La primera Navidad de Sarah
- Автор: Уинтерз Ребекка
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La primera Navidad de Sarah». Краткое содержание книги:
– Podríamos vivir en muchos sitios distintos con él, ¿no? -preguntó con seriedad.
– Supongo que sí. Pero no estamos casados.
– Entonces pidámosle que se case.
– Las chicas no hacen eso.
– ¿Por qué no?
– Porque es el hombre quien tiene que solicitárselo a una mujer. Debe amarla mucho para hacer eso.
– ¿Vance te ama mucho?
– No lo creo -la conversación la desgarraba.
– Lo vi besarte.
– Yo también lo vi besarte a ti -se mordió el labio-. Simplemente pasaba un rato agradable con nosotras.
– Te vi besarlo. ¿Lo amas mucho?
«Mucho».
– Creo que es un hombre maravilloso. Y ahora, jovencita, mientras se hace la cena, voy a ir a darme una ducha. Mientras tanto, quédate aquí y juega en la mesa con los rotuladores y el papel. No tardaré mucho.
– Vale. ¿Puedo hacer un dibujo?
– Por supuesto.
Le dio un beso en la cabeza antes de salir de la cocina. La charla sobre Vance se había prolongado demasiado. La sola mención de su nombre aumentaba la preocupación y el dolor en su interior. Al tocarse las mejillas, pensó que quizá tuviera fiebre.
Capítulo Diez
– ¿Hola?
Cuando Vance oyó que era la voz de una niña la que respondía, estuvo a punto de dejar caer el teléfono móvil.
– ¿Sarah?
– ¿Eres Vance?
Rio entre dientes a pesar de la sorpresa de descubrir que aún vivía con Brooke.
– Sí. ¿Cómo está mi vaquera?
– Bien. ¿Cuándo vas a volver a casa?
«¿Casa?»
Movió la cabeza con incredulidad.
– Cuando tú lo digas.
– ¿Puedes venir ahora mismo?
– ¿Crees que a Brooke le parecerá bien?
– Sí. Antes de meterse en la ducha, dijo que eras un hombre maravilloso.
– ¿De verdad? -el corazón le latió deprisa.
– ¿Sabes una cosa? Voy a ser la hija de Brooke.
– ¿Sí? -descubrió que respondía tal como hacía siempre Sarah.
– Sí. Fue a Misisipí a buscarme y ahora va a adoptarme. Mi verdadero nombre es Myra Lyman, pero ella va a llamarme Sarah Longley.
Él sintió un nudo en la garganta.
– Eres una chica muy afortunada de tener una madre como Brooke.
– ¿A ti no te gustaría tener una hija?
– Por supuesto -se le nublaron los ojos.
– ¿Te gustaría yo?
– Me encantaría tener una hija como tú.
– Vale. Entonces lo único que tendrás que hacer es pedirle a Brooke que se case contigo, porque ella dice que las chicas no pueden pedírselo a los chicos.
No supo si reír o llorar.
– ¿Qué más ha dicho?
– Que no estás casado porque tienes que ir por todo el país ayudando a la gente. Pero nosotras podríamos ir contigo, ¿no?
– ¿Es eso lo que te gustaría?
– No. A mí me gustaría que te quedaras con nosotras en casa todo el tiempo.
«Y a mí también, cariño. Y a mí también. Ahora que el monstruo que te robó dos años de tu vida está detrás de unas rejas, la vida en un rancho me parece una maravilla».
– Quizá eso se pueda arreglar.
– ¿Qué significa arreglar?
– Que veré lo que puedo hacer para quedarme en casa todo el tiempo.
– Entonces, ¿nos vamos a casar?
– Si a Brooke le parece bien.
– ¡Espera! ¡Iré corriendo a preguntárselo!
– No, Sarah. Deja que yo hable…
Pero era demasiado tarde. Oyó que el auricular caía y supo que la pequeña había ido a buscar a Brooke.
Mientras esperaba, condujo por las calles de West Yellowstone con la frente perlada de sudor porque temía que su sueño pudiera estropearse.
Pero después del beso que Brooke y él habían compartido, no había sido capaz de pensar en otra cosa mientras iba en pos de Charlie.
La nieve, sumada a la vastedad del Parque, había dificultado la persecución, pero al fin lo había alcanzado cerca de Mammoth Falls. Intercambiaron disparos hasta que Charlie se quedó sin munición. Vance le había dado en la pierna y luego se lo llevó a rastras.
Gracias a Dios todo había terminado. Gracias a Dios en unos minutos vería a Brooke y a Sarah.
– ¿Vance? -gritó la pequeña.
Por ese entonces él tenía el corazón desbocado.
– ¿Qué, cariño? ¿Qué ha dicho Brooke?
– Cree que es una broma porque estás soltero.
– Solía serlo -sonrió-, pero ya no.
– ¿Y eso?
– Porque me enamoré de Brooke.
– Oh… entonces está bien. Ella dice que un hombre tiene que amar mucho a una mujer para pedirle que se case.
– Tiene razón.
– ¿Cuándo os vais a casar?
– Eso depende de Brooke -rio.
– Un momento.
El teléfono chocó con tanta fuerza que le lastimó los oídos. No aguardó mucho.
– Dice que tal vez todos deberíamos ser amigos al principio.
– Ya lo somos -musitó-, pero creo que tiene razón. ¿Qué hay para cenar?
– Chile.
– Hacedme un sitio a la mesa, cariño. Llegaré en un minuto y tengo hambre.
Cerca de las once de la noche, Sarah se quedó dormida en el sofá. Una nerviosa Brooke siguió a Vance mientras la subía al dormitorio y la tapaba.
Como fue Sarah la que había contestado el teléfono mientras ella se hallaba en la ducha, la cuestión del matrimonio, que jamás se tendría que haber sacado, flotaba en el aire. Menos mal que Sarah se había quedado dormida. En ese momento los dos podrían mantener una charla seria.
Al bajar, Brooke se volvió para mirarlo. Pero los ojos azules de Vance le recorrieron la cara y la figura con tal intensidad que apenas fue capaz de concentrarse.
¡Estaba vivo! No le había sucedido nada. La realidad de su presencia física, de sus rasgos atractivos y de su vitalidad la dejó sin aliento.
– Vance… -comenzó incómoda-. No sé qué decir. Por favor, no pienses que le mencioné el matrimonio a Sarah siguiendo un plan retorcido para conseguir un marido. Anhela tanto formar parte de una familia que pide cosas que no puede tener. No des por hecho que me tomé en serio la conversación anterior.
– ¿Quieres decir que la idea de casarte con un viejo solterón que no puede llamar hogar a ningún sitio te resulta repugnante?
– ¡Claro que no! -exclamó con mucha vehemencia. Al darse cuenta, se ruborizó y desvió la vista-. Pero una no decide casarse por el deseo de una niña. No se alcanza semejante decisión con alguien a quien conoces de una sola noche.
– En circunstancias normales, estaría de acuerdo contigo. Pero las quince horas que pasé contigo me abrieron los ojos. Y creo que a ti también, si sirve como elemento de juicio el beso que me diste en el patio de Julia. Por eso me encuentro aquí. No he dejado de soñar con él y el modo en que me hizo sentir. Hazme sentir así otra vez, Brooke -instó con voz ronca.
– Yo… yo…
– No pienses -susurró al abrazarla. Su boca se posó con deseo febril en la suya-. Dame algo de ese amor que le has estado entregando a Sarah. Lo necesito, tanto como ella.
¿Cuántas veces durante las últimas semanas había imaginado que Vance le suplicaba que lo amara de esa manera?
Luego, cuando recobrara la cordura, quedaría aturdida por su propia reacción. Pero en ese momento, unos sentimientos poderosos la empujaron a expresar la necesidad que tenía de ese hombre y perdió la noción del tiempo y del espacio.
La tormenta que iba en aumento en el exterior jamás podría estar a la altura del deseo creciente que despertaron en ella sus manos y su boca. Había creído conocer el amor con Mark, pero Vance la transportaba a otro reino, donde tanto las almas como los cuerpos compartían la comunión.
Despacio, sin darse cuenta de cómo había sucedido, se encontró tendida en sus brazos delante de la chimenea. Cada vez que el viento gemía alrededor de la casa, la abrazaba un poco más fuerte, la besaba con más intensidad.