Encrucijada en el crepúsculo
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #10
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Encrucijada en el crepúsculo». Краткое содержание книги:
La heredera del Trono de Andor, rodeada de enemigos y de amigos siniestros que planean su destrucción, puede caer en manos de la Sombra y arrastrar consigo al Dragón Renacido, y Egwene al’Vere pone sitio al centro de poder Aes Sedai, pero ha de vencer con rapidez para evitar que los Asha’man sean los únicos capaces de defender el mundo del Oscuro.
Tras limpiar la mitad masculina de la Fuente Verdadera, Rand al’Thor se ve obligado a correr grandes riesgos sin saber con certeza quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
—Sareitha dice que volvisteis a comportaros como un héroe, capitán Mellar. ¿Cómo es eso?
—Simplemente mi deber para con mi reina. —A despecho del tono cargado de excesiva modestia, su sonrisa era más cálida de lo que debería. La mitad de palacio pensaba que era el padre del bebé de Elayne, y que ella no hubiese acallado ese rumor al parecer le hacía creer que tenía posibilidades. Sin embargo, la sonrisa no tuvo reflejo en sus ojos, que siguieron fríos como la muerte—. Cumplir mi deber con vos es un placer, mi reina.
—Ayer el capitán Mellar dirigió otra salida sin tener órdenes —intervino Birgitte en un tono cuidadosamente inexpresivo—. Esta vez la lucha casi se extendió dentro de la puerta de Far Madding, que había ordenado dejar abierta en previsión de su regreso.
Elayne sintió endurecérsele el gesto.
—Oh, no —protestó Sareitha—. No ocurrió así en absoluto. Cien hombres armados de lord Luan intentaron llegar a la ciudad por la noche, pero se marcharon demasiado tarde y el sol los sorprendió. Como también los sorprendió un efectivo de hombres de lord Nasin tres veces superior. Si el capitán Mellar no hubiese abierto las puertas y dirigido el rescate, los habrían destrozado a la vista de las murallas. De ese modo consiguió salvar a ochenta hombres para tu causa. —Sonriente, Mellar se deleitó con las alabanzas de la Aes Sedai como si no hubiese escuchado la crítica de Birgitte. Naturalmente, tampoco parecía ser consciente de las miradas desaprobadoras de Careane y Merilille.
—¿Cómo sabíais que eran hombres de lord Luan, capitán? —inquirió Elayne con tono sosegado. Una leve sonrisa, que debería haber dado un toque de advertencia a Mellar, apareció en el semblante de Birgitte. Claro que el hombre era uno de los que parecían no creer que ésta fuera un Guardián. Aun en el caso de que lo hubiese creído, pocas personas a excepción de Guardianes y Aes Sedai sabían lo que confería el vínculo. Si acaso, la expresión de Mellar se hizo más petulante.
—No me guié por el estandarte, mi reina. Cualquiera puede llevar uno. Reconocí a Jurad Accan con mi visor de lentes. Accan es leal a Luan a carta cabal. Una vez lo identifiqué… —Hizo un ademán quitándole importancia—. El resto no fue más que un pequeño ejercicio.
—¿Y el tal Jurad Accan trajo algún mensaje de lord Luan?, ¿algo firmado y sellado afirmando el apoyo de la casa Norwelyn a Trakand?
—Nada escrito, mi reina, pero como he dicho…
—Lord Luan no se ha pronunciado a mi favor, capitán.
La sonrisa de Mellan se borró un tanto. No estaba acostumbrado a que lo interrumpieran.
—Pero, mi reina, lady Dyelin dice que puede darse por hecho que Luan está en vuestro bando. Que Accan haya aparecido es prueba de…
—De nada, capitán —lo cortó fríamente Elayne—. Quizá lord Luan esté finalmente en mi bando, pero hasta que se pronuncie lo que me habéis dado son ochenta hombres a los que habrá que vigilar. —Ochenta de cien. ¿Y cuántos de ella había perdido ese hombre? ¡Y había puesto en peligro Caemlyn, así lo abrasara la Luz!—. Ya que podéis sacar tiempo libre de vuestras obligaciones de dirigir a mi escolta para encabezar salidas, también lo encontraréis para hacer los arreglos pertinentes para que se los tenga vigilados. No prescindiré de nadie que preste servicio en las murallas para esa tarea. Poned a maese Accan y a sus compañeros a entrenar a los hombres que he traído de los predios. Eso los mantendrá ocupados a todos y apartados de problemas la mayor parte del día, pero os dejo a vos la responsabilidad de tenerlos alejados de las murallas y de cualquier conflicto, capitán. Podéis ir a ocuparos de ello ahora.
Mellar la miró estupefacto. Nunca le había llamado la atención y no le hizo gracia que lo hiciera, sobre todo delante de tantos testigos. Ahora no hubo sonrisas en exceso cálidas. Su boca se torció y un brillo hosco surgió en sus ojos. Pero no le quedó más remedio que hacer una brusca reverencia, murmurar «Como ordene mi reina» con voz ronca, y marcharse con toda la dignidad que fue capaz de mostrar. Antes de haberse alejado tres metros iba caminando corredor adelante como si quisiera arrollar a cualquiera que se interpusiera en su camino. Elayne pensó que debería advertir a Rasoria que llevara cuidado. Cabía la posibilidad de que ese hombre tratara de calmar la ira descargándola en los que habían visto y oído la escena. Merilille y Careane asintieron con sendos cabeceos casi idénticos; de ser por ellas, hacía mucho tiempo que le habrían leído la cartilla a Mellar y, preferiblemente, lo habrían expulsado de palacio.
—Aunque hiciera mal —intervino Sareitha con cautela—, y no estoy convencida de ello, el capitán Mellar salvó tu vida a riesgo de la suya, Elayne, y también la de lady Dyelin. ¿Realmente era necesario avergonzarlo delante de nosotras?
—No pienses jamás que no saldo mis deudas, Sareitha. —Elayne sintió que Aviendha le agarraba una mano y Birgitte la otra. Se las apretó ligeramente. Cuando se estaba rodeado de enemigos era una suerte tener cerca a una hermana y una amiga—. Voy a darme un baño caliente, y a menos que alguna de vosotras quiera frotarme la espalda…
Se dieron cuenta de… que les estaba diciendo que se marcharan y lo hicieron, aunque con más estilo que el capitán Mellar, Careane y Sareitha comentando si las Detectoras de Vientos querrían tomar lecciones o no ese día, y Merilille tratando de mirar en todas direcciones a la vez con la esperanza de esquivar a cualquier Atha’an Miere. Mas, ¿de qué hablarían después? ¿De si había tenido una discusión con el padre de su bebé? ¿De si habrían tenido éxito ocultando su culpabilidad en el asesinato de Adeleas?
«Siempre saldo mis deudas —pensó Elayne mientras las seguía con la mirada—. Y ayudo a mis amigos a saldar las suyas».
12
Un trato
Darse un baño no era difícil, aunque Elayne tuvo que esperar en el pasillo, donde las corrientes hacían titilar las lámparas de espejos, contemplando ceñuda las puertas con tallas de leones de sus aposentos mientras Rasoria y dos de las guardias entraban y registraban. Una vez que estuvieron seguras de que no había ningún asesino al acecho y las guardias se hubieron apostado en el corredor y en la sala de estar, Elayne entró y se encontró con la canosa Essande aguardando en el dormitorio con Naris y Sephanie, las dos jóvenes doncellas a las que estaba enseñando. Essande era delgada, con el Lirio Dorado de Elayne bordado en la parte izquierda de la pechera y una gran dignidad resaltada por su modo pausado de moverse, aunque parte de ello se debía a la edad y a las articulaciones doloridas que se negaba a reconocer. Naris y Sephanie eran hermanas, de rostros lozanos, fornidas y de mirada tímida, orgullosas de sus uniformes y felices de haber sido elegidas para esa tarea en vez de estar limpiando salones, pero que parecían casi tan intimidadas por Essande como por Elayne. Había otras doncellas más expertas disponibles, mujeres que llevaban años trabajando en palacio, pero, por desgracia, era más seguro recurrir a chicas que habían ido buscando cualquier tipo de trabajo que pudieran encontrar.
En un extremo de la habitación habían enrollado las alfombras y colocado dos bañeras de cobre encima de capas de tela de felpa extendidas sobre las baldosas rosas, prueba de que la noticia de la llegada de Elayne la había precedido. La servidumbre tenía un don para enterarse de lo que ocurría que los informadores de la Torre habrían envidiado. Un buen fuego en la chimenea y las ventanas acristaladas hacían que el cuarto estuviera caliente después de andar por los pasillos, y Essande sólo esperó ver entrar a Elayne en la habitación para enviar a Sephanie corriendo a buscar a los hombres con el agua caliente. La traerían en baldes de doble pared y con tapaderas para que no se enfriara en el camino desde las cocinas, aunque seguramente los retrasarían un poco las guardias, que comprobarían que no hubiera cuchillos escondidos en el agua.