Cincuenta Sombras Liberadas
- Автор: Джеймс Эрика Леонард
- Серия: Cincuenta Sombras #3
- Год: 2012
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
Christian interrumpe mis pensamientos.
– Puede que tenga que ir a Taiwan.
– Oh, ¿cuándo?
– A final de semana o quizá la semana que viene.
– Vale.
– Quiero que vengas conmigo.
Trago saliva.
– Christian, por favor. Tengo un trabajo. No volvamos a resucitar otra vez esa discusión.
Suspira y hace un mohín. Parece un adolescente enfurruñado.
– Tenía que intentarlo -murmura.
– ¿Cuánto tiempo estarás fuera?
– Un par de días a lo sumo. Me gustaría que me dijeras lo que te preocupa.
¿Cómo puede saberlo?
– Bueno, ahora mi amado esposo se aleja de mí…
Christian me da un beso en los nudillos.
– No estaré fuera mucho tiempo.
– Bien -le digo con una sonrisa débil.
Ray está más animado y menos gruñón esta vez. Me conmueve su gratitud silenciosa hacia Christian y durante un momento, mientras estoy sentada oyéndoles hablar de pesca y de los Mariners, olvido las noticias que tengo que darle a mi marido. Pero Ray se cansa muy rápido.
– Papá, nos vamos para que puedas dormir.
– Gracias, Ana, cariño. Me alegro de que hayáis venido. He visto a tu madre hoy también, Christian. Me ha tranquilizado mucho. Y también es una fan de los Mariners.
– Pero no le gusta mucho la pesca -dice Christian mientras se levanta.
– No conozco a muchas mujeres a las que les guste, ¿sabes? -dice Ray sonriendo.
– Te veo mañana, ¿vale? -Le doy un beso. Mi subconsciente frunce los labios: Eso si Christian no te encierra en casa… o algo peor. Se me cae el alma a los pies.
– Vamos. -Christian me tiende la mano y me mira con el ceño fruncido. Yo le doy la mano y salimos del hospital.
Picoteo la comida. Es el delicioso estofado de pollo de la señora Jones, pero no tengo hambre. Noto el estómago hecho un nudo y convertido en una bola de nervios.
– ¡Maldita sea, Ana! ¿Vas a decirme lo que te pasa? -Christian aparta su plato vacío, irritado. Yo solo le miro-. Por favor. Me está volviendo loco verte así.
Trago saliva intentando reprimir el pánico que me atenaza la garganta. Inspiro hondo para calmarme. Es ahora o nunca.
– Estoy embarazada.
Él se queda petrificado y lentamente el color va abandonando su cara.
– ¿Qué? -susurra con la cara cenicienta.
– Estoy embarazada.
Arruga la frente por la incomprensión.
– ¿Cómo?
¿Cómo que cómo? ¿Qué pregunta ridícula es esa? Me sonrojo y le dedico una mirada extrañada que dice: «¿Y tú cómo crees?».
La expresión de su cara cambia inmediatamente y sus ojos se convierten en pedernal.
– ¿Y la inyección? -gruñe.
Oh, mierda.
– ¿Te has olvidado de ponerte la inyección?
Me quedo mirándole, incapaz de hablar. Joder, está furioso… muy furioso.
– ¡Dios, Ana! -Golpea la mesa con el puño, lo que me sobresalta. Después se levanta de repente y está a punto de tirar la silla-. Solo tenías que recordar una cosa, ¡una cosa! ¡Mierda! No me lo puedo creer, joder. ¿Cómo puedes ser tan estúpida?
¿Estúpida? Doy un respingo. Mierda. Quiero decirle que la inyección no ha funcionado, pero no encuentro las palabras. Bajo la mirada a mi dedos.
– Lo siento -le susurro.
– ¿Que lo sientes? ¡Joder!
– Sé que no es el mejor momento…
– ¡El mejor momento! -grita-. Nos conocemos desde hace algo así como cinco putos minutos. Quería enseñarte el mundo entero y ahora… ¡Joder! ¡Pañales, vómitos y mierda! -Cierra los ojos. Creo que está intentando controlar su ira, pero obviamente pierde la batalla-. ¿Se te olvidó? Dímelo. ¿O lo has hecho a propósito? -Sus ojos echan chispas y la furia emana de él como un campo de fuerza.
– No -susurro. No le puedo decir lo de Hannah porque la despediría.
– ¡Pensaba que teníamos un acuerdo sobre eso! -grita.
– Lo sé. Lo teníamos. Lo siento.
Me ignora.
– Es precisamente por eso. Por esto me gusta el control. Para que la mierda no se cruce en mi camino y lo joda todo.
No… mi pequeño Bip.
– Christian, por favor, no me grites. -Las lágrimas comienzan a caer por mi cara.
– No empieces con lágrimas ahora -me dice-. Joder. -Se pasa una mano por el pelo y se tira de él-. ¿Crees que estoy preparado para ser padre? -Se le quiebra la voz en una mezcla de rabia y pánico.
Y todo queda claro y entiendo el miedo y el arrebato de odio que veo en sus ojos abiertos como platos: es la rabia de un adolescente impotente. Oh, Cincuenta, lo siento mucho. También ha sido un shock para mí…
– Ya sé que ninguno de los dos está preparado para esto, pero creo que vas a ser un padre maravilloso -digo con la voz ahogada-. Ya nos las arreglaremos.
– ¿Cómo coño lo sabes? -me grita, esta vez más alto-. ¡Dime! ¿Cómo? -Sus ojos arden y un sinfín de emociones le cruzan la cara rápidamente, aunque el miedo es la más destacada de ellas-. ¡Oh, a la mierda! -grita Christian desdeñosamente y levanta las manos en un gesto de derrota. Me da la espalda y se encamina al vestíbulo, cogiendo su chaqueta cuando sale del salón. Oigo el eco de sus pasos por el suelo de madera y le veo desaparecer por las puertas dobles que llevan al vestíbulo. El portazo que da al salir me sobresalta de nuevo.
Estoy sola con el silencio, el silencio quieto y vacío del salón. Me estremezco involuntariamente mientras miro sin expresión hacia las puertas cerradas. Se ha ido y me ha dejado aquí. ¡Mierda! Su reacción ha sido mucho peor de lo que había imaginado. Aparto mi plato y cruzo los brazos sobre la mesa para apoyar la cabeza en ellos mientras sollozo.
– Ana, querida… -La señora Jones está a mi lado.
Me incorporo rápidamente y me limpio las lágrimas de la cara.
– Lo he oído. Lo siento -me dice con cariño-. ¿Quieres una infusión o algo?
– Preferiría una copa de vino blanco.
La señora Jones se queda petrificada un segundo y entonces me acuerdo del bip. Ahora no puedo beber alcohol. ¿O sí? Tengo que leer el folleto que me ha dado la doctora Greene.
– Te traeré una copa.
– La verdad es que prefiero una taza de té, por favor. -Me limpio la nariz y ella sonríe con amabilidad.
– Marchando esa taza de té. -Recoge los platos y se encamina a la cocina. La sigo y me encaramo a un taburete. La observo mientras prepara el té.
Al poco pone una taza humeante delante de mí.
– ¿Hay algo más que pueda prepararte, Ana?
– No, estoy bien, gracias.
– ¿Seguro? No has comido mucho.
La miro.
– No tengo mucha hambre.
– Ana, necesitas comer. Ahora tienes que preocuparte por alguien más que por ti. Deja que te prepare algo. ¿Qué te apetece? -Me mira esperanzada, pero la verdad es que no podría comer nada.
Mi marido acaba de largarse porque estoy embarazada, mi padre ha tenido un accidente de coche grave y el zumbado de Jack Hyde me intenta hacer creer que fui yo la que le acosó sexualmente. De repente siento una necesidad incontrolable de reír. ¡Mira lo que me has hecho, pequeño Bip! Me acaricio el vientre.
La señora Jones me sonríe con indulgencia.
– ¿Sabes de cuánto estás? -me pregunta.
– De muy poco. De cuatro o cinco semanas, la doctora no está segura.
– Si no quieres comer, al menos descansa un poco.
Asiento y me llevo el té a la biblioteca. Es mi refugio. Saco la BlackBerry del bolso y pienso en llamar a Christian. Sé que ha sido un shock para él, pero creo que su reacción ha sido exagerada. ¿Y cuándo su reacción no es exagerada?, pregunta mi subconsciente arqueando una ceja. Suspiro. Cincuenta Sombras más…
– Sí, ese es tu padre, pequeño Bip. Con suerte se calmará y volverá… pronto.
Saco el folleto que me ha dado la doctora y me siento a leer.