Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
Estabas provocándome.
Yo no haría eso.
El búho hembra le lanzó una mirada altanera y empezó a bajar, mandando por delante su llamada al Príncipe para anunciar su presencia. La casa parecía tranquila. Desierta. Se detuvo alarmada y se posó en un árbol para utilizar la vista aguda del búho para examinar la zona alrededor de la casa.
La abandonaron de prisa y no cambiaron de forma.
Raven está embarazada, bastante avanzada en su embarazo, le recordó Razvan. ¿Es posible que le llegara la hora?
El mal presentimiento dentro de Ivory empeoró.
Quizás debamos utilizar nuestra llamada de sangre con el sanador sugirió ella inquietamente.
Razvan no vaciló. Se introdujo en sí mismo para encontrar el sendero de la sangre del sanador corriendo por sus venas y envió una llamada:
Tenemos necesidad de hablar con el Príncipe, pero hemos encontrado su casa vacía. Ambos estamos inquietos. ¿Hay problemas?
Hubo un largo silencio, como si el sanador no fuera a contestar, y luego llegó su voz. Débil. Lejana. Tensa.
Mi compañera no puede retener a los bebés. Estamos en la cueva de curación, preparando una cámara de nacimiento. Lara y Nicolas han resultado heridos.
Razvan giró la cabeza del búho y miró a Ivory antes de lanzarse al aire, la hembra le seguía a él esta vez. No había palabras que decir. Si Nicolas había resultado herido, tenían que haber sido atacados…y atacados deliberadamente. El maestro vampiro… o Xavier… habían averiguado quién estaba salvando a los niños no nacidos y habían hecho una tentativa de eliminar ese obstáculo a sus planes.
¿Pero cómo sabían que tenían que atacar a Lara?, preguntó Razvan, recordando la vacilación breve de Gregori. Creen que soy un espía en su campamento y que entregué a Lara a Xavier.
Inmediatamente Ivory se dejó caer al suelo, cambiando de forma en el último momento para caminar por la nieve con largas zancadas cargadas de energía, irradiando una furia que no podía ser confundida. Ella había oído esa pequeña vacilación en el sanador también.
– Vamos, Razvan, podríamos estar cayendo en una trampa. Quizás intenten saltar sobre nosotros, y si lo hacen, no tendremos más opción que abrirnos paso luchando -se dio la vuelta para encararlo, dejando escapar un lento siseo-. Alguien morirá.
Razvan miró a sus oscuros y sombríos ojos, apoyándose contra el tronco de un árbol con informal facilidad, observándola moverse como mercurio por la nieve. Adoraba su feroz protección, la fina furia que brillaba por ella, irradiando como la luna más brillante.
– Iré solo -mantuvo el tono calmado, muy tranquilo.
Ivory levantó el mentón.
– No serás su sacrificio. Están molestos. En el límite. Necesitan una cabeza de turco y te elegirán a ti. Los dos lo sabemos.
– Uno de nosotros tiene que hablar con el Príncipe. Tú eres el mejor guerrero. Yo no tengo inconveniente en que pongan sus manos sobre mí o me registren. Tú nunca tolerarías tal cosa, ni yo podría permitirles tocarte de forma irrespetuosa. Si vas tú, habrá una lucha. Si voy yo, existe una posibilidad de que podamos llegar hasta el Príncipe con nuestras pruebas y ayudarles.
– No merecen ayuda -le dijo las palabras con brusquedad, pronunciando cada una.
Él cruzó los brazos sobre el pecho mientras ella volvía a pasearse, con las manos en puños apretados a los costados. No dijo nada, solamente la miró con los ojos entornados.
Se detuvo delante de él, respirando con jadeos desiguales, tenía el corazón allí detrás de las lágrimas que nadaban en sus ojos. No había nada más desarmante que una mujer guerrera con aspecto vulnerable y llorando. Él levantó la mano hacia su cara con asombro.
– No llores por mí, Ivory. Siempre he vivido con mis elecciones. Tengo que ver que Lara esté a salvo. Y no puedo permitir que los bebés mueran si tenemos una manera de salvarlos, y tú tampoco.
– Si te dañan un pelo de la cabeza… solo uno… habrá una guerra tal como nunca han visto.
Razvan le enmarcó la cara con las manos. Sabía que sólo la avergonzaba cuando le decía que la amaba, porque ella tenía dificultades para responderle. Y probablemente sería peor si le decía que lo conmovía como nadie o nada habían hecho o harían jamás. Así que la besó.
Razvan vertió todo lo que sentía por ella en el beso. Amor infinito. Completa aceptación. Orgullo. Alegría. Lujuria. Todo lo que fue, todo lo que era, se lo daba. Ella le contestó, hundiéndose en el calor de esa boca, entregándose a sí misma a ese mundo de puras sensaciones mezcladas con amor. Podría vivir allí, en sus brazos, las bocas fundidas para siempre, hundiendo su cuerpo en el de él, los brazos alrededor de su cuello. Su hogar. Su refugio. Su todo.
Cuándo él abandonó de mala gana el refugio de su boca, descansó la frente contra la de ella, inhalando un profundo y estremecedor aliento.
– Si esto falla, hän ku vigyáz sielamet… guardiana de mi alma… que sepas que te esperaré en la próxima vida. Xavier debe ser destruido. Antes que todo lo demás, debe ser destruido. Mírame y dime que vendrás a mí con tu alma refulgiendo brillantemente.
– Me pides demasiado.
– No lo hago, Ivory. Te pido que aguantes como has aguantado tantos siglos, con la vista fija en la tarea que se te ha encomendado. Hemos tenido este tiempo. Un momento robado de felicidad. Lo que hagan ellos… o no hagan… poco nos importa. -Le colocó la mano sobre el corazón, lo sentía latir contra la palma-. Tenemos un gran propósito y debemos verlo llevado acabo.
El sollozo en la garganta de Ivory amenazaba con estrangularla mientras se lo tragaba.
– Me aterrorizas con tu tranquila aceptación, Razvan.
– No controlo a los demás, Ivory, sólo a mí mismo. Hago lo que debo, sin importar el coste.
– Los odiaré con todo mi corazón si te hacen daño.
– Eres mi luz, Ivory. Necesito que seas esa luz. Cuento con esa luz.
– Pides más de mí que de ti mismo. Tú los matarías a todos si me tocaran.
– Sí -trazó con el pulgar sus finas facciones-. Tú eres el milagro, Ivory, no yo.
Curvó los dedos alrededor de su nuca, la empujó hacia él y simplemente la sostuvo en sus brazos hasta que la rigidez y la tensión se desvanecieron de su cuerpo y ella yació contra él, suave y maleable. Los corazones latían al mismo ritmo. Sintonizados. Su alma se movía contra la de ella. Ivory sintió el roce de los labios en su cabello y luego él la alejó.
– Dame tus documentos y las muestras de tierra. Te lo haré saber si todo va bien. Si no, te veré en el otro lado.
De mala gana se los entregó, ignorando que le temblaban las manos. Razvan extendió los brazos y se encogió de hombros para liberar a los lobos, luego se arrodilló para enterrarles los dedos en la piel, sostenerles las cabezas y tocarles las caras mientras les frotaba las orejas y cuellos antes de ponerse de pie. Cuándo se giró para alejarse, Ivory le agarró la mano.
– Razvan.
Él tomó aliento y se volvió.
– ¿Amada?
– Tú eres mi milagro.
Le sonrió y se fue, llevándose esas palabras con él. No necesitaba valor para entrar en la guarida del león. Cualquier destino que le esperara no era nada en comparación con lo que había sufrido a manos de Xavier. Ellos no le torturarían. Sin Ivory, no tendrían nada que sostener sobre su cabeza, ningún dolor emocional que pudieran infringirle. Sólo había muerte. Había aceptado la muerte como parte de la vida hacía mucho tiempo y no la temía.
Caminó con un ritmo tranquilo, rodeando los árboles, sin intentar ocultar su presencia. Había dejado sus armas con Ivory, aunque podía convocarlas a voluntad, y los Cárpatos lo sabrían.