La magia del deseo
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La magia del deseo». Краткое содержание книги:
Ahora él había regresado al rancho de los Beaumont, y Savannah quería mantenerlo a distancia, pero el engaño tenía muchas caras. Travis le pedía que confiara en él para ayudarla a descubrir los secretos que escondía su propia familia. ¿Podría olvidar las traiciones del pasado… y el deseo que seguían sintiendo el uno por el otro?
– Lo quieres mucho.
– ¿Y quién no? -preguntó a su vez, sonriéndose.
– ¿Quizá Wade?
– Ignoro si Wade es capaz de querer a alguien, ni siquiera a sí mismo -rezongó, repentinamente furiosa-. Y Josh tiene razón en una cosa: Wade nunca se habría convertido en padre voluntariamente -no deseaba seguir por ese camino y prefirió cambiar de tema-. ¿Sabes que Josh sueña con montar a Mystic?
– ¿Y con qué sueñas tú?
– Yo no sueño -replicó, incómoda.
– ¿No sueñas, Savvy? -preguntó, utilizando el diminutivo por que la había llamado desde que llegó por primera vez al rancho, cuando ella apenas contaba nueve años.
– Ya no.
– Entiendo -bajó la mirada a su vaso-. Por lo que sucedió entre nosotros.
– En parte sí -admitió ella, y volvió a sentir en el pecho aquella antigua amargura.
Travis bebió un largo trago de whisky antes de alzar nuevamente la mirada hacia ella.
– Dime una cosa. Si tan encariñada estás con Josh y te gustan tanto los niños… ¿por qué no has tenido ninguno?
– Muy sencillo. Falta de padre.
– ¿Ves? Eso es algo que no deja de sorprenderme.
– Yo creía que ya te lo había explicado. David y yo…
– Pero hay otros hombres -la interrumpió-. Ha tenido que haber otros. Fuiste a la universidad en Berkeley, trabajaste en San Francisco. No esperarás que me crea que has llevado una vida de monja…
Savannah se turbó visiblemente, tan cerca había estado Travis de adivinar la verdad…
– No, claro. Pero supongo que nunca encontré al hombre… adecuado.
– Eso, probablemente, también fue culpa mía.
– ¿Tan importante te crees?
Él hizo caso omiso del comentario, cruzó los tobillos y apuró su copa.
– Yo creo que habrías sido una madre maravillosa.
– Supongo que debería tomarme eso como un cumplido.
– No era otra mi intención.
Savannah sintió un incómodo nudo de emoción en la garganta.
– ¿Por qué no me dices lo que has venido a hacer aquí? ¿Por qué Henderson, tu socio, está tan preocupado?
– Te lo diré cuando…
– Ya lo sé. Cuando vuelvan Wade y papá. Mañana. En cierto sentido, es una suerte.
– ¿Por qué? ¿Tan pronto te has cansado de mí?
– No. Pero tampoco puedes quedarte eternamente. Al paso que vas, en dos días habrás acabado con nuestra reserva de whisky. Dime de una vez a lo que has venido, Travis -insistió-. Ya sé que estás pensando en separarte de Henderson y disolver la empresa, y sé también que probablemente has renunciado a tus planes de convertirte en gobernador, pese a los rumores que corren por ahí.
– Henderson habla demasiado -él recorrió lentamente el cuerpo de Savannah con la mirada, deteniéndose en sus senos-. Y tú eres demasiado curiosa para tu propio bien. Siempre lo has sido.
– ¿Por qué has vuelto? -insistió Savannah una vez más, con un nudo en la garganta.
– No quiero hablar de ello.
– ¿Por qué no?
Travis hizo una mueca y se concentró en su copa vacía.
– Porque primero quiero hablar con Reginald. Algo no va bien.
– ¿Qué?
Él se pellizcó el puente de la nariz y cerró los ojos.
– Pues todo. El bufete, la campaña… Hay varias cosas que no encajan y… -se interrumpió de pronto-. Confía en mí, ¿quieres? Todo se arreglará una vez que haya hablado con tu padre.
– ¿Qué tiene que ver Wade con todo esto?
– Sospecho que está implicado.
– ¿En qué?
– Todavía no lo sé -admitió, disgustado-. Y, francamente, tampoco estoy muy seguro de querer saberlo.
– Tienes miedo.
Travis sonrió con expresión triste, moviendo la cabeza.
– Algo te reconcome por dentro -insistió ella.
– No me gusta ser un peón en una partida de ajedrez que no controlo, eso es todo -se levantó y se puso a pasear por la habitación-. ¿Te has preguntando alguna vez por qué tu padre tiene tanto interés en que me presente a las elecciones?
– La verdad es que no.
– Bueno, pues tiene un «gran» interés, Savannah. Está presionando mucho. Y la única razón que se me ocurre es que busque algún beneficio personal.
– Realmente te has convertido en un cínico, ¿lo sabías? -le espetó, indignada.
– Piensa en ello. ¿Por qué, si no, le importaría tanto? Sospecho que espera algo de mí.
– ¿El qué?
– No lo sé… -alzó una mano y volvió a dejarla caer, impotente-. Quizá tú puedas decírmelo:
– Mira, yo no tengo ni la menor idea de de qué estás hablando.
– ¿De veras? -la miró con expresión desconfiada-. Tú podrías estar conchabada con ellos.
– ¡Estás loco! -exclamó, furiosa.
Travis soltó una carcajada. Apoyado en la repisa de la chimenea, se pasó una mano por el pelo.
– Ojalá lo estuviera.
– No puedes volver aquí, con el hombre que te educó como a un hijo, y empezar a acusarlo de Dios sabe qué estupideces. ¡Tú, precisamente!
– Todavía no he acusado a nadie de nada.
– ¡Todavía! Pero lo harás.
– De acuerdo, usemos la lógica. Un gobernador tiene mucho poder, en eso estarás de acuerdo conmigo. Por ejemplo: es la máxima autoridad del Consejo de Carreras de Caballos de California. Elige a sus miembros y los destituye si consigue demostrar su negligencia o ineptitud para el cargo. Por no hablar de su influencia en cualquier tema relacionado con propiedades, contratas, etcétera. El gobernador acumula mucho poder. El tipo de poder del que cualquiera podría sentirse tentado de abusar.
– ¿Te refieres a mi padre?
– Tal vez. Wade y Willis Henderson no estarían muy lejos de él.
Savannah abrió mucho los ojos. Travis creía realmente lo que le estaba diciendo.
– Ten cuidado, Travis. Estás hablando de mi padre. Un hombre que siempre ha hecho lo mejor para ti.
– Quizá no siempre.
– Eso es una simple especulación…
– No lo creo. Cuatro de los miembros del Consejo serán sustituidos durante la próxima legislatura del gobernador. Cuatro. Cuatro de siete.
– ¿Y crees que eso le importa a mi padre? -Savannah estaba hirviendo de furia.
– ¡Claro que le importa! ¡A cualquiera que posea un solo caballo de carreras en California le importa! -se plantó ante ella-. Reginald podría querer entrar en esa junta o intentar convencerme de que eligiera a la gente más adecuada, amigos suyos sobre los que pudiera influir.
– Pero ¿por qué?
– Por una cuestión de poder, Savannah.
– Esto es una locura…
– Poder y dinero. Los dos principales móviles de la humanidad.
– No te olvides de la venganza -le recordó.
– Oh, por supuesto que no la he olvidado -una amarga sonrisa asomó a sus labios-. La otra noche estuve visitando a mi socio, Henderson.
– ¿La noche que le dijiste que querías disolver la sociedad?
– Exacto. La misma en la que él se reunió con Wade.
– No entiendo…
– Parece que Wade y Willis andan trabajando juntos en ciertos temas.
– ¿Como cuáles?
Tras reflexionar por un momento, Travis decidió contárselo.
– Como por ejemplo que Wade Benson ha estado llevando los libros de contabilidad del bufete… sin mi conocimiento.
Savannah no pudo disimular su sorpresa. Por lo que sabía, Wade solamente llevaba los libros del rancho.
– Pero ¿qué tiene eso que ver con nada?
– En sí mismo, no mucho. Pero el hecho de que Henderson admitiera que Wade y él habían estado recabando donaciones para mi campaña -sacudió la cabeza-, resulta bastante significativo. Y además Henderson me dijo que tu padre lo sabía. Que estaba implicado.
– Pero si tú todavía no has anunciado tu candidatura…
– Ni pienso hacerlo -apuró su copa-. Espero que ahora entiendas mi situación.