La Cabaña Del Tío Tom
- Автор: Stowe Harriet Beecher
- Язык: испанский
- Жанр: Классическая проза
Электронная книга - «La Cabaña Del Tío Tom». Краткое содержание книги:
El libro narra los acontecimientos de la vida del Tío Tom, un esclavo negro del sur de Estados Unidos que pasa de unos amos a otros, construyendo anécdotas entrelazadas y que reflejan la realidad de los esclavos americanos de la época, creando un contraste entre los personajes bondadosos y el contexto de injusticia en el que viven.
Su importancia radica en que es una novela con un gran contenido sentimental que que pretende crear un retrato y establecer una denuncia. Stowe logra la identificación del lector con los personajes, y con ello la comprensión más profunda de la injusticia. Es una novela que se conserva como manifestación histórica, que si bien es exagerada, tiene un objetivo claro y bien logrado.
Es recomendable porque nos da a conocer una parte importante e interesante de la historia estadounidense. Divertida, ligera y llena de sentimientos conmovedores (Escrito por Andrea Pieck)
– ¡Señor, Señor! Lo verá todo como siempre, ¿verdad? -dijo-. Ya está, he puesto su plato como a él le gusta, cerca del fuego. El señorito George siempre quiere el sitio más cálido. ¡Oh, vaya! ¿Por qué no habrá sacado Sally la mejor tetera: ésa pequeña que el señorito George le compró al ama en Navidad? ¿Ha tenido el ama noticias del señorito George? preguntó ansiosa.
– Sí, Chloe, pero sólo unas palabras para decir que llegaría a casa esta noche si podía, nada más.
– No decía nada de mi viejo, supongo -dijo Chloe, toqueteando las tazas de té.
– No, nada. No decía nada sobre ninguna cosa, Chloe. Dijo que lo contaría todo al llegar a casa.
– Eso es típico del señorito George. Siempre se empeña en contar las cosas en persona. Siempre me he fijado en esa cualidad suya. De todas formas, no comprendo cómo los blancos soportan escribir las cosas tal como lo hacen, con lo pesado y lento que es escribir.
La señora Shelby sonrió.
– Estoy pensando que mi viejo no va a conocer a los muchachos y la nena. ¡Señor, con lo grande que se ha puesto ahora nuestra Polly! Y es buena, también, y lista. Está en la cabaña ahora mismo vigilando la torta de maíz que estoy preparando, justo como le gusta a mi viejo. Le hice una así la mañana que se marchó. ¡Que el Señor nos ampare, cómo me sentía yo aquella mañana!
La señora Shelby suspiró y sintió un gran peso en el corazón al oír esta alusión. Se sentía inquieta desde la llegada de la carta de su hijo por si había algo oculto tras el velo de silencio que éste había corrido.
– ¿El ama tiene esos billetes? -preguntó Chloe ansiosa.
– Sí, Chloe.
– Porque quiero enseñar a mi viejo los billetes que me dio el pastero. «Y bien», me dijo, «me gustaría que te quedaras más». «Gracias, señor, dije yo, «me quedaría, pero mi viejo vuelve a casa y el ama ya no puede prescindir de mí por más tiempo». Eso es exactamente lo que le dije. Un hombre muy agradable, ese señor Jones.
Chloe había insistido con gran terquedad en que se conservaran los mismísimos billetes con los que le habían pagado su salario para mostrarlos a su marido, como recuerdo de su valía. Y la señora Shelby consintió de buena gana en darle ese gusto.
– Mi viejo no conocerá a Polly, desde luego. ¡Señor, si hace cinco años que se lo llevaron! Ella era un rorro entonces; apenas sabía ponerse de pie. Me acuerdo de la gracia que le hacía a él su forma de caerse cada vez que intentaba caminar. ¡Ay, Señor, Señor!
Se oyó el traqueteo de ruedas.
– ¡El señorito George! -dijo la tía Chloe, corriendo a la ventana.
La señora Shelby salió apresurada a la puerta principal, donde su hijo la estrechó entre sus brazos. La tía Chloe permaneció forzando ansiosamente la vista para ver en la oscuridad.
– ¡Ay, pobre tía Chloe! -dijo George, cogiéndole la mano compasivamente entre las suyas-. Habría dado toda mi fortuna por haberlo traído conmigo, pero se ha marchado a un país mejor.
La señora Shelby dejó escapar una exclamación emotiva, pero la tía Chloe no dijo nada.
El grupo entró al comedor. El dinero del que la tía Chloe se sentía tan orgullosa se encontraba aún sobre la mesa. Tenga -dijo, recogiéndolo y ofreciéndolo con mano temblorosa a su ama-, nunca más quiero verlo ni oír hablar de él. Ha ocurrido exactamente lo que me esperaba: ¡Vendido y asesinado en aquellas plantaciones!
Chloe se dio la vuelta y empezó a salir orgullosamente de la habitación. La señora Shelby la siguió suavemente y, cogiéndole una mano, la hizo sentarse en una silla y se sentó yunto a ella.
– ¡Mi pobre y buena Chloe! -dijo.
Chloe apoyó la cabeza en el hombro de su ama y dijo entre sollozos:
– ¡Ay, ama, perdóneme, pero se me ha roto el corazón!
– Lo sé -dijo la señora Shelby, cuyas lágrimas caían abundantemente-, y yo no puedo curártelo, pero Jesús sí. Él socorre a los afligidos y les cura las heridas.
Siguieron unos minutos de silencio, durante los cuales todos lloraban. Finalmente se sentó George al lado de la viuda y con sencilla emoción le relató la escena triunfante de la muerte de su marido y sus últimos mensajes de amor.
Una mañana, aproximadamente un mes más tarde, estaban congregados todos los criados de la hacienda de los Shelby en el gran vestíbulo de la casa para oír unas palabras de su joven amo.
Para sorpresa de todos, apareció ante ellos con un fajo de papeles en la mano, que consistían en un certificado de libertad para cada persona de la casa, que leyó y presentó uno tras otro entre los sollozos, lágrimas y gritos de todos los reunidos.
Muchos de ellos, sin embargo, se agolparon en torno a él y le rogaron vivamente que no los echara, ofreciéndose a devolverle, con semblante ansioso, los papeles de su manumisión.
– No queremos ser más libres de lo que somos. Siempre hemos tenido todo lo que hemos querido. No queremos dejar este lugar, ni al amo ni al ama ni a nadie.
– Mis queridos amigos -dijo George en cuanto consiguió que se callaran-, no hay necesidad de que me dejéis. Hacen falta tantos trabajadores como antes para llevar la hacienda. Necesitamos a tantas personas en la casa como antes. Pero ahora sois hombres y mujeres libres. Os pagaré por vuestro trabajo el salario que acordemos. La ventada es que, si yo me endeudo o muero -cosas que podrían ocurrir-, ya no os pueden vender a vosotros. Espero mantener la hacienda y enseñaros lo que quizás os cueste algún tiempo aprender: cómo usar los derechos que os concedo como hombres y mujeres libres. Espero que seáis buenos y dispuestos a aprender; y confío en que Dios me haga a mí constante y dispuesto a enseñar. Y ahora, amigos, mirad a lo alto y dad gracias a Dios por la bendición de la libertad.
Un anciano patriarca, que había envejecido y se había quedado ciego en la hacienda, se levantó y, alzando la mano temblorosa, dijo:
– ¡Demos las gracias al Señor!
Se arrodillaron todos a una y nunca se elevó a los cielos un Te Deum más sentido y conmovedor, aunque le faltase el clamor del órgano, las campanas y los cañones, que el que salió del corazón honrado de ese anciano.
Otro se levantó y arrancó a cantar un himno metodista, que venía a decir:
«Ha llegado el año del jubileo,
volved a casa, pecadores redimidos.»
– Una cosa más -dijo George, deteniendo los parabienes de los concurridos-; ¿os acordáis todos del bueno de tío Tom?
Y George hizo una breve descripción de la escena de su muerte y de su cariñosa despedida para todos los miembros de la hacienda, y añadió:
– Fue sobre su tumba, amigos míos, que resolví, ante Dios, que nunca poseería otro esclavo si había posibilidad de emanciparlo y que nadie, por mi culpa, correría el riesgo de que lo separasen de su hogar y sus amigos para ir a morir en una plantación solitaria, como murió él. De modo que, cuando os regocijéis con vuestra libertad, acordaos de que se la debéis a ese alma bendita y pagádsela con bondad hacia su viuda y sus huérfanos. Pensad en vuestra libertad cada vez que veáis la cabaña del tío Tom, y que sirva de recordatorio para todos vosotros para que sigáis sus huellas y seáis cristianos honrados y leales como él.
CAPÍTULO XLV
Muchas personas de diferentes partes del país han preguntado a la autora si esta historia es verdadera; para contestar a todos, hará una respuesta general. Los diferentes incidentes que forman la narrativa son, en su mayor parte, auténticos, y muchos de ellos ocurrieron ante sus propios ojos o ante los de sus amigos personales. O ella o sus amigos han observado a personajes parecidos a casi todos los que son presentados aquí; y muchos de los acontecimientos son palabra por palabra como ella misma o sus amigos los oyeron.