El Primer Hombre De Roma
- Автор: Маккалоу Колин
- Язык: испанский
- Жанр: Историческая проза
Электронная книга - «El Primer Hombre De Roma». Краткое содержание книги:
Casi al final de junio, el cónsul Cneo Malio Máximo inició la larga marcha hacia el noroeste, con sus dos hijos en el estado mayor y los veinticuatro tribunos militares elegidos aquel año, distribuidos entre siete de las diez legiones. Sexto Julio César, Marco Livio Druso y Quinto Servilio hijo iban con él, igual que Quinto Sertorio, elegido tribuno militar. De las tres legiones de aliados itálicos, la enviada por los marsos era la mejor entrenada y combativa de las diez; la mandaba un noble marso de veinticinco años llamado Quinto Popedio Silo, asesorado por un legado romano, naturalmente.
Como Malio Máximo se empeñó en cargar con suficiente trigo para dos meses a cuenta del Estado, su caravana de pertrechos era enorme y la marcha muy lenta; en la decimoséptima jornada aún no había alcanzado Fanum Fortunae, en el Adriático. Hablando con dureza y apasionadamente, el legado Aurelio pudo convencerle para que dejase los pertrechos bajo la escolta de una legión y siguiera adelante con las otras nueve, la caballería y el equipo ligero. Había costado convencer a Malio Máximo de que sus tropas no iban a morir de hambre antes de alcanzar el Rhodanus y que más tarde o más temprano los pertrechos llegarían sin contratiempos.
Al tener una marcha mucho más corta por terreno llano, Quinto Servilio Cepio llegó al gran río antes que Malio Máximo. Había traído sólo siete legiones, pues la octava la había embarcado a la Hispania Citerior, y llegaba sin caballería, a la que había desbandado el año anterior por considerarla un gasto innecesario. A pesar de las órdenes y las conminaciones de los legados, Cepio se había negado a salir de Narbo hasta que le llegase comunicación por mar desde Esmirna. Y no estaba de buen humor: cuando no se quejaba de la lamentable tardanza de su enlace entre Esmirna y Narbo, abominaba de la insensibilidad del Senado al pensar que iba a ceder el mando de su gran ejército a un tapón como Malio Máximo. Pero al final se vio obligado a marchar sin su carta y dejó instrucciones explícitas en Narbo para que se la expidiesen en cuanto llegara.
Aun así, Cepio alcanzó cómodamente el punto de destino mucho antes que Malio Máximo. En Nemausus, una pequeña ciudad comercial de la región occidental de las vastas marismas del delta del Rhodanus, le llegó el correo del Senado con las nuevas órdenes.
No se le había ocurrido a Cepio que su carta no hubiera conseguido ablandar a los padres conscriptos, y más leyéndola en la cámara nada menos que Escauro. Así, cuando abrió el cilindro y ojeó la breve respuesta del Senado, se sintió ofendido. ¡Imposible! ¡Intolerable! El, un Servilio patricio, ¿doblegarse a los caprichos de Malio Máximo, un nuevo rico? ¡Jamás!
Los espías romanos comunicaron que los germanos ya habían emprendido la marcha hacia el sur, cruzando las tierras de los celtas alóbroges, inveterados enemigos de Roma, que así se veían entre dos fuegos: Roma, el enemigo conocido, y los germanos, el enemigo desconocido. Ya hacía dos años que la comunidad druida venía diciendo a todas las tribus galas que no había sitio en Galia para que se asentasen los germanos. Desde luego no serían los alóbroges quienes cediesen tierra suficiente para crear una patria para un pueblo mucho más numeroso que el suyo; y estaban demasiado cerca de los eduos y los ambarres para saber de sobra el destrozo que los germanos habían hecho en las tierras de las intimidadas tribus. Por consiguiente, los alóbroges se retiraron a las escarpaduras de sus queridos Alpes y se dedicaron a hostigar todo lo posible a los germanos.
Los germanos abrieron brecha en la provincia romana de la Galia Transalpina, al norte del puesto comercial de Vienne, a finales de junio avanzaron sin obstáculo. Aquella masa humana de casi ochocientas mil personas descendió por la orilla oriental del Rhodanus porque sus llanuras eran más amplias y seguras y menos expuestas a las combativas tribus del interior de la Galia y las Cevenas.
Al saber esto, Cepio dejó expresamente la Via Domicia en Nemausus y, en lugar de cruzar las marismas del delta por la larga calzada construida por Ahenobarbo, marchó con su ejército en direccción norte por la orilla occidental para mantener el río entre él y los germanos. Era a mediados del mes Sextilis.
Había enviado desde Nemausus un correo a toda prisa a Roma con otra carta para Escauro, manifestando sin más que no aceptaría órdenes de Malio Máximo. Tras lo cual, la única ruta que podía tomar con honor era al oeste del río.
En la orilla oriental del Rhodanus, a unas cuarenta millas del punto en que la Vía Domicia lo cruzaba por una larga calzada que concluía cerca de Arelatum, había una ciudad comercial romana de cierta importancia llamada Arausio. Cepio situó su ejército de 40.000 infantes y 15.000 soldados de tropas auxiliares en un campo fortificado y aguardó a que Malio Máximo apareciese por la orilla contraria, esperando que el Senado contestase a su carta.
Malio Máximo llegó, antes que la respuesta del Senado, a finales de julio y situó sus 55000 soldados de infantería y 30000 auxiliares en un campo fortificado a orillas del río, cinco millas al norte de Arausio aprovechando el curso fluvial como línea de defensa y abastecimiento de agua.
El terreno al norte del campamento era ideal para una batalla, pensó Malio Máximo, considerando el río como su mejor protección, pero ése fue su primer error. El segundo fue destacar los 5.900 soldados de caballería y enviarlos de avanzadilla treinta y cinco millas al norte. Y su tercer error fue nombrar a su legado más capaz, Aurelio, comandante de la caballería, privándose así de sus consejos. Todos los errores formaban parte de la gran estrategia concebida por Malio Máximo, quien pensaba utilizar la caballería de Aurelio como freno al avance germano, no para entablar batalla, sino para ofrecer a los bárbaros una primera visión de la resistencia romana. Porque Malio Máximo quería tratar sin combate, con la esperanza de que los germanos volvieran pacíficamente grupas hacia la Galia central, lejos de la ruta en dirección sur por la provincia romana. Todas las batallas anteriores entre los germanos y Roma se las había impuesto ésta a los bárbaros y sólo después de ellas se habían avenido éstos a abandonar pacíficamente el territorio romano. Por ello, Malio Máximo abrigaba esperanzas a propósito de su gran estrategia, y no sin fundamento.
Sin embargo, su primer cometido era trasladar a Cepio de la orílla occidental a la oriental. Resentido aún por la insultante e irrazonable carta de Cepio que Escauro había leído en la cámara, Malio Máximo dictó una breve e inequívoca orden a Cepio: "Cruzad inmediatamente el río con vuestro ejército y venid a mi campamento." Y la entregó a unos mensajeros para que la trasladaran inmediatamente en barca.
Cepio envió su respuesta a Malio Máximo con la misma barca, diciéndole con igual concisión que él, un Servilio patricio, no admitía órdenes de ningún mercachifle pretencioso y que se quedaba donde estaba, en la orilla occidental.