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Cincuenta Sombras Liberadas

Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:

La tercera entrega de la exitosa trilogía Cincuenta sombras
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
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– Mientras, quiero que empiece con un ciclo de ácido fólico y vitaminas prenatales. Aquí tiene un folleto de las cosas que puede hacer y las que no.

Me da una caja de pastillas y un folleto y sigue hablándome, pero no la estoy escuchando. Estoy consternada. Abrumada. Creo que debería estar feliz. Aunque también creo que debería tener treinta… por lo menos. Es muy pronto… demasiado pronto. Intento sofocar la sensación de pánico creciente.

Me despido educadamente de la doctora Greene y vuelvo a la salida. Cruzo las puertas y me encuentro con la fresca tarde de otoño. De repente siento un frío que me cala hasta los huesos y un mal presentimiento que nace de lo más hondo de mi ser. Christian se va a poner como una fiera, lo sé, pero soy incapaz de predecir hasta qué punto. Sus palabras se repiten en mi cabeza: «No estoy preparado para compartirte todavía». Me cierro aún más la chaqueta intentando quitarme ese frío.

Sawyer salta del todoterreno y me abre la puerta. Frunce el ceño al ver mi cara, pero ignoro su expresión preocupada.

– ¿Adónde vamos, señora Grey? -me pregunta.

– A Seattle Independent Publishing. -Me acomodo en el asiento de atrás del coche, cierro los ojos y apoyo la cabeza en el reposacabezas. Debería estar feliz. Sé que debería estar feliz. Pero no lo estoy. Es demasiado pronto. Mucho más que demasiado pronto. ¿Qué va a pasar con mi trabajo? ¿Qué voy a hacer con Seattle Independent Publishing? ¿Y qué va a ser de Christian y de mí? No. No. No. Vamos a estar bien. Él va a estar bien. Le encantaba Mia cuando era un bebé, recuerdo que Carrick me lo dijo, y también la adora ahora. Tal vez debería avisar a Flynn… Quizá no debería decírselo a Christian. Quizá… quizá debería ponerle fin. Freno mis pensamientos, alarmada por la dirección que están tomando. Instintivamente bajo las manos para colocarlas protectoramente sobre mi vientre. No. Mi pequeño Bip. Se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Qué voy a hacer?

Una imagen de un niño pequeño con pelo cobrizo y brillantes ojos grises corriendo por el prado en la casa nueva aparece en mi mente, tentándome y llenándome la cabeza de posibilidades. Ríe y chilla encantado mientras Christian y yo le perseguimos. Christian le coge en brazos y le levanta para hacerle girar y después le lleva apoyado en la cadera mientras los dos vamos caminando de la mano hasta la casa.

La imagen se deforma en Christian apartándose de mí con expresión de disgusto. Estoy gorda y tengo el cuerpo raro, con el embarazo muy avanzado. Camina por la larga sala de los espejos, alejándose de mí, y oigo el eco de sus pasos resonando contra los espejos plateados, las paredes y el suelo. Christian…

Abro los ojos sobresaltada. No. Va a montar en cólera.

Cuando Sawyer para delante de Seattle Independent Publishing, salto del coche y me dirijo al edificio.

– Ana, qué alegría verte. ¿Cómo está tu padre? -me pregunta Hannah en cuanto entro en la oficina. La miro fríamente.

– Está mejor, gracias. ¿Puedo hablar contigo en mi despacho?

– Claro. -Parece sorprendida cuando me sigue al interior-. ¿Va todo bien?

– Necesito saber si has cambiado o cancelado citas con la doctora Greene.

– ¿La doctora Greene? Sí. Dos o tres creo. Sobre todo porque estabas en otras reuniones o te habías retrasado. ¿Por qué?

¡Porque ahora estoy embarazada, joder!, grito dentro de mi cabeza. Inspiro hondo para tranquilizarme.

– Si me cambias alguna cita, ¿puedes asegurarte de que yo lo sepa? No siempre reviso la agenda.

– Claro -dice Hannah en voz baja-. Lo siento. ¿He hecho algo mal?

Niego con la cabeza y suspiro.

– ¿Puedes prepararme un té? Luego hablaremos de lo que ha pasado mientras he estado fuera.

– Claro. Ahora mismo. -Más animada, sale de la oficina.

Miro a mi ayudante mientras se va.

– ¿Ves a esa mujer? -le digo en voz baja al bip-. Es probable que ella sea la razón de que estés aquí. -Me doy unas palmaditas en el vientre y entonces me siento como una completa idiota por estar hablando con el bip. Mi diminuto Bip. Niego con la cabeza enfadada conmigo misma y con Hannah… aunque en el fondo sé que no puedo culpar a Hannah. Desanimada, enciendo el ordenador. Tengo un correo de Christian.

De: Christian Grey

Fecha: 13 de septiembre de 2011 13:58

Para: Anastasia Grey

Asunto: La echo de menos

Señora Grey:

Solo llevo en la oficina tres horas y ya la echo de menos.

Espero que Ray esté cómodo en su nueva habitación. Mamá va a ir a verla esta tarde para comprobar qué tal está.

Te recogeré a las seis esta tarde; podemos ir a verle antes de volver a casa.

¿Qué te parece?

Tu amante esposo

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Escribo una respuesta rápida.

De: Anastasia Grey

Fecha: 13 de septiembre de 2011 14:10

Para: Christian Grey

Asunto: La echo de menos

Muy bien.

x

Anastasia Grey

Editora de SIP

De: Christian Grey

Fecha: 13 de septiembre de 2011 14:14

Para: Anastasia Grey

Asunto: La echo de menos

¿Estás bien?

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

No, Christian, no estoy bien. Me estoy volviendo loca porque sé que tú te vas a subir por las paredes. No sé qué hacer. Pero no te lo voy a decir por correo electrónico.

De: Anastasia Grey

Fecha: 13 de septiembre de 2011 14:17

Para: Christian Grey

Asunto: La echo de menos

Sí, estoy bien. Ocupada nada más.

Te veo a las seis.

x

Anastasia Grey

Editora de SIP

¿Cuándo se lo voy a contar? ¿Esta noche? ¿Tal vez después del sexo? Tal vez durante el sexo. No, eso puede ser peligroso para los dos. ¿Cuando esté dormido? Apoyo la cabeza en las manos. ¿Qué demonios voy a hacer?

– Hola -dice Christian con cautela cuando subo al todoterreno.

– Hola -le susurro.

– ¿Qué pasa? -Me mira con el ceño fruncido. Niego con la cabeza cuando Taylor arranca y se dirige al hospital.

– Nada. -¿Tal vez ahora? Podría decírselo ahora que estamos en un espacio reducido y con Taylor.

– ¿El trabajo va bien? -sigue intentándolo Christian.

– Sí, bien, gracias.

– Ana, ¿qué ocurre? -Ahora su tono es más duro y yo me acobardo.

– Solo que te he echado de menos, eso es todo. Y he estado preocupada por Ray.

Christian se relaja visiblemente.

– Ray está bien. He hablado con mi madre esta tarde y está impresionada por su evolución. -Christian me coge la mano-. Vaya, qué fría tienes la mano. ¿Has comido?

Me ruborizo.

– Ana… -me regaña Christian preocupado.

Bueno, no he comido porque sé cómo te vas a poner cuando te diga que estoy embarazada…

– Comeré esta noche. No he tenido tiempo.

Niega con la cabeza por la frustración.

– ¿Quieres que añada a la lista de tareas del equipo de seguridad la de cerciorarse de que mi mujer coma?

– Lo siento. Ya comeré. Es que ha sido un día raro. Por el traslado de papá y todo eso…

Aprieta los labios hasta formar una dura línea, pero no dice nada. Yo miro por la ventanilla. ¡Cuéntaselo!, me susurra entre dientes mi subconsciente. No. Soy una cobarde.

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