El camino de dagas
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #8
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «El camino de dagas». Краткое содержание книги:
El tan deseado cambio climático, propiciado por el Cuenco de los Vientos, provoca bruscos cambios de temperatura que dificultan el desplazamiento de tropas.
Rand decide hacer frente a los seanchan en las costas de Ilian para frenar el avance del ejército invasor, pero además de al enemigo también tendrá que enfrentarse a la traición.
—¡La Antecámara! ¡Siuan, si sabes algo de la Antecámara…!
—No sé nada —la interrumpió la otra mujer—. Es algo que sospecho. —Chasqueó la lengua con irritación—. A decir verdad, ni siquiera es una sospecha. Al menos, no sé qué sospechar. Pero veo una pauta.
—Entonces será mejor que me lo cuentes —instó Egwene. Siuan se había mostrado muy hábil en detectar pautas donde otras sólo veían una maraña.
Rebullendo en la banqueta, Siuan se inclinó hacia adelante.
—Es lo siguiente: aparte de Romanda y de Moria, las Asentadas elegidas en Salidar son… demasiado jóvenes. —Mucho había cambiado en ella, pero hablar de la edad de otras hermanas le resultaba obviamente incómodo—. Escaralde es la mayor, y no me cabe duda de que no sobrepasa en mucho los setenta. No puedo asegurarlo sin consultar los libros de novicias en Tar Valon o sin decírselo a ella, pero estoy todo lo segura que es posible dadas las circunstancias. Rara vez la Antecámara ha tenido más de una Asentada que no sobrepasara los cien años, ¡y aquí tenemos nueve!
—Pero Romanda y Moria son nuevas —adujo suavemente Egwene mientras apoyaba los codos en la mesa. Había sido un día muy largo—. Y ninguna de ellas es joven. Quizá deberíamos dar las gracias porque las demás lo son; de otro modo no se habrían mostrado dispuestas a ascenderme. —Podría haber señalado que la propia Siuan había sido elegida Amyrlin cuando tenía la mitad de años que Escaralde, pero habría sido cruel recordárselo.
—Quizá —musitó obstinadamente la otra mujer—. Romanda era una elección segura para la Antecámara tan pronto como apareció. Dudo que haya una Amarilla que se atreva a disputarle el puesto de Asentada. En cuanto a Moria… No adhiere a Lelaine, aunque ésta y Lyrelle probablemente pensaron que lo haría. No lo sé. Pero, tened esto presente: cuando se asciende a una mujer demasiado joven, hay una razón. —Respiró hondo—. Incluyendo cuando lo hicieron conmigo. —El dolor por la pérdida pasó fugazmente por su rostro, la pérdida de su condición de Amyrlin sin lugar a dudas, y quizá de todo lo dejado atrás para siempre, pero desapareció casi al instante. Egwene creía que no conocía a otra mujer con tanta entereza como Siuan Sanche—. En este caso, había suficientes hermanas con la edad adecuada para escoger, y me cuesta imaginar que cinco Ajahs no acaben de llegar a un acuerdo para nombrar a ninguna de ellas. Hay una pauta, y me propongo descifrarla.
Egwene no estaba de acuerdo. El cambio flotaba en el aire, aunque Siuan no quisiera verlo. Elaida había roto la tradición, casi había llegado a quebrantar la ley, al usurparle el puesto. Habían huido hermanas de la Torre y habían permitido que el mundo lo supiera, y eso último ciertamente no había sucedido jamás. Cambio. Las hermanas de mayor edad serían más dadas a aferrarse a las viejas costumbres, pero incluso entre ellas tenía que haber algunas que vieran que todo estaba cambiando. Seguramente ése era el motivo de que se hubiesen elegido mujeres más jóvenes, más abiertas a lo nuevo. ¿Debería ordenar a Siuan que dejase de perder el tiempo con eso? ¿O sería un gesto compasivo dejarla continuar? ¡Era tal su deseo de demostrar que el cambio que veía no estaba ocurriendo realmente!
Antes de que Egwene tuviese tiempo de tomar una decisión, Romanda entró en la tienda y se quedó parada, manteniendo abierto el faldón de la puerta. Fuera, las largas sombras se proyectaban sobre la nieve. La noche se acercaba con rapidez. El semblante de Romanda estaba igual de sombrío y tormentoso. Clavó una dura mirada en Siuan y espetó:
—¡Fuera!
Egwene hizo un mínimo gesto de asentimiento, pero Siuan ya se había levantado de la silla. Dio un paso vacilante y luego salió casi corriendo. Se esperaba de una hermana con la posición de Siuan que obedeciese prestamente no sólo a una Asentada, sino a cualquier otra con la fuerza de Romanda en el Poder.
Romanda dejó caer el faldón y abrazó la Fuente. El brillo del saidar la envolvió y la mujer tejió una salvaguardia contra oídos indiscretos en torno a la tienda, sin molestarse siquiera en fingir pedir permiso a Egwene.
—¡Eres una necia! —bramó—. ¿Durante cuánto tiempo pensabas que podrías mantenerlo en secreto? Los soldados hablan, muchacha. ¡Los hombres siempre hablan! Bryne tendrá suerte si la Antecámara no clava su cabeza en una pica.
Egwene se puso de pie lentamente, alisándose la falda. Esperaba que esto ocurriera, pero todavía tenía que ser cauta. El juego distaba mucho de haber terminado, y todo podía volverse en su contra en un abrir y cerrar de ojos. Tenía que disimular inocencia hasta que pudiera permitirse el lujo de no fingir.
—¿He de recordarte que tratar groseramente a la Sede Amyrlin es un delito, hija? —preguntó en cambio. ¡Llevaba tanto tiempo fingiendo y estaba tan cerca de alcanzar su objetivo!
—La Sede Amyrlin. —Romanda acortó la distancia que las separaba cruzando a zancadas las alfombras y se paró a un metro de ella. A juzgar por su mirada fulminante, la idea de aproximarse más le pasó por la cabeza—. ¡Eres una niña! ¡Tus posaderas aún recuerdan los últimos varazos recibidos de novicia! Después de esto, tendrás suerte si la Antecámara no te castiga en un rincón y te quita tus pocos juguetes. Si quieres evitarlo, me prestarás atención y harás lo que te diga. ¡Y ahora, siéntate!
Egwene hervía de rabia por dentro, pero se sentó. Era demasiado pronto.
Con un brusco y satisfecho cabeceo, Romanda se puso en jarras. Miró a Egwene como una tía severa que echa el sermón a una sobrina que se ha portado mal. Una tía muy, muy severa. O como un degollador con dolor de muelas.
—Esa reunión con Pelivar y Arathelle debe celebrarse, ahora que se ha acordado. Esperan a la Sede Amyrlin, y la verán. Acudirás con toda la pompa y la dignidad debidas a tu título y les dirás que yo hablo en tu nombre, tras lo cual, ¡mantendrás la boca cerrada! Quitarlos de tu camino requiere una mano firme y alguien que sepa lo que hace. Sin duda, Lelaine aparecerá aquí en cualquier momento para intentar hacer lo mismo, pero recuerda el aprieto en el que está. Me he pasado el día hablando con las otras Asentadas, y parece muy probable que los fracasos de Merilille y Merana se atribuyan a Lelaine en la próxima sesión de la Antecámara. De modo que si hay para ti alguna esperanza de ganar la experiencia que necesitarás para que esa estola no te quede grande, se halla conmigo. ¿Has entendido?
—Perfectamente —repuso Egwene en un tono que confiaba sonara sumiso. Si dejaba que Romanda hablase en su nombre, ya no habría lugar a dudas. La Antecámara y el mundo entero sabría quién tenía a Egwene al’Vere agarrada por el pescuezo.
Los ojos de Romanda parecieron taladrarla antes de que la mujer hiciese un gesto brusco de asentimiento.
—Espero que sea así. Me propongo destituir a Elaida de la Sede Amyrlin, y no permitiré que todo se vaya al garete porque una chiquilla cree que sabe lo bastante para cruzar la calle sin que nadie la lleve de la mano. —Resopló, se envolvió en la capa y salió airadamente de la tienda. La salvaguardia desapareció al mismo tiempo que ella.
Egwene se sentó y miró con el entrecejo fruncido el faldón de la entrada. ¿Una chiquilla? ¡Al infierno con ella! ¡Era la Sede Amyrlin! ¡Les gustase o no, la habían investido y tendrían que aceptarlo! Con el tiempo. Cogió el tintero y lo arrojó contra el faldón de la puerta.
Lelaine tuvo que echar la cabeza hacia atrás, evitando por un pelo la rociada de tinta.
—¡Vaya, qué geniecito! —dijo burlona mientras entraba.
Sin pedir permiso, como Romanda, abrazó la Fuente y tejió una salvaguardia para que nadie más oyera lo que tenía que decir. En contraste con la ira demostrada por Romanda, Lelaine parecía muy complacida consigo misma, frotándose las enguantadas manos y sonriendo.
—Supongo que no tengo que decirte que tu pequeño secreto se ha descubierto. Mal asunto para lord Bryne, pero creo que es demasiado valioso para matarlo. Tiene suerte de que opine así. Veamos. Imagino que Romanda te dijo que la reunión con Pelivar y Arathelle se celebrará, pero que tienes que dejar que sea ella la que hable, ¿me equivoco? —Egwene rebulló en la silla, pero Lelaine agitó la mano—. No hace falta que contestes. Conozco a Romanda. Infortunadamente para ella, me enteré de esto antes y, en lugar de venir corriendo hacia aquí, he estado sondeando a las otras Asentadas. ¿Quieres saber cuál es su opinión?