Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La amante del francés». Краткое содержание книги:

Oh là là!
Durante sus veinticinco años de vida, Charlotte Hudson había aprendido muy bien a ser una persona seria y profesional. Sin embargo, de repente se vio envuelta en el rodaje de una película de Hollywood, atrapada en una milenaria mansión de la Provenza con Alec Montcalm, un playboy francés de dudosa reputación. Mientras sus parientes de Hudson Pictures filmaban en Château Montcalm, un verdadero romance tenía lugar bajo sábanas de seda y tras legendarias puertas de madera.
1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 28
Перейти на страницу:

– No creo que sea necesario echar a nadie -dijo Alec, mirando a Lars-. A mí me parece que van a necesitar toda la ayuda posible.

Los tres miembros del equipo se quedaron de piedra y Lars se puso rojo como un tomate.

– Y a mí me parece que usted no debería opinar.

– Ha sido mi jardín el que se ha quemado-dijo Alec-. Y no quiero que se convierta en un set de rodaje de forma permanente.

– Hay que seguir adelante -intervino Jack, dándole la razón a Alec-. A veces ocurren accidentes.

Esa era la primera vez que Charlotte veía tomar las riendas a su hermano; algo inesperado en él.

De pronto Alec advirtió su presencia tras la puerta. Sonrió y la invitó a entrar.

– ¿Y el equipo de construcción? -preguntó Kiefer.

– Si podemos contar con ellos -dijo Alec, señalando una silla a su lado.

Charlotte tomó asiento donde le había indicado.

– Mándame la factura -le dijo Jack a Kiefer.

Kiefer asintió.

Lars guardó silencio y apretó con fuerza la mandíbula.

– Si cambiamos el orden de rodaje de las escenas treinta y cinco y dieciséis, podemos ganar algo de tiempo -dijo uno de los miembros del equipo, consultando la programación del rodaja

– ¿Puedes traer a los extras mañana? -preguntó Jack.

– Claro -respondió el hombre, haciendo una anotación.

– El editor no ha terminado todavía con la escena treinta y cinco -dijo Lars.

– Pues tiene ocho horas para terminarlo -replicó Jack.

– Imposible -objetó Lars.

– ¿Quieres discutirlo con David mañana? -preguntó Jack en un tono cortante-. No estoy dispuesto a decirle a un hombre que viene de hacer cine independiente con un presupuesto muy bajo que nuestro editor es un divo mimado.

Alec se inclinó hacia Charlotte y le susurró al oído:

– Me parece que Jack lo tiene todo bajo control.

Ella trató de no sonreír. Siempre había asumido que su hermano era una persona pusilánime, de poca iniciativa. Sin embargo, parecía que se había equivocado completamente.

– ¿Charlotte? -dijo Raine desde la puerta.

Charlotte se apartó de Alec de inmediato.

– Te estaba buscando -le dijo a su amiga, poniéndose en pie y yendo a su encuentro-. Esperaba tomarme una copa de brandy -le dijo en un tono bajo.

– Ven por aquí -le dijo Raine, señalando la cocina.

Todavía llevaba una ceñida falda negra con un top de color púrpura y Charlotte no pudo evitar preguntarse qué había estado haciendo durante la última media hora.

Se sentó frente a la mesa del desayuno mientras Raine rebuscaba en una estantería. La ventana daba al este y los destrozos del jardín no eran visibles desde esa perspectiva. Había luna llena y múltiples estrellas brillaban en el firmamento. Pequeñas farolas iluminaban algunas de las sendas del jardín posterior y a lo lejos se divisaba la piscina, más allá de unos arbustos de adelfas.

– Sé que yo tampoco seré capaz de dormir -dijo Raine, sentándose enfrente de Charlotte.

Sacó una botella de coñac y dos copas de fino cristal.

– Me alegro mucho de que nadie resultara herido de gravedad -comentó Charlotte.

– Bueno, el Alec de hoy se parecía mucho más al de siempre -le dijo Raine, sirviendo las bebidas.

– Se lo tomó muy bien -admitió Charlotte, pensando que las dos horas de sexo ardiente que habían pasado esa tarde debían de haber moderado su temperamento-. ¿Y qué estuviste haciendo con Kiefer?

– Estamos renovando las oficinas principales de Toulouse. El arquitecto quería cambiar la configuración de mi despacho.

– ¿Y el problema es…?

Raine sonrió.

– Nada, en realidad. Pero no se lo digas a Kiefer.

– ¿Se lo estás poniendo difícil?

Raine asintió.

– ¿Sólo por diversión? -Charlotte bebió un sorbo de coñac.

– Por supuesto. La vida es demasiado fácil para Kiefer.

– ¿Y para ti no?

Raine arrugó el ceño.

– No es lo mismo. Yo no tengo a todas las mujeres de Francia rendidas a mis pies.

– Pero tú eres su jefa.

– ¡Ha! Me encantaría oírte decir eso con él en la habitación.

– ¿Decir el qué cuando yo esté en la habitación? -preguntó Kiefer, apareciendo de repente.

Charlotte le dirigió a Raine una mirada azorada, sin saber qué decir.

– Adelante -dijo su amiga, riendo-. Venga, díselo.

Charlotte se aclaró la garganta.

– Que ella es tu jefa.

Kiefer soltó una risotada.

– No lo será hasta que sea capaz de entender un informe financiero, redactar un contrato o desafiarme en una pelea.

– Pero soy la dueña del cincuenta por ciento de la corporación Montcalm.

– Los dos sabemos que eso es sólo un simbolismo -le dijo él, mirando la botella de coñac y sacando una copa de la estantería.

– ¿Ves con lo que tengo que lidiar cada día? -le preguntó Raine a Charlotte.

– ¿Tienes autoridad real? -le preguntó Charlotte, poniéndose de parte de ella.

– Claro que sí.

– Pero Alec es el director general -apuntó Kiefer-. Y no tengo ningún problema con rendirle cuentas a él.

– No sé, Kiefer -dijo Charlotte, provocándole-. Si ella te firma los cheques, entonces creo que trabajas para ella.

Kiefer se sirvió una copa.

– Cuando tenga poder para echarme, entonces empezaré a preocuparme.

– Estás despedido -dijo Raine.

Kiefer se echó a reír y levantó la copa, proponiendo un brindis.

– ¿Por qué no sigues publicando esas fotos tan estupendas y dejas que me ocupe de las cosas importantes, cielo?

Los ojos de Raine escupieron fuego.

– Aquí es imposible tener algo de respeto. A ver qué piensas cuando termine la carrera -dijo, poniéndose en pie.

No obstante, Charlotte siguió mirando a Kiefer, observando la expresión de sus ojos… Y entonces, durante una milésima de segundo, vio cómo su mirada descendía hasta el escote de Raine.

– Te deseo buena suerte con ello, Raine -dijo Kiefer.

– Gracias. Me encantará poder restregártelo en la cara.

– ¿Y de qué trata la carrera que estás estudiando? -le preguntó con ironía-. ¿De moda? ¿Bellas Artes?

– Por eso soy editora de una revista.

El Fingió observar la copa de coñac.

– Por cierto… -levantó la vista-. El mes pasado las ventas bajaron bastante.

– Eres un imbécil.

– Oye… -le dijo, fingiendo inocencia-. No dispares al mensajero.

– No me pidas esto, Alec -desde el balcón del despacho de Alec, Kiefer contemplaba las labores de la cuadrilla de albañiles que trabajaba en el jardín siniestrado.

– Sólo serán un par de días -dijo Alec desde la puerta, sin entender por qué se negaba Kiefer-. Llévala a las oficinas de distribución. Reúnete con los ejecutivos.

– Pero Raine no me necesita allí.

– Quiero que me pongas al día sobre el negoció de la revista. Tú mismo dijiste que las ventas disminuían.

– Sólo un poco.

Alec salió al balcón y se paró junto a su segundo de a bordo.

– Me necesitas aquí -dijo Kiefer.

– No.

– O en Toulouse.

– ¿Y de qué me sirves en Toulouse? Las oficinas están patas arriba y todo está en obras.

– Entonces, en Tokio. Mándame a Kana Hanako.

– Quiero que ayudes a Raine.

La verdad era que Alec quería que Kiefer mantuviera a Raine alejada de Château Montcalm durante un par de días. Esa era la única forma de pasar un poco de tiempo a solas con Charlotte.

La estrategia era un poco ruin por su parte, pero ya había utilizado a Kiefer en misiones aún menos loables en el pasado.

Kiefer contrajo la expresión y golpeó la barandilla con fuerza.

– Bueno, ya puestos, ¿por qué no me echas? -dio media vuelta y entró en el despacho.

Alec sacudió la cabeza.

1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 28
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)