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Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]

Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:

Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y además es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería Ecológica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.
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Al aproximarse hacia el fantasma, en el grueso cuello del animal se movieron unos potentes tendones y una afilada cuchilla de hueso, tan gruesa como el antebrazo de Tuf y de un metro de longitud, brotó del agujero con una velocidad increíble. Morho y Varcour Otheni lanzó un chillido asustado y se volvió lívido al verse atravesado por aquel cuerno, que le empaló en el asiento. Un olor más bien repulsivo invadió la estancia.

Tuf siguió sin decir palabra. Morho, farfullando, bajó la vista hacia el punto de su estómago que había sido atravesado por la cuchilla de hueso y por su expresión parecía a punto de vomitar. Le costó un largo y más bien horrible minuto darse cuenta de que no había sangre, de que no sentía dolor alguno y que el monstruo era solamente un holograma. Su boca se abrió formando una «O» silenciosa, pero fue incapaz de emitir sonido alguno, hasta que no hubo tragado saliva un par de veces.

—Muy… eh… muy dramático —le dijo a Tuf. El final de la cuchilla de un pálido color hueso estaba estrechamente sostenido por anillos y fibras de un músculo negro azulado que latía lentamente. Poco a poco, la cuchilla fue siendo absorbida en el interior del cráneo.

—La bayoneta, si puedo atreverme a llamarla así, se encuentra escondida en una vaina recubierta de mucosidad que va a lo largo del cuello de la criatura, y los anillos de musculatura que la rodean, son capaces de proyectarla a una velocidad aproximada de setenta kilómetros por hora, con una fuerza en relación a la velocidad que he citado. El hábitat nativo de esta especie es bastante parecido al de las zonas de Lyronica que se hallan bajo— el control de la Casa de Varcour.

Morho se removió en el asiento haciéndolo crujir bajo su peso. Dax ronroneó estruendosamente.

—¡Magnífico! —dijo el Maestre de Animales—. Aunque el nombre me parece un poco… bien, un poco extraño. Le llamaremos… a ver, déjeme pensar… ¡ah, sí, le llamaremos lancero! ¡Sí!

—Llámele como quiera —dijo Tuf—, ya que dicho asunto no me concierne en lo más mínimo. Estos saurios poseen muchas ventajas obvias para la Casa de Varcour y pienso que debería optar por ellos. Además, y sin ningún recargo adicional, les entregaré unas cuantas babosas arbóreas de Cathadayn. Descubrirán que…

Tuf siguió con toda diligencia las nuevas que llegaban de la Arena de Bronce, aunque no se arriesgó nuevamente a pisar el suelo de Lyronica. Los gatos de cobalto seguían barriendo a todos sus enemigos y, en el último combate transmitido, una de las bestias de Norn había logrado destruir a un mono estrangulador de primera clase de Arneth ya una rana carnosa de la Isla de Amar durante un combate triple.

Pero la fortuna de Varcour empezaba también a seguir un rumbo ascendente. Los recién introducidos lanceros habían resultado ser una auténtica sensación en la Arena de Bronce. Sus retumbantes gritos, su pesado andar y el rápido e implacable golpe con que sus gigantescas bayonetas óseas impartían la muerte a sus enemigos estaban causando furor.

En los tres combates celebrados, un enorme feridian, un escorpión acuático y un gato-araña de Gnethin, se habían revelado como incapaces de competir con el saurio de Varcour. Morho y Varcour Otheni tenía un aspecto radiante. A la semana siguiente, un gato de cobalto se enfrentaría a un lancero en un combate, por la supremacía de la Arena y ya se afirmaba que no habría ni un asiento libre.

Herold Norn llamó una vez al Arca, poco tiempo después de que los lanceros hubieran conseguido su primera victoria.

—¡Tuf! —dijo secamente. Le ha vendido un monstruo a Varcour. No aprobamos dicha venta.

—No me había dado cuenta de que su aprobación fuera necesaria —replicó Tuf—. Trabajo según la idea de que soy un agente libre, al igual que lo son los señores y los Maestres de todas las Grandes Casas de Lyronica.

—Sí, sí —gritó Herold Norn—, pero no pensamos dejar que nos estafe, ¿me ha oído?

Haviland Tuf permaneció tranquilamente inmóvil, contemplando el ceño fruncido de Norn mientras acariciaba a Dax.

—Me tomo grandes trabajos para ser siempre justo, en los negocios que concluyo —le dijo—. De haber insistido en la concesión exclusiva de los monstruos para Lyronica quizás hubiéramos llegado a discutir tal posibilidad, pero por lo que yo recuerdo esto no se llegó ni tan siquiera a sugerir. Naturalmente, me habría resultado muy difícil concederle tales privilegios exclusivos a la Casa de Norn sin un precio adecuado, ya que tal acto me habría indudablemente privado luego de una fuente de ingresos muy necesaria. De todos modos, me temo que esta discusión carece de utilidad, pues, mi transacción con la Casa de Varcour ya ha sido completada y sería para mí un acto totalmente desprovisto de ética y prácticamente imposible, si me negara ahora a satisfacer sus peticiones.

—Esto no me gusta, Tuf —dijo Norn. —No llego a ver que haya causa legítima para quejarse. Sus monstruos se están portando tal y como esperaba y no me parece demasiado generoso por su parte irritarse sencillamente porque otra Casa comparte ahora la buena fortuna de Norn.

—Sí. No. Es decir… bueno, dejémoslo. Supongo que no podré detenerle. Si otras Casas llegan a conseguir animales capaces de vencer a nuestros gatos, sin embargo, espero que nos proveerá con algo capaz de vencer a los que les haya vendido, sea lo que sea. ¿Me ha entendido?

—La idea es fácil de comprender —Tuf miró a Dax—. Le he dado a la Casa de Norn una serie de victorias sin precedentes y pese a ello Herold Norn arroja ahora dudas sobre mi honestidad y mis capacidades intelectivas. Me temo que no se nos aprecia en lo que valemos.

Herold Norn torció el gesto. —Sí, sí… Bien, cuando necesitemos más monstruos supongo que nuestras victorias nos habrán permitido afrontar los espantosos precios que sin duda alguna tendrá entonces la pretensión de imponernos.

—Confío en que por lo demás todo vaya bien —dijo Tuf. —Bueno, sí y no. En la Arena, sí, sí, decididamente sí.

Pero en cuanto a lo demás… bueno, ésa es la razón de mi llamada. Los cuatro gatos jóvenes no parecen demasiado interesados en reproducirse y no sabemos por qué y nuestros cuidadores se quejan de que están adelgazando mucho: Quizás estén enfermos. No puedo decirlo con toda seguridad, ya que me encuentro en la Ciudad y los animales están ahora en las llanuras de Norn, pero, al parecer, hay motivos para preocuparse. Los gatos se encuentran en libertad, naturalmente, pero tenemos sensores que nos dicen…

Tuf cruzó las manos formando un puente con ellas. —Es indudable que su temporada de celo aún no ha empezado y mi consejo al respecto es que tenga paciencia. Todas las criaturas vivientes se dedican tarde o temprano a reproducirse, algunas incluso en exceso, y puedo asegurarle que, cuando las hembras empiecen su fase de estro, todo irá con la debida rapidez.

—Ah, sí, parece sensato. Entonces, supongo que todo es cuestión de tiempo. La otra pregunta que tenía preparada se refiere a esos saltadores que nos entregó. Les soltamos en la llanura y no han tenido ninguna dificultad a la hora de reproducirse. De hecho, los viejos pastizal es de la Casa han sido destruidos, lo cual resulta muy molesto; Andan por todas partes dando saltos de un lado a otro. ¿Qué podemos hacer?

—Ese problema se resolverá igualmente cuando los gatos empiecen a reproducirse —dijo Tuf—. Las panteras cobalto son voraces y eficientes depredadoras y se encuentran perfectamente equipadas para poner coto a su plaga de saltadores.

Herold Norn pareció no quedar demasiado contento con la respuesta.

—Sí, sí —dijo—, pero… Tuf se puso en pie.

—Me temo que debo poner punto final a nuestra charla —dijo—. Una lanzadera acaba de ponerse en órbita de entrada alrededor del Arca. Quizás usted sea capaz de reconocerla. Es de un color azul acero y tiene grandes alas triangulares de color gris.

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