La Cabaña Del Tío Tom
- Автор: Stowe Harriet Beecher
- Язык: испанский
- Жанр: Классическая проза
Электронная книга - «La Cabaña Del Tío Tom». Краткое содержание книги:
El libro narra los acontecimientos de la vida del Tío Tom, un esclavo negro del sur de Estados Unidos que pasa de unos amos a otros, construyendo anécdotas entrelazadas y que reflejan la realidad de los esclavos americanos de la época, creando un contraste entre los personajes bondadosos y el contexto de injusticia en el que viven.
Su importancia radica en que es una novela con un gran contenido sentimental que que pretende crear un retrato y establecer una denuncia. Stowe logra la identificación del lector con los personajes, y con ello la comprensión más profunda de la injusticia. Es una novela que se conserva como manifestación histórica, que si bien es exagerada, tiene un objetivo claro y bien logrado.
Es recomendable porque nos da a conocer una parte importante e interesante de la historia estadounidense. Divertida, ligera y llena de sentimientos conmovedores (Escrito por Andrea Pieck)
Espoleada a la locura y la desesperación por los sufrimientos abrumadores de la vida, Cassy se había prometido muchas veces en su alma que llegaría su hora de retribución, en la que su mano se vengaría en su opresor por todas las injusticias y crueldades que había presenciado o padecido en su propia carne.
Una noche, cuando todos los de la barraca de Tom estaban sumidos en el sueño, de repente le despertó la visión del rostro de ella por el agujero entre los troncos que hacía las veces de ventana. Le hizo un gesto silencioso para que saliera.
Tom se acercó a la puerta. Era entre la una y las dos de la madrugada, una noche serena iluminada por la luz de la luna. Tom observó, cuando la luz de la luna cayó sobre los grandes ojos negros de Cassy, que tenían una mirada extraviada y peculiar, diferente de su habitual desesperación permanente.
– Ven aquí, padre Tom [57] -dijo, poniendo su pequeñas mano sobre su muñeca y tirando de él con tal fuerza como si la mano fuera de acero-, ven aquí; tengo una noticia que darte.
– ¿Qué quiere, señorita Cassy? -preguntó Tom, ansioso.
– Tom, ¿no te gustaría tener tu libertad?
– La tendré, señorita, cuando Dios quiera -dijo Tom.
– Sí, pero puedes tenerla esta noche -dijo Cassy, con un arrebato de energía-. ¡Vamos!
Tom dudó.
– ¡Vamos! -dijo en un susurro, fijando sus negros ojos en él-. ¡Vamos! Está dormido, como un tronco. He puesto bastante en su brandy para que siga así. Si hubiera tenido más, no me habrías hecho falta tú. Pero vamos; la puerta de atrás está abierta; hay un hacha… la he puesto yo allí… la puerta de su cuarto está abierta… yo te enseñaré el camino. Lo habría hecho yo misma, pero tengo los brazos débiles. ¡Vamos!
– ¡Ni por todo el oro del mundo, señorita! -dijo Tom con firmeza, deteniéndose y reteniéndola a ella, que quería avanzar.
– ¡Pero piensa en todas esas pobres criaturas! -dijo Cassy-. Podríamos liberarlos a todos, irnos a los pantanos, encontrar una isla y vivir solos. He oído decir que se ha hecho antes. Cualquier vida es mejor que ésta.
– ¡No! -dijo Tom con firmeza-. ¡No! Nunca sale nada bueno del mal. ¡Preferiría cortarme la mano derecha!
– Entonces lo haré yo -dijo Cassy, volviéndose.
– ¡Ay, señorita Cassy! -dijo Tom, cerrándole el paso-. Por el amor del querido Señor que murió por usted, ¡no venda su preciosa alma al diablo de esa manera! No puede resultar nada bueno de ello. El Señor no nos predica la ira. Debemos sufrir y esperar hasta que le llegue la hora.
– ¡Esperar! -dijo Cassy-. ¿No he esperado, acaso, hasta que me da vueltas la cabeza y me duele el corazón? ¡Lo que me ha hecho sufrir! ¡Lo que ha hecho sufrir a cientos de pobres criaturas! ¿No te está sangrando a ti gota a gota? ¡Ellos me han llamado y me llaman! ¡Ha llegado su hora y quiero la sangre de su corazón!
– ¡No, no, no! -dijo Tom, cogiendo sus pequeñas manos, apretadas en un espasmo de violencia-. No, pobre alma perdida, no debe hacerlo. El amado Señor bendito nunca derramó una gota de sangre que no fuera la suya, y la derramó por nosotros cuando éramos sus enemigos. Señor, ayúdanos a seguir sus pasos y amar a nuestros enemigos.
– ¡Amar -dijo Cassy-, amar a semejantes enemigos! No está en la naturaleza humana.
– No, señorita, no lo está -dijo Tom, mirando hacia lo alto-; pero Él nos lo da, y ahí está la victoria. Cuando podemos amar y rezar por todo y a través de todo, entonces ha pasado la batalla y ha llegado la victoria, ¡bendito sea el Señor! -y con ojos llenos de lágrimas y voz ahogada, el hombre negro elevó los ojos al cielo.
Y ésta ¡oh, África!, la última nación en ser llamada para la corona de espinos, el azote, el sudor de sangre, la cruz de la agonía, ésta va a ser tu victoria; gracias a esto reinarás con Jesucristo cuando su reino venga a esta tierra.
El profundo fervor de los sentimientos de Tom, el sosiego de su voz, sus lágrimas, todo cayó como el rocío sobre el enloquecido e inquieto espíritu de la pobre mujer. Una dulzura suavizó el fuego atroz de sus ojos; miró hacia abajo, y Tom notó cómo se relajaban los músculos de sus manos cuando dijo:
– ¿No te he dicho que me persiguen malos espíritus? ¡Ay, padre Tom! No puedo rezar; ¡ojalá pudiera! No he vuelto a rezar desde que vendieron a mis hijos. Lo que dices debe ser cierto, lo sé; pero cuando intento rezar, sólo puedo odiar y maldecir. ¡No puedo rezar!
– ¡Pobre alma! -dijo Tom, compasivo-. Satanás quiere tenerte y pasarte por el tamiz como si fueras trigo. Rezo a Dios por usted. ¡Ay, señorita Cassy, recurra usted al buen Señor Jesús! Él vino para socorrer a todos los desolados y consolar a los que lloran.
Cassy permaneció en silencio y grandes lágrimas pesadas empezaron a caer de sus ojos cerrados.
– Señorita Cassy -dijo Tom con tono vacilante, después de observarla en silencio- si pudiera escaparse de aquí, si fuera posible, le aconsejaría a usted y a Emmeline que huyeran; es decir, si pueden irse sin delito de sangre y no de otra forma.
– ¿Tú intentarías venir con nosotras, padre Tom?
– No -dijo Tom-. Ha habido un momento en que sí me hubiera ido; pero el Señor me ha encomendado un trabajo entre estas pobres almas, así que me quedaré con ellos y llevaré mi cruz con ellos hasta el fin. Su caso es diferente; para usted es una trampa, y más de lo que puede soportar; más vale que se marche, si puede.
– No conozco ningún camino más que a través de la tumba -dijo Cassy-. No existe bestia ni ave que no pueda encontrar un hogar en algún sitio; incluso las serpientes y los caimanes tienen sus lugares para tumbarse a descansar; pero no hay lugar para nosotros. Allá abajo en los oscuros pantanos, nos darán caza sus perros y nos encontrarán. Todo y todos están contra nosotros; hasta las bestias se unen contra nosotros. ¿Adónde podemos ir?
Tom se quedó callado; después de un rato dijo:
– El que salvó a Daniel en una guarida de leones, El que salva a los niños en la ardiente caldera; El que anduvo sobre las aguas y mandó detenerse los vientos, aún vive; y yo tengo fe en que le salvará a usted. Inténtelo y yo rezaré con todas mis fuerzas por usted.
¿Por qué extraña ley de la mente una idea mucho tiempo olvidada, pisoteada como si fuera una piedra inútil, brilla de repente con una luz nueva, como si fuera un diamante recién descubierto?
Muchas veces Cassy había dado vueltas, durante horas, a todos los posibles planes de fuga y los había desechado todos como impracticables e inservibles; pero en ese momento le vino a la mente un plan tan sencillo y factible en todos los detalles que despertó una esperanza instantánea.
– ¡Padre Tom, lo intentaré! -dijo de pronto.
– ¡Amén! -dijo Tom-. ¡Que el Señor te ayude!
CAPÍTULO XXXIX
El camino de los malos es como tinieblas, no saben dónde han tropezado [58].
A buhardilla de la casa donde vivía Legree, como la mayoría de las buhardillas, era un gran espacio desolado, polvoriento, lleno de telarañas y trastos inútiles. La opulenta familia que había residido en la casa en los días de su esplendor había importando una gran cantidad de muebles magníficos, algunos de los cuales se habían llevado consigo mientras que otros quedaron olvidados en habitaciones desocupadas y decadentes o almacenados en este lugar. Una o dos enormes cajas de embalaje, que habían servido para transportar estos muebles, se encontraban junto a las paredes de esta buhardilla. Tenía una pequeña ventana que dejaba pasar una luz débil y escasa a través de sus lunas manchadas y sucias que iluminaba las grandes sillas de alto respaldo y mesas polvorientas que habían conocido mejores tiempos. En conjunto era un lugar siniestro y fantasmal, pero así y todo no faltaban leyendas entre los negros supersticiosos que aumentaran sus terrores. Unos cuantos años antes, habían encerrado allí a una mujer negra que había disgustado a Legree. Lo que ocurrió dentro, no lo sabemos; los negros intercambiaban tenebrosos rumores sobre ello; lo único que se sabe es que un día bajaron el cadáver de la desgraciada criatura y que lo enterraron y desde entonces se dice que solían resonar en la vieja buhardilla juramentos y blasfemias y el sonido de golpes violentos, entremezclados con lamentos y gemidos de desesperación. Una vez, cuando Legree oyó por casualidad estas murmuraciones, montó en cólera y juró que la siguiente persona que contara historias sobre la buhardilla tendría la oportunidad de enterarse de lo que había allí por sí misma, pues la tendría encadenada allí dentro durante una semana. Esta amenaza fue suficiente para que cesaran los rumores aunque, naturalmente, no restó nada de credibilidad a la historia.
[57] Cassy es el único personaje que se dirige a Tom como «padre» en tres ocasiones y sólo en este capítulo, puesto que reconoce en él a Cristo Redentor.
[58] Proverbios 4,19.