La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1994
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-1909-2
- Переводчик: Jose M. Alvarez Florez
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]». Краткое содержание книги:
—Lo siento —dijo—. Son… Guerreros de mi Amo. Maldita sea, ¿qué estoy haciendo?
—Vamos, entremos ahí —dijo Staley nervioso.
Alzó su arma para taladrar un lateral del vehículo. El Marrón seguía inspeccionando la puerta, con mucha cautela, como si le diese miedo.
—Permítame, señor.
—Whitbread parecía querer gastar una broma. Empuñaba una espada corta de gruesa empuñadura. Horst vio sorprendido cómo cortaba con ella un gran cuadrado de plancha del lateral del vehículo con un movimiento continuado de la hoja, casi sin esfuerzo.
—Creo que vibra —dijo.
A través de sus filtros de aire llegaban algunos olores. Debía de ser peor para los pajeños, pero no parecía importarles. Se amontonaron en el interior del segundo vehículo.
—Será mejor que miren esto —dijo la pajeña de Whitbread; parecía mucho más tranquila ya—. Conozcan a sus enemigos.
Gorjeó dirigiéndose al Marrón, que examinó detenidamente los controles del vehículo y luego se sentó en el asiento del conductor. Tuvo que sacar a un guerrero para hacerlo.
—Échenle un vistazo debajo del brazo izquierdo —dijo la pajeña de Whitbread—. Eso es un segundo brazo izquierdo, que es sólo un vestigio en la mayoría de las especies pajeñas. Es como una uña, como una… —lo pensó un momento—. Una garra. Afilada como un cuchillo. Y los músculos necesarios para manejarla.
Whitbread y Potter se estremecieron. Dirigidos por Staley, comenzaron a echar los cuerpos de los demonios por el agujero del coche. Los Guerreros parecían todos gemelos, todos idénticos salvo por las quemaduras de los rayos láser. Los pies terminaban en un material córneo agudo en el talón y en los dedos. Una patada, hacia adelante o hacia atrás, sería suficiente. Las cabezas eran pequeñas.
—¿Son seres inteligentes? —preguntó Whitbread.
—Para vuestras normas, sí, pero tienen muy poca inventiva —contestó la pajeña de Whitbread; hablaba como él cuando recitaba lecciones al primer teniente, un tono muy preciso pero sin sentimientos—. Pueden arreglar un arma, pero no saben idear modificaciones ni armas nuevas. Hay, además, una forma distinta de Médico, un híbrido entre el verdadero Médico y el Guerrero. Semiinteligente. Creo que pueden imaginarse su aspecto. Será mejor que dejen al Marrón comprobar las armas que cojan…
El vehículo comenzó a moverse sin previo aviso.
—¿Adonde vamos? —preguntó Staley.
La pajeña de Whitbread gorjeó de nuevo. Parecía el silbido de un pájaro.
—Ésa es la próxima ciudad que encontraremos siguiendo el subterráneo…
—Tendrán bloqueado el camino. O habrá un grupo armado esperándonos —dijo Staley—. ¿Qué distancia hay?
—Oh… cincuenta kilómetros.
—Recorreremos la mitad y pararemos —ordenó Staley.
—De acuerdo, señor —la voz de la pajeña se parecía aún más a la de Whitbread—. Les han subestimado, Horst. Es la única explicación posible. Nunca oí que un Guerrero muriese a manos de otro que no fuese un Guerrero. O un Amo, a veces; no muy a menudo. Hacemos que los Guerreros luchen entre sí. Así podemos mantener controlado su crecimiento.
—Ah —murmuró Whitbread—. ¿Y por qué no intentan simplemente que no procreen?
La pajeña se echó a reír. Era una risa curiosamente amarga, muy humana y muy inquietante.
—¿Nunca se preguntaron por qué murió la Ingeniera a bordo de su nave?
Todos contestaron a la vez:
—Sí.
—Por supuesto.
—Claro.
Charlie gorjeó algo.
—Pueden saberlo, no hay problema —dijo la pajeña de Whitbread—. Murió porque no había nadie que pudiese dejarla embarazada. —Hubo un largo silencio—. Ése es todo el secreto. ¿Aun no lo entienden? En todas las variedades de mi especie, las hembras tienen que quedar embarazadas después de haber sido hembras durante un tiempo. Niño, varón, hembra, preñez, varón, hembra, preñez. Y así sucesivamente. Y si cuando es hembra no queda embarazada en determinado período, muere. Incluso nosotros. Y nosotros los Mediadores no podemos procrear. Somos híbridos estériles.
—Pero… —Whitbread hablaba como un niño al que acabasen de decir quiénes son en realidad los Reyes Magos—. ¿Y cuánto tiempo viven los Mediadores?
—Unos veinticinco años de los vuestros. Quince años después de la madurez. Pero los Ingenieros, los Agricultores y los Amos (¡sobre todo los Amos!) tienen que procrear en un período de dos años de los vuestros. Esa Ingeniera que recogisteis debía de estar ya muy cerca del punto límite.
Continuaban avanzando en silencio por el subterráneo.
—Pero… Dios mío —dijo lentamente Potter—. Eso es terrible.
—«Terrible». Maldita sea. Por supuesto que es terrible. Sally y su…
—¿Qué pasa con Sally? —preguntó Whitbread.
—Pildoras anticonceptivas. Le preguntamos a Sally Fowler qué hacía una humana cuando no quería tener hijos. Utiliza pildoras anticonceptivas.
Pero las chicas honradas no las utilizan. Lo que hacen es prescindir de las relaciones sexuales —dijo ferozmente.
El vehículo continuaba su camino. Horst iba sentado en la parte posterior, que era ahora la delantera, mirando atento con el arma dispuesta. Se giró un poco. Ambos pajeños miraban a los humanos con los labios un poco abiertos para mostrar los dientes, ampliando su sonrisa; pero la amargura de las palabras y del tono desmentía las miradas cordiales.
—¡Lo que hacen es prescindir de las relaciones sexuales! —dijo de nuevo la pajeña de Whitbread—. ¡Fyoofwffle(silbido)! Ahora ya sabéis por qué tenemos guerras. Guerras siempre…
—Explosión demográfica —dijo Potter.
—Sí. Cuando una civilización sale de la barbarie, los pajeños dejan de morirse de hambre… ¡Vosotros los humanos no sabéis lo que es la presión demográfica! Podemos controlar el crecimiento de las especies inferiores, pero ¿qué pueden hacer los que dan órdenes con los de su propia casta? ¡Lo más próximo al control de la natalidad que conocemos es el infanticidio!
—Y no podéis practicarlo —dijo Potter—. Un instinto así hay que eliminarlo de la raza. Así que al final todo se convierte en una lucha generalizada por apoderarse de los alimentos que existen.
—Exactamente. —La pajeña de Whitbread parecía ahora más tranquila—. Cuanto más elevada es la civilización, más prolongado es el período de barbarie. Y siempre aparece Eddie el Loco intentando modificar la ley de los Ciclos, y empeorando aún más las cosas. En este momento estamos muy próximos al colapso, caballeros, por si no lo han advertido. Cuando ustedes llegaron había una terrible lucha por problemas jurisdiccionales. Ganó mi Amo…
Charlie gorjeó y ronroneó un segundo.
—Sí. El Rey Pedro intentó eso, pero no pudo lograr suficiente apoyo. No era seguro que pudiese ganar en una lucha contra mi Amo. Lo que estamos haciendo ahora nosotros probablemente provoque esa guerra. No importa. Tenía que estallar tarde o temprano.
—¿Plantan ustedes cultivos en las azoteas por la presión demográfica? —dijo Whitbread.
—No, eso es simple sentido común. Como lo de instalar parcelas de tierra de cultivo en las ciudades. Siempre sobreviven algunos, para iniciar de nuevo el ciclo.
—Debe de ser duro, edificar una civilización sin disponer siquiera de materiales radiactivos —dijo Whitbread—. ¿Y han de pasar directamente a la fusión de hidrógeno cada vez?
—Claro. Veo que va entendiendo algo.
—No estoy seguro de entenderlo bien.
—Bueno, ha sido siempre así, durante toda la historia escrita. Mucho tiempo para nuestra medida. Salvo el período en que se descubrieron materiales radiactivos en los asteroides troyanos. Allí vivían unos cuantos grupos que trajeron la civilización aquí. Los materiales radiactivos habían sido explotados concienzudamente por otra civilización más antigua, pero todavía quedaba algo.