Zapatos de caramelo
- Автор: Харрис Джоанн
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Zapatos de caramelo». Краткое содержание книги:
Su vida en París es monótona y convencional, tanto como su novio Thierry, y cree que casándose con él aportará estabilidad y normalidad a su vida, a la de su hija Annie, que ahora tiene 10 años, y a la de la pequeña Rosette.
Yanne, sola en la gran ciudad, encuentra en la joven Zozie una buena amiga hasta que se ve obligada a despertar sus poderes dormidos en la víspera de su boda, momento en que su viejo amor Roux reaparece en su vida.
Vianne sonríe. Seguramente el ponche comienza a surtir efecto y se ha ruborizado por el éxito obtenido.
– Gracias -responde poniéndose en pie-. Me siento muy contenta de que hoy estéis aquí y quiero agradeceros la ayuda que nos habéis prestado.
Pienso que es una reacción encantadora y me pregunto qué han hecho exactamente.
– Quiero agradecer vuestra fidelidad, apoyo y amistad en el momento en el que más los necesitábamos. -Vuelve a sonreír y tal vez comienza a hacerse cargo de las sustancias químicas que circulan libremente por sus venas, que la han vuelto locuaz, extrañamente imprudente y casi temeraria, como una Vianne mucho más joven de otra vida casi olvidada-. Tuve lo que suele definirse como una infancia inestable. Eso significa que nunca me asenté. Fuera donde fuese, no me sentía aceptada. Siempre tuve la sensación de ser forastera. He logrado estar cuatro años aquí y se lo debo a personas como vosotros.
¡Qué aburrimiento, qué aburrimiento! Se aproxima un discurso interminable.
Me sirvo un vaso de ponche y busco la mirada de mi pequeña Anouk. Noto que está un pelín inquieta, tal vez por la ausencia de Jean-Loup. El pobre debe de estar muy enfermo. Suponen que se debió a algo que comió. Con un corazón tan delicado como el suyo todo resulta peligroso: un resfriado, una ráfaga de viento, un ensalmo, incluso…
¿Es posible que Anouk se sienta culpable?
Por favor, Anouk, descarta esa idea. ¿Por qué te sientes responsable? Como si no estuvieras lo bastante atenta a cada negativa. Querida, debo decir que veo tus colores y la forma en la que contemplaste mi pequeño belén, con el círculo mágico del trío que se encuentra bajo la luz de las estrellas eléctricas.
Hablando de todo un poco, falta alguien. Llega tarde, como era de esperar, pero se acerca deprisa, serpentea por las callejuelas de la colina sigiloso como un zorro alrededor del gallinero. Su lugar en la cabecera de la mesa permanece vacío y allí continúan los platos y las copas.
Vianne se tacha de tonta. Anouk empieza a sospechar que tantos planes e invocaciones no han servido, que la nieve no cambiará nada y que aquí no hay nada que la retenga.
A medida que la cena toca a su fin, todavía queda tiempo para los tintos del Gers, los p'tits cendrés recubiertos de ceniza de roble, los quesos frescos sin pasteurizar, los secos y los maduros, el Buzet añejo, la carne de membrillo, las nueces, las almendras frescas y la miel.
En ese momento Vianne presenta los trece postres y el tronco de Yule, grueso como el brazo de un forzudo y blindado con una capa de dos centímetros y medio de chocolate. Todos los que pensaron que ya no podían más, Alice incluida, encuentran un hueco para un trozo de tronco (en el caso de Nico, son dos o tres huecos) y, como el ponche se ha terminado, Vianne descorcha una botella de champán y brindamos.
¡Por los ausentes!
8
Lunes, 24 de diciembre.
Nochebuena, diez y media de la noche
Rosette está casi dormida. Se ha portado muy bien durante la cena; ha comido con los dedos, pero limpiamente, sin babear demasiado, y ha hablado mucho (por signos, claro) con Alice, que está sentada junto a su trona.
Adora las alas de hada de Alice, lo que es bueno porque esta le ha traído un par de regalos, que ha dejado al pie del árbol de Navidad. Rosette es demasiado pequeña para esperar a la medianoche, en realidad ya debería estar en la cama, por lo que decidimos que abra los regalos. Desenvolvió el paquete con las alas de hada, que son moradas, plateadas y geniales, y se olvidó del resto de los regalos; si he de ser sincera, espero que Alice me haya hecho el mismo obsequio, lo cual parece probable dada la forma del paquete. Rosette se ha convertido en mono volador, algo que le parece muy gracioso; gatea por el suelo con las alas moradas y el disfraz de mono y, con una galleta de chocolate en la mano, sonríe a Nico desde debajo de la mesa.
Se ha hecho tarde y empiezo a estar cansada. ¿Dónde está Roux? ¿Por qué no ha venido? Soy incapaz de pensar en otro asunto, ni siquiera en la comida o en los regalos. Me siento demasiado nerviosa. Tengo la sensación de que mi corazón se ha convertido en un juguete de cuerda y da vueltas descontrolado. Cierro los ojos unos instantes y percibo el aroma del café y del chocolate caliente con especias, que tanto le gusta a mamá, y el sonido de los platos que retiran de la mesa.
Vendrá, pienso. Tiene que venir.
Ya es muy tarde y no está aquí. ¿He hecho algo mal? ¿Me equivoqué con las velas, el azúcar, el círculo y la sangre? ¿Con el oro y el incienso? ¿Con la nieve?
Veamos, ¿por qué no ha llegado todavía?
No quiero llorar. Es Nochebuena, pero no tendría que discurrir así. ¿Se trata del desenlace del que habló Zozie? Había que deshacerse de Thierry pero… ¿a qué precio?
Oigo las campanillas y abro los ojos. Hay alguien en el umbral. Durante unos segundos lo veo con toda claridad, vestido de negro de la cabeza a los pies y con la melena pelirroja suelta…
Vuelvo a mirarlo y no es Roux. El que está en la puerta es Jean-Loup y supongo que la mujer pelirroja que se encuentra a su lado es su madre. Su expresión es arisca e incómoda, pero Jean-Loup parece encontrarse bien, tal vez un poco pálido, como de costumbre.
Abandono la silla de un salto.
– ¡Has logrado venir! ¡Hurra! ¿Te sientes bien?
– Nunca me he sentido mejor -replica sonriente-. ¿No crees que sería la persona más imperfecta del mundo si, después de todo lo que has trabajado, me perdiera tu fiesta?
La madre de Jean-Loup intenta esbozar una sonrisa y toma la palabra:
– No quiero molestar, pero Jean-Loup insistió en que…
– Le damos la bienvenida -la interrumpo.
Mientras mamá y yo vamos al obrador en busca de un par de sillas, Jean-Loup se mete la mano en el bolsillo y saca algo. Parece un regalo envuelto en papel dorado y es pequeño, más o menos del tamaño de un praliné. Se lo entrega a Zozie y explica:
– Parece que, después de todo, no son mis preferidos.
Zozie está de espaldas a mí, por lo que no veo su expresión ni el contenido del paquete. Seguramente Jean-Loup decidió dar una oportunidad a Zozie y siento un alivio tan grande que estoy a punto de echarme a llorar. Todo empieza a rodar. Solo falta que Roux vuelva y que Zozie decida quedarse…
En ese momento se da la vuelta y le veo la cara, que no tiene nada que ver con la de Zozie. Debe de ser una mala pasada de la luz, ya que durante un instante parecía enfadada… ¿He dicho enfadada? Pues no, estaba furiosa…, con los ojos como rendijas, la boca llena de dientes y los dedos apretando con tanta fuerza el paquete entreabierto que el chocolate gotea como la sangre…
Bien, como ya he dicho, se hace tarde. Deben de ser mis ojos los que me juegan una mala pasada, ya que una fracción de segundo después vuelve a ser la de siempre, sonríe de oreja a oreja, está estupenda con el vestido rojo y los tacones de terciopelo del mismo color y estoy en un tris de preguntar a Jean-Loup qué contenía el pequeño paquete cuando las campanillas vuelven a tintinear y entra alguien, una figura alta, que viste de rojo y blanco, con gorro de piel y una enorme barba postiza.
– ¡Roux! -grito y doy un brinco.
Roux se quita la barba postiza y veo que sonríe.
Rosette está casi a sus pies. Roux la coge y la balancea en el aire.
– ¡Un monito! -exclama Roux-. Es mi preferido. ¡Y, por si eso fuera poco, un mono volador!