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Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]

Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:

Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y además es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería Ecológica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.
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—Dado que visito por primera vez Lyronica y su Arena de Bronce, no puedo hacer comparaciones demasiado fundadas —dijo Tuf con voz átona.

El altavoz retumbó nuevamente —De la Casa de Arneth-en-el-Bosque-Dorado, un mono estrangulador, seis años de edad y 3,1 quintales de peso, entrenado por el Maestre de Animales Danel Leigh Arneth. Veterano por tres veces de la Arena de Bronce y por tres veces superviviente en el combate.

En el otro extremo del pozo se abrió una portilla, pintada de escarlata y oro, y unos instantes después la segunda bestia apareció en la arena caminando erguida sobre dos gruesas patas y mirando todo lo que le rodeaba. El mono era de baja estatura, pero sus hombros eran de una anchura increíble. Tenía el torso triangular y la cabeza en forma de bala, con los ojos apenas visibles bajo una gruesa prominencia ósea. Sus brazos, musculosos y provistos de dos articulaciones, eran tan largos que rozaban la arena del pozo al andar. El animal carecía de vello con la excepción de algunos mechones de un pelo rojo oscuro bajo los brazos. Su piel era de un blanco sucio. Y olía. Aún encontrándose al otro extremo del pozo, Haviland Tuf pudo distinguir el hedor almizclado que exhalaba.

—Está sudando —le explicó Norn. Danel Leigh lo ha hecho enloquecer de rabia antes de soltarlo en la arena. Debe comprender que su animal posee la ventaja de la experiencia y el mono estrangulador es una criatura salvaje. A diferencia de su primo, el feridian montañés, es por naturaleza un carnívoro y no le hace falta mucho entrenamiento. Pero el colmillos de hierro de Norn es más joven, así que el combate debería resultar interesante —el Maestre de Animales de Norn se inclinó hacia adelante, en tanto que Tuf permanecía tranquilo e inmóvil.

El mono fue dando vueltas por la arena gruñendo roncamente. El colmillos de hierro se dirigía ya hacia él, rugiendo, su silueta convertida en un confuso manchón negroazulado que lanzaba chorros de arena a cada lado de su veloz curso. El mono estrangulador le esperó sin moverse, abriendo al máximo sus grandes brazos y Tuf distinguió confusamente cómo el enorme asesino de Norn salía despedido del suelo en un tremendo salto. Un instante después los dos animales se convirtieron en una masa oscura, que rodaba sobre la arena en tanto que el aire se llenaba con una sinfonía de rugidos.

—El cuello —gritaba Norn—. ¡Ábrele el cuello! ¡Ábrele el cuello a mordiscos!

Los dos animales se apartaron el uno del otro con la misma velocidad con que se habían enzarzado. El colmillos de hierro empezó a moverse en lentos círculos y Tuf vio que una de sus patas delanteras estaba rota. Cojeaba, con sólo tres miembros útiles, pero seguía moviéndose alrededor de su enemigo. El mono estrangulador giraba constantemente para impedir que le cogiera por sorpresa. En su potente torso había largas heridas sangrientas fruto de los sables del animal de Norn, pero el mono parecía muy poco afectado por ellas. Herold Norn había empezado a murmurar en voz baja.

Cada vez más impaciente a causa de la inactividad de los dos animales, el público de la Arena de Bronce empezó a entonar un canto rítmico, una especie de pulsación carente de palabras que fue subiendo de tono a medida que un mayor número de voces nuevas se unían al coro. Tuf notó inmediatamente que el sonido afectaba a los animales. Empezaron a gruñir y bufar, emitiendo salvajes rugidos que parecían gritos de batalla. El mono estrangulador se balanceaba alternativamente, primero sobre una pata y luego sobre otra, como en un baile macabro. Mientras, de las fauces del colmillos de hierro, fluía un torrente de baba sanguinolenta.

El cántico asesino subía y bajaba, haciéndose cada vez más poderoso hasta que la cúpula pareció retumbar lentamente. Los animales enloquecieron. El colmillos de hierro se lanzó nuevamente a la carga y los largos brazos del mono se extendieron para recibir el feroz impacto de su salto. El golpe hizo caer al mono de espaldas, pero Tuf vio que los dientes del colmillos de hierro se habían cerrado sobre el vacío y que, en cambio, las manos del simio habían logrado apresar la garganta negroazulada. El colmillos de hierro se debatió locamente y los dos animales rodaron sobre la arena. Entonces se oyó un horrible chasquido y la criatura parecida a un lobo se convirtió en un fláccido amasijo de pieles, cuya cabeza colgaba grotescamente a un lado. Los espectadores interrumpieron su cántico y empezaron a silbar y aplaudir. Unos instantes después la puerta escarlata y oro se abrió nuevamente y el mono estrangulador se fue por donde había venido. Cuatro hombres vestidos con los colores de Norn se encargaron de llevarse el cadáver del colmillos de hierro.

Herold Norn parecía algo abatido.

—Otra derrota. Hablaré con Kers. Su animal no supo encontrar la garganta.

—¿Qué se hará del cuerpo? —le preguntó Tuf.

—Lo despellejarán y luego lo harán pedazos —murmuró Herold Norn—. La Casa de Arneth utilizará su piel para tapizar un asiento en su parte de la arena. La carne será repartida entre los mendigos que ahora están lanzando vítores junto a su puerta. Las Grandes Casas siempre han sido caritativas.

—Ya veo —dijo Haviland Tuf, levantándose de su asiento con lenta dignidad—. Bien, ya he contemplado su Arena de Bronce.

—¿Se marcha? —le preguntó Norn con ansiedad—. ¡No debe irse tan pronto! Aún faltan cinco combates más y en el siguiente un feridian gigante combatirá contra un escorpión acuático de la Isla de Amar.

—Sólo deseaba ver, si todo lo que había oído comentar sobre la afamada Arena de Bronce de Lyronica era cierto. Ya he visto que lo es y, por lo tanto, no hay necesidad de que permanezca más tiempo aquí. No es necesario consumir todo el contenido de una botella para juzgar si la cosecha resulta agradable o no.

Herold Norn se puso en pie. —Bien —dijo—, entonces acompáñeme a la Casa de Norn. Le enseñaré los cubiles y los pozos de entrenamiento. ¡Le daremos un banquete como jamás ha visto antes!

—No es necesario —dijo Haviland Tuf—. Habiendo visto ya su Arena de Bronce confío en mi imaginación y mis poderes deductivos para que me proporcionen una imagen adecuada de sus cubiles y pozos de entrenamiento. Volveré al Arca sin perder ni un instante más.

Norn extendió una mano, temblorosa hacia el brazo de Tuf para detenerle.

—Entonces, ¿nos venderá un monstruo? Ya ha visto la situación en la que estamos…

Tuf esquivó la mano del Maestre de Animales con una habilidad que parecía imposible en un corpachón de su talla.

—Caballero, no pierda el control, se lo ruego —cuando Norn hubo apartado la mano, Tuf inclinó la cabeza para mirarle—. No me cabe duda alguna de que en Lyronica hay un problema y quizás un hombre más práctico que yo podría juzgar que dicho problema no le concierne, pero dado que, en el fondo de mi corazón, soy un altruista, no soy capaz de abandonarle en su situación actual. Meditaré sobre lo que he visto y me encargaré de poner en práctica las necesarias medidas correctoras. Puede llamarme al Arca dentro de tres días y quizá para ese tiempo se me hayan ocurrido una o dos ideas, de las cuales pueda hacerle partícipe.

Y, sin decir ni una palabra más, Haviland Tuf le dio la espalda y abandonó la Arena de Bronce para volver al espaciopuerto de la Ciudad de Todas las Casas, donde le aguardaba su lanzadera, el Basilisco.

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