Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Las fuerzas del mal
Las fuerzas del mal - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las fuerzas del mal

Электронная книга - «Las fuerzas del mal». Краткое содержание книги:

En el bello paisaje de la campiña inglesa, una adinerada familia debe enfrentarse a un destino que parece condenarla a la extinción. El viejo ha perdido a su mujer, mientras sus hijos Leo, un ludópata redomado, y Elizabeth, una promiscua alcohólica condenada al fracaso, apenas son una mácula dentro de la genealogía familiar. Deprimido y con el único apoyo de su fiel abogado Mark Ankerton, Lockyer-Fox también debe hacer frente a las habladurías de sus convecinos, que le acusan del supuesto asesinato de su esposa. Se avecinan tiempos difíciles para el coronel quien, además, ha decidido destapar un viejo secreto y encomendar a Mark la tarea de encontrar a una nieta entregada en adopción apenas nacer. Una lejana vergüenza que la familia Lockyer-Fox ocultó a cal y canto, para proteger la ya maltrecha reputación de Elizabeth.
En tanto, en las tierras que lindan con la propiedad del coronel se instala un grupo de nómadas con el objetivo de asentarse por un tiempo indefinido. A la cabeza del movimiento se encuentra un siniestro personaje a quien todos conocen como Fox Evil, un individuo capaz de hundir aún más si cabe los ánimos del coronel. Sólo la providencial visita de su nieta, convertida por los avatares de la vida en una joven capitana del ejército inglés, le ayudará a encarar el avispero emocional en el que vive su agotado corazón.
1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 99
Перейти на страницу:

– Está sangrando.

– Esa sangre no es mía; estoy agotada. -Levantó la vista hasta encontrar los ojos llenos de ansiedad del abogado-. Tengo que hablar con Wolfie en privado. Por favor -dijo-. Cuando usted me lo pidió, yo me aparté. Haga lo mismo por mí.

Mark asintió de inmediato y echó a andar al encuentro de los policías, moviendo los brazos para que no se acercaran más. En el interior de la casa las luces se iban encendiendo a medida que James pasaba de una habitación a otra.

Nancy acercó más a Wolfie, hasta percibir sus huesos a través de su vestimenta insuficiente. No tenía idea de lo que iba a decirle. No sabía si Fox era su padre o su padrastro, si su madre estaba muerta o si pensaba que lo estaba, de dónde venía, si tenía parientes. En realidad, tampoco sabía qué le iba a pasar, aunque adivinaba que se harían cargo de él y lo incluirían en un sistema de acogida mientras investigaban sus antecedentes. Sin embargo, no creía que decirle aquello fuera de mucha utilidad. ¿Qué alivio podían proporcionar esas ideas abstractas?

– Te diré cómo funciona esto en el ejército -comenzó-. Cada uno cuida a los demás. A eso lo llamamos vigilar la espalda de cada uno. ¿Has oído esa expresión?

Wolfie asintió.

– Bien, entonces cuando alguien vigila tu espalda tan bien que te salva la vida, eso se convierte en una deuda y uno tiene que hacer lo mismo por el otro. ¿Me entiendes?

– ¿Como el vejete negro en Robin Hood?

Ella sonrió.

– Exacto. Tú eres Robin Hood y yo soy el vejete negro. Tú me salvaste la vida, así que ahora yo tengo que salvar la tuya.

El niño negó ansiosamente con la cabeza.

– Pero yo no tengo miedo a eso. No creo que los maderos vayan a matarme. Creo que se van a cabrear mucho por lo de mi mamá y el Cachorro… y todo lo demás. -Respiró entrecortadamente-. Y que me mandarán con gente extraña… y que estaré solo.

Ella le apretó la cintura.

– Lo sé, da mucho miedo. Yo también estaría asustada. Entonces, ¿por qué no pago mi deuda asegurándome de que la policía no haga nada hasta que me digas que te sientes seguro? ¿Eso sería como salvarte la vida?

El niño se lo pensó un instante.

– Creo que sí. ¿Qué vas a hacer?

– Primero, voy a moverme un poco para saber si todo me funciona. -Al parecer las piernas sí, pero el brazo derecho estaba insensible del codo para abajo-. Después, vas a agarrar esta mano -volvió a apretarle la cintura-, y no la soltarás hasta que creas que no pasa nada si lo haces. ¿Qué te parece?

Como todos los niños, apeló a la lógica.

– ¿Y qué pasa si nunca te la suelto?

– Pues tendremos que casarnos -dijo, soltando una carcajada y frunciendo el entrecejo cuando el dolor le atravesó el costado.

El hijo de puta le había roto una costilla.

Ivo intentaba persuadir a los demás de que se marcharan.

– No seáis tontos -decía-. Ninguno de nosotros sabe lo que ocurre, pero podéis apostar vuestras vidas a que los maderos no se lo creen. Si tenemos suerte, pasaremos veinticuatro horas en un puñetero calabozo mientras ellos nos cuelgan todos los crímenes sin resolver de Dorset… y si no, nos quitarán a los niños y nos encerrarán por cómplices de todo lo que haya hecho Fox. Debemos largarnos ahora. Dejemos que el muy cabrón se enfrente solo al pelotón de fusilamiento.

– ¿Qué opinas? -preguntó Zadie a Bella.

La mujerona lió un cigarrillo entre sus rollizos dedos y pasó la lengua por el papel.

– Creo que debemos quedarnos y seguir las instrucciones del señor Barker.

Ivo se levantó de un salto.

– No eres tú quien decide -dijo, agresivo-. Hiciste un trato con él sin consultar a los demás. Yo digo que nos vayamos… recojamos ahora antes de que acabemos más hundidos en la mierda de lo que ya estamos. Estoy completamente seguro de que los maderos no anotaron la matrícula de ningún otro vehículo salvo la de Fox, así que, con excepción de Bella, a quien ya conocen de antes, sólo tienen unas descripciones bastante vagas de nosotros, por lo que no podrán seguirnos.

– ¿Y qué pasa con Bella? -preguntó Gray.

– Cuando se ocupen de ella, podrá convencerlos… dirá que temía por sus niñas y no necesitaba la tierra. Es la verdad. Ninguno de nosotros necesita la puñetera parcela.

Todos miraron a Bella.

– ¿Y bien? -preguntó Zadie.

– No veo qué sentido tiene -dijo ella con suavidad, intentando distender el debate-. Para empezar, todos tenemos cosas fuera que tendríamos que recoger, por ejemplo las bicicletas de mis niñas, y no quiero estar al raso cuando Fox regrese.

– La seguridad está en la cantidad -dijo Ivo mientras daba cortos paseos por el pasillo-. Si todos estamos allá fuera, habrá demasiados blancos. Pero tenemos que movernos ahora. Mientras más esperemos, menos posibilidades tendremos. -Apuntó a Gray con el mentón-. Sabes perfectamente lo que va a pasar. No nos quitaremos a la policía de encima durante días. Y los que saldrán peor parados serán los niños. ¿Quién quiere eso?

Gray le lanzó una mirada incierta a su esposa.

– ¿Qué opinas?

– Es posible -dijo Zadie, haciendo con los hombros un gesto de disculpa hacia Bella.

– De posible, nada -dijo ella con brusquedad mientras encendía su cigarrillo y daba una primera calada satisfactoria-. Le dije al señor Barker que os mantendría a todos aquí dentro y eso es lo que voy a hacer. -Miró pensativa a Ivo a través del humo-. Me parece que eres tú quien nos ha metido en este lío y ahora quieres que salgamos en estampida para sacarte de encima el problema.

– ¿Cómo llegas a esa conclusión?

Bella entrecerró los ojos.

– Yo no tengo nada que esconder… y que me jodan sí me voy de aquí antes de saber que Wolfie está bien. Fox no me preocupa mientras yo esté en mi autocar… El señor Barker tampoco… pero tú sí. ¿De qué quieres huir, y que porquería son esos «crímenes en Dorset»? Por lo que a mí respecta, Fox es un cabrón asesino y probablemente un ladrón, pero no es estúpido. Le di un tiempo más que suficiente para que regresara a su autocar, pero no le hubiera bastado todo el tiempo del mundo si no sabía que lo necesitaba. Creo que eras tú quien merodeaba por la granja, buscando maquinaria que robar. Es lo que haces, ¿verdad? Tienes tantos equipos en tu maletero como para abrir una puñetera tienda de jardinería, ¿no es verdad, socio? Lo he visto.

– Eso es pura mierda.

Bella soltó una bocanada de humo hacia el techo.

– No lo creo. Quizá pensabas dar un tiento a este proyecto cuando te uniste a él, pero estoy segura de que a la media hora te rendiste. Pensabas en largarte al día siguiente… así que creo que anduviste rondando por ahí con la intención de recuperar el tiempo perdido -se encogió de hombros-, y ahora te estás meando en los pantalones pensando en que si Fox vuelve te destrozará por sembrar tu mierda en su terreno. No sé en qué anda metido Fox, pero no le va a gustar que haya policías merodeando por la zona.

– Estás en el mismo barco. Le hablaste de Vixen y el Cachorro a tu amigo el madero. ¿Crees que a Fox le va a gustar eso?

– No lo creo.

– Entonces, pon el cerebro a funcionar y lárgate mientras esté abierto el camino. La policía no lo encontrará. Se esconderá en alguna parte y luego vendrá por nosotros.

– Aquí no podrá atraparnos, aunque pueda echar la puerta abajo, cosa que dudo. -Bella esbozó una pequeña sonrisa-. Pero eso no te ayudará. De una manera u otra, alguien se encargará de ti. Si no es Fox, será el señor Barker cuando la gente empiece a denunciar que les han robado los equipos… pero ése es tu problema, socio. De lo que sí estoy segura es de que no voy a dejar que me rebanen el pescuezo porque tú estás demasiado asustado para salir ahí fuera solo. Si quieres salvar el culo, sálvatelo solo, pero no te atrevas a decir que nos estás haciendo un favor. Y no saques a tus hijos o a tu mujer ahí fuera -añadió al tiempo que miraba a la introvertida mujer que decía ser la esposa de Ivo-. No puede ocuparse sola de Fox en caso de que tú decidas echar a correr.

1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 99
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)