Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » Choque de reyes [A Clash of Kings - es]
Choque de reyes [A Clash of Kings - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
1 ... 104 105 106 107 108 109 110 111 112 ... 255
Перейти на страницу:

—Más problemáticos de lo que imaginas, eunuco.

—Cuando lo tenemos delante acostumbramos a llamarlo Lord Eunuco —bromeó Meñique.

—¿En qué podemos ayudaros, buen hermano? —preguntó el Gran Maestre Pycelle en tono tranquilizador.

—El Lord Comandante me envió para entrevistarme con Su Alteza el rey —replicó Thorne—. Es un asunto demasiado grave para discutirlo con criados.

—El rey está jugando con su ballesta nueva —dijo Tyrion. Para librarse de Joffrey sólo había necesitado una fea ballesta de Myr que disparaba tres dardos a la vez, y por supuesto quiso probarla de inmediato—. Puedes hablar con criados o guardar silencio.

—Como queráis —dijo Ser Alliser, con el desprecio trasluciéndose en cada palabra—. Me envían a deciros que encontramos a dos exploradores que habían desaparecido hacía tiempo. Los dos estaban muertos, pero cuando llevamos los cadáveres al Muro, se levantaron en medio de la noche. Uno mató a Ser Jaremy Rykker, y el otro trató de asesinar al Lord Comandante.

Tyrion oyó risitas al fondo de la sala. «¿Qué pasa, se está burlando de mí con esa sarta de tonterías?» Se movió intranquilo y miró a Varys, a Meñique y a Pycelle, preguntándose si alguno de ellos habría tramado la broma. La dignidad de la que disfrutaba un enano era ya escasa; si la corte y el reino empezaban a burlarse de él, estaría perdido. Pero, pese a todo…

Tyrion recordó una fría noche bajo las estrellas, al lado de Jon Nieve y un gran lobo blanco en la cima del Muro, en el límite del mundo, contemplando la inmensidad oscura y sin senderos que se extendía al otro lado. Había sentido… ¿qué? Algo, sí, un temor que se clavaba más hondo que el gélido viento del norte. El lobo había aullado a la noche, y aquel sonido hizo que un escalofrío le recorriera la columna.

«No seas idiota —se dijo—. Un lobo, una ráfaga de viento, un bosque oscuro… no significan nada. Y, pese a todo…» Durante el tiempo que pasó en el Castillo Negro había llegado a apreciar al viejo Jeor Mormont.

—Espero que el Viejo Oso sobreviviera a ese ataque.

—Así fue.

—Y que vuestros hermanos mataran a esos… eh… a esos muertos.

—Lo hicimos.

—¿Seguro que esta vez están muertos? —preguntó Tyrion con voz amable. Al oír la carcajada de Bronn supo que había elegido el camino adecuado—. ¿Muertos del todo?

—Estaban muertos desde el principio —le espetó Ser Alliser—. Pálidos y helados, con las manos y los pies negros. He traído la mano de Jared, el lobo del bastardo se la arrancó al cadáver.

—¿Y dónde está ese encantador recuerdo? —preguntó Meñique.

—Se… —Ser Alliser frunció el ceño, incómodo—. Se pudrió mientras esperaba que me recibierais. No quedan más que los huesos.

Las risitas contenidas llenaron la sala.

—Lord Baelish —llamó Tyrion a Meñique—, comprad a nuestro valiente Ser Alliser un centenar de palas para que se las lleve al Muro.

—¿Palas? —Ser Alliser tenía entrecerrados los ojos con gesto de desconfianza.

—Si enterráis a vuestros muertos, seguro que no se vuelven a levantar —le dijo Tyrion, y la corte rió abiertamente—. Las palas solucionarán vuestros problemas, sobre todo si las usan unos brazos fuertes. Ser Jacelyn, encargaos de que el buen hermano elija a los que quiera de las mazmorras de la ciudad.

—Como queráis, mi señor —dijo Ser Jacelyn—. Pero las celdas están casi vacías. Yoren se llevó a todos los hombres útiles.

—Pues arrestad a unos cuantos —sugirió Tyrion—. O haced correr la voz por las calles de que en el Muro hay pan y nabos, y vendrán muchos voluntarios.

En la ciudad había muchas bocas que alimentar, y la Guardia de la Noche siempre necesitaba hombres. A una señal de Tyrion, el heraldo anunció el fin de la audiencia, y la sala empezó a vaciarse.

Pero Alliser Thorne no se daba por vencido tan fácilmente. Cuando Tyrion bajó del Trono de Hierro lo estaba esperando al pie de las escaleras.

—¿Creéis que he navegado desde Guardiaoriente del Mar —le espetó al tiempo que le cortaba el paso— para que alguien como vos se burle de mí? Esto no es ninguna broma. Yo mismo lo vi. Os digo que los muertos caminan.

—Deberíais matarlos mejor. —Tyrion se alejó. Ser Alliser fue a agarrarlo por la manga, pero Preston Greenfield lo empujó hacia atrás.

—Ni un paso más, ser.

—¡Eres un estúpido, Gnomo! —gritó Thorne a la espalda de Tyrion; no era tan idiota como para enfrentarse a un caballero de la Guardia Real.

—¿Yo? —El enano se volvió—. ¿De verdad? Entonces, ¿por qué todos se reían de vos? —Le dirigió una sonrisa desganada—. Habéis venido a buscar hombres, ¿no?

—Empiezan a soplar vientos fríos. Hay que defender el Muro.

—Y para defender el Muro necesitáis hombres, y os los acabo de proporcionar… como habríais notado si prestarais oído a otra cosa que no fueran los insultos. Tomad a los hombres, dadme las gracias y marchaos antes de que me vea obligado a amenazaros de nuevo con un tenedor para marisco. Dad recuerdos de mi parte a Lord Mormont… y también a Jon Nieve.

Bronn agarró a Ser Alliser por el codo y lo obligó a salir de la sala.

El Gran Maestre Pycelle ya se había escabullido, pero Varys y Meñique presenciaron el enfrentamiento de principio a fin.

—La admiración que siento por vos no deja de crecer, mi señor —confesó el eunuco—. Apaciguáis al joven Stark con los huesos de su padre, y al mismo tiempo despojáis a vuestra hermana de sus protectores. Dais al hermano negro los hombres que busca, libráis a la ciudad de unas cuantas bocas hambrientas, pero lo hacéis de manera que parezca una burla, para que nadie pueda decir que el enano tiene miedo de snarks y grumkins. Muy hábil, sin duda, muy hábil.

—¿De veras vais a prescindir de todos vuestros guardias, Lannister? —preguntó Meñique mientras se acariciaba la barba.

—No, voy a prescindir de todos los guardias de mi hermana.

—La reina no lo tolerará.

—Ya veréis como sí. Soy su hermano. Cuando me conozcáis mejor, veréis que siempre lo digo todo de veras.

—¿Hasta las mentiras?

—Sobre todo las mentiras. Presiento que no estáis muy contento conmigo, Lord Petyr.

—Os estimo tanto como siempre, mi señor. Aunque no me gusta que me tomen el pelo. Si Myrcella contrae matrimonio con Trystane Martell, mal podrá hacerlo con Robert Arryn, ¿no creéis?

—Sería un gran escándalo —reconoció—. Lamento esa pequeña treta, Lord Petyr, pero cuando hablé con vos no sabía que en Dorne iban a aceptar mi oferta.

—No me gusta que me mientan, mi señor. —Aquello no había apaciguado a Meñique—. La próxima vez mantenedme al margen de vuestros engaños.

«Sólo si vos hacéis lo mismo conmigo», pensó Tyrion al tiempo que miraba la daga que Meñique llevaba a la cintura.

—No sabéis cuánto lamentaría haberos ofendido. Todo el mundo sabe lo mucho que os apreciamos, mi señor. Y cuánta necesidad tenemos de vos.

—Pues tratad de recordarlo. —Meñique dio media vuelta y se marchó.

—Varys, acompañadme —pidió Tyrion.

Salieron juntos por la puerta del rey, situada tras el trono. El eunuco arrastraba ligeramente las zapatillas sobre la piedra.

—Sabéis que Lord Baelish está en lo cierto. La reina no permitirá que alejéis a su guardia.

—Sí que lo permitirá. Vos os encargaréis de eso.

—¿De verdad? —Una sonrisa afloró a los labios regordetes de Varys.

—No os quepa duda. Le diréis que es parte de mi plan para liberar a Jaime.

Varys se acarició una mejilla empolvada.

—Del que sin duda forman parte los cuatro hombres que vuestro Bronn ha buscado con tanta diligencia en los bajos fondos de Desembarco del Rey. Un ladrón, un envenenador, un actor y un asesino.

1 ... 104 105 106 107 108 109 110 111 112 ... 255
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)