Los hombres que no amaban a las mujeres [Män som hatar kvinnor - es]
- Автор: Ларссон Стиг
- Язык: испанский
- Переводчик: Martin Lexell
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los hombres que no amaban a las mujeres [Män som hatar kvinnor - es]». Краткое содержание книги:
– ¿Qué opciones tengo? Tal vez debería hablar contigo de la ética y de la moral, y del peligro de hurgar en la vida privada de la gente.
– Es lo mismo que haces tú como periodista.
Mikael asintió con la cabeza.
– Pues sí. Precisamente por eso los periodistas tenemos una comisión ética que controla los aspectos morales. Cuando escribo un texto sobre un hijo de puta del mundo de la banca, no incluyo, por ejemplo, su vida sexual. No menciono que una estafadora de cheques es lesbiana o que le pone hacerlo con su perro o cosas así, aunque sea verdad. Incluso los cabrones tienen derecho a la intimidad, y resulta muy fácil herir a la gente atacando su forma de vida. ¿Entiendes lo que quiero decir?
– Sí.
– En pocas palabras, has violado mi integridad personal. Mi jefe no necesita saber con quién me acuesto. Eso es cosa mía.
En la cara de Lisbeth Salander se dibujó una sonrisa torcida.
– Crees que no debería haberlo mencionado.
– En mi caso no tiene la mayor importancia. La mitad de Estocolmo conoce mi relación con Erika. Es sólo una cuestión de principios.
– Siendo así, quizá te gustaría saber que yo también tengo un principio; y mi propia comisión ética. Yo lo llamo «El principio de Salander». Según él, un cabrón es siempre un cabrón; y si puedo hacerle daño descubriendo sus mierdas, es que entonces lo tiene bien merecido. Sólo le pago con la misma moneda.
– Vale -contestó Mikael Blomkvist, sonriendo-. Mis ideas tampoco distan tanto de las tuyas, pero…
– Cuando investigo a alguien también tengo en cuenta mi opinión sobre él. No soy objetiva. Si parece una buena persona, puedo suavizar el informe.
– ¿De verdad?
– Fue lo que hice en tu caso. Podría haber escrito un libro sobre tu vida sexual. Podría haberle contado a Frode que Erika Berger tiene un pasado en el Club Extreme y que en los años ochenta tonteó con el BDSM, lo cual, teniendo en cuenta la naturaleza de vuestra vida sexual, habría creado, sin duda, ciertas e inevitables asociaciones de ideas.
Las miradas de Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander se cruzaron. Acto seguido él miró por la ventana y soltó una carcajada.
– Eres realmente meticulosa. ¿Por qué no lo has introducido en el informe?
– Erika Berger y tú sois personas adultas y está claro que os queréis mucho. Lo que hacéis en la cama no es asunto de nadie, y lo único que habría conseguido revelando esos datos habría sido haceros daño o proporcionarle información a alguien para que os chantajeara. ¿Quién sabe? No conozco a Dirch Frode y el material podría haber acabado en manos de Wennerström.
– ¿Y no quieres proporcionarle información a Wennerström?
– Si en un combate entre vosotros dos tuviera que elegir entre un rincón y otro del cuadrilátero, creo que acabaría en el tuyo.
– Erika y yo tenemos… nuestra relación es…
– Me importa una mierda la relación que tengáis. Pero no has contestado a mi pregunta: ¿qué piensas hacer ahora que sabes que he entrado en tu ordenador?
El silencio que guardó Mikael fue casi tan largo como el de Lisbeth.
– Lisbeth, no he venido a joderte. No pienso chantajearte. Estoy aquí para pedirte que me ayudes con una investigación. Puedes contestar sí o no. Si me dices que no, me largaré, buscaré a otra persona y nunca más sabrás nada de mí.
Reflexionó un instante; luego añadió sonriendo:
– Eso si no te vuelvo a encontrar fisgando en mi ordenador.
– Y entonces, ¿qué pasaría…?
– Sabes mucho de mí. Algunas cosas son privadas y personales, pero el daño ya está hecho. Sólo espero que no utilices contra mí o Erika Berger todo lo que sabes.
Ella lo observó con una mirada ausente.
Capítulo 19 Jueves, 19 de junio – Domingo, 29 de junio
Mikael pasó dos días repasando todo su material, mientras aguardaba que le informaran de si Henrik Vanger iba a sobrevivir o no. Se mantenía en permanente contacto con Dirch Frode, quien, el jueves por la noche, pasó a verle para comunicarle que, de momento, parecía que Henrik se hallaba fuera de peligro.
– Se encuentra débil, pero hoy he podido hablar un rato con él. Quiere verte cuanto antes.
El viernes, el día de Midsommar, a la una del mediodía, Mikael fue al hospital de Hedestad y buscó la planta donde estaba ingresado Henrik Vanger. Se topó con un irritado Birger Vanger, que, cerrándole el paso, le manifestó de manera autoritaria que Henrik Vanger no podía recibir visitas bajo ningún concepto. Mikael guardó la calma y miró fijamente al consejero municipal.
– ¡Qué raro! Henrik Vanger me ha hecho llegar un mensaje en el que decía expresamente que quería verme hoy mismo.
– No eres de la familia; tú aquí no pintas nada.
– Tienes razón, no pertenezco a la familia. Pero me rijo por mandato directo de Henrik Vanger y sólo recibo órdenes de él.
El encuentro podría haber derivado en una acalorada discusión si no hubiese dado la casualidad de que, en ese preciso instante, Dirch Frode salió de la habitación de Henrik.
– Ah, estás aquí. Henrik acaba de preguntar por ti.
Frode abrió la puerta. Mikael pasó por delante de Birger Vanger y entró en la habitación.
Henrik Vanger parecía haber envejecido diez años en una semana. Tenía los párpados entornados y un tubo de oxígeno metido por la nariz; su cabello estaba más alborotado que nunca. Una enfermera detuvo a Mikael poniéndole una mano sobre el brazo.
– Dos minutos. No más. Y que no se emocione.
Mikael asintió con la cabeza y se sentó en una silla para poder verle bien la cara. Le invadió una ternura que le dejó perplejo, alargó la mano y la apretó suavemente contra la del viejo, flácida. Henrik Vanger empezó a hablar con una voz débil y entrecortada.
– ¿Novedades?
Mikael asintió.
– Te informaré en cuanto estés un poco mejor. No he resuelto el misterio todavía, pero he encontrado nuevo material y estoy tirando de algunos hilos. Dentro de una semana o dos te diré si me han conducido a algún sitio.
Henrik Vanger intentó mover la cabeza, pero no consiguió más que parpadear, dando a entender que lo había comprendido.
– Estaré fuera unos días.
Henrik Vanger frunció el ceño.
– No, no abandono el barco. Tengo que irme para investigar. Le he dicho a Dirch Frode que le mantendré informado. ¿Te parece bien?
– Dirch es… mi representante… en todos los sentidos.
Mikael asintió con la cabeza.
– Mikael… si no… salgo de ésta… quiero que, de todos modos, termines… el trabajo.
– Te lo prometo.
– Le he firmado a Dirch… todos los poderes.
– Henrik, quiero que te recuperes. Si te mueres ahora que he avanzado tanto en el trabajo, me cabrearías muchísimo.
– Dos minutos -dijo la enfermera.
– Debo irme. La próxima vez que venga hablaremos largo y tendido.
Al salir al pasillo, Birger Vanger lo estaba esperando y lo detuvo poniéndole una mano sobre el hombro.
– No quiero que vuelvas a molestar a Henrik. Se encuentra gravemente enfermo y no debe, bajo ningún concepto, ponerse nervioso o emocionarse.
– Entiendo tu preocupación y tienes toda mi simpatía. No lo molestaré.
– Todo el mundo sabe que Henrik te ha contratado para hurgar en su pequeño hobby… Harriet. Dirch Frode dijo que Henrik se alteró mucho tras la conversación que mantuvisteis antes del infarto. Incluso me comentó que tú pensabas que había sido por tu culpa.
– Ya no lo creo. Henrik Vanger tenía una arteriosclerosis coronaria aguda. El simple hecho de ir al baño le podría haber provocado un ataque. Supongo que, a estas alturas, ya lo sabrás.
– Exijo un control total sobre esa absurda historia. Estás metiendo las narices en la vida de mi familia.