Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:

Regresa el fenómeno, regresa Moccia. La esperada nueva novela del best-seller italiano, Carolina se enamora, desembarca en nuestro país con un sólo objetivo: volver a arrasar. Con A tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti, Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo, Moccia ha superado ya la cifra de 1.000.000 ejemplares vendidos en nuestro país, seduciendo tanto a jóvenes como a no tan jóvenes con sus relatos de amor adolescente.
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
1 ... 74 75 76 77 78 79 80 81 82 ... 119
Перейти на страницу:

– ¡Vamos a causar sensación!

– Y ahora, a Cióccolati. ¿Os apetece? -Clod y sus ideas fijas.

– Vale… -Alargo el brazo para aclarar de inmediato una cuestión-. ¡Pero esta vez invito yo!

– Está bien,

– No. no, hablo en serio, Alis, ¡de lo contrario, no vuelvo a poner un píe allí, qué narices!

Poco después estamos sentadas a nuestra mesa preferida,

– Hola, chicas, ¿qué os traigo?

Las tres nos quedamos con la boca abierta. Quiero decir que, en lugar de la consabida chica lenta, un tanto antipática y un poco lela, nos sirve éclass="underline" Dodo. Al menos eso es lo que se lee en la tarjetita que lleva prendida de la chaqueta. ¿Os imagináis un extraño cruce entre Zac Efron y Jesse McCartney con una pizca de Scamarcio y de Raoul Bova? Pues bien, lo agitáis todo y, plop, se produce una especie de hechizo. Quiero decir, una sonrisa, una de ésas con los dientes bien alineados, la tez morena, el pelo negro y abundante, los ojos de color avellana, es tan moreno que casi parece un indígena, y un Bounty, por lo rico que está. Pero ¿dónde se había metido hasta hoy? Nos mira fijamente a las tres, que seguimos boquiabiertas, y extiende los brazos con un ademán afable.

– ¿Todavía no os habéis decidido? ¿Queréis que vuelva más tarde?

– Ehh…

Clod está realmente embobada, o tal vez lo hace adrede. Le doy un codazo.

– ¡Ay!

Dodo se echa a reír.

– Sí, creo que será mejor que vuelva luego.

Se aleja.

Seguro que lo hemos pensado todas, pero Alis es la primera que lo dice en voz alta.

– ¡Si hasta el culo es de diez!

– ¡Alis!

– ¿Qué? ¿Qué pasa?, ¿he dicho algo malo? ¿Acaso no es verdad?

Clod esboza una sonrisa.

– A mí me recuerda al Magnum Classic, el primero y también el más rico…

Ella lo asocia todo a la comida. Alis apoya las manos en nuestros brazos.

– Escuchad. Se me acaba de ocurrir una idea superguay… ¿Queréis que hagamos una competición?

– ¿Sobre qué?

– ¡A ver quién lo consigue antes!

– Venga ya…

– Tenéis miedo, ¿eh?

Alis nos mira y enarca las cejas con aire de desafío.

– Yo no tengo miedo. -Le sonrío-. No te temo en lo más mínimo.

Clod arquea a su vez las cejas.

– Es que a mí me gusta Aldo.

– ¡Pero si no te hace ni puñetero caso! Mira, quizá si ve que vas detrás de ése en lugar de hacerte las imitaciones de siempre… ¡pasa a la acción de una vez!

En pocas palabras, que nos hemos reído y hemos bromeado hasta que ha vuelto.

– ¿Os habéis decidido ya, chicas?

Lo miramos fijamente, como si fuéramos bobas. Y da comienzo una especie de competición absurda durante la cual yo me siento un poco avergonzada; Alis, en cambio, es tan descarada que da miedo.

– Veamos, me apetecerían… profiteroles, ¿sabes a cuáles me refiero? Esos que tienen mucha nata y chocolate oscuro como… ¿como tú?

– ¡Alis! -le susurro.

Ella se ríe y se tapa la boca.

Dodo, por su parte, no se inmuta.

– Lo siento, pero no tenemos profiteroles.

– ¿Y tiramisú?

– Tampoco.

Al final, Clod y yo pedimos.

– Nosotras tomaremos un chocolate con pimienta.

En fin, que cuando por fin se aleja soltamos una carcajada y nos sentimos muy ridículas. Pero la vergüenza no tarda en pasar y, luego, me divierto como una enana y, por primera vez en mi vida, me siento transgresora. No disimulo en absoluto, al contrario, lo observo mientras prepara el chocolate con la pimienta detrás del mostrador. Y de repente me siento frágil. Experimento una de esas sensaciones difíciles de entender. Cosa de un instante, él alza los ojos, nuestras miradas se cruzan y permanecen fijas la una en la otra quizá durante demasiado tiempo hasta que, al final, soy yo la que cedo y aparto la vista mientras enrojezco cohibida. Cuando vuelvo a mirarlo, él ha desaparecido.

– Alis…

– ¿Sí? ¿Qué pasa?

Me mira con gravedad, un poco preocupada.

– ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?

Le sonrío.

– Pues que me gusta de verdad…

– ¡Menudo susto me has dado!

Me golpea en el hombro de manera que casi me hace caer de la silla.

– ¡Alis!

– Bueno, pues a mí también me gusta un montón.

Y, de esta forma, empieza la competición.

– Te veo muy sonriente, Caro.

– ¡Sí, abuela, lo estoy!

– Demasiado sonriente.

– ¡Sí, abuela, lo estoy!

Nos echamos a reír. Me ha pillado. Le hago compañía mientras prepara la comida. Me encanta que los abuelos vivan cerca de nosotros, así puedo ir y venir sin problemas cuando me siento sola, cuando mis padres discuten, cuando Ale incordia demasiado o cuando de repente echo de menos a Rusty. En todos esos casos, me refugio allí.

– ¡¿Qué están haciendo mis mujeres preferidas?!

El abuelo Tom es genial. Tiene el pelo lleno de canas y lo lleva siempre despeinado. Es alto, un poco rollizo y, pese a que sus manos son grandes, tiene los dedos muy finos. Le encanta construir, crear, pintar y dibujar. Y yo siempre me echo a reír cuando lo veo.

– ¡Chismorrear!

– ¡En ese caso, no os mováis!

Coge la cámara fotográfica que lleva colgando del cuello, una Yashica digital, y nos saca unas fotografías en el sofá. Yo me descalzo en un pispas, levanto las piernas y las coloco detrás, posando, después me recojo el pelo con ambas manos, hacia, arriba, sobre la cabeza.

– ¿Se puede saber quién eres tú?, ¿Brígitte Bardot?

– ¿Quién? ¿Quién demonios es ésa?

Mi abuelo baja la cámara de fotos.

– Los verdaderos hombres de antaño no pueden olvidarla.

– ¡En ese caso, sí, se parece un montón a mí!

Y esbozo una sonrisa dejando a la vista un sinfín de dientes. El abuelo saca más fotografías.

– ¡Voy en seguida a imprimirlas! Tengo ganas de ver cómo han salido…

Exultante, con sus piernas largas y torpes, se mueve por el pequeño salón, poco le falta para tropezar con la alfombra y luego choca contra el canto de una mesita. Una cajita de plata se cae al suelo. Tom la recoge. La coloca donde estaba antes, la mueve un poco, intenta dejarla en la misma posición en que estaba. Acto seguido sonríe por última vez a la abuela Luci y desaparece al fondo del pasillo. La abuela lo sigue con la mirada. No se enfada por las cosas que hace caer el abuelo. Nunca se lo recrimina. Y sus ojos reflejan alegría mientras permanecen fijos en esa dirección. Mi madre jamás ha mirado así a mi padre. Después se vuelve hacia mí.

– ¿Qué era lo que me estabas contando, Caro?

Le explico lo del sitio donde vamos siempre, Ciòccolati, lo de Dodo y la competición que hemos organizado entre las tres.

– Ten cuidado…

– ¿Por qué dices eso, abuela?

– Porque tal vez una de vosotras se enamore realmente y podría pasarlo mal.

– ¡De eso nada, sólo es un juego!

– El amor no mira a nadie a la cara.

Me encojo de hombros y sonrío. No sé qué responderle. En parte me gusta la frase de la abuela, pero sus palabras me han dejado una extraña sensación.

– Mira… ¡Mira lo bien que has salido! Eres la nueva B. B.

El abuelo llega con las fotografías impresas en blanco y negro. En ellas aparezco yo con el pelo recogido, riéndome, mientras me dejo caer sobre el sofá, bromeando y abalanzándome sobre la abuela. En ese momento lo decido.

– ¡Quiero hacer fotografía!

– Me parece muy bien… Empieza con ésta.

Y me cuelga la cámara del cuello.

– Abuelo…, que pesa…

– Colócatela delante de los ojos y mira… ¡Mírame!

La levanto y enfoco al abuelo. Acto seguido abro el otro ojo, el que no queda tras la cámara. Veo que él me sonríe.

– Eso es… Ahora aprieta arriba. ¿Ves que ahí, a la derecha, hay un botón?

1 ... 74 75 76 77 78 79 80 81 82 ... 119
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)