investigación. Aquí, en cambio, lo vemos en la búsqueda de sus datos, asediado, perseguido, utilizando recursos de una astucia increíble para salirse con la suya. O lo vemos en un largo día de conversación, de confidencias, de beber champagne, con Marilyn Monroe, su amiga Marilyn, con quien bailaba, se emborrachaba un poco y se transmitían las informaciones más intimas sobre sus respectivos amigos, amigos que a veces se llamaban, por ejemplo, Errol Flynn…