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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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– ¡Eh! Gracias…

– Bueno, lo ha escrito aquí, ¿no?

Pietro asiente con la cabeza.

– Además, no se puede decir que haya sido muy delicada…

– ¡Precisamente!

Alex los mira desconsolado.

– Exceptuando el error, ¿qué os parece?

Enrico interviene:

– Bueno, creo que tu decisión no es la más acertada.

– ¿Qué decisión?

– ¡La de dejarnos leer la carta a todos!

– ¡Pero qué dices! Yo no te he preguntado eso; además, me da igual, sois mis amigos de siempre. ¡Si no hablo con vosotros, ¿con quién lo voy a hacer?! ¿Con los del trabajo, con Andrea Soldini, con Leonardo…?

Pietro interviene.

– Bueno, el otro día pasé a buscarte por tu despacho y no puedo por menos que decirte la verdad: yo afrontaría muy a gusto con Raffaella cualquier tipo de problema…

– Ya, pero en estos momentos para mí es Raffaello, un hombre.

– En ese caso, te veo mal.

– De pena, diría yo. Es la segunda vez que le pido a una mujer que se case conmigo…

– Y que te encuentras con los armarios de tu casa vacíos y con una carta.

Pietro se sienta delante de Alex.

– Tienes que admitir que algo no funciona…

Alex lo mira preocupado.

– ¿A qué te refieres?

– Bueno, cuando les pides que se casen contigo, los preparativos de la boda y todo el resto les transmite un nerviosismo, un miedo…, es más, yo hablaría incluso de terror, que al final las empuja irremediablemente a poner pies en polvorosa…

– Bueno, con Elena ni siquiera llegamos a los preparativos…

Flavio se vuelve hacia Pietro.

– ¡Así que tu teoría carece de valor!

– Puede, pero creo que con la próxima…

Alex lo mira boquiabierto.

– ¿Con la próxima? ¿Qué próxima? Nooo… De eso ni hablar. ¡Yo quiero a Niki!

Pietro intenta calmarlo.

– Y lo más probable es que vuelva a tu lado. Pero con ella la historia de la boda ya no ha salido muy bien. En caso de que las cosas no marchasen con ella… -la mera idea hace que Alex se sienta desfallecer, pero Pietro prosigue como si nada-, creo que lo mejor sería que, de ahora en adelante, simules invitar a las mujeres a una fiesta importante, muy elegante, de manera que ellas se preparen, salgan debidamente arregladas y luego…, ¡tachan!, las lleves al lugar donde lo has preparado todo de antemano: la fiesta, los testigos, las peladillas, las flores y las alianzas… ¡Y os casáis al vuelo! Sin darles la oportunidad de vaciar los armarios…, de dejarte la consabida carta y todo ese drama que ya has vivido en demasiadas ocasiones, ¿no te parece? No creo que puedas soportar una tercera carta…

Alex los mira uno a uno.

– Quizá no os dais cuenta, eso debe de ser. Comprendo vuestra situación personal, el hecho de que los tres, de una manera u otra, quien más quien menos, hayáis vivido dificultades en vuestro matrimonio, y que todo lo que os ha sucedido os impida seguir creyendo en el amor… Pero no es mi caso. No es mi historia. No es mi fábula.

Pietro se queda un poco sorprendido.

– ¿Qué fábula?

– La fábula que vivimos los dos, Niki y yo. ¡Yo la quiero!

Flavio, Enrico y Pietro exhalan un suspiro y se dejan caer sobre el sofá que está delante de Alex.

Pietro es el primero en hablar.

– Si a los cuarenta años sigues creyendo en fábulas, el problema es más grave de lo que pensaba.

Alex lo mira sonriente.

– Quizá el hecho de haber dejado de creer sea aún más grave.

Pietro asiente con la cabeza.

– Vale, vale, eres un cabezota y quieres tener razón. En ese caso te propongo que analicemos bien esta carta. En uno de los párrafos, Niki dice que le habría gustado que la secuestraras, que la hubieras alejado de todo y de todos con una moto… Una versión moderna del príncipe azul en clave de tercer milenio, con moto en lugar de caballo.

Enrico interviene:

– Ya, pero quizá olvida que después del accidente que tuviste con tu padre a los catorce años, la moto te aterroriza…

Pietro la justifica.

– Puede que no se lo haya dicho.

Alex lo ataja.

– Sí, se lo he dicho, se lo he dicho.

– Entonces no tiene justificación.

– No, entonces es peor: ha querido subrayar ese miedo, de manera que…

Alex parece intrigado.

– ¿Qué?

– Pues que te considera demasiado viejo.

– ¿Viejo? ¿A mí? ¿Y por qué?

– ¡Porque no haces las cosas propias de cualquier joven! ¿Cuántas veces la has llevado a una discoteca?

Alex reflexiona por unos instantes.

– Una.

– Bien.

– Era la presentación de una campaña de la empresa; elegimos una discoteca porque el producto era una cerveza.

– Mal.

– ¿Por qué?

– Has dicho discoteca. Y lo era, sí, pero era también trabajo. ¿Vas en moto?

– No, no tengo moto y, además, como ha dicho Enrico, me aterran.

– Fatal.

– ¿Cuántas cervezas te has bebido con ella?

– Ella bebe Coca-Cola y yo, a veces, ron.

– ¡Mal! El hecho de tomar una cerveza juntos da cierto sentido de libertad y, además, recuerda mucho a un anuncio publicitario. ¿Tatuajes? ¿Piercings? ¿Teorías sobre fenómenos extraños? ¿De sexo cómo andamos?

Alex lo interrumpe bruscamente.

– Oye, Pietro, lo único que la asusta es la idea del matrimonio.

– ¿Ah, sí? Pues en esta carta yo también veo otra cosa.

– ¿Qué? ¿Y dónde? ¿Cómo? ¿Por qué?

– No lo sé. No creo en ese miedo repentino. Por desgracia la vida es así y detrás de una carta como ésa siempre hay… -Pietro la agita en el aire-. En la mayor parte de los casos revela la incapacidad de contar lo que sucede realmente.

Alex se levanta y va a servirse algo de beber. Enrico y Flavio miran enojados a Pietro, él se lleva el puño a la barbilla como diciendo: «¿Qué queréis que haga?» Justo en ese momento vuelve Alex con un vaso lleno de Red Bull.

– ¡Muy bien, eso te animará! Podrías derrumbarte psicológicamente.

Alex da un sorbo y después lo mira sereno.

– ¿Sabes, Pietro? Hablas así porque te has pasado la vida engañando.

– He engañado para evitar que me engañasen. Me sucedió cuando era joven. Estaba muy enamorado de una chica que era una zorra y que salía con otros. Cuando lo descubrí me juré a mí mismo que no me volvería a suceder, que yo me anticiparía a ellos, que engañaría antes de que los demás me engañasen a mí.

Alex bebe otro sorbo.

– Mal, porque eso significa que has perdido dos veces. La primera cuando has engañado y la segunda cuando dejaste de creer en el amor. Yo, en cambio, quiero creer.

– Y si tuviese a otro, ¿cómo te sentirías?

Alex reflexiona unos segundos. Sus amigos se miran preocupados. A continuación les habla de nuevo sin perder la calma.

– Podría estar con otro y no ser lo suficientemente valiente como para decírmelo…, pero ¿por qué no iba a hacerlo? ¿Qué habría de

malo en ello? La belleza del amor consiste precisamente en que uno se enamora sin una razón determinada, involuntariamente y en el momento más inesperado. ¿Tú sabías de antemano que te enamorarías de Susanna?

– ¡No!

– ¿Y tú de Camilla?

– Tampoco.

– ¿Y tú de Cristina?

– Siempre he estado enamorado de Cristina, y no me la nombres porque eso me hace sentir fatal.

– Está bien, en ese caso, lo tuyo no cuenta. Sea como sea, y volviendo a Niki, podría ser que ella se hubiese enamorado de otro, pero también cabe simplemente la posibilidad de que la boda la haya asustado. Las probabilidades son del cincuenta por ciento en uno y otro caso, y yo, tal vez porque quiero seguir creyendo en mi fábula, elijo el segundo. -Se sienta en el sofá más tranquilo, sigue bebiendo su Red Bull y mira a sus tres amigos-. Entre otras cosas porque, como esté con otro, me mato.

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