Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Классическая проза » La Cabaña Del Tío Tom
La Cabaña Del Tío Tom - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Cabaña Del Tío Tom

Электронная книга - «La Cabaña Del Tío Tom». Краткое содержание книги:

De la autora abolicionista estadounidense Harriet Beecher Stowe, La Cabaña del tío Tom es una novela cuyo tema central es la esclavitud. Fue publicada en 1852, y causó gran polémica por la división de posturas que existían en el país en vísperas de la Guerra Civil. Fue la novela más vendida en el siglo XIX.
El libro narra los acontecimientos de la vida del Tío Tom, un esclavo negro del sur de Estados Unidos que pasa de unos amos a otros, construyendo anécdotas entrelazadas y que reflejan la realidad de los esclavos americanos de la época, creando un contraste entre los personajes bondadosos y el contexto de injusticia en el que viven.
Su importancia radica en que es una novela con un gran contenido sentimental que que pretende crear un retrato y establecer una denuncia. Stowe logra la identificación del lector con los personajes, y con ello la comprensión más profunda de la injusticia. Es una novela que se conserva como manifestación histórica, que si bien es exagerada, tiene un objetivo claro y bien logrado.
Es recomendable porque nos da a conocer una parte importante e interesante de la historia estadounidense. Divertida, ligera y llena de sentimientos conmovedores (Escrito por Andrea Pieck)
1 ... 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132
Перейти на страницу:

Ahora, según la ley americana, el tráfico de esclavos se considera piratería. Pero el tráfico de esclavos tan sistemático como el que se llevaba a cabo en las costas de África es un resultado y concomitante inevitable de la esclavitud norteamericana. ¿Es posible contar sus penas y horrores?

La autora sólo ha reflejado una leve sombra, un dibujo borroso de la angustia y el desespero que rompe, en estos momentos, miles de corazones y destroza a miles de familias y vuelve loca de desesperación a una raza desamparada y sensible. Hay personas vivas que conocen a madres a las que este maldito tráfico ha inducido a matar a sus hijos y a buscar la muerte ellas mismas como refugio de aflicciones peores que la muerte. No se puede escribir, ni relatar, ni concebir ninguna tragedia que iguale la terrible realidad de las escenas que transcurren cada día y a cada hora en nuestras orillas, bajo la sombra de las leyes americanas y la sombra de la cruz de Cristo.

Ahora bien, hombres y mujeres de América, ¿es éste un tema que se pueda tratar con ligereza, disculpándose por ello y pasando después en silencio a otra cosa? Labradores de Massachusetts, de New Hampshire, de Vermont, de Connecticut, que leéis este libro junto a las llamas de vuestro fuego en una tarde de invierno, resueltos y generosos marineros y armadores de buques de Maine, ¿es una cosa que podáis apoyar y alentar? Valientes y generosos hombres de Nueva York, granjeros del fértil y alegre Ohio, y vosotros, habitantes de los amplios estados llanos, responded, ¿es una cosa que podáis defender y apoyar? Y vosotras, madres de América, que habéis aprendido junto a las cunas de vuestros propios hijos a amar y proteger a toda la humanidad, por el amor sagrado que sentís por vuestros hijos, por vuestro regocijo en su preciosa infancia inmaculada, por la simpatía y ternura maternales con las que guiáis sus años de desarrollo, por la ansiedad que sufrís por su educación, por las oraciones que rezáis por el bien de sus almas eternas, os ruego que os compadezcáis de la madre que merece todo vuestro afecto y que no tiene ni el más mínimo derecho legal a proteger, guiar o educar al hijo de sus entrañas. Por las horas de enfermedad de vuestros hijos, por los ojos moribundos que no podéis olvidar, por los últimos gritos que atormentaron vuestros corazones cuando ya no podíais ni aliviar ni salvar, por la desolación de aquella cuna vacía, aquel dormitorio silencioso, os ruego que os compadezcáis de las madres que se quedan constantemente sin hijos por culpa del tráfico de esclavos americano. Decidme, madres de América, ¿es ésta una cosa que se pueda defender, apoyar y olvidar en silencio?

¿Decís que los ciudadanos de los estados libres no tienen nada que ver con esto y que no pueden hacer nada? ¡Ojalá fuera verdad! Pero no es verdad. Los ciudadanos de los estados libres han defendido, alentado y participado en la esclavitud, y son más culpables ante Dios que los del sur porque no tienen la disculpa de la educación y la costumbre.

Si las madres de los estados libres hubieran sentido como debieran en épocas pasadas, los hijos de los estados libres no habrían sido los dueños, y según dicen, los amos más severos de los esclavos; los hijos de los estados libres no habrían comerciado como lo hacen en sus negocios con las almas y los cuerpos de los hombres como si fueran el equivalente del dinero. Multitud de esclavos son comprados y revendidos por comerciantes de las ciudades del norte; entonces, ¿toda la culpa y la infamia de la esclavitud debe recaer sólo sobre el sur? Los hombres, las madres y los cristianos del norte tienen algo más que hacer que denunciar a sus hermanos del sur: deben mirar el mal que hay en ellos mismos.

Pero, ¿qué puede hacer un individuo cualquiera? Debe decidir eso cada individuo por sí mismo. Hay una cosa que cada individuo puede hacer: puede procurar tener sentimientos buenos. Cada ser humano está rodeado por una atmósfera de influencia compasiva, y el hombre o la mujer que tiene sentimientos fuertes, sanos y justos sobre las grandes cuestiones de la humanidades un gran benefactor para la raza humana. ¡Atended, por lo tanto, a vuestros sentimientos en este asunto! ¿Están en armonía con los de Cristo o se dejan regir y pervertir por los sofismas de la política mundana?

¡Hombres y mujeres cristianos del norte, tenéis también otro poder: podéis rezar! ¿Creéis en la oración o se ha convertido en una confusa tradición apostólica? Rezáis por el pagano de otras tierras; rezad también por el pagano de casa. Y rezad por los afligidos cristianos cuya única posibilidad de superación religiosa depende del comercio y la venta y cuya adherencia a la moral cristiana es en muchos casos imposible a no ser que el cielo les haya dotado del valor y la gracia del martirio.

Pero aún hay más. En las orillas de nuestros estados libres emergen los pobres restos de familias destrozadas, hombres y mujeres fugados por una providencia milagrosa de la marea de la esclavitud, con escasos conocimientos y, en muchos casos, una débil base moral, por culpa de un sistema que tergiversa todos los principios morales y cristianos. Vienen en busca de asilo entre vosotros; vienen en busca de educación, conocimientos y cristianismo.

¿Qué debéis vosotros, oh cristianos, a estos pobres desgraciados? ¿No debemos todos los estadounidenses a la raza africana por lo menos un intento de reparación por los males infligidos a ellos por el pueblo estadounidense? ¿Las puertas de las iglesias y las escuelas han de cerrarse ante ellos? ¿Los estados han de levantarse para echarlos? ¿La iglesia de Cristo ha de escuchar en silencio las burlas que se les dirigen, apartarse de la mano desamparada que tienden y alentar con su silencio la crueldad que pretende echarlos de nuestras fronteras? Si tiene que ser así, será un triste espectáculo. Si tiene que ser así, el país tendrá motivos para temblar cuando recuerde que el destino de las naciones está en manos de Aquél que es misericordioso y compasivo.

¿Decís: «No los queremos aquí; que se vayan a África»? Es un hecho grandioso y extraordinario que la providencia de Dios les haya proporcionado un refugio en África; pero no es motivo para que la iglesia de Cristo rehuya la responsabilidad hacia esta raza desterrada que le exige su oficio. Llenar Liberia de una raza ignorante, inexperta y casi bárbara, recién liberada de las cadenas de la esclavitud, sólo sería prolongar durante siglos el período de lucha y conflicto que acompaña el inicio de cualquier nueva empresa. Que la iglesia del norte reciba a estos pobres dolientes con el espíritu de Cristo; que les depare las ventajas educativas de la sociedad y las escuelas republicanas cristianas hasta que alcancen una madurez moral e intelectual y que les ayude luego en su pasaje a aquellas tierras para que pongan en práctica las lecciones aprendidas en Estados Unidos.

Existe un grupo comparativamente pequeño de hombres en el sur que ya hace esto, y, como resultado, este país ya conoce ejemplos de antiguos esclavos que rápidamente han adquirido propiedades, reputación y educación. Han desarrollado talento, lo que es realmente extraordinario en vista de las circunstancias; y en las virtudes morales de honradez, bondad y sensibilidad, en su abnegación y sus esfuerzos heroicos, soportados por redimir a sus hermanos y amigos aun en las garras de la esclavitud, han sido sobresalientes hasta un grado sorprendente, teniendo en cuenta el ambiente en el que nacieron.

La autora ha vivido durante muchos años en la frontera de estados esclavistas y ha tenido muchas oportunidades de observar a antiguos esclavos. Han estado con su familia como criados, y, a falta de otra escuela donde educarlos, en muchos casos los ha hecho instruir en una escuela familiar con sus propios hijos. También ha oído el testimonio de misioneros que han trabajado con los fugitivos en Canadá, que coincidía con su propia experiencia, y sus conclusiones sobre las capacidades de la raza son altamente alentadoras.

1 ... 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)