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Las fuerzas del mal

Электронная книга - «Las fuerzas del mal». Краткое содержание книги:

En el bello paisaje de la campiña inglesa, una adinerada familia debe enfrentarse a un destino que parece condenarla a la extinción. El viejo ha perdido a su mujer, mientras sus hijos Leo, un ludópata redomado, y Elizabeth, una promiscua alcohólica condenada al fracaso, apenas son una mácula dentro de la genealogía familiar. Deprimido y con el único apoyo de su fiel abogado Mark Ankerton, Lockyer-Fox también debe hacer frente a las habladurías de sus convecinos, que le acusan del supuesto asesinato de su esposa. Se avecinan tiempos difíciles para el coronel quien, además, ha decidido destapar un viejo secreto y encomendar a Mark la tarea de encontrar a una nieta entregada en adopción apenas nacer. Una lejana vergüenza que la familia Lockyer-Fox ocultó a cal y canto, para proteger la ya maltrecha reputación de Elizabeth.
En tanto, en las tierras que lindan con la propiedad del coronel se instala un grupo de nómadas con el objetivo de asentarse por un tiempo indefinido. A la cabeza del movimiento se encuentra un siniestro personaje a quien todos conocen como Fox Evil, un individuo capaz de hundir aún más si cabe los ánimos del coronel. Sólo la providencial visita de su nieta, convertida por los avatares de la vida en una joven capitana del ejército inglés, le ayudará a encarar el avispero emocional en el que vive su agotado corazón.
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Veintinueve

Una hora después, Fox fue conducido al piso de abajo con las muñecas esposadas. Negó sufrir una conmoción, pero Monroe, a quien no le gustaban ni su palidez ni los verdugones que había visto en los brazos allí donde Nancy lo había herido con la navaja, telefoneó para solicitar una habitación segura en el hospital del condado, con el fin de someter al detenido a un examen médico. Vivían en una cultura de compensación, explicó a Mark con amargura, y no tenía pensado brindar a Fox la mínima oportunidad de presentar una demanda contra la comisaría de Dorset. Por la misma razón le ofreció a Nancy llevarla, pero ella volvió a negarse. Sabía cómo eran las consultas de urgencias en días festivos, infestadas de borrachos, dijo, y no iba a dar el gusto a Fox de verla esperando en la cola mientras lo atendían primero a él.

Una revisión preliminar dio como resultado la aparición de varios artículos de interés en los amplios bolsillos del abrigo de Fox, sobre todo un mazo de llaves idénticas a las que tenía Vera, un rollo de billetes de veinte libras, un teléfono móvil con un distorsionador de voz y, cosa que alarmó tanto a Nancy como a Mark, una escopeta recortada en un saco de lona que colgaba de su brazo izquierdo. Bella se mostró pensativa cuando Barker se lo contó.

– Pensé que se revolvía un poco -dijo-. La próxima vez, me sentaré sobre su cabeza y me cercioraré de que no se dé la vuelta.

A partir de las llaves encontradas en posesión de Fox, de su presencia en la casa y de la declaración de Nancy de que Vera afirmaba que él era hijo suyo, parecía muy probable que Fox hubiera tenido acceso libre a la mansión Shenstead durante cierto tiempo. Sin embargo, como se negó a decir nada, el asunto de qué estaba haciendo allí quedó aplazado. Pidieron a James que hiciera un examen minucioso de la casa antes de que la policía la registrara al día siguiente, y un grupo fue a registrar la casa del guarda.

Mark se llevó aparte a Monroe para preguntarle qué habían hallado en el autocar de Fox. Tenía particular interés en el archivo sobre Nancy que Fox se había llevado esa noche del escritorio del coronel. Dijo que contenía información privilegiada que ni el coronel ni la capitana Smith deseaban que se hiciera pública. Monroe negó con la cabeza. Dijo que no habían encontrado ningún archivo. A su vez interrogó a Mark sobre las llamadas telefónicas, explicándole que había entrevistado tanto a la señora Weldon como a la señora Bartlett.

– Ambas afirman que la información procede de la hija del coronel, señor Ankerton. ¿Podría haber un vínculo entre ella y este hombre?

– No lo sé -dijo Mark con sinceridad.

Monroe lo miró pensativo.

– Eso es lo que sugiere el distorsionador de voz. La señora Bartlett alega que le contaron lo del incesto en octubre, cuando Leo la presentó a Elizabeth, pero niega saber nada de los mensajes de Darth Vader. Y yo la creí. Entonces, ¿por qué Fox está implicado?

– No lo sé -volvió a decir Mark-. Para mí todo esto es tan nuevo como para usted, sargento. El coronel me contó lo de esas llamadas la víspera de Navidad, por la noche, y desde ese momento he tratado de encontrarles un sentido. Las acusaciones son falsas, por supuesto, pero hasta esta tarde no hemos sabido que Elizabeth era la supuesta informante.

– ¿Ha hablado con ella?

Mark negó con la cabeza.

– Llevo dos horas tratando de ponerme en contacto con ella. -Miró hacia el salón, donde estaba sentada Vera-. El coronel grabó los mensajes, que incluyen detalles conocidos sólo por la familia. La conclusión obvia es que alguno de los hijos del coronel está involucrado, o quizás ambos, y ésa es la razón por la cual él no hizo la denuncia, pero queda claro que la otra persona que conocía los secretos de la familia era Vera.

– Según la capitana Smith, la señora Dawson dijo que ella había cerrado la puerta, dejando a la señora Lockyer-Fox a la intemperie, siguiendo las instrucciones de su hijo. ¿Le parece eso probable?

– Sólo Dios lo sabe -dijo Mark con un suspiro-. Esa mujer está completamente trastornada.

Vera no podía ayudarlos en nada. Las preguntas sobre Fox le causaban incomprensión y miedo. Permanecía sentada en el salón hecha un ovillo patético, mascullando para sus adentros. James le preguntó dónde estaba Bob, indicándole que la policía podía intentar ponerse en contacto con él, pero eso sólo pareció trastornarla aún más. Hasta ese momento, James no había visto a Fox, que había sido encerrado en el dormitorio. Sin embargo, afirmó de manera categórica que Vera no tenía hijos. Creía que, en una ocasión, Ailsa había hablado de un bebé nacido muerto, lo que había dejado consternada a la desdichada mujer, pero por desgracia, no había prestado mucha atención al hecho.

Por su parte, Nancy repitió la mayor parte de lo que Vera había dicho: el papel que ella había desempeñado en la muerte de Ailsa, su mención de que el responsable de la mutilación de Henry era otro hombre, la total confusión de la mujer en cuanto a su parentesco con Wolfie.

– No creo que se pueda fiar de nada de lo que le ha dicho -dijo a Monroe-. Repite una y otra vez las mismas frases, como un mantra aprendido de memoria, y es difícil saber si hay algo de verdad en ello.

– ¿Qué tipo de frases?

– De que nunca le daban ningún valor… «Haz esto… haz lo otro… a nadie le importa.» -Nancy se encogió de hombros-. Está muy confusa con respecto a los niños. Dijo que había enseñado buenas maneras a Wolfie cuando era más pequeño, y que él tenía el cabello castaño rizado. Pero eso no es posible. El cabello rubio se oscurece en ocasiones cuando los niños crecen, pero el cabello castaño nunca se vuelve rubio ceniciento. Creo que lo confunde con otro niño.

– ¿Qué otro niño?

– No tengo la menor idea. Quizás uno que conozca del pueblo. -Movió la cabeza de un lado a otro-. No estoy segura de que eso tenga importancia. Tiene lagunas mentales. Recuerda a un chico moreno de alguna parte y está convencida de que se trata de Wolfie.

– O alguien la ha convencido de ello.

– Es probable. Cualquiera que mostrara simpatía por ella sería escuchado. Parece creer que todo el mundo está en su contra. -Su rostro mostró una expresión cínica-. Todos, excepto su precioso niño.

No mencionó lo que la anciana había dicho sobre su padre. Se dijo a sí misma que estaba protegiendo a Wolfie, pero no era verdad. El niño había aceptado ir a la cocina con Bella y ella podía hablar abiertamente. En lugar de ello, cerró la boca, pues no tenía deseos de tentar al destino. La idea de considerar a Vera su abuela parecía haberse esfumado, pero eso no implicaba que Fox quedara fuera del cuadro. En lo más profundo de su ser tenía el presentimiento de que, al menos en cuanto a ese tema, Vera había dicho la verdad. Y se maldecía a sí misma por haber ido a esa casa.

Por eso se comportaba de un modo brusco y se mostraba irritable al responder a las preguntas de James sobre cómo se encontraba. Estaba bien, le dijo. De hecho, ni siquiera creía tener el brazo roto, así que tenía intención de conducir hasta Bovington para que la examinaran allí. Quería que todo el mundo dejara de armar tanto alboroto y que la dejaran en paz. James se hizo a un lado, abrumado, pero Mark, que había crecido junto a siete hermanas, se dirigió a la cocina para conversar serenamente con Wolfie. Con la ayuda de Bella y tras aclarar algunas imprecisiones -«Ella dijo que no quería que Fox fuera su padre o que la horrible señora fuera su abuela…» «Ella y yo creemos que nuestros papas fueron otros hombres.»-. Mark adivinó cuál era el problema. Y también se maldijo por contribuir a sacar a la luz una historia biológica que Nancy nunca había querido conocer.

Fue tanto el interés que Monroe mostró por el archivo desaparecido que envió a Barker para que realizase un nuevo resgistro al autocar de Fox.

– El abogado afirma que es bastante grueso, así que ¿dónde demonios lo habrá escondido? Echa otro vistazo, a ver si encuentras algo que se me haya pasado por alto. -Le entregó las llaves de Fox-. No podemos trasladar el maldito vehículo mientras el gales bloquee la salida, pero si pones en marcha el motor podrás usar las luces interiores. Quizá sean de ayuda.

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