Juego Del Destino
- Автор: Арчер Джеффри
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:
En cuestión de segundos, varios de los partidarios de Fletcher comenzaron a dar vivas en cuanto comprendieron que, si bien habían perdido en Madison por 114 votos, habían ganado el cómputo total del estado por cuatro votos. El alcalde ya iba camino de su despacho, dispuesto a disfrutar de una opípara comida, cuando Tom lo alcanzó. Russell le explicó la verdadera importancia del resultado local y añadió que, en nombre de su candidato, solicitaba un segundo recuento. Holbourn volvió a desandar el camino hecho a paso lento y entró en la sala, donde fue recibido con un sonoro coro que gritaba «¡Recuento! ¡Recuento! ¡Recuento!», y, sin consultar con sus funcionarios, anunció que esa siempre había sido su intención.
Varios de los que habían hecho el primer recuento y que ya habían recogido sus cosas, volvieron a ocupar sus asientos sin más demora. Fletcher escuchó atentamente las palabras que Jimmy le susurraba al oído. Lo pensó durante unos momentos y luego respondió que no con tono decidido.
Jimmy le había señalado al candidato que el alcalde no tenía autoridad para ordenar un nuevo recuento, dado que era Fletcher quien había perdido las elecciones en Madison y únicamente el candidato perdedor podía solicitar otro recuento. El Washington Post manifestó en un comentario publicado a la mañana siguiente que el alcalde también había excedido sus atribuciones en otro punto y era que Nat había superado a su rival por más del uno por ciento y, por tanto, el recuento era innecesario. Sin embargo, el columnista aceptaba que rechazar la propuesta del nuevo recuento hubiese provocado una revuelta, por no mencionar las interminables disputas legales, que no hubiesen estado en consonancia con la manera como ambos candidatos habían realizado sus campañas.
Una vez más, se contaron los fajos, antes de verificarlos. Esto dio como consecuencia el descubrimiento de que tres fajos tenían ciento un votos, mientras que otro solo tenía noventa y ocho. El secretario no confirmó este resultado hasta que estuvo seguro de que las sumas realizadas con las máquinas y manualmente coincidían. Luego le entregó al alcalde el papel con los nuevos resultados para que los leyera.
El alcalde leyó el resultado del nuevo recuento, que era de 3.021 votos para Cartwright y 2.905 para Fletcher, cosa que acortaba la diferencia en el cómputo general del estado a dos votos.
Tom solicitó inmediatamente un tercer recuento, aunque sabía que ya no tenía derecho para pedirlo. Pero lo hizo pensando que, dada la mínima diferencia de la mayoría de Fletcher, el alcalde se lo concedería. Cruzó los dedos mientras el secretario consultaba al alcalde, quien se limitó a asentir después de escucharlo y se acercó al micrófono.
– Autorizaré un tercer recuento -anunció-, pero si los demócratas mantienen la mayoría por tercera vez, por mínima que sea, declararé a Fletcher Davenport como nuevo gobernador del estado de Connecticut.
Esta declaración fue recibida con grandes aclamaciones de los partidarios de Fletcher y un gesto de asentimiento de Nat mientras se ponía en marcha el nuevo recuento.
Cuarenta minutos más tarde, se confirmó que todos los fajos eran correctos y pareció que la batalla se había acabado, hasta que alguien advirtió que uno de los observadores de Nat mantenía levantada la mano. El alcalde se acercó con el secretario pegado a sus talones y preguntó cuál era el problema. El observador señaló uno de los fajos de cien papeletas en el lado de Davenport y afirmó que uno de los votos le correspondía a Cartwright.
– Bien, solo hay una manera de averiguarlo -opinó el alcalde y comenzó a pasar las papeletas, mientras la multitud coreaba: «Uno, dos, tres…».
Nat se sentía muy incómodo ante la situación y le susurró a Su Ling:
– Esperemos que tenga razón.
– Veintisiete, veintiocho… -Fletcher no dijo nada cuando Jimmy se unió a los que contaban en voz alta.
– Treinta y nueve, cuarenta, cuarenta y uno…
De pronto se hizo un silencio absoluto; el observador no se había equivocado, porque la papeleta cuarenta y dos tenía marcada una cruz junto al nombre de Cartwright. El alcalde, el secretario, Tom y Jimmy verificaron la papeleta en cuestión y aceptaron que se había cometido un error y que, en consecuencia, el resultado total arrojaba un empate. Tom se sorprendió al escuchar el comentario de Nat.
– Me pregunto a quién habrá votado el doctor Renwick.
– Creo que se habrá abstenido -susurró Tom.
El alcalde parecía agotado y estuvo de acuerdo con su secretario de que habría un receso, para que los funcionarios se tomaran un descanso y comieran algo antes de iniciar el siguiente recuento a las dos. El viejo político invitó a comer a Fletcher y Nat, pero ambos declinaron cordialmente la invitación, porque no tenían la intención de abandonar la sala o separarse más de un par de metros del lugar donde estaban los votos.
– ¿Qué pasará si continúa siendo un empate? -escuchó Nat que el alcalde le preguntaba al secretario mientras caminaban hacia la salida.
Como no oyó la respuesta, le hizo a Tom la misma pregunta. Su jefe de campaña ya estaba muy ocupado en consultar el Reglamento de las elecciones en el estado de Connecticut.
Su Ling sí que abandonó la sala y caminó lentamente por el pasillo, unos pocos pasos atrás del grupo del alcalde. Cuando vio una puerta de roble donde estaba escrito biblioteca en letras doradas, se detuvo. Agradeció encontrar la puerta abierta y entró sin demora. Se sentó en una de las cómodas butacas junto a una estantería e intentó relajarse por primera vez en el día.
– Tú también -dijo una voz.
Su Ling abrió los ojos y vio a Annie sentada en el otro extremo. Le sonrió.
– Tenía que elegir entre pasar otra hora en la sala o…
– … comer con el alcalde y escuchar más epístolas de san Pablo sobre las virtudes de Madison.
Ambas se echaron a reír.
– Solo lamento que no se decidiera todo anoche -comentó Su Ling-. Ahora uno de los dos se pasará el resto de su vida preguntándose si tendría que haber visitado un centro comercial más…
– No creo que se les escapara ninguno -dijo Annie.
– O escuela, hospital, fábrica o estación ferroviaria, tanto da.
– Tendrían que haber acordado gobernar seis meses cada uno y al cabo del año dejar que los votantes decidieran a quién de los dos querían para el resto del mandato -opinó Annie.
– No creo que eso hubiese resuelto el problema.
– ¿Por qué no? -quiso saber Annie.
– Tengo la sensación de que esta es la primera de las muchas competiciones entre ellos que no demostrará nada hasta la prueba final.
– Quizá el problema para los votantes es que son hasta tal punto parecidos que resulta imposible elegir a uno de los dos -apuntó Annie, que miró a Su Ling atentamente.
– Tal vez sea que no hay tirantez entre ellos -replicó Su Ling, que le sostuvo la mirada.
– Sí, mi madre a menudo comenta lo parecidos que son cada vez que aparecen en la tele y la coincidencia del grupo sanguíneo solo recalca la sensación.
– Como matemática que soy, no creo en tantas coincidencias -declaró Su Ling.
– Es interesante que lo digas -manifestó Annie-, porque cada vez que saco el tema, Fletcher sencillamente se cierra como una ostra.
– Pues Nat es una tumba.
– Sospecho que si uniéramos nuestros conocimientos…
– Solo viviríamos para lamentarlo.
– ¿A qué te refieres? -le preguntó Annie.
– Que si esos dos han decidido no hablar del tema, ni siquiera con nosotras, es porque tienen un muy buen motivo.