Torres de medianoche
- Автор: Джордан Роберт, Сандерсон Брендон
- Серия: La Rueda del Tiempo #13
- Год: 2007
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Torres de medianoche». Краткое содержание книги:
—¿Y Perrin Aybara?
—Un Engendro de la Sombra.
—No, hijo. No me gustan algunas de las cosas que está haciendo, pero te aseguro que es un buen hombre.
—En ese caso, el juicio lo probará.
—Los hombres buenos pueden cometer errores. Si sigues adelante con esto, podría acabar de una forma que ninguno de nosotros desea.
Galad se paró de golpe y frunció el entrecejo.
—Madre, ¿estás insinuando que debería dejarlo marchar y que su crimen quede impune?
—Ven aquí —le pidió con un gesto—. Siéntate otra vez. Me estás mareando con tanto ir y venir.
Puede que hubiera ascendido al puesto de capitán general hacía poco tiempo, pero ya parecía encresparle aceptar una orden. Así y todo, se sentó.
Lo más extraño era que ella volvía a sentirse como una reina. Galad no la había visto en esos meses tan duros. Seguía pensando en ella como la Morgase de antaño, por lo cual, encontrándose con él, se sentía como la Morgase de antes. Casi.
Niall la había tenido prisionera, pero la había respetado, y ella había empezado a pensar que quizá también podría respetarlo a él. ¿Qué había pasado con el tablero en que Niall y ella habían jugado a las guijas tan a menudo?
¿Acabaría Galad siendo un lord capitán general como Niall o tal vez uno mejor? La reina que alentaba en ella, la reina que había vuelto a despertar, deseaba hallar la forma de sacar a la superficie la luz que había en él y sofocar las sombras.
—Galad, ¿qué tienes pensado hacer? —preguntó.
—¿Respecto al juicio?
—No. Con tu ejército.
—Combatiremos en la Última Batalla.
—Admirable. Mas ¿eres consciente de lo que eso significa?
—Significa luchar junto al Dragón Renacido.
—Y las Aes Sedai.
—Podemos servir junto con las brujas durante un tiempo, si es por un bien mayor.
Morgase cerró los ojos y respiró hondo.
—Galad, fíjate en lo que dices. ¿Las llamas brujas? ¡Fuiste a entrenarte con su guardia, tal vez a convertirte en un Guardián! —Sí.
Morgase abrió los ojos y lo miró. Parecía tan serio y cumplidor… Pero hasta el perro de presa más peligroso y sañudo cumplía con su obligación.
—¿Sabes lo que le hicieron a Elayne, madre? —preguntó.
—¿Te refieres a perderle el rastro, a no saber por dónde andaba?
Morgase todavía se ponía furiosa al pensar en ello.
—La enviaron con una misión —dijo, con la voz destilando desagrado—. Se negaron a permitirme verla, probablemente porque se encontraba ausente, corriendo peligro. La vi más adelante, fuera de la Torre.
—¿Dónde estaba? —inquirió Morgase con ansiedad.
—Aquí, en el sur. Mis hombres llaman brujas a las Aes Sedai. A veces me pregunto cuánto dista eso de ser verdad.
—Galad…
—No todas las mujeres que manejan el Poder Único son intrínsecamente perversas —explicó—. Esa es la tradición errónea de los Hijos. El camino de la Luz no hace tal afirmación; sólo dice que la tentación de utilizar el Poder Único puede corromper a la persona. Creo que las mujeres que ahora dirigen la Torre Blanca han dejado que sus intrigas y maquinaciones egoístas las cieguen.
Morgase asintió con la cabeza; no quería discutir ese punto. ¡Gracias a la Luz que Elaida no estaba allí para escuchar ese razonamiento!
—Sea como sea —continuó Galad—, combatiremos junto a ellas y el Dragón Renacido y ese Perrin Aybara si es preciso. La lucha contra la Sombra supera todas las demás discordias.
—Entonces, deja que nos unamos a esa lucha —dijo—. ¡Galad, olvídate de ese juicio! Aybara tiene intención de disolver parte de su ejército y entregar el resto a al’Thor.
Él le sostuvo la mirada y después asintió con la cabeza.
—Sí. Ahora me doy cuenta de que el Entramado te ha conducido hasta mí. Viajaremos con vosotros. Después —hizo hincapié en la palabra— de que se haya celebrado el juicio.
Morgase suspiró.
—No hago esto por propia elección. —Galad se puso de pie otra vez— El mismo Aybara sugirió que se lo sometiera a juicio. La mala conciencia le pesa, y negarle esta oportunidad sería un error. Que demuestre su inocencia, a nosotros y a sí mismo. Entonces podremos continuar.
Vaciló, alargó la mano y tocó la espada enfundada en la blanca vaina que había encima de un baúl—. Y, si seguimos sin él, entonces descansará en la Luz habiendo pagado por sus crímenes.
—Galad, ¿sabes que Lini está entre la gente que apresasteis del campamento de Perrin?
—Debería haberse dado a conocer, haberse presentado ante mí. La habría dejado libre.
—Y, sin embargo, no lo hizo. He oído que casi has amenazado con ejecutar a los prisioneros si Perrin no aceptaba combatir. ¿Es eso cierto?
—La sangre de esas personas habría caído sobre su conciencia.
—¿La de Lini también, Galad?
—Yo… La habría visto entre los demás y la habría apartado para ponerla a salvo.
—Por lo tanto, habrías matado a los demás —dijo Morgase—. ¿Gente inocente que no había hecho nada malo ni desacertado más que dejarse arrastrar por Aybara?
—Las ejecuciones no se habrían llevado a cabo nunca. Sólo era una amenaza.
—Una mentira.
—¡Bah! ¿Con qué fin has sacado esta conversación, madre?
—Para ayudarte a pensar, hijo. Como debería haberte animado a hacer antes, en vez de abandonarte a tus ingenuas ilusiones. La vida no es tan simple como lanzar una moneda al aire para que salga cara o cruz. ¿Alguna vez te he hablado del juicio de Tham Felmley?
Galad, que parecía irritado, negó con la cabeza.
—Pues escucha. Era un albañil de renombre en Caemlyn. Fue acusado de matar a su hermano, muy al principio de mi reinado. Era lo bastante conocido y el caso era lo suficientemente importante para que lo juzgara yo en persona. Murió ahorcado.
—Un final adecuado para un asesino.
—Sí. Por desgracia, el verdadero asesino quedó libre. Uno de sus trabajadores había sido el autor del crimen. No se descubrió hasta dos años después, cuando ese hombre fue prendido por otro asesinato. Se rió de nosotros entonces, mientras lo ahorcaban. Felmley era inocente del crimen por el que fue ajusticiado. El verdadero culpable, el asesino, había sido uno de los que lo acusaron durante el juicio.
Galad guardó silencio.
—Es la única vez que sé con certeza que ordené ahorcar a alguien por error. Así que, dime, Galad. ¿Debería ser ajusticiada por mi error de condenar a un hombre inocente?
—Hiciste todo lo posible para impartir justicia, madre.
—Pero sigue habiendo un hombre que murió ahorcado sin merecerlo.
Galad parecía preocupado.
—A los Hijos les gusta decir que la Luz los protege —continuó Morgase—, que los guía en su criterio y su juicio para conducir a la gente por la senda de la justicia. No es así como funciona, Galad. Valda, invocando la bendición de la Luz, fue capaz de hacer cosas horribles. Y yo, confiando en la ayuda de la Luz, condené a un hombre injustamente.
Con esto no quiero decir que Aybara sea inocente. No tengo suficiente información en un sentido o en otro. Pero quiero que entiendas que, a veces, un buen hombre puede hacer algo inapropiado. En ocasiones es adecuado castigarlo, y en otras el castigo no beneficia a nadie. En ese caso, lo mejor que uno puede hacer es dejar que siga adelante y aprenda. Igual que yo he seguido aprendiendo tras juzgar tan mal un caso.
Galad tenía fruncido el entrecejo, y eso era bueno. Por fin, sacudió un poco la cabeza y el gesto del rostro se tornó sereno.
—Veremos cómo se desarrolla el juicio. Se…
—Milord capitán general —saludó un Capa Blanca, que apartó la lona de la entrada y accedió a la tienda. Era un tipo enjuto, de ojos hundidos y con oscuras ojeras—. Acaba de llegarnos una nota del campamento de ese ser, Aybara. Piden que se retrase un día el juicio.