Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Романы для взрослых » Cincuenta Sombras Liberadas
Cincuenta Sombras Liberadas - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Cincuenta Sombras Liberadas

Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:

La tercera entrega de la exitosa trilogía Cincuenta sombras
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
1 ... 102 103 104 105 106 107 108 109 110 ... 140
Перейти на страницу:

– ¿Dónde estabas? -me pregunta mientras sus ojos siguen la ascensión de mis manos por la pierna, pero yo continúo ignorándole mientras desenrollo la otra media.

Me pongo de pie y me agacho para secarme el pelo con la toalla. Por el hueco entre mis muslos separados puedo verle los pies descalzos y siento su intensa mirada. Cuando termino, me levanto y vuelvo a la cómoda, de donde saco el secador.

– Respóndeme. -La voz de Christian es baja y ronca.

Enciendo el secador y ya no puedo oírle, pero le observo con los ojos entreabiertos por el espejo mientras me voy secando el pelo. Me mira fijamente con los ojos entornados y fríos, casi helados. Aparto la vista y me centro en la tarea que tengo entre manos, intentando reprimir el escalofrío que me recorre. Trago con dificultad y me concentro en secarme el pelo. Sigue estando furioso. ¿Se va por ahí con esa maldita mujer y está furioso conmigo? ¡Cómo se atreve! Cuando tengo el pelo alborotado e indomable, paro. Sí… me gusta. Apago el secador.

– ¿Dónde estabas? -susurra con tono ártico.

– ¿Y a ti qué te importa?

– Ana, déjalo ya. Ahora.

Me encojo de hombros y Christian cruza rápidamente la habitación hacia mí. Yo me vuelvo y doy un paso atrás cuando intenta cogerme.

– No me toques -le advierto y él se queda parado.

– ¿Dónde estabas? -insiste. Tiene la mano convertida en un puño al lado del cuerpo.

– No estaba por ahí emborrachándome con mi ex -le respondo furiosa-. ¿Te has acostado con ella?

Él da un respingo.

– ¿Qué? ¡No! -Me mira con la boca abierta y tiene la poca vergüenza de parecer herido y enfadado al mismo tiempo. Mi subconsciente suspira de alivio, agradecida-. ¿Crees que te engañaría? -Su tono revela indignación moral.

– Me has engañado -exclamo-. Porque has cogido nuestra vida privada y has ido corriendo como un cobarde a contársela a esa mujer.

Se queda con la boca abierta.

– ¿Un cobarde? ¿Eso es lo que crees? -Sus ojos arden.

– Christian, he visto el mensaje. Eso es lo que sé.

– Ese mensaje no era para ti -gruñe.

– Bueno, la verdad es que lo vi cuando la BlackBerry se te cayó de la chaqueta mientras te desvestía porque estabas demasiado borracho para desvestirte solo. ¿Sabes cuánto daño me has hecho por haber ido a ver a esa mujer?

Palidece momentáneamente, pero ya he cogido carrerilla y la bruja que llevo dentro está desatada.

– ¿Te acuerdas de anoche cuando llegaste a casa? ¿Te acuerdas de lo que dijiste?

Me mira sin comprender, con la cara petrificada.

– Bueno, pues tenías razón. Elijo al bebé indefenso por encima de ti. Eso es lo que hacen los padres que quieren a sus hijos. Eso es lo que tu madre debería haber hecho. Y siento que no lo hiciera, porque no estaríamos teniendo esta conversación ahora si lo hubiera hecho. Pero ahora eres un adulto. Tienes que crecer, enfrentarte a las cosas y dejar de comportarte como un adolescente petulante. Puede que no estés contento por lo de este bebé; yo tampoco estoy extasiada, dado que no es el momento y que tu reacción ha sido mucho menos que agradable ante esta nueva vida, pero sigue siendo carne de tu carne. Puedes hacer esto conmigo, o lo haré yo sola. La decisión es tuya. Y mientras te revuelcas en el pozo de autocompasión y odio por ti mismo, yo me voy a trabajar. Y cuando vuelva, me llevaré mis pertenencias a la habitación de arriba.

Él me mira y parpadea, perplejo.

– Ahora, si me disculpas, me gustaría terminar de vestirme. -Estoy respirando con dificultad.

Muy lentamente Christian da un paso atrás y su actitud se endurece.

– ¿Eso es lo que quieres? -me susurra.

– Ya no sé lo que quiero. -Mi tono es igual que el suyo y necesito hacer un esfuerzo monumental para fingir desinterés mientras me unto los dedos con crema hidratante y me la extiendo por la cara. Me miro en el espejo: los ojos azules muy abiertos, la cara pálida y las mejillas ruborizadas. Lo estás haciendo muy bien. No te acobardes ahora. No te acobardes.

– ¿Ya no me quieres? -me susurra.

Oh, no… Oh, no, Grey.

– Todavía estoy aquí, ¿no? -exclamo. Cojo el rimel y me doy un poco primero en el ojo derecho.

– ¿Has pensado en dejarme? -Casi no oigo sus palabras.

– Si tu marido prefiere la compañía de su ex ama a la tuya, no es una buena señal. -Consigo ponerle el nivel justo de desdén a la frase y evitar su pregunta.

Ahora brillo de labios. Hago un mohín con los labios brillantes a la imagen del espejo. Aguanta, Steele… eh, quiero decir, Grey… Vaya, ya no me acuerdo ni de mi nombre. Cojo las botas, voy hasta la cama una vez más y me las pongo rápidamente, subiendo la cremallera de un tirón por encima de las rodillas. Sí. Estoy sexy solo con la ropa interior y las botas. Lo sé. Me pongo de pie y le miro con frialdad. Él parpadea y sus ojos recorren rápida y ávidamente mi cuerpo.

– Sé lo que estás haciendo -murmura, su voz ha adquirido un tono cálido y seductor.

– ¿Ah, sí? -Y se me quiebra la voz. No, Ana… Aguanta.

Él traga saliva y da un paso hacia mí. Yo doy un paso atrás y levanto las manos.

– Ni se te ocurra, Grey -susurro amenazadora.

– Eres mi mujer -me dice en voz baja, y es casi una amenaza también.

– Soy la mujer embarazada a la que abandonaste ayer, y si me tocas voy a gritar hasta que venga alguien.

Levanta las cejas, incrédulo.

– ¿Vas a gritar?

– Voy a gritar que me quieres matar -digo entrecerrando los ojos.

– Nadie te oirá -murmura con la mirada intensa. Me recuerda brevemente a nuestra mañana en Aspen. No. No. No.

– ¿Estás intentando asustarme? -digo sin aliento, intentando deliberadamente desconcertarle.

Funciona. Se queda quieto y traga saliva.

– No era esa mi intención -asegura y frunce el ceño.

Casi no puedo respirar. Si me toca, sucumbiré. Sé el poder que tiene sobre mí y sobre mi cuerpo traidor. Lo sé y tengo que aferrarme a esta furia.

– Me tomé unas copas con una persona a la que estuve unido hace tiempo. Arreglamos nuestros problemas. No voy a volver a verla.

– ¿Fuiste tú a buscarla?

– Al principio no. Intenté localizar a Flynn, pero me encontré sin darme cuenta en el salón de belleza.

– ¿Y esperas que me crea que no vas a volver a verla? -le pregunto entre dientes. No puedo contener mi furia-. ¿Y la próxima vez que crucemos alguna frontera imaginaria? Tenemos la misma discusión una y otra vez. Es como la rueda de Ixión. ¿Si vuelvo a cometer algún error no irás corriendo a buscarla de nuevo?

– No voy a volver a verla -dice con una contundencia glacial-. Ella por fin entiende cómo me siento.

Le miro y parpadeo.

– ¿Qué significa eso?

Él se yergue y se pasa una mano por el pelo, irritado, furioso y mudo. Intento una táctica diferente.

– ¿Por qué puedes hablar con ella y no conmigo?

– Estaba furioso contigo. Como ahora.

– ¡No me digas! -exclamo-. Bueno, yo también estoy furiosa contigo. Furiosa porque fuiste tan frío y cruel ayer cuando te necesitaba. Furiosa porque dijiste que me he quedado embarazada a propósito, cosa que no es cierta. Furiosa porque me has traicionado. -Consigo reprimir un sollozo. Abre la boca sorprendido y cierra los ojos un momento, como si acabara de darle una bofetada. Trago saliva. Cálmate, Anastasia-. Sé que debería haber prestado más atención a la fecha de mis inyecciones. Pero no lo he hecho a propósito. Este embarazo también ha sido un shock para mí -murmuro intentando poner un poco de educación en este intercambio-. Podría ser que la inyección no hiciera el efecto correcto.

Me mira fijamente en silencio.

– Metiste la pata ayer -le susurro, y el enfado me hierve la sangre-. He tenido que vérmelas con muchas cosas en las últimas semanas.

– Tú sí que metiste la pata hace tres o cuatro semanas o cuando fuera que se te olvidó ponerte la inyección.

1 ... 102 103 104 105 106 107 108 109 110 ... 140
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)