Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Alex sigue ensimismado en su dolor, como ebrio, a pesar de que no ha bebido ni una sola gota. Trata de dar un sentido a esta vida, pero en algunos casos Vasco tiene razón cuando dice que cuando se sufre así la vida carece de él. Sin amor no tiene sentido. Sin ti, Niki. De nuevo esas palabras en la batidora. «Tantos días en el bolsillo para gastar. Pero ¿por qué ahora sin ti me siento como un saco vacío, como una insignificancia abandonada?» Y sigue poniendo las canciones de Battisti como si, de alguna forma, sólo él y Mogol supiesen de verdad a qué se refiere Alex, como si sólo ellos dos supiesen de verdad el dolor infinito que se siente cuando se pierde el amor. Y resiste y sufre en silencio, y sigue adelante con su vida como si ésta estuviera sujeta a unas gruesas cuerdas que se engancha en los hombros como si del yugo de un buey se tratara, y arrastra sufriendo el peso de la vida, un día tras otro, en el trabajo, en el despacho, bromeando y riéndose con todos como si nada hubiese ocurrido, entre la gente, por la calle, en las tiendas, en el supermercado y también entre sus amigos, por la noche, durante ese único silencio que de vez en cuando se concede. Y, sin embargo, resiste. Pasan las semanas y resiste. Y le parece imposible. Y cada noche le parece aún más dolorosa, como si aumentara el espacio y el tiempo que separan todo lo que tenía de esa partida repentina hacia un viaje imprevisto, quizá sin retorno. ¿Todo se ha acabado? ¿De verdad todo se ha acabado? No. No puede ser. Vivir con esa incertidumbre le hace aún más daño. Da la impresión de que Alex quiere permanecer en la duda, no saber del todo lo que será de ellos, esa misma frase que se decían siempre alegremente, como si se tomasen el pelo: «Sólo viviendo lo sabremos.» ¿Y ahora? ¿Qué queda por descubrir ahora? Quizá la nada de su silencio. Frío, cínico, pérfido, malvado y divertido. Ah, es terrible. Sólo resta esa canción. Orgoglio e dignitá. Orgullo y dignidad. Hasta el infinito. Resistir. «Lejos del teléfono, de lo contrario…, ya se sabe.»
Ciento veinticuatro
El parque de Villa Pamphili está iluminado por un bonito sol. Muchas personas disfrutan de un breve paseo antes de la comida dominical. Enrico empuja el cochecito mientras Ingrid se ríe señalando unos niños que corren a cierta distancia.
– ¿Qué haces? -pregunta él volviéndose.
Anna se ha parado a mirar una encina muy grande. La observa con atención.
– ¿Has visto qué bonito es este árbol? Está muy sano. Me gusta.
– Eres ecologista, ¿eh?
– Sí, los árboles son muy importantes… ¿Sabes que fijan el carbono?
– Sé que dan sombra en verano… ¿Qué ocurre, Ingrid? Cuidado no te ensucies. -La niña está intentando coger un sonajero que se le ha caído al suelo.
Anna se acerca a ellos corriendo y, cuando llega a su lado, se agacha y se lo recoge. Se lo tiende a Ingrid, que se echa a reír. Anna se incorpora y retoman su paseo, uno al lado del otro, ahora.
– ¿A qué se debe esa pasión por la naturaleza?
– Se la debo a mi padre…, me enseñó muchas cosas y me hizo comprender la importancia de amar, de entender y de proteger el medio ambiente. Me llevaba a dar largos paseos por el campo y las colinas, íbamos a la playa en bicicleta, en fin, a pasear, nunca en coche. Me divertía mucho. Él me lo explicaba todo, los nombres de los animales, el motivo de su comportamiento, la razón de que un árbol tuviese las hojas de una determinada forma y muchas otras cosas… Mi padre era genial. Vino a vivir a Roma cuando tenía veinte años para trabajar como diseñador gráfico y salió adelante.
– ¿Y antes dónde vivía? -le pregunta Enrico mientras le pone bien la chaqueta a Ingrid.
– En Holanda. Mi padre era holandés. ¡Por eso soy tan guapa y tan rubia! -Anna agita un poco su melena con aire provocador, pero después no puede contenerse y se echa a reír en seguida. Enrico la mira. Hay que reconocer que es guapa. Pero ella está ya en otra cosa. Habla a toda velocidad mirando al frente-. ¡Sííí! Bromeaba… La verdad es que guapa, lo que se dice guapa, no soy. ¡Pero rubia, sí! En cualquier caso, era un gran hombre. Murió hace tres años y lo echo mucho de menos.
Un velo de tristeza cubre de repente los ojos de Anna. Se para y se acerca al cochecito de Ingrid para jugar con ella intentando alejar esa nostalgia que difícilmente pasa. Enrico la mira de nuevo. Y siente una ternura repentina. Casi le gustaría abrazarla para consolarla. Echan de nuevo a andar.
– El legado más bonito que me dejó fue el del amor. Quiso muchísimo a mi madre, que era romana. Formaban una pareja fantástica, dos personas muy unidas y cómplices. Por eso yo tengo mis propias ideas con respecto al matrimonio. No quiero conformarme con una historia cualquiera, para mí tiene que ser algo único, un auténtico proyecto entre dos personas que se adoran y que se ayudan la una a la otra, que se gustan mucho y que incluso, después de muchos años, siguen teniendo ganas de besarse…, como les pasaba a ellos, que se buscaban siempre, físicamente incluso… -prosigue Anna.
Una brisa ligera agita su pelo y hace caer un mechón sobre su frente. Ella lo aparta con delicadeza y sigue andando.
– ¿Así que sueñas con casarte? -le pregunta Enrico.
– Sueño con una familia, cómo se formalice después ya se verá en su momento. Pero quiero una familia alegre, auténtica, que no se rompa con las primeras dificultades… Una familia integrada por un hombre y una mujer que se respetan de verdad, que desean el bien del otro y que no se rinden…, sólo que veo que a menudo no es así. Hoy en día las parejas se resquebrajan al primer problema, parece que están juntas sólo porque vivir en pareja está de moda, no porque se crea de verdad en ello. Hablo en serio… ¿Has visto cuántos matrimonios fracasan después de poquísimo tiempo juntos? -De repente se interrumpe. Claro que lo ha visto. A él también le ha pasado-. Perdona, Enrico, no pretendía…
Él sonríe con cierta amargura.
– No te preocupes…, tienes razón…, yo también opino lo mismo. Sólo que después miro alrededor y veo, entre otros, a mis amigos: Flavio, Pietro, el propio Alex…, tampoco sus relaciones van bien… Nuestra sociedad cambia y al final uno tiene que aceptar la imposibilidad de realizar su propio sueño y conformarse con el común, que es menos bonito y romántico… «Los castillos en el aire que se construyen sin apenas esfuerzo son difíciles de derribar.»
Anna lo mira.
– Qué frase tan bonita…
Por unos instantes Enrico se siente como Pietro, «el hombre de las citas», a quien tantas veces ha criticado porque usa las frases de los demás para llamar la atención.
– Sí, pero no es mía, es de François Mauriac… -reconoce, algo avergonzado.
Siguen andando en dirección al aparcamiento. Es casi la hora de comer e Ingrid tiene hambre.
– ¿Te quedas a comer con nosotros? Venga… Podríamos preparar un primer plato. También tengo un poco de queso, fiambre y achicoria fresca que podemos aliñar con vinagre balsámico si quieres… -sugiere Enrico.