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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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– ¡Erica!

– ¿Por qué? ¿Acaso me estás diciendo que no te acostaste con él?

– No lo hice. Resistí. -El mero hecho de decirlo le produce una herida inmensa. Es la primera vez que lo admite en voz alta: «Resistí.» Y se avergüenza de todas formas. Se siente sucia.

Olly, Diletta e incluso Erica se dan cuenta de inmediato. Olly le sonríe con afabilidad.

– ¡Venga! No exageremos, la vida es así. Uno se cae, se vuelve a levantar y sigue adelante. Todo el mundo tiene derecho a cometer un error, y en caso de que ni siquiera hayas cometido nunca ninguno, hasta dos.

Erica cambia de expresión de repente, casi parece otra persona.

– ¿Por qué resististe?

Niki levanta la cara de repente y la mira.

– Dímelo, por favor -prosigue Erica-. ¿Por qué te detuviste? Lo deseaste por un momento y, sin embargo, algo te frenó. ¿Qué fue?

Niki reflexiona durante unos instantes.

– No lo sé. Varias cosas a la vez; eso sí, todas muy simples. Me acordé de Alex. Pensé en dónde podía estar en ese momento, en qué estaría haciendo, en la serenidad que debía de estar experimentando, quizá estaba pensando en mí y me sonreía, tal vez suponía que yo ya estaba durmiendo… Tenía el móvil apagado… Y entonces, al imaginar su cara y su sonrisa, pensé en cómo éstas podrían cambiar si me viera en ese momento… Eso fue lo que me detuvo y me hizo resistir. Así, pase lo que pase, lo recordaré siempre con amor, atribuiré la justa importancia a mi relación con Alex, nunca tendré nada de qué avergonzarme. -Luego las mira algo más reflexiva, más pensativa, como si hubiese excavado en lo más hondo de sí misma, como si esas palabras perteneciesen a una Niki más adulta-. Sí, quizá lo hiciese por mí misma… Egoístamente quise resistir para estar bien.

Erica se encoge de hombros.

– Sentía curiosidad -dice, pero luego le replica-: Aunque quizá en ese momento él no estaba pensando en ti en absoluto, quizá estaba hablando con sus colegas de trabajo, o peor aún, tal vez estuviera haciendo el tonto con alguna… Eso es, quizá estuviera diciéndole esas estupideces que en ocasiones dicen ciertos tipos para impresionar, y, en lugar de ser sinceros, de reconocer sin más que les gustas, dan toda una serie de rodeos. Quizá estuviese dando uno de esos rodeos… Y tú renunciaste a algo que podrías haber vivido. Porque hay cosas que no vuelven a ocurrir, que existen sólo en determinados instantes y luego se acaban… Quiero decir que quizá resististe en vano.

Niki sonríe.

– Sí, puede que tengas razón, quizá estaba dando uno de esos rodeos que a veces dan los hombres… Pero no resistí en vano. Me alegro de haber tomado esa decisión, al igual que hasta ayer me alegraba de mis circunstancias. Ahora, algo ha cambiado.

Olly se rasca la frente.

– ¿Has hablado con Alex?

– No, todavía no. Le escribí una carta.

Olly la mira preocupada.

– ¿Y le has contado eso?

– No. -Niki le sonríe-. ¿Estás loca?

Olly exhala un suspiro. Diletta sacude la cabeza.

– ¡Si yo encontrara una carta poco antes de casarme en la que mi futuro esposo me dice que me deja, no sé lo que haría! Creo que me suicidaría. -Después se percata de lo que acaba de decir-. No…, quiero decir que me sentaría muy mal, pero aun así intentaría comprender lo que ha ocurrido… Lo que es seguro es que te llamaría de inmediato, me plantaría debajo de tu casa y te acribillaría a preguntas…

Niki le sonríe.

– Pero tú no eres Alex. Además, en la carta le decía también que necesitaba un poco de tiempo para mí, que tengo que pensar, comprender… Alex es una persona adulta, entenderá mi exigencia, estoy segura.

Erica interviene intrigada:

– ¿Y qué has pensado hacer con el otro?

– Todavía no lo sé.

Olly sonríe.

– Es el tipo de la facultad que querías presentarnos, ¿no?

Niki asiente con la cabeza y se avergüenza ligeramente de su seguridad. En cuestiones de amor, nunca hay que estar demasiado seguros.

Ciento veinte

Al otro lado de la ciudad. En un loft que todavía es un caos, Pietro, Enrico y Flavio están de pie junto a una puerta cerrada.

Enrico pregunta en voz baja a los otros dos:

– Pero ¿qué está haciendo? No lo entiendo.

Pietro sacude la cabeza.

– ¿Cómo que qué está haciendo? ¡Llorar!

– ¡Venga ya, no me lo puedo creer!

Pietro se aleja un poco y los demás lo siguen.

– ¿Hablas en serio?

– Sí, se oía perfectamente. ¡Hasta sorbía por la nariz!

Pietro abre los brazos.

– Anda que echarse a llorar a los cuarenta por una que… ¡Bah! Es absurdo.

Flavio le sirve de beber.

– No entiendo qué tiene que ver la edad con todo esto. ¡Lo mismo da que sean veinte o cuarenta! Eso depende de lo que sientes por una persona, del tipo de emoción o de sentimiento, de hasta qué punto estás enamorado, ¡y no de los años que tienes!

– Pues a mí no me parece que esté diciendo ninguna estupidez: creo que es ridículo llorar por una mujer a los cuarenta años. ¿Lo entiendes?

Flavio se irrita.

– ¡Porque no es una cualquiera! Es su mujer, la mujer de su vida, su esposa, la madre de sus hijos…

Pietro puntualiza:

– Para empezar, deberías usar el condicional, podría haber sido la mujer de su vida, su esposa y la madre de sus hijos. -Acto seguido señala la puerta cerrada de la habitación de Alex-. De momento no es nada de todo eso, y la posibilidad de que Alex pueda casarse realmente con ella es, siendo objetivos, muy, pero que muy baja.

Flavio sacude la cabeza.

– Me das asco, y pensar que eres amigo suyo…

– ¡Precisamente por eso le digo la verdad! No le engaño, no le doy falsas esperanzas como querrías hacer tú, asegurándole que las fábulas existen… Lo que existe es una realidad… ¿Y sabes cuál es? -Indica con la mano el cuarto donde está Alex-. Que él tiene cuarenta años y está encerrado ahí llorando, y que ella, en cambio, tiene veinte y también está encerrada, sólo que follando… No se trata de una fábula ni de una pesadilla; es, ni más ni menos, la realidad de las cosas. Y ésta puede ser a veces hermosa, a veces hermosísima, otras así y otras asá, y en algunos casos puede llegar incluso a dar asco. Pero lo mires como lo mires, empieza y acaba, y ésa es la realidad.

Ciento veintiuno

Olly, Diletta, Erica y Niki están ahora más tranquilas delante de sus tazas vacías. Olly se siente orgullosa.

– Mirad, en momentos como éste es cuando una debe relajarse…

Erica no está de acuerdo.

– Sí, la tisana se inventó precisamente para cuando has decidido que ya no vas a casarte.

Diletta la mira irritada.

– Tarde o temprano tú también experimentarás algún sentimiento sincero, no puedes pasarte la vida jugando a la cínica desencantada. Un día el amor dará un vuelco a tu vida…

Erica le sonríe abriendo los brazos.

– Ojalá sea así… Y que todo eso suceda gracias a un tío estupendo de sonrisa arrebatadora y un cuerpo que quite el hipo, en fin, una mezcla entre Clive Owen, Brad Pitt, Matthew McConaughey, Ashton Kutcher y Woody Allen…

– ¿Woody Allen? ¿Y qué tiene que ver Woody Allen?

– ¡Bueno, no me negarás que si, después de un buen polvo, el tipo incluso te hace reír, es que has llegado al cielo!

– ¡Erica!

– No, no… -Niki la defiende-. Si la ocurrencia no ha estado mal. Incluso allí arriba deben de haberse reído…

Diletta apura su té, que se ha quedado frío.

– Sí, sí, ríen… Pero dudo que la dejen entrar algún día…

Erica se encoge de hombros.

– ¡Y quién tiene prisa! Ya hablaremos más adelante, siempre hay tiempo para convertirse y pedir perdón. Mira sino a Claudia Koll… Primero salía en las películas de Tinto Brass, y ahora le ha faltado poco para meterse a monja. ¡Deja que viva al menos lo que ha vivido ella y después te aseguro que me haré santa!

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